jueves, 22 de enero de 2009

Entre fiestas y tragedias*

Se veía venir. Se acercaba la investidura de Obama como presidente de EE.UU. e Israel no quería meterle en problemas. El Estado sionista había anunciado el fin de semana pasado una tregua unilateral –aunque desde entonces haya matado algún palestino que otro–, de modo que la retirada hubiese finalizado antes de que Obama tomara posesión de su nuevo cargo. El nuevo presidente de EE.UU., por su parte, ya se había mostrado muy agradecido a los lobbies judíos durante su ascenso hacia la Casa Blanca, tanto cuando competía con Hillary Clinton en las elecciones primarias como cuando se enfrentó con John McCain. Todo hace augurar que ahora las relaciones EE.UU.-Israel serán tan fluidas y afectuosas como en épocas precedentes.

En todo esto hay que reconocer la influencia de los medios de comunicación. Su capacidad de adaptación a la fugacidad de las noticias es digna de admiración. Apenas se habían quitado del rostro el mohín de contrariedad que les provocaba la matanza de Gaza –hablar de verdadera preocupación sería exagerar–, cuando de improviso ya habían cambiado de argumento para anunciar con ojos risueños los cuatro días de festejos que desde el sábado tenían por protagonista a Obama.

Y aunque este asunto tiene ramajes espinosos, procuran evitarse. Poco se habla de los 150 millones de dólares que han podido costar las celebraciones, sin sumar el desembolso que han supuesto las aparatosas medidas de seguridad que blindaron la euforia de estos días, en un dispositivo similar al del 11-S. Con razón, Bush, en un último alarde de inteligencia, declaró el Estado de excepción en el país.

El caso es que apenas se toca la cuestión subyacente: ¿cómo un hombre que promete un cambio, y que recibe un país sumido en recesión y en crisis, decide que los festejos de su juramento alcancen un gasto sin precedentes?

Dada la consentida y empalagosa atención que la prensa ha dedicado al carácter más superfluo de esta toma de posesión, quede aquí el recuerdo de algunas noticias sobre Gaza que han podido pasar desapercibidas para la mayor parte de la opinión pública:

- Amnistía Internacional ha encontrado pruebas que de Israel ha utilizado fósforo blanco contra la población de Gaza. La ONU también lo asevera.

- Venezuela, Bolivia han roto sus relaciones diplomáticas con Israel. Mauritania y Qatar, a su vez, han decidido suspenderlas. Eran dos de los pocos países árabes que mantenían contacto con el Estado sionista.

- El presidente de Siria, Bashar al Assad, pidió que Israel fuera considerada una “entidad terrorista”. El primer ministro de Turquía, a su vez, expuso que Israel debía ser expulsado de la ONU mientras desobedeciera la resolución del Consejo de Seguridad aprobada el 8 de enero, en la que se exigía el alto el fuego inmediato.

- Tras el bombardeo de Gaza, han quedado destrozadas más de 5.000 casas, dañadas unas 20.000, además de haber sido destruidos hospitales, mezquitas, escuelas, oficinas de medios de comunicación, la sede principal de la ONU y uno de sus complejos que contenía cientos de toneladas de alimentos.

- En definitiva, se calculan más de 1.300 muertos y 5.320 heridos.


* Artículo escrito para el diario público El Telégrafo (Ecuador)

2 comentarios:

  1. No había visto antes el blog. Está bastante currado. A diferencia del mio, las fotos no se descuadran y los tipos de letra no cambian de formato misteriosamente.

    Sobre el discurso de Obama, lo que no se ha comentado es que fue, de cabo a rabo, leído. A pesar del elogio unánime a su calidad como orador, Obama tiene serios problemas a la hora de improvisar: (http://wizbangblog.com/content/2008/09/19/what-happened-when-obamas-teleprompter-broke.php).

    Sobre los gastos de la ceremonia, hay algo inquietante: Anson también opina lo mismo (http://www.elimparcial.es//fastos-imperiales-31454.html).

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  2. Gracias por tu comentario. Me parecen bastante interesantes tus enlaces.
    Con respecto a los desencuadres, no sabría decirte. Yo meto las fotos directamente. Eso sí: desde mozilla no puedo subir el texto. Todavía no sé por qué.

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