sábado, 29 de octubre de 2011

América Latina critica las recetas neoliberales que hunden Europa


Gran parte del protagonismo de la XXI Cumbre Iberoamericana, que culminó ayer en Asunción con la participación de 22 países, se la han llevado España y Portugal. No por ello debían estar contentos. América Latina, que de crisis sabe y de situaciones críticas también, ha dejado claro que no aplaude la catarata de ajustes que ha realizado la Unión Europea y que, por el contrario, su proyecto político es exactamente el opuesto: más inversión pública, más políticas sociales y más Estado, pese a quien pese.

Éste era, precisamente, el lema de la Cumbre: "Transformación del Estado y desarrollo". El secretario general iberoamericano, Enrique Iglesias, lo quiso llamar de un modo más poético. "Las cinco revoluciones", enfatizó, que los países latinoamericanos deben emprender en política macroeconómica, educación, equidad, innovación y modernización de las instituciones públicas para conseguir que, por fin, "ésta sea la década de América Latina".

Sin perder la cortesía, Iglesias definió como "una pena" que el bloque europeo no "haya mirado un poco las experiencias de América Latina de los noventa y de principios de esta década", cuando la región se sumergió en un periodo de privatizaciones, recortes sociales y liberalización de servicios que dejaron en la región un raquítico Estado de bienestar, ya de por sí debilitado.

Lo dijo con otras palabras el presidente paraguayo y anfitrión de esta Cumbre, Fernando Lugo, al denunciar en su discurso inaugural que son precisamente estos modelos "impuestos o importados" los que han llevado a "profundas crisis sociales, a una real crisis de cierto modelo de Estado".

Ausencias notables

El mandatario, sin dejarse amilanar por las numerosas ausencias que han nublado esta Cumbre, advirtió de que el sistema económico y social al que América Latina se sometió hace no tanto tiempo tiene consecuencias perversas, "facilitando la fuga de capitales, la pérdida de nuestras riquezas naturales, la creación de una clase social privilegiada, el desempleo masivo, la inseguridad social, una gran masa de desheredados y la marginación de los indígenas".

Aunque gran parte del crecimiento latinoamericano se basa en la exportación de materias primas y no tanto en la industrialización, desde este lado hay un modelo económico relativamente progresista que apuesta por volcar el crecimiento del país en la creación de empleos, en una incipiente seguridad social y en el acceso gradual de la población a la salud y a la educación.

En esta ocasión, España y Portugal únicos países europeos, además de Andorra, presentes en el cónclave, se limitaron casi a escuchar lo que América Latina tenía que decir sobre una crisis que a los argentinos, por ejemplo, les hace recordar su corralito de 2001.

El presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, que asistió a su última convención como mandatario, se despidió de sus homólogos latinoamericanos del mismo modo que España, en definitiva, se retira de este congreso silenciosa y con un mensaje que meditar. Hace una semana, la Unión Europea la elogiaba por aplicar en tiempo y forma los planes de austeridad exigidos. Ahora, América Latina indica a su socio que desaprueba este camino, ya sufrido en carne propia, y que no seguirá los pasos dados al otro lado del charco.

Prueba de esta independencia la dio ayer el presidente de Ecuador, Rafael Correa, cuando abandonó la primera sesión plenaria al tomar la palabra la vicepresidenta del Banco Mundial para la región de América Latina y el Caribe, Pamela Cox.

El mandatario ecuatoriano denunció que, cuando él era ministro de Economía, este organismo había chantajeado a su país por cambiar de política económica. "[Cox] debería comenzar su discurso pidiendo disculpas por el daño que el Banco Mundial ha hecho a América Latina y al planeta. ¿Por qué en este foro tenemos que escucharles?", sostuvo antes de marcharse.

Autonomía

La Declaración de Asunción, con la que se clausuró esta Cumbre, reforzó la misma idea de autonomía: un Estado más consolidado, nuevos programas de cooperación y una serie de anexos que insisten en demandas repetidas cada año, como el fin del bloqueo a Cuba, el reclamo argentino sobre la soberanía de las Islas Malvinas y la propuesta ecuatoriana de respetar un parque natural de la Amazonia, rico en petróleo, a cambio de una compensación económica.

Las ausencias de la mitad de los 22 presidentes invitados a este foro dejaron, no obstante, un malestar que ya viene de antes, como dio a entender Correa al indicar que este tipo de foros se habían banalizado algo. O, como afirmó el viernes no sin cierta guasa el presidente chileno, Sebastián Piñera: "América Latina tiene tantas cumbres que parece una cordillera".


* Artículo aparecido el 29-10-2011 en el diario español Público.

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