martes, 30 de junio de 2015

Grecia y Argentina: dos corralitos en contraste

BUENOS AIRES.- Los argentinos siguen con mucha atención el corralito que ha establecido en Grecia el Gobierno de Syriza. Saben bien lo que significa la restricción de depósitos. Ellos mismos bautizaron y popularizaron la palabra que hoy pesa sobre Atenas como una condena.
Un hombre celebra ante los medios de comunicación que ha sacado los 60 euros diarios de los que puede disponer cada ciudadano en Grecia tras decretarse el corralito.- AFP PHOTO / Louisa GOULIAMAKI

En su origen, el término corralito se utilizaba en Argentina para referirse al parque infantil, cerrado y protegido, que sirve como recinto seguro para los niños pequeños. La palabra adquirió otra dimensión al trastocarla en una advertencia eufemística el periodista Antonio Laje, cuando en un programa televisivo se refirió a los bancos como prisiones que impedían la retirada masiva de dinero.

El corralito como medida económica que prohibió las transferencias al exterior (con excepción de las operaciones de comercio) y limitó las extracciones a 250 pesos semanales (250 dólares en ese momento) fue una idea pergeñada por el ministro de Economía Domingo Cavallo durante el Gobierno de Fernando de la Rúa. Era el 3 de diciembre de 2001.

Pero la crisis no había nacido con el corralito. Venía incubándose desde 1991, cuando de nuevo Cavallo, durante el Ejecutivo de Carlos Menem, quiso combatir la hiperinflación con un plan de convertibilidad que restringió la emisión de moneda, vinculó el peso argentino al valor del dólar y lo sostuvo con independencia del desigual nivel de productividad entre Argentina y Estados Unidos.

“El régimen de convertibilidad en Argentina funcionó de manera similar a lo que implicaba la incorporación de Grecia a la Unión Europea (UE)”, explica a Público el economista Claudio Lozano, diputado por el partido Unidad Popular. “Esta política anula cualquier mecanismo de expansión de moneda o de política cambiaria, y supone que Grecia tiene una productividad similar a la del resto de países europeos, en concreto, a la de Alemania”.

El político afirma que “este tipo de situaciones en países de menor desarrollo hace que se agraven sus condiciones y que se generen fuertes déficits en el comercio exterior”. El endeudamiento es la única manera que tiene un país de sostener artificialmente el valor de su moneda cuando no condice con la evolución de su productividad. “Llega un punto en que esa deuda se convierte en insostenible y por lo tanto se cae a pedazos, que fue lo que pasó en Argentina con la convertibilidad y lo que está pasando en Grecia desde hace cinco años”.

Hay menos similitudes entre Argentina y Grecia en términos políticos, según el diputado. “El Gobierno de De la Rúa estaba en deterioro absoluto y con un grado de cuestionamiento popular muy alto. En Grecia hay un Gobierno electo como reacción a los que generaron la crisis, y está planteando una discusión diferente con un grado de poder político y presencia muy superior al que hubo aquí”.

Situaciones distintas

Antes de adoptar el corralito, el expresidente Fernando de la Rúa hizo suyas dos medidas que prepararon el caldo de cultivo para el estallido social. El FMI aprobó para Argentina un crédito conocido como el “blindaje financiero”, de 39.700 millones de dólares, en un acuerdo auspiciado por organismos como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), además del Gobierno de España, a cambio de que el Ejecutivo argentino redujera la inversión pública e implantara una política de ajustes.


Esta medida vino unida al “megacanje” de bonos, por el que se postergaron los vencimientos de deuda a cambio de aumentar sus intereses. Siete grandes bancos se lucraron con el negocio. Entre tanto, los intereses se dispararon de 82.246 millones a 120.650 millones de dólares.

En noviembre de 2001, los grandes inversores empezaron a retirar sus depósitos de los bancos, y el FMI se desdijo del “megacanje” al negar el desembolso económico correspondiente a aquel mes.
La implementación del corralito fue el último puntapié del pánico bancario que estalló en las calles. Los cacerolazos fueron la advertencia sonora que anticipó las manifestaciones, los disturbios y los saqueos. En un manotazo de ahogado, De la Rúa decretó el estado de sitio el 19 de diciembre. La represión de sus Fuerzas Armadas terminó con la vida de 39 personas entre ese día y el 20 de diciembre, cuando el expresidente tuvo que escapar en helicóptero de la Casa Rosada (el palacio de Gobierno).

Cinco presidentes se sucedieron en apenas 12 días hasta que asumió Eduardo Duhalde como jefe de Estado el 2 de enero de 2002. Tardó cuatro días en derogar la convertibilidad en lo que fue conocido como el corralón, al pesificarse los depósitos devaluando la moneda nacional a 1,40 pesos por cada dólar. Con estas nuevas condiciones, el corralito se mantuvo durante todo un año, hasta once meses después.

“Tanto el blindaje como el 'megacanje' argentinos son similares a los 'rescates' de 2010 y 2012 de Grecia”, apunta Lozano. “Los rescates no fueron tales: en el caso argentino, estaban ligados a sostener la convertibilidad un tiempo más para permitir que los bancos y las empresas extranjeras que habían dominado la etapa con las privatizaciones pudieran sacar sus utilidades en dólares al exterior”.

“El FMI en Argentina y la Troika en Grecia habilitaron la puesta en marcha de mecanismos que sabían que no iban a tener resultados. El Fondo Monetario lo hacía violando sus propios estatutos, porque tiene prohibido prestar a países que se encuentran en situación de fuga de capitales”, añade el economista.

En el caso de Grecia, los dos rescates de la Troika estuvieron dirigidos a salvar a los bancos, en particular a los alemanes y franceses, para que pudieran traspasar al Banco Central Europeo y al Fondo de Estabilización (es decir, al conjunto de Estados de la UE) los créditos que tenían sobre Grecia que no iban a poder recuperar.

Así se sustituyeron los acreedores privados por los públicos. “Hay una confabulación de la UE contra Grecia, porque los rescates de 2010 y 2012 le impusieron a Grecia un conjunto de condiciones que destruyeron su capacidad económica y al mismo tiempo, los fondos de ese rescate no fueron a las arcas griegas, sino a los bancos”, sostiene el político.

Como integrante de la comisión que en su país investiga el origen de la deuda, Lozano fue invitado a escuchar hace dos semanas las conclusiones de la Comisión de la Verdad que en Grecia tenía el mismo objetivo. El comité declaró la deuda ilegítima, ilegal y fraudulenta, recomendó su moratoria unilateral, y estableció la responsabilidad de la Troika en la crisis con la complicidad del anterior Gobierno griego.

“Si Syriza mantiene el respaldo político de la mayoría de la población, y la UE reincide en sus criterios de políticas de ajuste, Grecia se verá obligada a salir del bloque y a buscar una estrategia diferente con otros países. El socio más directo que tiene Grecia para algún tipo de alianza es Rusia”, indica el diputado.

En ese caso, Grecia tendría que generar una moneda propia para recuperar su capacidad de sostener el sistema financiero local y así evitar lo que sucedió en Argentina.

“Cuando los bancos quedaron expuestos tras el colapso económico y el estallido social de diciembre de 2001, se instrumentó un salvataje que lo terminó pagando el Estado argentino. Fue una transferencia de 18.000 millones de dólares hacia el conjunto del sistema financiero”, sentencia Lozano. “Para que el Gobierno de Alexis Tsipras no incurra en el mismo disparate, la lógica lo lleva a nacionalizar los bancos si tuviera que salvarlos. Así podrían recuperar un instrumento que les permitiera gobernar las finanzas de su país y terminar con la especulación”.

Porvenir griego

Hay una semejanza, de carácter social, que hermana los procesos de Grecia y Argentina. “Ninguna sociedad puede vivir en el ajuste y crisis permanente”, explica Andrés Asiain, director del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz. “Están empujando a Grecia a la destrucción de la identidad nacional. Eso pasó con Argentina. Se sufrió, pero de ahí en adelante el país tuvo un horizonte en donde el futuro podía ser mejor con el esfuerzo del pueblo argentino”.

Al país heleno lo han dejado entre la espada y la pared sin opciones de negociación, a juicio del experto. “No hay muchas alternativas para Grecia porque hay una posición rígida por parte de la Troika como advertencia a otros pueblos para que no intenten un camino que se aparte de sus políticas”, resalta.

El economista cita como ejemplo el hecho de que la Troika rechazara en la última propuesta de Grecia su intención de cobrar un impuesto extraordinario a las grandes empresas, al mismo tiempo que exigía subir el IVA, recortar las pensiones, y acelerar el cambio de la edad jubilatoria a 67 años.

Grecia todavía tiene cierto margen de maniobra confiando en la decisión soberana que marque el plebiscito de este domingo sobre el apoyo a las políticas de la Troika. “Y en ese caso, las autoridades europeas deben saber que el tiro les puede salir por la culata, porque si Grecia inicia un camino con autonomía y logra salir adelante, el mensaje va a ser muy sugestivo para el resto de la Unión Europea que ahora sufre las políticas de ajuste”, finaliza Asiain.


* Artículo aparecido el 31 de mayo de 2015 en el diario español Público.

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