martes, 1 de diciembre de 2009

El puente que divide Argentina y Uruguay*




Hasta que un conflicto diplomático entre Argentina y Uruguay la sacó del anonimato, algunos de los que habían oído hablar de Fray Bentos pensaban que era sólo una ciudad creada por el escritor argentino Jorge Luis Borges para ambientar sus relatos. Tiempo después se sabría que el Macondo uruguayo existía en realidad, porque se convirtió en protagonista del enfrentamiento entre el Gobierno argentino de los Kirchner y el del uruguayo Tabaré Vázquez por la instalación de una papelera en la orilla del río que la circunda.

El Fray Bentos actual respira calma pese a la segunda vuelta electoral: no hay apenas rastro en las calles de la campaña política y los ciudadanos asumen los comicios sin ninguna excitación. Dan por supuesto que se cumplirán las previsiones: Pepe Mujica, del Frente Amplio, ganará con comodidad. 

E igual que acepta el resultado electoral, esta región del litoral asume la presencia de la papelera finlandesa Botnia como parte de su realidad cotidiana. Hace ya tres años que la Asamblea Ambiental de la ciudad argentina de Gualeguay-chú cortó el puente que comunica esa urbe con Fray Bentos, pero sus habitantes parecen tolerar sin mucho pesar el recelo que despierta al otro lado del río la empresa de celulosa.

Allí, en Argentina, los que mantienen cortado el puente aseguran que Botnia atenta contra la vida del río Uruguay. El desarrollo de Gualeguay-chú se basa en la agricultura, la ganadería y el turismo, mientras que la papelera produce un millón y medio de toneladas de celulosa y utiliza 86 millones de litros diarios de agua del río que devuelve contaminados.
 
La atracción que despierta Fray Bentos a las inversiones extranjeras no comenzó con la llegada de Botnia. Muchos consideran que el incipiente progreso industrial que experimentó Uruguay a finales del siglo XIX comenzó con la llegada del ingeniero alemán George Giebert, que desarrolló la producción de extracto de carne y la exportó después a una Europa asediada por las guerras.

Todavía hoy, los habitantes de Fray Bentos presumen de que Julio Verne, en su libro De la Tierra a la Luna, eligiera como desayuno el caldo derivado del extracto de carne para dar de comer a los astronautas que llegaron al satélite terrestre. De ahí viene el dicho de "lo único que se desperdicia es el mugido del vacuno", todavía vivo hoy en Fray Bentos.

En aquel Fray Bentos de Borges existía un hombre legendario llamado Ireneo Funes, "mentado por algunas rarezas como la de no darse con nadie y la de saber siempre la hora". En el cuento Funes, el memorioso, el escritor se refirió a su personaje como el único hombre sobre la Tierra que tenía derecho a utilizar la palabra "recordar".

Pero en esta ciudad que vive impasible a los acontecimientos de alrededor no se rememora con especial orgullo aquel hombre que cayó de un caballo y que, además de quedar tullido, se transformó incomprensiblemente en un ser con una memoria prodigiosa. Su plaza Constitución está dedicada al alemán Justus Von Liebig, considerado por algunos como el padre de la química orgánica y quien creó por primera vez el extracto de carne.

No hay, en cambio, rastro de ningún reconocimiento al autor argentino. A pesar del "cronométrico Funes" que habitó un día el Fray Bentos, en la ciudad parece que en realidad no pasa el tiempo. Sus residentes, que preguntan poco y responden aún menos, se limitan a llevar el mate en la mano y el termo bajo el brazo, vayan en moto y conduciendo.

Este lugar, que también es mencionado en el cuento más famoso de Borges, El Aleph, no tendría nada de especial si no fuera por Botnia, pero ese ya no es un asunto que los inquiete. Y tampoco las elecciones. "Ya nos hemos acostumbrado a esto", se justifica un joven, que observa pasar a la gente sentado cerca de la rambla de la ciudad. "Aquí no cambia nada".

"En España saben que contamina"

Raúl Subías. Integrante de la Asamblea Ciudadana Ambiental de Gualeguaychú


¿Por qué no han abierto el puente para las elecciones?
No importa quién gane las elecciones porque no cambiará la postura del Gobierno uruguayo con respecto a Botnia.

Mujica recaudó dinero para que viajaran los uruguayos residentes en Argentina...
Nosotros no nos metemos con las cuestiones de otra nación.

Pero sí abrieron el puente para los hinchas argentinos que fueron a ver el partido de su selección en Uruguay.
Fue para dar un golpe de efecto. El conflicto lleva seis años. Nos han borrado de la prensa. Los grandes medios de este país tienen intereses creados en Botnia. Aquel fue un movimiento estratégico y logró su cometido. La prueba es que diarios como el suyo, del otro lado del océano, estén haciendo estas preguntas.

¿Qué se está ocultando?
La Universidad Nacional de La Plata demostró que un componente químico prohibido en Europa desde 2005 se está usando en Botnia. En España tienen las pruebas a la vista.

¿Por qué?
La UE ha establecido que las empresas que utilizan la tecnología Kraft, como la de Botnia, tienen que irse antes de 2018 porque contaminan. Ustedes los saben por la Empresa Nacional de Celulosa.

Uruguay dice que cumplen con los estándares de la UE.
No nos tranquiliza que una empresa finlandesa venga y diga que respeta las normas europeas, cuando ustedes mismos los expulsan de la UE.

¿Va a cambiar algo si Mujica es elegido presidente?
Ya dijo que si gana, seguirá con el desarrollo de las papeleras. Uruguay tiene un contrato de reciprocidad de inversión con Finlandia. El problema es que es un país subdesarrollado, sin industrias. Con este acuerdo, está atado de pies y manos.


* Artículo aparecido el 30 de noviembre en el diario español Público



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