lunes, 24 de octubre de 2011

Cristina Fernández y el nuevo panorama político de Argentina

Fue una victoria sin precedentes. Nadie, desde el regreso de la democracia a Argentina en 1983, había obtenido semejante apoyo electoral. Con casi el 54% de los votos en las elecciones presidenciales del domingo, Cristina Fernández ha pasado de ser la primera mujer en alcanzar la presidencia de Argentina a través de las urnas a convertirse ahora en la primera jefa de Estado reelecta con una diferencia de 37 puntos sobre el segundo candidato más votado. Algo también histórico.

Si se observa el territorio nacional, el Frente Para la Victoria (FPV), alianza que lidera Cristina Fernández, ganó en 23 de los 24 distritos electorales del país, un logro que ya obtuvo en las primarias del pasado 14 de agosto. La única región en la que no se impuso la mandataria fue San Luis, la provincia que retuvo su actual gobernador y también candidato presidencial, Alberto Rodríguez Saá. Él ha sido el único postulante a la Casa Rosada que no ha perdido en casa. El segundo candidato más apoyado en estas elecciones, el socialista Hermes Binner, no salió primero en la provincia en la que es gobernador, Santa Fe, pero con casi el 17% de los sufragios, tiene en sus manos el liderazgo de la oposición.

El Gobierno ha conseguido, por otra parte, recuperar en la Cámara de Diputados la mayoría simple que perdió en las legislativas de 2009, de modo que, si suma aliados, el kirchnerismo tendría garantizada la mayoría absoluta tanto en la Cámara baja como en el Senado.

Es preciso indicar que esos aliados no son sólo minorías de izquierda que apoyan determinados proyectos progresistas, sino también legisladores, en su mayoría del FPV, que a su vez responden a los gobernadores de su provincia y que muchas veces deben respaldar al oficialismo para poder recibir financiación pública, según el politólogo Nicolás Solari, de la consultora Poliarquía.

Prosperidad económica

En cualquier caso, esta concentración de poder de Cristina Fernández, que deriva de un apoyo de legitimidad inédito en las urnas, obedece en parte a la prosperidad económica de un país que ha podido sortear la crisis internacional. "Su victoria significa un cheque en blanco para que desarrolle el modelo político y económico vigente", explica a Público el politólogo Solari. "Tras la crisis de 2001-2002, hay una reactivación económica que alcanza a todos los sectores".

Si se recuerdan las promesas de la mujer que asumió en 2007 la presidencia, puede afirmarse que ha conseguido sostener el crecimiento económico que comenzó en 2003. "Se palpa una mejora en la calidad de vida", afirma Solari. "El consumo sigue en alza y el Estado inyecta dinero en la sociedad para garantizar ese bienestar a través de planes sociales, de la extensión de jubilaciones y de la nacionalización de empresas".

Pero quedan varios asuntos pendientes. "Falta la calidad institucional que Cristina prometió en 2007", añade el analista. "Dijo que durante la presidencia de Néstor Kirchner (2003-2007) hubo necesidad de actuar rápido. Pero todavía se necesita más transparencia pública, menos corrupción y más respeto a las instituciones democráticas, como también a otros partidos y dirigentes opositores".

Además, no se ha reconocido el verdadero alcance de la inflación, que crece entre un 25 y un 30% anual, según las consultoras privadas, y que afecta sobre todo a los más pobres. De acuerdo con Solari, podría erosionarse la base del modelo económico del Gobierno porque están perdiendo fuelle el superávit fiscal y comercial, "lo que puede afectar a la continuidad del sistema".

* Artículo aparecido el 24-10-2011 en el diario español Público

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