viernes, 21 de octubre de 2011

Fernández pide unidad sin esperar a las urnas

Aunque todos los sondeos le otorgan un triunfo aplastante en las elecciones presidenciales del próximo domingo, incluso sin necesidad de una segunda vuelta, la presidenta argentina, Cristina Fernández, optó por un tono prudente en el acto de cierre de su campaña el miércoles por la noche en Buenos Aires. La mandataria prefirió apoyar su discurso en lo que serán algunos de los ejes primordiales de su Gobierno: la unidad y la integración sudamericana.

"Hay que superar las diferencias donde las haya. No es fácil porque hay intereses", admitió Fernández. "Los sectores tienen siempre intereses, pero lo importante es que cada uno de esos sectores y espacios que defienden sus derechos comprendan que esta argentina es presidenta de los 40 millones de argentinos y tiene que articular los intereses para todos ellos".
 
Con una puesta en escena cuidada al detalle en el teatro Coliseo de la capital, se proyectaron los anuncios publicitarios de la campaña electoral de Cristina Fernández, en los cuales se cuentan las historias de vida de diez personas. Gente común, con distintos anhelos y capacidades, que aseguran que no tenían esperanza en el país hasta que comenzó este proyecto político ahora liderado por la presidenta.

Esas historias se personificaron en sus protagonistas, que se situaron en el escenario del recinto. Después de ellos subió al estrado el candidato a vicepresidente de Fernández, el actual ministro de economía, Amado Boudou. Ningún otro político apareció en la tribuna. Fue entonces cuando surgió la presidenta, que de este modo quiso mostrarse rodeada de la "Argentina real", según sus palabras.
En las butacas la contemplaban funcionarios, gobernadores, organizaciones humanitarias como las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y jóvenes, muchísimos jóvenes de distintas organizaciones kirchneristas que gritaban "llora, llora la derecha, porque los pibes [los jóvenes] estamos de fiesta".

Emocionada, la presidenta mencionó algunos de los logros del Gobierno, y anunció que ahora continuarán con nuevas "políticas que incluyan más pluralidad y derechos humanos". Tuvo también tiempo para la autocrítica, al admitir que "faltan cosas", y que muchas veces "nos enredamos en discusiones estériles y declaraciones rimbombantes", hasta el punto de confundir "el verdadero objetivo que es que este país siga generando crecimiento y posibilidades".

"Yo no le guardo rencor a nadie, las cosas que han pasado me obligan a abrirme cada vez más, a tender la mano, a superar las diferencias", añadió con la voz quebrada. Quizás hizo así alusión a conflictos pasados con dirigentes del campo o de sindicatos, con los que no siempre ha mantenido una relación distendida.
Vestida de luto desde el día en que murió Néstor Kirchner hace un año, Cristina Fernández recordó a su difunto marido, antecesor en el cargo e impulsor del modelo político que ella ahora continúa. En primera fila la escuchaban sus hijos, Máximo y Florencia. "Sin ellos hubiera sido imposible seguir", admitió. "Él [Néstor Kirchner] está en todas partes, pero en ellos, más que en ninguna otra".


* Artículo aparecido el 21-11-2011 en el diario español Público.

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