viernes, 25 de mayo de 2012

"Hablar de 'primavera árabe' es atractivo pero irreal"


Jesús Núñez, codirector del IECAH y una de las voces más respetadas en España de análisis internacional, explicó en esta entrevista a qué se juega Egipto con las elecciones presidenciales, y dónde reside el verdadero poder





Jesús Núñez es codirector del Instituto Estudios sobre Conflictos y Ayuda Humanitaria (IECAH). Como investigador y testigo presencial de la caída de Ben Alí en Túnez y después de la de Hosni Mubarak en Egipto, es una de las voces más calificadas para referirse a los países del Magreb y Medio Oriente. 

¿Por qué son importantes las elecciones presidenciales en Egipto?

A nivel interno, porque se trata de consolidar un proceso que comenzó, tras caída del dictador Hosni Mubarak, con unas elecciones legislativas que no acaban de contentar a la población puesto  que los militares mantienen el poder. Ahora siguen estas elecciones presidenciales que desembocarían en la elaboración de una nueva Constitución.

Egipto trata de poner fin a un régimen y cambiar hacia otro que avance hacia la democracia, pero no está claro que eso vaya a ocurrir. Las elecciones son importantes para ver si Egipto se encamina hacia una sociedad abierta o los militares siguen conservando el poder aunque no aparezcan en el escenario.

¿Qué significado tienen las elecciones para el resto del mundo?

Egipto es el líder de la Liga Árabe, que agrupa 22 países. Por tanto, lo que ocurra ahora tiene repercusión más allá de las fronteras de Egipto, sobre todo en el resto de países que también están en un proceso de movilizaciones hacia cambios de régimen.

Desde el punto de vista geopolítico, y eso nos interesa a todos, Egipto está en el Canal de Suez. El tráfico marítimo en ese punto del planeta preocupa a todo el mundo, porque buena parte de los suministros petrolíferos y gasísticos atraviesan esas aguas.

Por último, Israel tiene un acuerdo de paz con Egipto, y cabe preguntarse si el nuevo régimen de Egipto va a mantener el acuerdo o lo replantea, lo que puede generar procesos de inestabilidad en Oriente Medio.

¿Hasta qué punto el nuevo presidente va a tener poder?

Ésa es la gran duda. Yo soy bastante escéptico en relación al resultado de este proceso. En contra de lo que muchos medios de comunicación y portavoces gubernamentales nos han querido presentar –que la caída de Mubarak supone una victoria de la sociedad egipcia y el inicio de un proceso que conduce a la democracia—lo que realmente ha ocurrido es un golpe militar. El Ejército ha tomado todo el poder en el país, ha desmantelado la Asamblea parlamentaria y ha concentrado todo el poder económico y político.

Desde que Egipto existe como Estado moderno, siempre ha habido generales al frente del país: Mohammed Naguib en primera instancia, luego Abdul Nasser, después Anwar al Sadat, y por último Mubarak, así que es difícil que vayan a querer renunciar a privilegios enormes que tienen no sólo en términos políticos y sociales, sino sobre todo en términos económicos.

Así que es difícil que se dé un verdadero cambio.

Los militares quieren seguir reinando, pero no gobernando. No parece que quieran tener la gestión diaria de los asuntos públicos, pero sí quieren que el que se encargue no cuestione los privilegios de la casta militar ni el status quo asentado desde hace décadas.

¿Hay algún candidato que cuestione el sistema vigente?

Ninguno de los cuatro que más resuenan en estas elecciones es un candidato antisistema que quiera romper seriamente con esa estructura. Dentro de ellas, Ahmed Shafiq parece el candidato ideal supremo de Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, pero no parece que vaya a recibir el apoyo votantes.
 Además está Amro Musa, secretario general de la Liga Árabe durante más de diez años, que también es visto como candidato del régimen por ser ex canciller de Mubarak.

Lo mismo ocurre con Mohammed Mursi, que es un candidato de segunda hornada, puesto que el primer candidato de los Hermanos Musulmanes, Khairat al Shater, fue excluido de la carrera presidencial. Mursi, como su relevo, es mucho menos carismático y conocido por la opinión pública.

Los Hermanos Musulmanes, el grupo más organizado el país, harán lo posible para que Mursi tenga el mayor alcance posible, pero recordemos que también está Abul Futuh, representante de los Hermanos musulmanes hasta hace un año, que cuenta ahora con el apoyo de sectores muy distintos –jóvenes, salafistas y cierta burguesía.

Jugando con todos esos candidatos, no parece que los militares estén inquietos de que el juego se le pueda descontrolar y ellos se queden sin ser la referencia última del país.

De celebrarse, ¿qué puede suceder en la segunda vuelta?

Si hay segunda vuelta, lo más previsible es que sean Amro Musa por un lado y Abul Futuh por otro. Si Futuh queda como el único candidato cercano al islamismo político, la hermandad no va a pedir el voto contra él, así que el voto islamista podría fragmentarse en esta primera vuelta, pero unirse para la segunda.
Más allá de esto, hay  un Parlamento de perfil islamista que no tiene poderes reales, anulado como está por los militares. El presidente no sabrá además cuáles serán sus competencias, porque ésas las debe indicar una Constitución que todavía no está elaborada.  Así que ya se encargarán los militares de hacerle entender a ese presidente cuál es su papel.

Los islamistas de la hermandad han ido aceptado hasta ahora lo que los militares le han dejado hacer. Tienen forma de entenderse entre ellos y de encontrar un acomodo. En definitiva, los militares reinarían y los islamistas gobernarían”.

¿Cuáles son los privilegios del Ejército?

Cuando uno pisa Egipto y ve una zona con farolas, edificios con ventanas y cristales al lado de un área destartalada, puede asegurar que es una urbanización militar. Los militares tienen sus propias ciudades, sus propias escuelas, sus propios hospitales sólo para ellos. A ojos egipcios son una casta aparte.
En términos económicos, el Ejército gestiona amplios sectores productivos, como carreteras, canales de televisión, industrias de cemento, y hoteleras. Se estima que los militares controlan hasta un 25-40% del PIB, según qué fuente se consulte. Eso los convierte en un actor muy poderoso y muy interesado en no perder esos privilegios.

¿Se ha producido una primavera árabe en Egipto? ¿Ha liderado un proceso de revueltas en el mundo árabe?

No creo que nadie haya liderado una primavera árabe. Más aún, no existe una primavera árabe. Los medios de comunicación en general han buscado ese concepto de primavera árabe, que es un concepto atractivo pero irreal. Basta con ver los hechos. Hay 22 países árabes, y sólo han caído cuatro dictadores. Los otros 18 se mantienen.

En los cuatro países donde han caído los cuatro dictadores, no ha habido ningún cambio de régimen. Queda pendiente ese cambio de régimen –quizás Túnez vaya ahí más adelantado–, y que ese régimen sea un referente democrático. Si no, ¿de qué primavera estamos hablando?

Ni es árabe, porque sólo son cuatro países de 22, ni es primavera, porque no ha florecido nada. Es necesario dejar pasar tiempo para ver los efectos de este despertar de las sociedades árabes. Pero desde luego, el balance transitorio no debería llevarnos a ninguna alegría desbordada.

¿Qué papel cumple Egipto en todo este proceso?

Egipto importante líder de ese mundo árabe, pero no ha liderado ninguna primavera, nada responde a un plan organizado. Son sociedades hartas, frustradas, desesperadas ante la insatisfacción necesidades básicas y ante su falta de seguridad que viven gobernadas por regímenes represivos y corruptos que atentan a sus derechos, y que ahora se han movilizado.

En el caso de Egipto, hay que recordar que Mubarak estaba preparando la sucesión del poder para su hijo, y los militares no estaban contentos con ese plan. En el momento en que la población se lanzó a la calle demandando cambios, los militares aparentaron estar al lado del pueblo. Fue una jugada inteligente desde el punto de vista táctico.

Los militares querían que Mubarak aceptara que su hijo Gamal no le va a suceder, o bien que Mubarak cayera, para que así los militares siguieran en el poder.

¿Por qué no querían al hijo de Mubarak?

Porque Gamal Mubarak no es militar. Y Egipto siempre ha estado en manos militares. Ni Gamal era su candidato ni se fiaban de que fuera a cumplir con sus deseos. Es más: Gamal comenzó a criticar a los militares para tratar de crecer políticamente, no en clave democrática. Nada de eso contentaba a los militares.

¿Qué ha cambiado, entonces?

Lo que las sociedades quieren está en todas las plazas de los países árabes: dignidad, libertad y trabajo. Es lo han pedido durante décadas. Lo que ocurre ahora no es la primera oleada movilizaciones. En los años 80 ya hubo revueltas que fueron reprimidas. Ahora hemos visto que en esta segunda oleada de movilizaciones ha provocado la caída de algunos dictadores. Pero si volvemos a Egipto, la situación económica es desastrosa. Las necesidades de la población son las mismas que antes de la caída de Mubarak. Y eso es un reto enorme para el régimen. Por eso los militares no quieren gobernar, sino reinar, porque gobernar significa enfrentarse a unos retos que pueden destruir a algunos actores políticos. Y ellos no quieren quemarse.

¿Cuál fue una de las revueltaa a destacar durante los años 80-90?

La de Argelia. Allí, el Frente Islámico de Salvación (FIS) ganó las municipales en 1990 y la primera vuelta de las legislativas en el 1991.  Cuando se iban a celebrar la segunda vuelta de las legislativas se produjo un golpe de estado bendecido por la comunidad internacional, porque no queríamos que los islamistas llegaran al poder.

En la medida en que se aplicaron los programas de ajuste estructural del FMI, desde mitad de los años 80 hasta mitad de los 90, eso produjo revueltas sociales en muchos países árabes que fueron reprimidos por los regímenes políticos, sin más.

¿Qué ha ocurrido ahora que es distinto?

La situación estructural que explica las movilizaciones se da en los 22 países árabes musulmanes: hablamos de necesidades básicas sin cubrir, recortes de los derechos, corrupción, ineficiencia gubernamental, etc.  Llevar una vida digna es algo imposible para la mayoría de la población. Hoy, hace 10 años, hace 20 años y hace 30. Lo que tenemos que asumir es que desconocemos por qué, ante el aparato represivo vigente, la sociedad ha perdido el miedo sabiendo que va a morir gente y que está muriendo gente, como en Siria.

Algunos han dado excesiva importancia a Internet y a las redes sociales. Al Jazeera es un factor importante puesto que llega a todos los rincones del mundo árabe, y por tanto las sociedades entienden que viven en un mundo completamente insoportable porque tienen gobernantes cada vez más ilegítimos. Y ahora se derramó la gota que colmó el vaso, y siguen en la calle. No sabemos por qué.


Entrevista publicada el 23 de mayo de 2012 en el portal de noticias Infobae América.

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