lunes, 2 de septiembre de 2013

"Las corporaciones suprimen lo que les cambia el juego"


Cayó mal a la comunidad científica y a toda la industria discográfica. Hugo Zuccarelli tenía 21 años cuando inventó un sistema de grabación holofónico que otorgaba una textura extraordinaria al sonido. Luego llegarían los altavoces. Era un "cambio revolucionario", según sus palabras, que lo llevó a trabajar junto a Pink Floyd, Michael Jackson, Stevie Gonder y Lionel Richie. Un "salto evolutivo" que lo enfrentó a su vez con grandes corporaciones en un pulso que terminó perdiendo. 
Hugo Zuccarelli.
Hugo Zuccarelli, en un momento de la entrevista, en Buenos Aires (A. D)


En solitario, hoy reivindica su trabajo en el Teatro Ciego de Buenos Aires. Tres veces por semana hace escuchar, en una habitación completamente a oscuras, algunos discos de Pink Floyd a través de unos altavoces holofónicos de cuatro metros de altura. Es su modo de sortear las obstrucciones que sin cesar lo han perseguido durante toda su trayectoria. Ésta es su historia.


 ¿Cómo descubrió la holofonía?

Tenía 10 años. Un día caminaba por la calle, leyendo una revista del Pato Donald, y dos coches chocaron detrás de mí. Me quedé impresionado porque localicé al instante que el peligro estaba detrás. Al llegar a casa le pregunté a mi papá qué hace que escuchemos los sonidos, y él me explicó las teorías de localización vigentes hasta ese momento, que afirman que comparamos el sonido que llega al oído derecho con el que llega al izquierdo, y que esa comparación nos da la posición. Pero eso no podía ser, porque el sonido del accidente había llegado a mis dos oídos al mismo tiempo y con la misma intensidad. Me puse a pensar y descubrí que si te tú te tapas un oído, puedes seguir distinguiendo de dónde viene el sonido, así que la teoría binaural no tiene asidero.

 ¿Ha cambiado la ciencia desde entonces?

En las mejores universidades enseñan lo que yo descubrí, la holofonía. Descubrí que el sonido humano emite sonidos. Esas emisiones interfieren con los sonidos que entran, y la interferencia de todas esas ondas que chocan tiene características matemáticas similares a los hologramas, lo que permite al cerebro explicar de dónde viene.

Ésa es la hipótesis con la que comenzó.

 Sí. Pero lo reproduje artificialmente y funcionó. Dejó de ser una teoría, ya es una ley. No sólo descubrí que el hombre utiliza un sistema monoaural de localización, sino que lo probé. Esto es un choque cultural para todos, pero como no tenía las credenciales, lo taparon y me intentaron destruir. Cuando los japoneses -la Sony- compraron las casas discográficas, se hicieron con todos los discos holofónicos que había grabado con Michael Jackson, Stevie Wonder, Lionel Richie y Pink Floyd.

Si el sistema es mejor, ¿por qué no les interesa?

Porque su método es más barato. Como no lo pueden vender bajo una licencia, intentan que no se difunda. Cuando las grandes corporaciones ven algo que les cambia el juego, tratan de suprimirlo.

¿Cómo hizo el primer sistema holofónico?

Con 21 años, estudiando ingeniería electrónica en Italia, construí el primer micrófono monoaural. Fue en 1980. En la universidad me dijeron que hasta ese momento retenían como imposible lo que yo estaba haciendo. Ellos enseñaban que si escuchamos un avión en el cielo, es porque ya sabemos que es un avión; que cognitivamente localizamos sonidos, que hay un condicionamiento para escuchar. Descubrí que en la realidad escuchamos mejor de lo que pensaban, porque los científicos creían que el arriba y el abajo no existían.

¿Por qué lo llamó holofonía?

Holofonía es una palabra que inventé yo, es una marca registrada. Holos viene del griego, significa total, y fono, sonido. El parlante [altavoz] holofónico vendría a ser como la televisión de colores con respecto a la de blanco y negro. Se escucha un sonido en un abanico muy estereofónico. Si además le incorporas el sistema de grabación holofónico, se distinguirían los sonidos como en la vida real.

¿Qué sucedió en Italia?

Perdí un año y medio haciéndole escuchar el sistema de grabación a Pavarotti, a gente de la Philips y de la PolyGram. Pavarotti quería representarme y quedarse con la mitad de las ganancias que generara esa patente y las que vinieran. Le dije que no.

¿Y la Philips?

Entre la Philips y la Sony se dispararon a sí mismos. Tardaron 20 años en hacer salir el cd. Todo lo que sacaba la Sony en mejores productos fue boicoteado: el Betamax, que no pudo venderse porque Estados Unidos no lo ponía en las películas para proteger el DHS; lo mismo pasó con el DAT (cinta de audio digital) o el minidisc. Sony inventó las cámaras digitales en el 80 -se llamaban Mabica- pero la presión de Kodak y Fuji hacía que no saliera nada. Cuando la Sony se cansó de este juego, compró las casas discográficas, y el boicoteo siguió conmigo. Se jodieron porque todos sus productos podrían haber sido vendidos con la holofonía.

Ahí decidió irse a Inglaterra

E hice contactos por mí mismo con Peter Gabriels, Kate Bush y Rick Wakeman (de Yes).

¿Cómo llegaba a ellos?

Podía ir al Rockefeller Center, hacerle escuchar al portero el sistema holofónico, él llamaba al guardia de seguridad, y así escalaba hasta el presidente de la compañía. Yo llegaba hasta el punto en que los tipos querían adueñarse del sistema. Y ahí me negaba.

¿Qué pasó con Pink Floyd?

Les quedaban diez días de grabación cuando me pidieron colaborar. Estaban trabajando en la banda sonora de The Wall, y me dieron 40.000 libras esterlinas. Pasado ese tiempo se fueron de vacaciones sin haber terminado, y ahí fue cuando la banda empezó a pelearse. Al volver, me dijeron que como no tenían más dinero,  tendría que trabajar gratis. Acepté, y por un año y medio estuve en condiciones muy precarias grabando The Final Cut. El dinero que me habían dado lo gasté en equipos electrónicos que no llegaron a utilizar, porque su ingeniero de sonido James Guthrie tenía una compañía de venta de equipos, cosa prohibida porque estaba en conflicto de intereses. Este James me propuso un contrato donde él se quedaba con todo. Cuando me negué, empezó a sabotear mi trabajo.

Y entonces se fue de Londres.

El escritor Arthur Clarke me puso en contacto con Hollywood, y allí fui, pero pidieron que le diera la exclusividad a Metro-Goldwyn-Mayer, y no me dejaban usar mi marca Holophonics ni ser el sonidista, que iba a ser Peter Hyams. Les dije que no, y prácticamente se corrió la bola y no me llamaron más.

¿Por qué tampoco le fue bien en Estados Unidos?

Me robaron en mi departamento y al poco pusieron una compañía a competir conmigo, Fleetwook Mac, y dijeron que yo les había vendido mi trabajo. Mis clientes terminaron grabando con las cosas robadas. Como yo no podía hacer competencia desleal contra mis propios productos, hice un juicio, y todos mis abogados y jueces se vendieron. Todas esas causas siguen abiertas.

¿Por qué le metieron en prisión tres meses?

En un juicio que le hice a Michael Jackson porque no me pagó mi trabajo en su disco Bat,  sus abogados me acusaron de haber pegado a cuatro abogados en plena corte. El Condado de California me abrió un proceso, y me pusieron de abogado a Marc Geragos, que representó a Michael Jackson en el proceso de pedofilia. Y perdí el caso. Apelé, y en el ínterin, vino Geragos a decir que me estaban buscando para meterme preso porque no me había presentado a una audiencia de la que él no me había avisado. Además no había presentado una solicitud que había hecho para cambiar de abogado, así que para ellos, él todavía me  representaba. Tres meses después un abogado me que aconsejó que me presentara ante el juez, y el magistrado que eligieron para escucharme era el hijo de un compositor de la Sony, Ronald Schöenberg, el hijo de Arnold Schöenberg. Y me metieron 90 días en prisión por desacato, por aquella audiencia a la que no fui. Durante cuatro años me hicieron limpiar las calles y pagar mucho dinero.

Así que se volvió a Argentina.

Hace tres años logré por fin eliminar las distorsiones en los parlantes, y ahora estoy investigando sobre cómo funciona el ojo, en lo que he llamado holorama, que son fotografías tridimensionales indistinguibles de la realidad. En realidad, la reproducción sin gafas para ver de manera tridimensional ya existe. Lo que yo ahora he inventado es la manera de grabar la información, que da al cerebro la realidad que da esta sensación. Ahora me iré a Dubai y a China en busca de financiamiento. A ver si tengo más suerte.


* Entrevista publicada en el diario español Público

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