domingo, 7 de febrero de 2016

La Argentina de Macri vuelve al mundo como un país “serio”



Ha sido muy intensa la agenda del presidente argentino Mauricio Macri en sus casi dos meses de mandato. Desde que reemplazó en su cargo a la exmandataria Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015), ha comenzado a gobernar con viento de cola a favor, sin ser objeto de un incisivo desgaste en los medios de comunicación, y con la ventaja de un verano estival que ha tenido a la Justicia y al Congreso en receso por vacaciones.




Tras rearmar el gabinete que lo acompañará por los próximos cuatro años, el presidente ha incursionado en todas las áreas del Estado. Sus ejes de Gobierno, afirma, son tres, y así lo repiten todos sus ministros: pobreza cero, combate al narcotráfico, y la unión de los argentinos.

La prioridad, sostiene el Ejecutivo, es que Argentina “vuelva a ser un país normal”, lo que significa recuperar la confianza ante los ojos del mundo, que no perdona su crisis de 2001, para establecer relaciones bilaterales con todas las naciones, sin ideologías de por medio, y negociar créditos o inversiones sin sospechas y “como un país serio”, en palabras de Macri.

Pese a la fisura en una costilla que lo había tenido convaleciente, el mandatario viajó al Foro Económico Mundial de Davos, en Suiza, un cónclave al que Argentina no acudía desde 2003, y restableció relaciones con empresas, ciertos países, y organismos como el FMI, que volverá a auditar las cuentas públicas del país.

Debido al sobreesfuerzo, el presidente no pudo viajar después a la cumbre en Quito que acogía a la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac), donde acudieron casi todos los líderes de la región.

Argentina ha cambiado de rumbo en su política exterior. La buena relación entre Argentina y Venezuela trocó con el nuevo Gobierno, “preocupado” por el respeto a los derechos humanos en el país carioca que ejemplificaba, a su juicio, la condena del opositor Leopoldo López a 13 años y nueve meses de cárcel por ser el autor intelectual de los disturbios contra el Gobierno que en 2014 causaron la muerte de 43 personas.

Entre tanto, Macri lidia en el norte del país con la detención de una dirigente social muy controvertida, Milagro Sala, arrestada en un comienzo por incitación a la violencia y tumulto, imputaciones desechadas cuando la Fiscalía decidió investigarla por los delitos de fraude y extorsión en relación a los fondos que manejaba su cooperativa Tupac Amaru.

Situación económica

El presidente ha sido veloz en reorientar la economía: eliminó, de entrada, las retenciones a los cereales y a la carne que exporta el país, y redujo del 35 al 30 % el gravamen que se aplicaba a la soja, el principal cultivo de la nación.

Eran buenas noticias para el sector agropecuario, que en 2008 plantó bandera ante el intento de Cristina Fernández de establecer un sistema móvil en los aranceles de la soja, el trigo y el maíz, y generó la peor tragedia institucional que sufrió el país desde 2001.

El Gobierno también suprimió las dificultades de exportación e importación, eliminó las restricciones a la adquisición de divisas extranjeras, y devaluó la moneda nacional un 30 % con respecto al dólar, que pasó de valer 8 pesos a casi 14. Esta cifra estaba ligeramente por debajo del llamado dólar paralelo que se cotizaba en el mercado informal. Había un atraso cambiario que terminaba subsidiando el Estado, el cual debía vender dólares del Banco Central para sostener el cambio oficial y facilitar el consumo interno. Macri fue rápido, y eliminó aparentemente un escollo.

El Ejecutivo también es ágil en percibir situaciones de peligro: declaró la emergencia energética, y eliminó los subsidios a la electricidad, por la que se pagaban precios irrisorios en la ciudad y en la provincia de Buenos Aires. Concedió, no obstante, una tarifa social para sectores con pocos recursos.

Macri decretó a su vez la emergencia nacional en seguridad pública, y estableció un protocolo de derribo de aviones para aquellos que tuvieran “entidad suficiente para perturbar” sobre el territorio. Organizaciones sociales pegaron un grito en el cielo.

La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, es una de las funcionarias más cuestionadas de su gabinete. En Navidades tuvo en vilo al país con la fuga de tres condenados por un triple crimen de asesinato. La semana pasada, miembros de Gendarmería reprimieron con balas de goma a unas 90 personas en un barrio carenciado de la capital argentina, en su mayoría niños que ensayaban una murga. Al menos once personas fueron heridas.

Por toda respuesta, Bullrich visitó en el hospital a dos gendarmes heridos en un operativo que ingresó en la misma zona para recuperar coches robados. Con falacia, el Gobierno intentó relacionar ambos episodios. Las imágenes de los niños con impactos de bala en el cuerpo, mientras, repercutían en las redes sociales.

También a través de un decreto, el presidente designó a dos jueces de la Corte Suprema, el máximo tribunal del país, aunque la medida levantó cierto escozor y el presidente dio marcha atrás, sin admitirlo expresamente: envió los expedientes al Senado hace unos días para que la Cámara Alta resuelva sus designaciones.

El mandatario recurre de vez en cuando a decretos de necesidad y urgencia (DNU), una manera de legislar que luego deben aprobar ambas cámaras del Congreso. Ha emitido ocho desde que asumió el poder en diciembre de 2015. Con uno de ellos, desvirtuó la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual –o ley de medios– aprobada por el Gobierno anterior, aunque una cautelar judicial lo tiene de momento paralizado.

El otoño que viene

En estos días, causan preocupación los más de 27.000 despidos en la administración pública que ha denunciado la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE). En el sector privado, casi 23.000 personas han perdido sus puestos de trabajo. Macri ya ha conseguido su primera huelga general, prevista para el 24 de febrero.

El Gobierno no ha tomado, por otra parte, ninguna medida relevante en materia social, educativa, sanitaria o laboral que se haya acercado a los sectores más vulnerables de la sociedad.

El Congreso está a pocas semanas de retomar sus sesiones. La ruptura con el bloque Frente para la Victoria (FpV) de quince diputados del kirchnerismo, que ahora esperan ser “una alternativa a Macri” pero esperando “que le vaya bien”, ha dejado en crisis a la coalición referente de los expresidentes Néstor Kirchner (2003-2007) y Cristina Fernández, que pierde la primera minoría en Diputados para cedérsela al frente macrista Cambiemos.

Macri ha pasado el ecuador de la supuesta “luna de miel” que otorga una tregua de 100 días a los presidentes para juzgar su gestión. El Poder Legislativo y Judicial regresan al centro de la escena. Vuelven las negociaciones salariales para compensar una inflación que nunca se fue. Con el otoño, se sentirán los efectos del escenario económico y social preparado durante el verano.

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