lunes, 17 de octubre de 2011

El legado de Kirchner catapulta a Cristina

El próximo domingo se celebran las elecciones presidenciales de Argentina y, cuatro días después, se conmemora el primer aniversario de la muerte del exmandatario Néstor Kirchner (2003-2007). La actual presidenta, Cristina Fernández, lleva sobre sus hombros el legado de un movimiento político identificado con el apellido de su marido, el kirchnerismo, el cual está previsto que arrase en los próximos comicios con un apoyo masivo, superior incluso al obtenido por su ideólogo.

Desde que falleciera de improviso el 27 de octubre de 2010 por un "paro cardiorrespiratorio no traumático", Néstor Kirchner ha seguido presente en la vida política de Argentina. No podría haber sido de otra manera. Entre 1989 y 2011, el peronismo ha gobernado este país durante 20 de 22 años y los últimos nueve han estado en manos del kirchnerismo, una variante peronista que se identificó rápidamente con su dirigente.

Antikirchneristas


La fuerza de este nuevo rumbo político fue tal, que los peronistas disidentes, es decir, los no alineados con el matrimonio presidencial, pasaron a ser denominados los anti-kirchneristas. Pero de un día para otro, y a falta de un año para las elecciones presidenciales, desapareció el político argentino más influyente de las últimas décadas, el que además, según se presumía, iba a ser el candidato que sucedería a Fernández.

El mérito de la presidenta ha sido el de dominar en poco tiempo los espacios que controlaba Kirchner a pesar de que ella era la mandataria. "Cristina goza de una relación muy prolífica con los argentinos", explica a Público Jorge Giacobbe, director de la consultora Giacobbe y Asociados. "Hay que tener en cuenta que estamos votando ante una situación de amenaza de crisis y, en medio de todo esto, la sociedad le va a procurar un 52% de respaldo, lo que quiere decir que la gente cree que ella sabe cómo seguir".

Este analista pone en duda que la actual popularidad de Fernández se base en la imagen de su cónyuge y, para ilustrarlo, recuerda las elecciones legislativas de 2009, en las que el Frente para la Victoria (FPV), la coalición que lideraba el entonces diputado Néstor Kirchner, sufrió un batacazo incluso en regiones tradicionalmente kirchneristas como la de Santa Cruz, provincia natal del exmandatario, y la de Buenos Aires.

"Y, sin embargo, dos años después, Cristina ganará las elecciones presidenciales" sostiene Giacobbe. "El electorado de Argentina va dar una vuelta de campana sobre su decisión anterior. Estamos ante un giro impresionante, así que no creo que semejante cambio tenga demasiada relación con Kirchner. Al revés, de ser así, la presidenta saldría perjudicada".

Esto no significa que la influencia de su marido se haya evaporado. "Si su figura sigue siendo relevante es porque su recuerdo no es inoportuno. Lo que molestaba eran sus formas, su aspereza. La mayoría de las personas somos mejores una vez nos morimos, precisamente porque ya no estamos", añade el director de la consultora.

"El kirchnerismo ha construido un mito propio, un relato que ya no viene a cuento si es verdad o no. Pero Cristina Fernández ha liberado su potencial a partir de la desaparición de su jefe y, de este modo, ha podido establecer un nuevo contrato con la ciudadanía que tiene éxito", dice Giacobbe.

Empatía femenina

Algo inusual que muestran las últimas encuestas es una mayor aprobación de la presidenta entre las mujeres que entre los hombres al contrario de lo que sucedió en los anteriores comicios y que en parte se atribuye a la empatía que despierta la fortaleza de la mandataria a la hora de seguir adelante con el proyecto que comenzó su esposo. Atrás quedan los recelos sobre un debate omnipresente que se preguntaba quién gobernaba en realidad el país desde 2007, cuando Cristina Fernández sustituyó a Néstor Kirchner al frente del Ejecutivo.

Es muy probable, en cualquier caso, que la viudez de la mandataria haya dulcificado su relación con los argentinos, pero este no parece ser el motivo determinante de su popularidad. Sí han influido, en cambio, las políticas sociales impulsadas por la presidenta, como la asignación universal por hijo o la nacionalización de las pensiones.

Sin la proyección que le dio su marido, seguramente nunca hubiera llegado al poder, pero lo cierto es que ahora Cristina Fernández deberá responder sola, con cuatro años más de Gobierno por delante, a un respaldo electoral sin precedentes.


* Artículo aparecido el 16-10-2011 en el diario español Público.

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