América Latina se volcó con relativo
entusiasmo en la convocatoria indignada que ha resonado en el resto
del planeta, y en todos los países de la región, desde México
hasta Argentina –con la excepción de Cuba–, se organizaron
manifestaciones que abarcaron más de 100 ciudades.
Atentos al éxito de la marcha mundial
que comenzaba en Asia y Oceanía y luego recorría Europa y algunos
lugares de África, los indignados latinoamericanos esperaron unas
horas hasta hacer suyo el reclamo global. Sólo en Brasil se
celebraron eventos en unas 45 poblaciones. Los argentinos prepararon
a su vez una decena de eventos por todo el país. Ciudades como
Córdoba, La Plata, Mar del Plata, Mendoza, Neuquén, Rosario, San
Miguel de Tucumán y San Salvador de Jujuy se sumaron a las
protestas. Buenos Aires, por su parte, preparó una gran marcha que
fue desde el Congreso hasta la Casa Rosada, el palacio de Gobierno, y
que reunió a centenares de personas.
Los indignados en Argentina, que
acamparon durante más tres meses frente a la embajada de España
hasta que fueron expulsados por el Gobierno de la ciudad de Buenos
Aires, forman uno de los movimientos más activos del continente.
Comenzaron a reunirse desde mayo en solidaridad con los indignados de
la Puerta del Sol, pero después la plataforma cobró fuerza propia,
supo incorporar algunas demandas locales, y desde entonces un grupo
de jóvenes se ha coordinado en comisiones y asambleas permanentes.
También Uruguay, Paraguay, Chile,
Colombia, Bolivia, Ecuador, Perú y Venezuela se adhirieron a las marchas, aunque al menos una, la de Bogotá, no tuvo apenas asistencia.
* Artículo aparecido el 16-11-2011 en el diario español Público.
La policía detuvo este sábado a unos 50. Habían llegado a la capital belga
después de una marcha a pie de casi 2.000 kilómetros que
comenzó hace dos meses y medio. Preparan una
convocatoria mundial para el 15 de octubre
Hace tiempo que los indignados europeos no eran noticia. No habían
desaparecido, sino que en medio de un silencio mediático muy oportuno,
comenzaron una marcha que tenía por destino Bruselas, sede del
Parlamento de la Unión Europea. "Nuestro reclamo no es local",
argumentaban, así que los indignados europeos se organizaron allá por mayo para
participar en una marcha internacional que tuvo Madrid como su punto de partida
más lejanos.
La primera columna se puso en movimiento desde Touluse, Francia, el pasado 26
de julio con el objetivo de llegar a París para el 11 de septiembre. Ese mismo
día salió otra columna de indignados desde la capital de España. Con el pasar de
los días, los indignados alemanes también se preparaban para salir de Aachen
para encontrarse en Holanda con sus compañeros de este país.
Otra columna ya había salido de Barcelona hacia
París, y mientras tanto, los indignados ingleses
se organizaron a su vez para llegar a Bruselas el 8 de octubre, día en
el que todos se reunirían allí para organizar la que será una protesta
de alcance internacional. La fecha elegida es el 15 de octubre (15-O).
Según sus mismos organizadores, para esa jornada se han convocado más de 300 eventos en 45
países. Quieren que para ese día triunfe la primera
movilización masiva a nivel global de la historia.
Hasta ese día, las
columnas internacionales que han llegado a Bruselas comenzarán a coordinar
las propuestas de cada uno de los países europeos con el anhelo de
canalizar su indignación en reclamos concretos y visibles ante el
Parlamento Europeo, la institución que representa a través de su
asamblea a los ciudadanos de la Unión.
Las autoridades belgas se han mostrado en un principio atentas al movimiento
y han facilitado un edificio de una universidad para que los indignados tengan
un techo bajo el que poder dormir. El lugar de encuentro, en
cualquier caso, será siempre el parque Elisabeth, en donde este
sábado intervino la policía para desalojar a los que se habían insistido en
realizar allí una acampada. Al final 48 personas fueron detenidas, y luego
liberadas con el transcurrir de las horas.
Más allá de este percance, los indignados pretenden que la
convocatoria del 15-O no se quede dentro del territorio europeo, sino
que se difunda más allá de sus fronteras. Las
razones que esgrimen son universales, y por eso han tendido un puente
también con los indignados de Nueva York, que han conseguido atraer la atención
de los medios de comunicación con una acampada en el corazón del poder
financiero mundial, identificada con el nombre Ocupemos Wall
Street.