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martes, 27 de octubre de 2020

Néstor Kirchner, el hombre que cambió el paradigma de la política argentina

 Argentina conmemora este martes el décimo aniversario del fallecimiento del expresidente que gobernó entre 2003 y 2007 y que todavía hoy destila una gran influencia sobre el devenir del país.

 


Fue un gran conspirador”. Así definió el expresidente venezolano Hugo Chávez a Néstor Kirchner al desvelar una de las grandes anécdotas que brindó en noviembre de 2005 la IV Cumbre de las Américas, cuando el entonces presidente George W. Bush llegó a la ciudad bonaerense de Mar del Plata para intentar imponer el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), un tratado que pretendía reducir las barreras proteccionistas de los países latinoamericanos.

Éramos un grupito como de tres mosqueteros contra un batallón que dirigía Bush. Teníamos que parar el ALCA y enterrarlo en Mar del Plata. Y hay un momento en que Néstor me dice: 'Hugo, ven acá, vamos a derrotar a esta gente por cansancio. Cuando yo necesite que tú hables y hables para cansarlo, te doy la palabra sin que tú lo pidas'”. Chávez accedió. “Me la dio como tres veces. Y yo habla y habla, media hora, una hora. Cuando yo hablaba, Bush se paraba (levantaba), no le gustaba oírme. Y lo fuimos cansando y los derrotamos”.

A diez años de su muerte Néstor Kirchner todavía proyecta su influencia sobre Argentina. Sigue siendo la figura que ordena la política, tanto para los que están a favor como para los que se posicionan en contra. Su legado es tan influyente que el que fuera jefe de gabinete durante su Gobierno es el actual presidente, Alberto Fernández, y la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, fue quien gobernó durante dos mandatos consecutivos al término de su gestión (2007-2015).

Vaivenes políticos

El politólogo Nicolás Tereschuk, autor del libro “La calesita argentina” en la que explora la repetición de los ciclos políticos, sostiene que con su irrupción en la vida pública Néstor Kirchner llevó a que el país se recuperara de la última gran crisis política, económica e institucional como fue la que se precipitó a finales de 2001.

“Kirchner recuperó la autoridad presidencial que se había perdido y la autoestima nacional, corroída en ese momento, en un contexto en el que fue protagonista con otros Gobiernos de un giro hacia la izquierda dentro de la región”, explica Tereschuk, actual director general de Relaciones Parlamentarias en la Jefatura de Gabinete de Ministros.

El Gobierno de Kirchner instauró el ciclo de crecimiento más prolongado e inclusivo que vivió Argentina en su historia reciente. “Después de mucha inestabilidad, bajaron los índices de pobreza y en parte bajó el principal problema de la región, que es la desigualdad, hasta que tras la crisis de 2008-2009 la región entró en problemas políticos y económicos e irrumpieron Gobiernos de signos diferentes. Pero no hubo un giro completo hacia la izquierda y luego hacia la derecha”, arguye el analista.

Peso presidencial

En la coyuntura que le tocó vivir, Néstor Kirchner representó un liderazgo sudamericano paradigmático.

“Vivimos en una región que, salvo en contados casos, tiene instituciones que son bastante débiles y fluctuantes y no tienen estabilidad para darle un riel a la acción de los distintos actores políticos”, razona Tereschuk. “En esta dinámica las normas y leyes son lábiles, se cambian a menudo o no se aplican tal y como están escritas. Es así que el liderazgo presidencial cobra un rol muy importante para estabilizar el sistema. Si un presidente sudamericano no logra concentrar una serie de recursos, bien puede tener tal crisis que termine antes”.

Así le pasó al argentino Fernando De la Rúa (1999-2001), a la brasileña Dilma Rousseff (2011-2016), al peruano Pedro Pablo Kuczynski (2016-2018) o al paraguayo Fernando Lugo (2008-2012).

Cuando Kirchner llegó al poder provenía de una provincia periférica (Santa Cruz, al sur), tenía contados recursos, no era líder de su propio partido, y desde un comienzo tuvo que enfrentar índices económicos y sociales deplorables. Sin embargo fue ganando peso, en un contexto internacional favorable, hasta consagrar su éxito político y convertirse en el líder político que fue.

El legado del expresidente es positivo no sólo por el impacto de sus iniciativas, sino porque extendió los límites en el terreno de la política, a juicio del politólogo argentino. “El país pudo definir sus orientaciones en el terreno económico sin la tutela que en ese momento tenía el Fondo Monetario Internacional”, resalta. “Puso las bases para ampliar los presupuestos educativos y de ciencia y tecnología pensando que en Argentina la investigación debía tener una relevancia. Alentó los cuadros técnicos y políticos, fortaleció los lazos con los países de la región y no sólo con los desarrollados, y buscó un mejor posicionamiento regional”.

Si Kirchner contribuyó o no a la polarización política existente en Argentina da para pensar. “Probablemente la polarización siempre existió y en algunos momentos estuvo más solapada que en otros”, admite Tereschuk. “Kirchner fue una forma de expresión de algo que existía y estaba tapado. Argentina venía de otro extremo, donde la polarización parecía no existir, pero había una desafección política en la que los ciudadanos pidieron que se vayan todos. Hay que ver si lo contrario de la polarización es el consenso o lo contrario es la desafección”, concluye.

Con la desaparición de Néstor Kirchner, Argentina incursionó en un nuevo rumbo en el que todavía predominan las incógnitas. Inmersa de nuevo en una crisis económica, en la nación prevalecen las desavenencias sobre el diagnóstico y las soluciones. No hay garantías ni certezas, pero sí el consenso de que este político, cuyo fallecimiento a los 60 años conmocionó al país en un día que había sido declarado festivo para realizar el censo nacional, consiguió mejorar la calidad de vida de los argentinos, una constatación que puede admitirse al margen de las pasiones que contribuyen a la efervescencia política de este país.


* Artículo aparecido el 27 de octubre de 2020 en el diario Público de España.

domingo, 25 de marzo de 2018

Argentina vuelve a llenar las calles en el 42 aniversario del golpe de Estado

Asistieron a la manifestación Pablo Iglesias, que acompañó a Madres de Plaza de Mayo en esta masiva concentración, y otros cuatro dirigentes de Podemos: Noelia Vera, Miguel Urbán, Rafael Mayoral y Pablo Bustinduy.
 
Miembros de la Ejecutiva de podemos durante la marcha del 24 de marzo en Buenos Aires (A.D.P)

Es una estampa que se repite cada año, pero no por ello pierde emoción. Lo vivieron en carne propia cinco integrantes de la Ejecutiva de Podemos, incluido su líder, Pablo Iglesias. Centenares de miles de personas se movilizaron este sábado en el centro de la capital argentina para recordar a los 30.000 detenidos-desaparecidos que causó la última dictadura cívico-militar (1976-1983).

“Es muy emocionante estar en Argentina, un pueblo que ha sabido dar una lección a nivel mundial de lo que representa la lucha por la memoria histórica y la memoria democrática”, admitía el secretario general de Podemos antes de sumarse a la columna de Madres de Plaza de Mayo. “Marchar con ellas es el mayor honor que puede recibir un demócrata”.

Junto a las entidades de derechos humanos, Iglesias confluyó en la histórica Plaza de Mayo a la que asoma la sede del Gobierno y que cuatro décadas antes, en pleno terrorismo de Estado, visitaban cada jueves unas mujeres para reclamar a la junta militar por sus hijos desaparecidos.

“Ojalá en nuestro país se pudieran sentar en el banquillo y tuvieran un juicio justo los responsables de torturas y de desapariciones”, reflexionaba el líder de Podemos antes de apreciar, desde el escenario situado en la plaza, la inmensa muchedumbre que 42 años después del golpe de Estado sigue exigiendo verdad, justicia y reparación.

En medio de la multitud, observaba su alrededor el diputado Rafael Mayoral. “Es una marcha espectacular”, describió a Público el responsable de Sociedad Civil y Movimientos Sociales. “Es un ejemplo para el mundo el compromiso de un pueblo contra la impunidad y en defensa de los derechos humanos”.
Noelia Vera: "Siento un poco de envidia sana y bonita por ver esta movilización de jóvenes y mayores"

“Siento un poco de envidia, sana y bonita, por ver esta movilización de jóvenes y mayores. Estoy alucinando con esa transversalidad de generaciones”, reconocía también la diputada Noelia Vera, secretaria de Participación Ciudadana.

La dirigente de Podemos, que vivió ocho meses en Buenos Aires, asume todavía con cierta rabia la historia sobre el franquismo que le dieron a conocer en el colegio. “Me doy cuenta de que nos han contado la historia al revés de lo que ha sido, mientras seguimos en España en una situación de bloqueo con los partidos mayoritarios en relación a la memoria y las consecuencias de la dictadura”, afirmó.

Manifestación en la Plaza de Mayo de Buenos Aires por la memoria y la justicia (A.D.P)

Diferencias entre Argentina y España


Mientras la justicia argentina tramita 599 causas en las que en total son investigadas 2.485 personas por delitos de lesa humanidad, en España el PSOE, el PP y Ciudadanos votaron esta semana contra la modificación de la Ley de Amnistía de 1977 para juzgar los crímenes imprescriptibles del franquismo, pese a las recomendaciones de Naciones Unidas.

“Por eso es simbólico estar aquí, con un pueblo que ha podido juzgar a sus criminales, que se ha movilizado para ello, y que ha demostrado que no es un problema de abrir viejas heridas, sino justamente de poder cerrarlas”, expresó por su parte el eurodiputado Miguel Urbán.

Precisamente por el principio de justicia universal, Argentina es también el único país del mundo que investiga desde hace ocho años los crímenes franquistas, lo que la convierte “en un modelo de inspiración”, sostuvo Urbán.

Reunión con la jueza Servini


Algunos dirigentes de Podemos se reunirán este lunes con la jueza María Servini de Cubría, instructora de la causa.

“Lo que queremos es que la querella siga adelante, pero sobre todo, esperamos (que los franquistas) “Billy el Niño” y Rodolfo Martín Villa sean juzgados en nuestro país. Por eso vamos a intentar impulsar un movimiento que apoye que España pueda juzgar los crímenes del franquismo. Llevamos 40 años de retraso, pero creo que cada vez estamos más cerca”, reveló.

Prueba de ello es que la propuesta para modificar la Ley de Amnistía en el Congreso tuvo un apoyo inédito entre los grupos parlamentarios. “También estamos más cerca que nunca de acabar con el Valle de los Caídos como el mausoleo más importante del mundo en homenaje al fascismo”, aseguró Urbán. 
“Se están abriendo grietas en un régimen de impunidad del que el PSOE sigue siendo parte, pero cada vez con más incomodidad por la erosión que le está causando”.


* Artículo aparecido en el diario español Público el 25 de marzo de 2018.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Contradictoria celebración*

Aunque ahora se conmemore el 60º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, hay poco que festejar. Cierto es que, paradójicamente, es el documento que más se ha traducido en el mundo, de modo que puede leerse en más de 300 lenguas diferentes. Ha servido de impulso también para que a lo largo del tiempo hayan proliferado pactos, convenciones, estatutos, y en definitiva, un sinfín de instrumentos que han pretendido asentar y reforzar los 30 artículos que la componen.

Pero a pesar de la profusión de iniciativas que siguieron a la Declaración Universal, ninguna de ellas ha conseguido ser vinculante u obligatoria para los Estados que las han respaldado. La falta de una jurisdicción que garantice de forma real cuantos derechos quedan estipulados incluso en las Constituciones de cada país ha provocado un desinterés general en exigir su efectividad. Ha sido cuestión de tiempo que esto diera paso, en consecuencia, a un simple desconocimiento de los derechos que deben amparar a cada ciudadano. 

Así ocurre que una breve ojeada a las cifras de pobreza, por poner un caso, desvelan que casi la mitad de la población mundial, unos 3.000 millones de personas, viven por debajo del umbral (esto es, que sobreviven con menos de dos dólares al día). La pobreza extrema, o aquellos que no llegan a un dólar diario, son más de 1.400 millones, de acuerdo con la ONU, lo que entra en clara contradicción con no pocos artículos de la Declaración Universal.

Lo mismo ocurre con la esclavitud, que afecta a más de 27 millones de personas en el mundo, aunque el art. 4 de la Declaración establezca que nadie estará sometido a ella. Con especial urgencia debería entonces atenderse a otra parte del escrito en la que se afirma que (art. 3) “todo individuo tiene derecho a la vida” o bien que (art. 25) “toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios”. Algo dirían sobre esto, si pudieran, los 26.000 niños menores de 5 años que mueren cada día por falta de acceso a una mínima cobertura sanitaria y nutricional.
Si se acude a la situación actual de ciertos países, se podrá observar que hay quienes sufren con mayor agudeza la violación de algunos derechos. El artículo anterior señalado, por ejemplo, sería uno de los que más rápido reclamarían los 47 millones de estadounidenses que no tienen seguro médico. Si la Declaración Universal no pudiera ser contradecida, millones de migrantes en cualquier parte del mundo pasarían por cualquier frontera con la tranquilidad de que en el art. 13 se afirma que “toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país”.
Si los derechos humanos, en suma, fueran de inevitable cumplimiento, 300.000 saharauis, que viven confinados en la parte occidental del desierto argelino desde 1975, podrían levantarse de inmediato y presentarle a Marruecos esa parte en la que se explicita que (art. 28) “toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos”. Y así podrían seguir los palestinos, iraquíes, afganos, congoleños, nigerianos, somalíes, y originarios de tantas regiones que se encuentran en conflicto.

Dice el escritor Eduardo Galeano, en su libro Espejos, que fue en 1886 cuando las grandes transnacionales lograron hacer suyos los derechos que tenían las personas. Todavía tendría que pasar más de medio siglo para que se ratificara la Declaración Universal de Derechos Humanos, valorada por haber universalizado, al menos en papel, una serie de derechos básicos que hasta entonces habían ido surgiendo de manera aislada.
Todo lo anterior no hace sino ensombrecer el sexagésimo año de vigencia de un tratado que, al menos por un día, será el protagonista a su paso por los medios de comunicación. Más allá de los fastos que se presenten de cara al público, el hecho es que la Declaración Universal ha supuesto un gran avance en cuanto que triunfó su vocación ecuménica y fue acogida como el instrumento al cual podían abrazarse todas las naciones del mundo. Y precisamente porque hoy es la insignia de referencia en cuanto a reconocimiento de derechos humanos se refiere, cabría preguntarse cómo puede ser que casi cualquier Gobierno se apreste a recordarla, a elogiarla, y, con el mismo ánimo, a desentenderse de cuanto en ella está escrito. Sería de esperar que por cautela y pudor, este 10 de diciembre pudiera ser recordada con mayor sobriedad. La mayoría de los habitantes del planeta no tienen nada que celebrar.



* Artículo escrito para la Organización Argentina de Jóvenes para las Naciones Unidas (OAJNU).

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