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miércoles, 23 de mayo de 2012

La sangrienta excusa de la caza de ballenas


Tres barcos de Japón se dirigen al Pacífico Norte para llevar a cabo su “programa científico”. En esta entrevista Greenpeace explica qué hay detrás de esta cacería que mata de promedio dos mamíferos al día



En Japón comienza ahora la temporada de caza, y tres flotas balleneras se dirigen ya hacia el Pacífico Norte. Dicen querer estudiar el ADN de estos mamíferos y el contenido de los sistemas digestivos. Para no encontrarse con ningún obstáculo en el camino, desde 2010 el Gobierno ha reforzado la protección de los flotas para asegurarse de que grupos ecologistas como el grupo Sea Sheperd no boicoteen la cacería.

La Comisión Ballenera Internacional (CBI) es un organismo creado en 1946 por una docena de países cazadores. Su estatuto, la Convención  Internacional para la Regulación de la Caza de Ballenas (ICRW), admite la captura de ballenas con “fines científicos”, lo que ha permitido que desde aquella fecha hasta ahora, y bajo este rótulo, más de 16.000 ballenas hayan sido asesinadas, según la organización ecologista más grande del mundo, World Wildlife Fund (WWF).

 El primer país que se aprovechó de este artículo fue Japón en 1987, un año después de que la CBI estableciera una moratoria en la caza de ballenas con propósitos comerciales. Pero ha sido el mismo organismo en reconocer al final que el programa de "caza científica" japonés "no satisface necesidades críticas de investigación para el manejo de la caza ballenera en el Océano Austral”.

“Japón utiliza un hueco legal para argumentar que la caza es científica, pero la carne se vende después en los mercados de Japón, y se distribuye de manera gratuita en escuelas primarias para contrarrestar la disminución del consumo”, explicó Milko Schvartzman, coordinador en Greenpeace de la campaña Océanos en América Latina

En este país hay todavía carne de ballena almacenada de la temporada 2010-2011. “Japón se fija al año una cuota de unas 1200 ballenas. Pero el año pasado no alcanzó ese número”, cuenta Schvartzman. “Las flotas ha sido reducidas por problemas económicos. La que ahora se encamina al Pacífico Norte ha salido con tres barcos, dos arponeros y el tercero almacenero, mientras que el año pasado fueron con cuatro”.

Según este activista, al año se capturan unas 1.400 ballenas en todo el mundo: Noruega e Islandia cazan unas 700, mientras que Japón mata unas 500-600. El país nipón se ha propuesto ahora cazar en el Pacífico Norte 260 ballenas de cuatro especies diferentes, entre las que se encuentra el cachalote (la especie de Moby Dick). Durante el verano austral de 2011, Japón estableció como meta cazar unos 850 ejemplares en la Antártida. Dada la poca rentabilidad que ofrece para el sector privado, el Gobierno de  Yoshihiko Noda se encarga de mantener viva esta práctica con fondos públicos del Estado, y el año pasado llegó al punto de desviar 30 millones de dólares de un fondo destinado a las víctimas del tsunami del 11 de marzo para reforzar la seguridad de la flota contra organizaciones ecologistas.

La cacería de ballenas, en realidad, ya no tiene muchos adeptos en Japón. “Japón es el país que más impulsa la caza de ballenas en el mundo, es el que más ejemplares distintos captura y además lo hace en aguas internacionales, de acuerdo a su política imperialista” añade Schvartzman. “La política del Gobierno es mantener esta industria, aunque ya no sea lucrativo”.

La posibilidad de frenar la caza de ballenas tiene en Panamá, este mes de junio, grandes esperanzas de concretarse en la decimosexta reunión de la CBI. El bloque latinoamericano, compuesto por Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Panamá, República Dominicana, pretende conseguir el 75% de los votos para crear un santuario que proteja a las ballenas desde el Ecuador hasta la Antártida, lo que abarca todo el Atlántico sur desde África a Sudamérica.

Para lograrlo, tienen que luchar contra otra práctica a la que recurre Japón, y que consiste en comprar los votos de países miembros a cambio de ayudas económicas.  “Lo que hace el Gobierno de Japón desde hace una década es comprar el voto a pequeños países en desarrollo para conseguir su apoyo”, desvela el coordinador de Greenpeace, “comopor ejemplo, Mongolia que ni siquiera tiene salida al mar.

Japón tiene cooptados unos 20 países en total, según Schvartzman. En 2010, su avidez por recabar respaldos de cualquier manera le estalló en las manos. En Marruecos, una semana antes de que comenzara la reunión anual del CBI, el diario Sunday Times consiguió que funcionarios de algunos países miembros del organismo – como Costa de Marfil, Guinea, Granada, San Cristóbal y Nieves, Kiribati e Islas Marshall– admitieran que habían sido sobornados por Japón con dinero en contante y con prostitutas.

Naciones como Nicaragua, Panamá y Guatemala ya retiraron su apoyo al archipiélago, pero quedan otros de la costa de África y seis caribeños (Antigua y Barbuda, Granada, San Vicente y las Granadinas, san Cristóbal y Nevis, Santa Lucía y St. Kitts) que pueden paralizar  el santuario.

Sufrimiento y agonía

La caza de ballenas “involucra un sufrimiento prolongado e intenso”, a juicio de la Sociedad Mundial para la Protección Animal (WSPA). Se comienza persiguiendo al animal durante horas, hasta que la ballena reduce la velocidad por puro cansancio. Es entonces cuando los cazadores disparan un arpón con carga explosiva.

Esta arma, inventada por un cazador de ballenas noruego a finales del siglo XIX, alcanza el cuerpo del animal y se introduce a una profundidad de unos 30 centímetros. Después detona. Debido al pánico de la ballena, y al oleaje del barco en el océano, es “casi imposible lograr un solo tiro letal”, en palabras de WSPA. “Es difícil que el arpón mate al instante”, sentencia la ONG.

Por eso se remata la faena con otro tipo de arpones y con disparos de rifle.  Después los cazadores remolcan el animal hasta su barco. “A menudo, los cazadores alegan que las ballenas mueren en un lapso de dos minutos. La WSPA tiene pruebas de que la agonía de la muerte puede durar más de una hora”, concluyen.

* Reportaje publicado el 22 de mayo de 2012 en el portal de noticias Infobae América.

martes, 10 de febrero de 2009

Islandia: cae el primer gobierno europeo por el crack bancario*

En el último informe sobre desarrollo humano que publicó la ONU, Islandia fue definida como el mejor lugar del mundo para vivir. Un sondeo de la fundación británica New Economics empleó parámetros diferentes a los del estudio de Naciones Unidas, midiendo la expectativa de vida de todas las naciones europeas, la satisfacción de sus habitantes y la protección del medio ambiente, pero llegó a la misma conclusión: Islandia era el país más feliz.

El 23 de enero, el primer ministro islandés, Geir Haarde, anunciaba su renuncia y convocaba elecciones anticipadas para el 9 de mayo, aunque su mandato debía finalizar en 2011. Con él, caía todo su gabinete. Una semana continua de protestas fue el desenlace de un malestar ya evidente desde octubre. Los manifestantes acudían al Parlamento no sólo para reclamar la dimisión del Gobierno, sino para exigir un cambio contundente en la línea política que se había seguido.

Lo cierto es que hasta ahora Islandia, que no es miembro de la Unión Europea, era uno de los países más ricos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), y el crecimiento de su economía rondaba el 6%. Pero en el año 2000 el sistema bancario fue privatizado. Según Robert Wade, profesor de la London School of Economics, la propiedad de los bancos “pasó a personas que tenían estrechas relaciones con los partidos de la coalición conservadora gobernante, que apenas tenía experiencia en la banca moderna”.

Con la puerta abierta para cualquier tipo de operación, los bancos se endeudaron y decidieron financiar empresas hipotecarias, con especial simpatía por las de Reino Unido. Los intereses de los préstamos subieron, las reservas de los bancos dejaron de estar condicionadas, y así pareció surgir una época dorada. Pero poco a poco, y ante un mercado especulativo que comenzaba a contraerse, Islandia se ha encontrado con que tiene una deuda externa casi equivalente a seis veces su PIB.

La solución que adoptó un Ejecutivo ya agonizante fue la de nacionalizar los tres mayores bancos del territorio, que habían colapsado, y pedir préstamos cuantiosos al FMI y a otros países. Ahora, mientras Johanna Sigurdardottir lidera un Gobierno de transición en Islandia, el miedo a que el desplome se extienda por otras naciones tiene en vilo a Reino Unido, cuyo sistema financiero ha estado muy expuesto a los capitales islandeses y que, por primera vez desde 1991, ha entrado en recesión. Quizás por eso, algunos analistas han comenzado a referirse al país como la “Reykjavik del Támesis”.

* Artículo escrito para el periódico quincenal Diagonal

lunes, 26 de enero de 2009

El órdago de Islandia

Ha tenido que dimitir el Gobierno de Islandia en bloque para que aparezca en algunos medios de comunicación algo sobre este país que tan lejos queda de la atención mediática. Como si fuera algo que hubiera surgido de un día para otro. Como si la rabia de sus más de 300.000 habitantes sólo pudiera oírse ahora, y como si las manifestaciones espontáneas que ya surgieron en octubre fueran un berrinche de poca monta en un país poco acostumbrado a las protestas.


Y es que puede cundir el ejemplo en otras naciones. El primer ministro de tendencia conservadora, Geir Haarde, ya había anunciado el día 23 su renuncia y la convocatoria de elecciones anticipadas. Tres días ha necesitado la prensa para digerir semejante noticia y publicarla en sus páginas. Ahora es cuando se ha visto abocada a informar --con cierto pudor, eso sí-- de la crisis que de repente afecta a Islandia, y que ha hecho nada menos que hacer caer al Gobierno de coalición.

Pero la caída en picado no comenzó hace unos días; ni siquiera hace semanas. El estallido de un sistema que ya no daba más de sí se remonta a octubre, cuando por entonces el FMI acudió en ayuda del país nórdico para prestarle 2.100 millones de dólares. Islandia también había recibido un préstamo de otros 3.000 millones de Dinamarca, Finlandia, Noruega, Polonia, Rusia y Suecia, de acuerdo con la agencia EFE. Pero el inicio de la debacle tiene su origen mucho antes, en el año 2000, cuando los bancos estatales fueron privatizados. Fue cuestión de tiempo para que comenzara una burbuja especulativa, que consistió en pedir prestado grandes sumas de dinero para invertir tanto dentro de la nación como fuera, sobre todo en Reino Unido.

El año pasado la situación se hizo insostenible. Los bancos, según The Financial Times, debían una cantidad que era seis veces el PIB de Islandia. Entonces el Gobierno decidió nacionalizarlos. Y la bancarrota no se hizo esperar.

Y mientras tanto, la ecuánime agencia Europa Press, junto con Reuters, se atreve a explicar la dimisión del ministro alegando “que padece un tumor”. Nada se dice sobre las manifestaciones de los últimos días, o del descalabro de los tres bancos más importantes del país. Y para la televisión, Islandia ni siquiera existe.

Llama la atención, en todo caso, que por una vez el derrumbe de un Gobierno no sea sólo novedad en América Latina o en África, como si los europeos no tuviéramos nada que ver con semejantes exabruptos. Sirva de advertencia para lo que se viene en los próximos meses.

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