miércoles, 23 de mayo de 2012
La sangrienta excusa de la caza de ballenas
martes, 10 de febrero de 2009
Islandia: cae el primer gobierno europeo por el crack bancario*
El 23 de enero, el primer ministro islandés, Geir Haarde, anunciaba su renuncia y convocaba elecciones anticipadas para el 9 de mayo, aunque su mandato debía finalizar en 2011. Con él, caía todo su gabinete. Una semana continua de protestas fue el desenlace de un malestar ya evidente desde octubre. Los manifestantes acudían al Parlamento no sólo para reclamar la dimisión del Gobierno, sino para exigir un cambio contundente en la línea política que se había seguido.
Lo cierto es que hasta ahora Islandia, que no es miembro de la Unión Europea, era uno de los países más ricos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), y el crecimiento de su economía rondaba el 6%. Pero en el año 2000 el sistema bancario fue privatizado. Según Robert Wade, profesor de la London School of Economics, la propiedad de los bancos “pasó a personas que tenían estrechas relaciones con los partidos de la coalición conservadora gobernante, que apenas tenía experiencia en la banca moderna”.
Con la puerta abierta para cualquier tipo de operación, los bancos se endeudaron y decidieron financiar empresas hipotecarias, con especial simpatía por las de Reino Unido. Los intereses de los préstamos subieron, las reservas de los bancos dejaron de estar condicionadas, y así pareció surgir una época dorada. Pero poco a poco, y ante un mercado especulativo que comenzaba a contraerse, Islandia se ha encontrado con que tiene una deuda externa casi equivalente a seis veces su PIB.
La solución que adoptó un Ejecutivo ya agonizante fue la de nacionalizar los tres mayores bancos del territorio, que habían colapsado, y pedir préstamos cuantiosos al FMI y a otros países. Ahora, mientras Johanna Sigurdardottir lidera un Gobierno de transición en Islandia, el miedo a que el desplome se extienda por otras naciones tiene en vilo a Reino Unido, cuyo sistema financiero ha estado muy expuesto a los capitales islandeses y que, por primera vez desde 1991, ha entrado en recesión. Quizás por eso, algunos analistas han comenzado a referirse al país como la “Reykjavik del Támesis”.
* Artículo escrito para el periódico quincenal Diagonal
lunes, 26 de enero de 2009
El órdago de Islandia
Ha tenido que dimitir el Gobierno de Islandia en bloque para que aparezca en algunos medios de comunicación algo sobre este país que tan lejos queda de la atención mediática. Como si fuera algo que hubiera surgido de un día para otro. Como si la rabia de sus más de 300.000 habitantes sólo pudiera oírse ahora, y como si las manifestaciones espontáneas que ya surgieron en octubre fueran un berrinche de poca monta en un país poco acostumbrado a las protestas.
Y es que puede cundir el ejemplo en otras naciones. El primer ministro de tendencia conservadora, Geir Haarde, ya había anunciado el día 23 su renuncia y la convocatoria de elecciones anticipadas. Tres días ha necesitado la prensa para digerir semejante noticia y publicarla en sus páginas. Ahora es cuando se ha visto abocada a informar --con cierto pudor, eso sí-- de la crisis que de repente afecta a Islandia, y que ha hecho nada menos que hacer caer al Gobierno de coalición.
Pero la caída en picado no comenzó hace unos días; ni siquiera hace semanas. El estallido
de un sistema que ya no daba más de sí se remonta a octubre, cuando por entonces el FMI acudió en ayuda del país nórdico para prestarle 2.100 millones de dólares. Islandia también había recibido un préstamo de otros 3.000 millones de Dinamarca, Finlandia, Noruega, Polonia, Rusia y Suecia, de acuerdo con la agencia EFE. Pero el inicio de la debacle tiene su origen mucho antes, en el año 2000, cuando los bancos estatales fueron privatizados. Fue cuestión de tiempo para que comenzara una burbuja especulativa, que consistió en pedir prestado grandes sumas de dinero para invertir tanto dentro de la nación como fuera, sobre todo en Reino Unido.
El año pasado la situación se hizo insostenible. Los bancos, según The Financial Times, debían una cantidad que era seis veces el PIB de Islandia. Entonces el Gobierno decidió nacionalizarlos. Y la bancarrota no se hizo esperar.
Y mientras tanto, la ecuánime agencia Europa Press, junto con Reuters, se atreve a explicar la dimisión del ministro alegando “que padece un tumor”. Nada se dice sobre las manifestaciones de los últimos días, o del descalabro de los tres bancos más importantes del país. Y para la televisión, Islandia ni siquiera existe.
Llama la atención, en todo caso, que por una vez el derrumbe de un Gobierno no sea sólo novedad en América Latina o en África, como si los europeos no tuviéramos nada que ver con semejantes exabruptos. Sirva de advertencia para lo que se viene en los próximos meses.
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