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lunes, 20 de mayo de 2019

Cristina Fernández sorprende a Argentina al postularse a la vicepresidencia


La exmandataria y actual senadora altera el escenario político al anunciar su decisión de ocupar el segundo lugar de la fórmula que encabezará su exjefe de gabinete Alberto Fernández en las elecciones presidenciales de octubre.

Cristina Fernández de Kirchner y Alberto Fernández (Foto de archivo)
 
La expresidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015) logró desconcertar este sábado a un país acostumbrado a los eventos políticos inesperados. Cuando se especulaba si se presentaría a las elecciones presidenciales del próximo 27 de octubre o si renunciaría a todo tipo de candidatura, la senadora desveló que su apuesta electoral será la vicepresidencia de una fórmula liderada por Alberto Fernández, hombre de confianza del fallecido expresidente Néstor Kirchner, que lo tuvo como jefe de gabinete durante los cuatro años que duró su Gobierno (2003-2007).
Ese principio siempre remanido y repetido y tantas veces incumplido del peronismo de: 'Primero la Patria, después el movimiento y por último los hombres', bueno… Es hora de hacerlo realidad de una vez por todas. No solo con palabras, sino también con los hechos y, sobre todo, las conductas”, explicó la exjefa de Estado en un mensaje de voz de casi trece minutos difundido en las redes sociales.

Debido a la actual gestión del presidente Mauricio Macri, que atraviesa su cuarto y último año de mandato, “nunca (hubo) tantos y tantas durmiendo en la calle; nunca tantos y tantas con problemas de comida; nunca tantos y tantas desesperados llorando frente a una factura impagable de luz o de gas”, sostuvo.

La legisladora hizo especial énfasis en la deuda externa en dólares contraída durante los últimos tres años, que “es más grande que la que Néstor recibió defaulteada”. Con un agravante: “casi el 40% es con el Fondo Monetario Internacional”, observó. Ante este panorama, es preciso anteponer “los nombres y las ubicaciones personales al desafío de construir una coalición electoral no sólo capaz de resultar triunfante en las próximas elecciones, sino también que aquello por lo que se convoca a la sociedad pueda ser cumplido”.

Cuando esta semana Fernández de Kirchner acudió por primera vez desde 2003 a un encuentro del Partido Justicialista, la histórica formación peronista de Argentina, ya advirtió que era necesario una coalición de Gobierno que superara la electoral. En ese contexto, la expresidenta se puso a disposición para integrar esa iniciativa “en el lugar que sea", según confirmaron a Público fuentes de la exmandataria en ese momento.

Un operador político hacia la presidencia

Al comenzar su Gobierno en 2007, la entones mandataria mantuvo al frente de la jefatura de gabinete a Alberto Fernández, un peronista que siempre estuvo más abocado al armado político que a la disputa por los cargos públicos y que, sin embargo, apenas resistió seis meses más en su puesto. El fiel escudero de Néstor dimitió después del conflicto del Ejecutivo con el sector agropecuario tras su intento de aumentar los impuestos a las exportaciones. Sólo tiempo después, este hombre, que hoy tiene 60 años, desvelaría sus desavenencias con la exjefa de Estado al punto de ser uno de sus principales críticos, sobre todo con su segunda legislatura, entre 2011 y 2015.

La dirigente opositora con mayor intención de voto en las encuestas electorales, con un caudal incluso mayor que el de Mauricio Macri, es también consciente de que dentro de una sociedad polarizada genera aversión en una franja considerable de la ciudadanía. Para superar esa brecha confía en Alberto Fernández, con el que estuvo peleada durante una década. El exjefe de gabinete, que ayudó a gestar el kirchnerismo como fuerza nacional, vuelve ahora para intentar ampliar una alianza que había quedado limitada a sus adeptos más acérrimos.

La fórmula Fernández-Fernández establece así una nueva estrategia al tratar de seducir al electorado que se sitúa en el centro y que no se siente identificado con la denominada grieta que polariza entre Macri y su predecesora.

El momento elegido por la expresidenta para sacudir el tablero político tampoco es casual, a sabiendas de un lastre que arrastra su candidatura. El próximo martes la senadora será fotografiada cuando se siente por primera vez en el banquillo de los acusados para ser juzgada por corrupción en los tribunales federales de Buenos Aires. El juicio dilucidará sus responsabilidades por el supuesto direccionamiento de la obra pública concedida al detenido empresario Lázaro Báez en la provincia de Santa Cruz (sur) durante su Gobierno. Éste será el primero de otros debates orales que afrontará la exmandataria, pero no el único, pues otras causas ya han cerrado su etapa de instrucción y han sido elevadas a juicio.

Macri descolocado

Este giro político obliga al actual presidente a meditar sus próximos pasos. Mauricio Macri, que ha manifestado su intención de revalidar su cargo en las urnas y cuya táctica electoral consistía en rivalizar con la exmandataria, descubre de repente que su principal adversaria hace exactamente lo que dentro de la coalición gobernante algunas voces disonantes le piden a él: que dé un paso al costado, lastrada como está su imagen por la crisis económica, y abra el espacio a una opción más competitiva.

Al conocer la noticia, sin embargo, el mandatario no dijo nada muy distinto de lo que ya repite como una letanía en sus actos. "Volver al pasado sería autodestruirnos", dijo, un mensaje en el que reincidieron con variaciones monocordes otros funcionarios de su administración.

Del otro lado, un peronista que había anunciado su intención de postularse este año a la jefatura de Estado, el exgobernador de Buenos Aires Felipe Solá, celebró la decisión de la expresidenta. Otro de los precandidatos presidenciales para los comicios de octubre, Sergio Massa, reconoció su respeto por la figura de Alberto Fernández, que fue su jefe de campaña cuando en 2015 compitió contra Macri y contra el candidato designado por la entonces mandataria para sucederla en el cargo, Daniel Scioli.

Todavía faltan cinco meses para las elecciones, y eso es mucho tiempo en Argentina. Éste es un país testigo de algunos cambios que se producen de manera vertiginosa y de otras vicisitudes que tardan más en aparecer en el horizonte. Sí es evidente que la próxima administración tendrá por delante una situación económica y social nada amable de gestionar, con recursos económicos limitados, y dependiente de una coyuntura internacional impredecible.

* Artículo publicado el sábado 18 de mayo en el diario español Público.

lunes, 6 de julio de 2015

Celebración repartida en el súperdomingo electoral de Argentina

BUENOS AIRES.- Pareciera que los argentinos se resisten el cambio. Cinco elecciones se habían convocado para este domingo, y en todas ellas confirmaron su victoria los partidos que ya gobernaban.

La Ciudad Autónoma de Buenos Aires (distrito separado de la provincia homónima) elegía a su jefe de Gobierno y las provincias de Córdoba y La Rioja designaban a su gobernador. Corrientes definía a sus autoridades legislativas, y La Pampa dirimía en una interna peronista quiénes serían sus candidatos para la gobernación.

Como sucedió en las elecciones primarias de abril en la ciudad de Buenos Aires, ganó por amplia diferencia el candidato por el partido conservador Propuesta Republicana (PRO) Horacio Rodríguez Larreta, delfín del actual jefe de Gobierno y aspirante a la presidencia Mauricio Macri.

La ciudad es insistente con su voto: Rodríguez Larreta consiguió el 45,6 % de los sufragios, de la misma manera que Macri obtuvo en las mismas elecciones de 2007 y 2011 una adhesión no inferior a esa cifra. En las primarias, el PRO había sacado el 47,3 % de los votos entre sus dos precandidatos, Rodríguez Larreta y Gabriela Micchetti, ya recompensada como compañera de Macri en su fórmula presidencial. En definitiva, no se ha movido el amperímetro.

La ciudad nunca ha otorgado en primera vuelta el 50% de los votos más uno a un solo candidato, necesarios para evitar la segunda ronda. Rodríguez Larreta tendrá que esperar al balotaje del día 19 para enfrentarse de nuevo a Martín Lousteau, que salió segundo con el 25,6 % de los votos bajo el paraguas del frente ECO, una coalición respaldada por la Unión Cívica Radical (UCR), la Coalición Cívica y el socialismo.

Reincidió en su tercer puesto con el 21,7 % de los sufragios el candidato por el Frente para la Victoria (FpV) Mariano Recalde, presidente de Aerolíneas Argentinas. Por primera vez, un candidato kirchnerista queda fuera del balotaje.

Hasta 1996, la capital era un municipio cuyo intendente (alcalde) lo elegía el presidente del país. Desde su constitución como distrito autónomo, el cuarto más numeroso del país, la ciudad de Buenos Aires ha sido poco afecta a Gobiernos peronistas. La mayoría de los porteños (gentilicio de los habitantes de la ciudad) confían desde hace casi 8 años en la gestión del PRO, lo que convierte la capital en el único bastión de Mauricio Macri.

No obstante, se confirmó hace apenas dos semanas que su partido había perdido por menos de 2.000 votos la provincia de Santa Fe ante el socialista Miguel Lifschitz, lo que debilita sus aspiraciones presidenciales. Macri está lejos de consolidar una estructura territorial que extienda su influencia en el resto del país. Por eso se ha aliado con la UCR y la Coalición Cívica a nivel nacional.

Los bailes televisados con los que el PRO celebra su victoria en la capital muestran un triunfalismo desorbitado para el alcance que tiene en otras regiones. Macri no llega a proyectarse ni siquiera en la cercana provincia de Buenos Aires, decisiva por albergar al 37 % del padrón nacional, pero que es casi un páramo para su partido. Y en las elecciones de Córdoba, sin candidato propio, su apoyo al radicalismo no conmovió al electorado.

Las fuerzas de izquierda han quedado divididas en estos comicios. Luis Zamora, por Autodeterminación y Libertad (AyL), obtuvo casi el 4 % de los votos, y Myriam Bregman, candidata por el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT), se resignó con el 3 % de los sufragios.

Más de 2,5 millones de porteños votaron también para elegir la mitad de los escaños de la legislatura (30) y a los integrantes de las 15 juntas comunales de la ciudad. Los partidos predominantes tuvieron una ligera merma de votos en sus listas de legisladores, entre 1 y 3 puntos porcentuales, lo que apenas aumentó el caudal de los frentes de izquierda. Aquí se incluye a Camino Popular, cuyo precandidato a jefe de Gobierno, Claudio Lozano, no pudo alcanzar el 1,5 % de los votos requeridos para presentarse a jefe de Gobierno en estas elecciones.

Cabe destacar, por otro lado, la implementación de la boleta electrónica en la capital, lo que permitió conocer los resultados definitivos horas antes que en otras ocasiones.

Más festejo local

La provincia de Córdoba, la segunda más importante del país, ha sido refractaria a formaciones nuevas. Hasta 1999 estuvo en manos de radicales, y desde entonces ha sido constante la victoria peronista del Partido Justicialista (PJ) –que no kirchnerista– de mano del gobernador José Manuel de la Sota, que ganó en tres ocasiones, y de su aliado Juan Schiaretti, que ahora repite mandato con el 38 % de los votos tras su gestión entre 2007-2011.

Entre tanto, queda doblegada la alianza de los radicales y el PRO, que juntos sólo consiguieron el 33,8 % de los votos. Al FpV del kirchnerismo no le fue mejor, arañando el 19 % de las papeletas.

De la Sota quiere jugar ahora a nivel nacional. Por eso esta victoria juega a favor del postulante presidencial Sergio Massa, que disputará su candidatura en una interna con el gobernador.

No hay habilitada una segunda vuelta en Córdoba como tampoco en La Rioja, donde los resultados encerraban menos misterio. Desde 1983 gobierna el peronismo y así seguirá haciéndolo en la provincia oriunda del expresidente Carlos Menem, esta vez con el kirchnerista Sergio Casas como gobernador.

En La Pampa, donde la participación fue apenas del 30 % (el voto no era obligatorio), se dirimía en elecciones primarias una disputa dentro del PJ peronista que enfrentaba a Fabián Bruna, apoyado por el kirchnerismo, y a Carlos Verna, que cortó lazos con la Casa Rosada (el palacio de Gobierno) hace cuatro años. Ganó este último con amplia ventaja. La UCR y el PRO presentarán un precandidato en conjunto, el radical Francisco Torroba, en los comicios finales.

En las elecciones legislativas de Corrientes, donde gobierna el radicalismo desde 2001, ganó el oficialismo local con Noel Breard al frente.

Se han celebrado, hasta ahora, nueve elecciones regionales en todo el territorio, al margen de las primarias. Más allá de los resultados mencionados en capital, Córdoba y La Rioja, el kirchnerismo ha ganado en Salta y en Tierra del Fuego; la alianza UCR-PRO le arrebató Mendoza al oficialismo, el socialismo se mantuvo en Santa Fe, el Movimiento Popular Neuquino sostuvo su hegemonía en Neuquén, y en Río Negro se asentó un exkirchnerista, sin que en estas tres últimas provincias haya tutelas nacionales.

El resultado de estas elecciones no puede trasladarse a las presidenciales del 25 de octubre. En los comicios generales de 2011, Cristina Fernández fue la candidata más votada en todas las provincias, con excepción de San Luis. Habrá que esperar tres meses para averiguar si el único candidato por el oficialismo que aspira a sucederla, el gobernador de la provincia de Buenos Aires Daniel Scioli, recibe el mismo consenso.


* Artículo aparecido en Público el 6 de julio de 2015.

martes, 29 de octubre de 2013

El kirchnerismo se resiente en las elecciones legislativas de Argentina


Sergio Massa celebra su victoria en Buenos Aires junto a su mujer y sus hijos.El kirchnerismo atraviesa uno de los momentos más comprometidos de su trayectoria, con la presidenta Cristina Fernández apartada de sus funciones tras haberse sometido el 8 de octubre al drenaje de un hematoma cerebral. Tres años después del fallecimiento de su marido, Néstor Kirchner, el movimiento político que lleva su apellido es todavía la fuerza más votada a nivel nacional, pero los resultados de las elecciones parlamentarias dan paso a un reajuste de equilibrios que el Gobierno deberá manejar durante los dos años que le quedan de legislatura.

Los comicios, con los que se renovará la mitad de los diputados (127) y un tercio de los senadores (24), han confirmado la derrota del oficialista Frente para la Victoria (FpV) en la mayoría de los 24 distritos del país, incluido el mayor de todos ellos, la provincia de Buenos Aires. Allí, un hombre que perteneció al oficialismo, Sergio Massa -exjefe de gabinete de Cristina-, ha conseguido imponerse por 12 puntos de diferencia y con el 44 % de los votos al candidato del Gobierno, Martín Insaurralde.

El oficialismo tampoco ha encontrado consuelo en el distrito autónomo de la ciudad de Buenos Aires, en el que Frente para la Victoria (FpV) se ha quedado sin representación en el Senado al quedar en tercer lugar. De celebración está el partido del alcalde bonaerense Mauricio Macri, el PRO, que ha sido el partido más votado y que ingresa por primera vez en la Cámara Alta con dos bancas. El otro escaño en juego lo ha obtenido la coalición UNEN con su candidato Fernando 'Pino' Solanas. La capital ha mantenido la misma correlación de fuerzas para diputados, con el PRO como la fuerza más votada, seguida de UNEN y FpV.
La coalición kirchnerista ha quedado rezagada, por otro lado, en provincias clave como Córdoba, Mendoza y Santa Fe, y ha perdido en otras que hasta ahora se mantenían fieles a ella, como Catamarca, Jujuy y Chubut, mientras que ha triunfado en Entre Ríos, Chaco, Río Negro y San Juan. Quien ha calificado de "histórica" su elección ha sido el Frente de Izquierda, que no tenía representación en el Congreso, y que ahora ha obtenido tres diputados, correspondientes a las provincias de Buenos Aires, Mendoza y Salta.

Lo que se viene


Han sido unas elecciones concurridas en las que ha votado el 75% de las 30,5 millones de personas con derecho a voto, cinco puntos más de participación que en las primarias celebradas en agosto. La comparación entre ambos comicios puede servir de alivio al kirchnerismo, que ha conseguido más votos que en las parlamentarias de 2009. Además, ha mejorado su desempeño con respecto a la tendencia que se delineó en las primarias de agosto dos meses atrás.

En aquellos comicios, el FpV sacó el 26% de los votos a nivel nacional, mientras que en las elecciones de este domingo, la coalición ha vuelto a ser la fuerza más votada en todo el territorio al superar el 33% de los sufragios. El segundo partido más votado es la UCR, el tercer lugar lo ha conquistado el Frente Renovador de Massa y en cuarta posición queda el PRO, que aprovechó el domingo para lanzar a su líder como postulante a presidente para 2015, aunque este partido no tiene prácticamente arrastre afuera de la capital argentina, exceptuando Córdoba y Santa Fe.

De manera estricta, en estas elecciones sólo se decidía la composición de las dos cámaras del Parlamento, que quedará configurada a partir de diciembre. Los medios de comunicación argentinos más hostiles al Gobierno han ido más allá al calificar estos resultados como el fin del ciclo kirchnerista. Lo cierto es que el oficialismo cedió terreno en las elecciones parlamentarias de 2009 para luego recuperarlo en las presidenciales y legislativas que se celebraron dos años después.
La principal diferencia, quizás, es que Cristina Fernández no podrá presentarse para un tercer mandato en los próximos comicios de 2015, y no queda claro quién podría sucederla en su cargo. Por otro lado, el Gobierno debe hacer frente a más desafíos sociales y económicos que por entonces.

Con la nueva configuración del Congreso, el oficialismo mantiene quórum propio en el Senado y conseguiría mayoría absoluta con sus aliados, mientras que en la Cámara Baja gana cinco escaños pero necesitará tejer alianzas para alcanzar la mayoría. Con Massa en escena, el kirchnerismo tendrá que ser hábil para no perder oxígeno y asegurarse la gobernabilidad.


*Artículo publicado el 28 de octubre de 2013 en el diario Público

lunes, 28 de octubre de 2013

El kirchnerismo somete a escrutinio sus 10 años en el poder

Argentina se asoma a las elecciones legislativas de este domingo con un ojo puesto en las presidenciales de 2015. La campaña electoral ha transcurrido con un claro afán proselitista ante un escenario plagado de conjeturas, no tanto por los resultados de estos comicios como por el juego de fuerzas que ha comenzado a desplazarse sobre el tablero político en base a estrategias de poder que tienen estos dos años por todo horizonte.

Los dos principales candidatos en las elecciones legislativas argentinas. A la izquierda, el opositor Sergio Massa, y a la derecha, el oficialista Martín Insaurralde. 

La situación socioeconómica, bastante convulsa en estos tiempos, no juega a favor del oficialismo, que ha visto crecer como principal opositor a un hombre que salió de sus filas, Sergio Massa, y que además tiene ausente a su principal líder político, la presidenta Cristina Fernández, en convalecencia durante un mes tras ser operada el pasado 8 de octubre de un hematoma intracreaneal.

La cobertura mediática no pierde de vista lo que sucede en la provincia de Buenos Aires, en donde se concentra el 37,4% del censo electoral. Massa, candidato a la Cámara de Diputados en este distrito con su partido Frente Renovador, aventaja según las encuestas al postulante del kirchnerismo Martín Insaurralde, al que superaría por entre 9 y 13 puntos de diferencia.



Lo confirma a Público el sociólogo Ricardo Rouvier, titular de la consultora Rouvier & Asociados. "En general, los segundos Gobiernos no tienen el mismo grado de eficacia que el primero. En Argentina se han acumulado una serie de factores económicos, políticos y sociales que aparecen como problemáticas y que el kirchnerismo no ha sabido resolver", reflexiona Rouvier. "La inseguridad, la inflación, y la credibilidad que la población da a las denuncias de corrupción de los grandes medios, junto a otras cuestiones como la política en transportes, han debilitado el consenso que tenía el Ejecutivo".

Por el contrario, Massa ha logrado ir en ascenso pese a sus consignas de cierta ambigüedad y carentes de una posición ideológica taxativa. "No se puede hablar mucho de él en términos de ideas porque no es muy exhaustivo en torno a su modo de pensar", reconoce Rouvier. Pero sí se puede hablar de su trayectoria. "Viene de un partido de centro derecha y hoy en vías de desaparición, la UCeDé, que es la expresión pura del liberalismo. Después se incorporó al peronismo.

Desde ese peronismo gobernante, y bajo el ala de Cristina Fernández, fue director del organismo que gestiona las prestaciones sociales, el ANSES, y luego fue jefe de Gabinete de ministros. "Al mismo tiempo hizo un desarrollo territorial en el lugar en el que vive, Tigre [un municipio cercano a la ciudad de Buenos Aires], y logró ser intendente [alcalde]", añade Rouvier. "Después tuvo una relación complicada con Cristina, así que terminó saliendo del Gobierno".



Pero Massa no necesita renegar de su pasado peronista. "Él quiere atraer votos peronistas y no peronistas", concluye el analista. "No se va a mantener encolumnado dentro del kirchnerismo, porque no es su negocio, y le sacaría votos competir con peronistas más puros. Así que se va a mantener navegando a dos aguas".

Relevancia de estas elecciones

 

En estos comicios se renueva la mitad de los escaños de la Cámara de Diputados (127) y un tercio de los del Senado (24). El oficialismo tiene todavía el control de las dos cámaras, pero su Gobierno puede entrar en una etapa complicada de acuerdo a lo que elijan las más de 30 millones de personas habilitadas para votar.

"Se juegan varias cosas", advierte el ex director de Le Monde Diplomatique, Carlos Gabetta. "En primer lugar, un proyecto del actual Gobierno, del peronismo kirchnerista, que consistía en conseguir una mayoría que les permitiese cambiar la Constitución para que Cristina pudiese ser reelecta en 2015".  Esto es improbable que suceda. En las elecciones primarias del 11 de agosto, el kirchnerismo presumió de seguir siendo la fuerza más votada en todo el territorio, pero en realidad salió desgastado al perder en 15 de los 24 distritos del país, incluidos los de mayor peso demográfico y económico.

"Durante estas semanas se especuló con que la enfermedad de Cristina pudiese generar una ola emotiva que le hiciese reducir una pérdida de votos", analiza Gabetta. Dos imprevistos han alejado esa posibilidad. El primero fue la difusión de un vídeo en el que se veía a Juan Cabandié, candidato a Diputados en la ciudad de Buenos Aires, tratando de amedrentar a una gendarme que quiso retener su vehículo por no llevar el comprobante del pago del seguro. El segundo fue un accidente que sufrió el pasado sábado uno de los trenes que traslada miles de pasajeros cada día entre la provincia de Buenos Aires y la capital. No hubo que lamentar víctimas mortales, pero en los últimos dos años esa misma línea de ferrocarril, el Sarmiento, ha sufrido otros tres accidentes que en total han causado 65 muertos y más de 1.300 heridos.

"Todo parece indicar que el domingo se va a confirmar una importante derrota del Gobierno", apunta Gabetta. "Hay una crisis económica importante: el dólar paralelo [por afuera del mercado oficial] ha superado los 10 pesos; las reservas del Banco Central no dejan de decrecer y la inflación es altísima. La Argentina es un país muy rico, con muchas posibilidades, y quizás, tomando algunas medidas inteligentes, se podría llegar a 2015 sin que la situación se agravara".

Aquí es donde los distintos peronistas, oficialistas o no, van a olfatear por dónde el poder seguirá su cauce. El ex director de Le Monde Diplomatique se muestra aquí categórico. "El peronismo es un puro ejercicio del poder", afirma. "Si se tienen que mostrar de derechas, se muestran de derechas, y si tiene que mostrarse de izquierdas, se muestran de izquierdas. Si el tema es la inseguridad, hablarán de inseguridad. No hay una teoría detrás, ni un objetivo, ni una ética ni una moral".

Al mismo tiempo, la sociedad argentina es políticamente muy volátil."Massa tiene muchos empresarios detrás [entre ellos, parte de la Unión Industrial Argentina], y muchos alcaldes que se han pasado a su lado" sostiene Gabetta. "Esto ha pasado muchas veces en la política argentina: la movilidad de los intereses políticos, detrás de los cuales hay claros intereses económicos".



Esos intereses no pueden desligarse del peronismo, que abarca todo el país a través de una red formada por referentes políticos. "Son pequeños alcaldes de centeneras de pueblos, y de pequeñas y medianas ciudades que a la vez están vinculados con sindicalistas y con jueces", concluye el periodista. "Y la política, en general, está ligada por un lado a la Justicia, y el otro a las barras bravas [hinchas] y a la delincuencia".

Todo ello se enmarca en una campaña política con tendencia a los personalismos y más propensa a los eslóganes que a las propuestas, jaleada por una inquietud social que ha desembocado en algunos episodios violentos, como el tiroteo en Jujuy contra una dirigente social kirchnerista, Milagros Sala.
El 30 de octubre se cumplirá en Argentina el trigésimo aniversario de la vuelta a la democracia. No obstante, la fecha de estas elecciones es la que ha conseguido absorber la mayoría de las atenciones, aunque la incertidumbre no terminará ese día.


* Artículo publicado el 28-10-2013 en el diario español Público

martes, 28 de mayo de 2013

Argentina: diez años entre kirchnerismo y peronismo



Celebraciones en Argentina por la revolución de 1810 y los 10 años de Kirchnerismo. EFE
Argentina celebró este sábado la revolución de 1810 que dio origen a  la independencia del país. Precisamente otro 25 de mayo, pero de hace diez años, llegaba al poder el ex presidente Néstor Kirchner. En esta década de kirchnerismo, que hoy representa al frente del Gobierno la que fuera su esposa, Cristina Fernández, se ha consolidado un modelo político que se autodefine como peronista, el movimiento que surgió entre 1943 y 1946 y que encabezó una de las figuras más trascendentes de la historia argentina, el general Juan Domingo Perón.

Leonardo Grosso, diputado nacional del oficialista Frente para la Victoria (FPV), es uno de los que afirma que kirchnerismo y peronismo son en esencia lo mismo: movimientos populares que encaran grandes transformaciones en Argentina.

"El peronismo significó el momento de mayor avance de los sectores humildes y trabajadores en cuanto a derechos y conquistas sociales", expone a Público. "Después del peronismo hubo dictaduras y falsos peronismos que eran en realidad Gobiernos neoliberales. Con el kirchnerismo se ha vuelto a construir el espíritu del peronismo, es decir, un movimiento que devuelve la dignidad a las mayorías populares."

Como ejemplo de esa reconstrucción, Grosso menciona alguna de las políticas que Kirchner y Fernández han implementado a lo largo de estos años: "la reconstrucción del empleo con cinco millones de puestos de trabajo; las paritarias, que obligan al Estado a intervenir entre empresarios y trabajadores para que suban los salarios mes a mes; la asignación universal por hijo, la cobertura social argentina, donde todos los niños argentinos hoy tienen el mismo derecho gracias al Estado; la política de jubilaciones, la decisión de abrazarse a América Latina y decir no al ALCA y apostar por la UNASUR; la política del matrimonio igualitario, y la ley de identidad de género".


Todas ellas son iniciativas que tienen que ver con el espíritu del peronismo de incorporar a los sectores sociales excluidos, según el diputado. "El peronismo es un movimiento histórico, no un partido, que cambió la Argentina", aduce. "Y eso se está haciendo ahora. Los protagonistas hoy son  los que hace diez años no tenían ni siquiera para comer; los famosos piqueteros, como por ejemplo yo, que nos incorporamos a la política gracias a la voluntad de Néstor y de Cristina".

 Peronismo versus kirchnerismo


Pero no todos los que se identifican con el peronismo se identifican con los Kirchner. Grosso, hijo de un militante montonero que además es el máximo referente de la rama juvenil del Movimiento Evita, explica que ello se debe a una estrategia de sectores poderosos para utilizar a los movimientos populares a su favor. "Así pasó en Argentina con el Gobierno de Carlos Ménem, que se decía peronista pero llevó adelante reformas neoliberales que excluyeron a millones de personas", alega el político. "Lo mismo pasó en Bolivia con el Movimiento Nacional Reformista (MNR) de Gonzalo Sánchez de Lozada, que apenas hablaba casi en inglés y defendía a las corporaciones transnacionales, y así se vivió también en Perú con la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) de Alan García".

El diputado insiste en que no debe confundirse al peronismo con un partido o con una ficha de afiliación. "Uno de los que estuvo con Perón fue su ministro José López Rega, que armó los comandos civiles para asesinar trabajadores", recuerda.

Grosso admite, no obstante, que el peronismo incorpora muchas de las contradicciones que existen en Argentina. "El peronismo tiene también distintas etapas, porque no es lo mismo empezar de cero con la industrialización o que recuperarla, o que ir a una etapa donde necesitamos bienes de capital", indica. "Pero en suma, viene a construir un proyecto industrial. Nosotros nos debatimos toda nuestra historia con esta disyuntiva de si construimos un modelo agroexportador, que le sirva a los europeos y norteamericanos, o uno que nos sirva a los latinoamericanos. Esto es lo que el kirchnerismo también decidió enfrentar a favor de los argentinos".

A juicio de Eduardo Murúa, dirigente del Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas, el kirchnerismo ha desvirtuado la razón de ser del peronismo. "A partir de 1989 [cuando Ménem fue elegido presidente], el peronismo dejó de ser expresión de un movimiento revolucionario y se integró totalmente al sistema en sus prácticas y formas como un partido burgués", precisa. "El kirchnerismo es la continuidad de ese peronismo. No hay un cambio sustancial en estos diez años".

Como representante de la cooperativa IMPA, una empresa metalúrgica que fue recuperada por sus trabajadores en 1998, Murúa denuncia que la estructura de Argentina sigue sostenida a base de la sojización de la economía, de la extracción minerales y de la energía, y que no hay ningún desarrollo en tecnología, ni en plantas industriales ni en industria pesada. "Si caminás por la provincia de Buenos Aires podés comprobar cómo vive la gente", observa. "El 40% del empleo es precario, y el promedio del salario es de 4.500 pesos [645 euros al cambio oficial], que no alcanza para nada".

"Después del peronismo hubo dictaduras y falsos peronismos" Para este referente social, lo único que queda de peronismo "está en la memoria de que el pueblo vivió feliz de 1946 a 1955 [durante el primer Gobierno de Perón] y en la lucha de las organizaciones peronistas que fueron las que resistieron, aunque luego perdieran ante la estructura neoliberal que se desarrolló a partir de los años 70". Desde entonces se ha consolidado una sociedad dual "por más planes sociales que haga el Gobierno, que son focalizados y no sacan de la miseria al 50% de la población".

Murúa entiende el kichnerismo como un peronismo adaptado al sistema y que va generando los cuadros para administrar los recursos del Estado sin poner en discusión el modelo capitalista, "ahora con un planteo de desarrollismo, en algún otro momento con neoliberalismo, pero siempre dentro de la lógica de la división internacional del trabajo y del dominio mundial".

Peronismo vaciado de significado


 La prueba de que kirchnerismo no es peronista, según el dirigente, es que el peronismo expresaba alternativas al poder mundial, se declaraba anticapitalista, y ponía al ser humano en el corazón de su proyecto, mientras que los sectores que el Gobierno dice haber integrado siguen tratando de sobrevivir de manera precaria.

Murúa pone de ejemplo a los jubilados, cuya pensión mínima apenas supera los 2.000 pesos [menos de 300 euros al cambio oficial]. "En diez años sí se pueden cambiar cosas, el peronismo fue ejemplo de ello. Y un país normal con una década de crecimiento económico extraordinario podría haberse transformado", reflexiona. "Pero en este tiempo se han fugado casi 400.000 millones de dólares entre las transnacionales y las grandes empresas. Imagina lo que podrían haber hecho con ese dinero en vez de dejar que haya una manguera para afuera de trabajo argentino que se va en fuga de capitales".


¿Dónde está, entonces, la esencia peronista del actual proyecto político? "El kirchnerismo no representa un cambio real si en diez años no se ha transformado la estructura establecida desde los años 70", sentencia Murúa. "Seguramente no sea fácil. Hay que enfrentarse al poder mundial y tener una decisión política clara. Y no la tienen".

* Reportaje aparecido en Público el 26 de mayo de 2013

lunes, 24 de octubre de 2011

Cristina Fernández y el nuevo panorama político de Argentina

Fue una victoria sin precedentes. Nadie, desde el regreso de la democracia a Argentina en 1983, había obtenido semejante apoyo electoral. Con casi el 54% de los votos en las elecciones presidenciales del domingo, Cristina Fernández ha pasado de ser la primera mujer en alcanzar la presidencia de Argentina a través de las urnas a convertirse ahora en la primera jefa de Estado reelecta con una diferencia de 37 puntos sobre el segundo candidato más votado. Algo también histórico.

Si se observa el territorio nacional, el Frente Para la Victoria (FPV), alianza que lidera Cristina Fernández, ganó en 23 de los 24 distritos electorales del país, un logro que ya obtuvo en las primarias del pasado 14 de agosto. La única región en la que no se impuso la mandataria fue San Luis, la provincia que retuvo su actual gobernador y también candidato presidencial, Alberto Rodríguez Saá. Él ha sido el único postulante a la Casa Rosada que no ha perdido en casa. El segundo candidato más apoyado en estas elecciones, el socialista Hermes Binner, no salió primero en la provincia en la que es gobernador, Santa Fe, pero con casi el 17% de los sufragios, tiene en sus manos el liderazgo de la oposición.

El Gobierno ha conseguido, por otra parte, recuperar en la Cámara de Diputados la mayoría simple que perdió en las legislativas de 2009, de modo que, si suma aliados, el kirchnerismo tendría garantizada la mayoría absoluta tanto en la Cámara baja como en el Senado.

Es preciso indicar que esos aliados no son sólo minorías de izquierda que apoyan determinados proyectos progresistas, sino también legisladores, en su mayoría del FPV, que a su vez responden a los gobernadores de su provincia y que muchas veces deben respaldar al oficialismo para poder recibir financiación pública, según el politólogo Nicolás Solari, de la consultora Poliarquía.

Prosperidad económica

En cualquier caso, esta concentración de poder de Cristina Fernández, que deriva de un apoyo de legitimidad inédito en las urnas, obedece en parte a la prosperidad económica de un país que ha podido sortear la crisis internacional. "Su victoria significa un cheque en blanco para que desarrolle el modelo político y económico vigente", explica a Público el politólogo Solari. "Tras la crisis de 2001-2002, hay una reactivación económica que alcanza a todos los sectores".

Si se recuerdan las promesas de la mujer que asumió en 2007 la presidencia, puede afirmarse que ha conseguido sostener el crecimiento económico que comenzó en 2003. "Se palpa una mejora en la calidad de vida", afirma Solari. "El consumo sigue en alza y el Estado inyecta dinero en la sociedad para garantizar ese bienestar a través de planes sociales, de la extensión de jubilaciones y de la nacionalización de empresas".

Pero quedan varios asuntos pendientes. "Falta la calidad institucional que Cristina prometió en 2007", añade el analista. "Dijo que durante la presidencia de Néstor Kirchner (2003-2007) hubo necesidad de actuar rápido. Pero todavía se necesita más transparencia pública, menos corrupción y más respeto a las instituciones democráticas, como también a otros partidos y dirigentes opositores".

Además, no se ha reconocido el verdadero alcance de la inflación, que crece entre un 25 y un 30% anual, según las consultoras privadas, y que afecta sobre todo a los más pobres. De acuerdo con Solari, podría erosionarse la base del modelo económico del Gobierno porque están perdiendo fuelle el superávit fiscal y comercial, "lo que puede afectar a la continuidad del sistema".

* Artículo aparecido el 24-10-2011 en el diario español Público

domingo, 23 de octubre de 2011

El legado de Perón marca a Cristina Fernández


La política argentina se ha movido casi siempre en aguas turbulentas, pero las elecciones presidenciales de este domingo se presentan inusualmente serenas. Más de la mitad del electorado argentino, según las encuestas, apostará por la reelección de la mandataria Cristina Fernández, mientras que los candidatos opositores, en plena campaña electoral, sólo han sido capaces de darse los últimos zarpazos entre sí para evidenciar la fragilidad con la que han llegado a estos comicios.

Cristina Fernández tiene ahora ante sí cuatro años más de Gobierno en los que profundizará el modelo impulsado por su difunto marido y antecesor, Néstor Kirchner. Desde 2003 Argentina se ha consagrado a este proyecto político que se identifica con el llamado kirchnerismo, y que se inspira en el movimiento creado por el general Juan Domingo Perón, el único presidente de la historia argentina que ha sido elegido en las urnas en tres ocasiones, aunque sólo pudo terminar el primero de sus mandatos.

Perón fue elegido presidente en 1946, y en 1952 fue reelecto por seis años más. En la mitad de su segundo Gobierno, un golpe de Estado militar lo sacó del poder, y el general tuvo que exiliarse durante 18 años. En ese tiempo que pasó en España, su movimiento fue proscrito, y los dos presidentes civiles que lo sucedieron en Argentina fueron derrocados. En 1973, los militares se vieron obligados a convocar elecciones, y Perón pudo regresar al país para ganar estos comicios. Falleció un año más tarde, pero no pasaría mucho tiempo hasta que un nuevo golpe militar, y su consiguiente dictadura (1976-1983), diera paso a uno de los periodos más tenebrosos de Argentina.

Podría decirse que Perón gobernó 10 años en total, pero la política reciente del país no puede entenderse sin esclarecer antes el significado y la proyección que ha tenido el peronismo en todos los órdenes de la vida argentina, ya sean ideológicos, culturales o sociales. “El peronismo es un movimiento que no se puede calificar con los parámetros clásicos de izquierda y derecha” advierte a Público Felipe Pigna, uno de los historiadores más prestigiosos y difundidos del país. “Cuando el movimiento surge entre 1943 y 1946, convive tanto la derecha proveniente de un nacionalismo militar, como la izquierda con el aporte socialista de los sindicatos, que fueron quienes dieron la base de sustentación a Perón”.

El general fue seducido en un comienzo con la idea de incluir a los trabajadores en el tejido social “pero en sentido preventivo, para que no cayeran en el comunismo”, relata Pigna. “Aquel presidente después entendió que el pensamiento sindical no era una cuestión de defensa, sino de convicción, y que no era necesario estar al lado de los trabajadores para contenerlos, sino para que tuvieran fuerza propia”.

Así se explica cómo los trabajadores pasaron a aportar el 50% de la renta nacional, por qué proliferaron centros de salud y de atención a sectores vulnerables, o por qué se potenció la educación primaria y secundaria. Fue también el peronismo, en cambio, el que mantuvo una política reaccionaria en el ámbito universitario, y el que adoptó una actitud autoritaria con la oposición, a la que persiguió sin clemencia.

“Peron admiraba a Mussolini, y nunca lo negó”, añade Felipe Pigna. “Incluso cuando trataba de conquistar a los sectores de izquierda desde su exilio en España, decía admirar el orden, el Estado nuevo y la corporación. Pero aquí no pudo aplicar una política fascista, no porque no pudiera, sino porque las condiciones no estaban dadas”. El historiador recuerda, no obstante, que a diferencia del fascismo de Italia, “que fue un movimiento de las clases medias y altas contra sectores populares”, el peronismo en Argentina “fue expresión de clases populares”.

Difícil de definir hasta para los mismos argentinos, el peronismo es ambivalente, contradictorio, pragmático. Así lo destacó Tomás Eloy Martínez, uno de los periodistas y escritores más relevantes de la cultura argentina, que fue también el hombre que eligió el general para que relatara la historia de su vida.

“El peronismo significa casi todo lo que cada peronista quiere que el peronismo sea”, indicó el ya fallecido Eloy Martínez al diario La Nación a los 30 años de cumplirse la muerte de Perón. Después de todo ese tiempo, el peronismo es todavía hoy el único movimiento que desde 1989 ha podido terminar sus mandatos en el Gobierno. Ocurrió con Carlos Menem (1989-1999) y ahora con el kirchnerismo, dos periodos peronistas pero antagónicos entre sí.

Entonces, ¿cuántos peronismos existen? “La Historia se quedará con la verdad que yo estoy contando”, le hace decir Tomás Eloy Martínez al general en su libro La Novela de Perón. A modo de sentencia, el escritor pone en sus labios una frase que después pasaría a la posteridad, en parte por su misterio, en parte porque revela la complejidad de un hombre y de un movimiento que marcarían por siempre el rumbo de Argentina: “Esa pasión de los hombres por la verdad me ha parecido siempre insensata”.


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Entrevista al sociólogo Ernesto Zambrini, titular de Política Social en la Universidad de la Plata

Hay tres generaciones que no tuvieron empleo”


  • ¿En qué consiste ideológicamente el peronismo?
  • En un movimiento que toma las banderas de la igualdad y de la inclusión, y que trata de sentar las bases de acumulación dentro de un modelo keynesiano para establecer alguna de las instituciones históricas del bienestar. Para ello se genera un entramado de poder que va conquistando sectores.
  • ¿Qué tiene de peronista el kirchnerismo?
  • El kirchnerismo representaría el ala mas progresista del peronismo, que va desde la derecha hasta la izquierda. En una nación que se sentía sobre todo europea, se decidió potenciar la pertenencia del país a América Latina. Se ha practicado una política de derechos humanos, se ha fortalecido el sistema productivo, se ha restaurado lo público.
  • ¿Cuáles son los logros del Gobierno?
  • Ha contribuido a que el país tenga un crecimiento inédito del 8-9% anual. Se ha pasado de invertir en educación un 2,8% del PIB a casi al 6%. Se han construido 1.200 hospitales y 800.000 viviendas. Se ha cancelado la deuda con el FMI para conseguir más autonomía en un marco de absoluta libertad. Aquí todos puede decir lo que quieran aun teniendo los poderes hegemónicos en contra.
  • ¿Cuáles son sus falencias?
  • La pobreza estructural dura, que es difícil de remover. Hay tres generaciones que no conocen el trabajo o que fueron precarios. Hay también un déficit habitacional, ya que faltan por construir determinadas obras de infraestructura para extender la potabilización del agua o las cloacas.
  • ¿Por qué el kirchnerismo se asocia todavía a sectores conservadores del expresidente peronista Carlos Menem (1989-1999)?
  • El peronismo es un fenómeno en el que algunos actores se reciclan con mucha rapidez. Saltan de un lado a otro, según quién vaya a ganar. En algunas provincias hay gobernadores peronistas entronizados que tienen todo un aparato político en torno a ellos. El kirchnerismo considera que para gobernar no pueden prescindir de ellos. Ésta es la manera que tiene de construir espacios de poder. Perón solía decir: “si van solo los buenos, llegamos cuatro”.

* Reportaje y entrevista aparecida el 23-10-2011 en el diario español Público.

lunes, 17 de octubre de 2011

El legado de Kirchner catapulta a Cristina

El próximo domingo se celebran las elecciones presidenciales de Argentina y, cuatro días después, se conmemora el primer aniversario de la muerte del exmandatario Néstor Kirchner (2003-2007). La actual presidenta, Cristina Fernández, lleva sobre sus hombros el legado de un movimiento político identificado con el apellido de su marido, el kirchnerismo, el cual está previsto que arrase en los próximos comicios con un apoyo masivo, superior incluso al obtenido por su ideólogo.

Desde que falleciera de improviso el 27 de octubre de 2010 por un "paro cardiorrespiratorio no traumático", Néstor Kirchner ha seguido presente en la vida política de Argentina. No podría haber sido de otra manera. Entre 1989 y 2011, el peronismo ha gobernado este país durante 20 de 22 años y los últimos nueve han estado en manos del kirchnerismo, una variante peronista que se identificó rápidamente con su dirigente.

Antikirchneristas


La fuerza de este nuevo rumbo político fue tal, que los peronistas disidentes, es decir, los no alineados con el matrimonio presidencial, pasaron a ser denominados los anti-kirchneristas. Pero de un día para otro, y a falta de un año para las elecciones presidenciales, desapareció el político argentino más influyente de las últimas décadas, el que además, según se presumía, iba a ser el candidato que sucedería a Fernández.

El mérito de la presidenta ha sido el de dominar en poco tiempo los espacios que controlaba Kirchner a pesar de que ella era la mandataria. "Cristina goza de una relación muy prolífica con los argentinos", explica a Público Jorge Giacobbe, director de la consultora Giacobbe y Asociados. "Hay que tener en cuenta que estamos votando ante una situación de amenaza de crisis y, en medio de todo esto, la sociedad le va a procurar un 52% de respaldo, lo que quiere decir que la gente cree que ella sabe cómo seguir".

Este analista pone en duda que la actual popularidad de Fernández se base en la imagen de su cónyuge y, para ilustrarlo, recuerda las elecciones legislativas de 2009, en las que el Frente para la Victoria (FPV), la coalición que lideraba el entonces diputado Néstor Kirchner, sufrió un batacazo incluso en regiones tradicionalmente kirchneristas como la de Santa Cruz, provincia natal del exmandatario, y la de Buenos Aires.

"Y, sin embargo, dos años después, Cristina ganará las elecciones presidenciales" sostiene Giacobbe. "El electorado de Argentina va dar una vuelta de campana sobre su decisión anterior. Estamos ante un giro impresionante, así que no creo que semejante cambio tenga demasiada relación con Kirchner. Al revés, de ser así, la presidenta saldría perjudicada".

Esto no significa que la influencia de su marido se haya evaporado. "Si su figura sigue siendo relevante es porque su recuerdo no es inoportuno. Lo que molestaba eran sus formas, su aspereza. La mayoría de las personas somos mejores una vez nos morimos, precisamente porque ya no estamos", añade el director de la consultora.

"El kirchnerismo ha construido un mito propio, un relato que ya no viene a cuento si es verdad o no. Pero Cristina Fernández ha liberado su potencial a partir de la desaparición de su jefe y, de este modo, ha podido establecer un nuevo contrato con la ciudadanía que tiene éxito", dice Giacobbe.

Empatía femenina

Algo inusual que muestran las últimas encuestas es una mayor aprobación de la presidenta entre las mujeres que entre los hombres al contrario de lo que sucedió en los anteriores comicios y que en parte se atribuye a la empatía que despierta la fortaleza de la mandataria a la hora de seguir adelante con el proyecto que comenzó su esposo. Atrás quedan los recelos sobre un debate omnipresente que se preguntaba quién gobernaba en realidad el país desde 2007, cuando Cristina Fernández sustituyó a Néstor Kirchner al frente del Ejecutivo.

Es muy probable, en cualquier caso, que la viudez de la mandataria haya dulcificado su relación con los argentinos, pero este no parece ser el motivo determinante de su popularidad. Sí han influido, en cambio, las políticas sociales impulsadas por la presidenta, como la asignación universal por hijo o la nacionalización de las pensiones.

Sin la proyección que le dio su marido, seguramente nunca hubiera llegado al poder, pero lo cierto es que ahora Cristina Fernández deberá responder sola, con cuatro años más de Gobierno por delante, a un respaldo electoral sin precedentes.


* Artículo aparecido el 16-10-2011 en el diario español Público.

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