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viernes, 28 de octubre de 2011

La cara angelical que engañó a sus víctimas

Del mismo modo que la Escuela Mecánica Superior de la Armada (ESMA) se convirtió como centro de torturas en un emblema del régimen de terror que impuso la dictadura argentina (1976-1983), el excapitán de Marina Alfredo Astiz, de 59 años, fue a su vez uno de los iconos más representativos de la represión de aquella época. Nunca llegó a mostrarse arrepentido. Días antes del fallo judicial que este miércoles lo condenó a cadena perpetua, declaró ser un perseguido político, se dirigió desafiante al tribunal con un ejemplar de la Constitución en la mano, y lanzó un provocativo: "Es para que se lo haga llegar al presidente de la Corte".

El Ángel de la Muerte, sobrenombre de Astiz, siempre se jactó de los crímenes que perpetró. "Yo soy milico de alma" le dijo en 1998 a la periodista Gabriela Cerutti. "Así como digo que están locos los que dicen [que hubo] 30.000 [desapa-recidos], también deliran los que dicen que están en México. Los limpiaron a todos, no había otro remedio".

Astiz no fue uno de los altos cargos del régimen militar durante la dictadura, pero se aseguró la fama por la impasibilidad con la que traicionaba a grupos de activistas de derechos humanos, en los que se pudo infiltrar con el pretexto falso de que buscaba a un hermano desaparecido.

De pelo rubio y ojos celestes, aquel ángel se encargó de delatar, entre otros, a las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo y a dos monjas francesas para que fueran secuestradas por los grupos de tareas encargados del exterminio de sus víctimas.

Este oficial de inteligencia, orgulloso de formar parte del mayor centro de detención que existió en Argentina, interpreta ahora su sentencia como fruto de una revancha. "Cumplí mi trabajo. Además, estaba de acuerdo".


* Artículo aparecido el 28-10-2011 en el diario español Público.

El 'Ángel de la Muerte' pasará el resto de su vida entre rejas

Finalmente pasará el resto de su vida entre rejas. El excapitán de Marina Alfredo Astiz fue sentenciado el miércoles a la pena máxima junto a otros 11 militares en una causa que se ha convertido en uno de los juicios más emblemáticos de cuantos investigan los crímenes de lesa humanidad en Argentina.

El logro histórico de este proceso, de hecho, puede compararse al del Juicio a las Juntas de 1985, cuando por primera vez fueron juzgados los militares entre ellos, el dictador Jorge Videla que perpetraron el golpe de Estado de 1976 para imponer a continuación durante los ocho años siguientes un estado de terror permanente.
En esta ocasión se investigaban, en pa
rticular, los crímenes cometidos contra 86 personas que pasaron por la Escuela Superior Mecánica de la Armada (ESMA), el mayor centro clandestino de tortura que existió en Argentina durante la dictadura, que duró hasta 1983.

Los magistrados condenaron a 12 de los 18 procesados a cadena perpetua. Además de Astiz, fue sentenciado a cárcel de por vida el excapitán de fragata Jorge el Tigre Acosta, jefe de inteligencia de los grupos de tareas que operaban en la ESMA, que se encargaban de secuestrar, torturar y asesinar a sus víctimas.

El juicio forma parte de otro proceso más grande en el que se investigan los delitos de lesa humanidad
Otros cuatro exmilitares recibieron condenas que oscilaron entre los 18 y los 25 años de prisión. Y dos imputados fueron absueltos, pero no pisarán la calle porque están siendo investigados en otros juicios. Además, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), parte querellante en este proceso, apelará estos indultos.

Testimonio de los horrores

Las audiencias, que se prolongaron durante 22 meses, han sido las que han transformado este juicio en un testimonio vivo de los horrores del régimen militar, pero sobre todo en la certeza de que la justicia podía llegar. Así lo deseaban centenares de personas que, antes de la resolución judicial, aguardaron a las puertas del tribunal la sentencia que recibirían los 18 procesados.

En este juicio, que forma parte de otro proceso más grande en el que se investigan los delitos de lesa humanidad cometidos en la Escuela Mecánica de la Armada, participaron unos 200 testigos, 80 de los cuales fueron víctimas.

Entre otros casos, se investigó la desaparición en 1977 del escritor argentino Rodolfo Walsh y el secuestro, ese mismo año, de las monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet, así como de las fundadoras de la organización Madres de Plaza de Mayo: Azucena Villaflor, Esther Ballestrino y María Ponce.
Han sido muy relevantes en este juicio las sentencias a cadena perpetua, que tienen un componente especial porque se ha hecho justicia con la historia. Sirva de ejemplo la pena máxima con la que ha sido castigado el exvicealmirante Óscar Montes por la muerte de María Cristina Lennie, una joven que en 1977 se apresuró a tomar cianuro cuando iba a ser secuestrada por los comandos militares.

Su fallecimiento, en un principio, se había intentado justificar como un supuesto suicidio, pero después los fiscales del caso consiguieron que se admitieran como hechos la privación ilegal de libertad y las torturas a las que Lennie fue sometida.

Muchos son, en realidad, los delitos que perpetraron los marinos en la ESMA, y esta causa ha servido para ponerlos en evidencia.

Además de las torturas y los asesinatos, existió la apropiación de bebés que nacían en cautiverio. Existieron también los vuelos de la muerte, una práctica de exterminio a la que recurrieron los militares para deshacerse de sus víctimas, las cuales eran drogadas antes de subirlas a un avión y tirarlas al río de la Plata. La "metodología de eliminación" también incluía la quema de los cadáveres para no dejar ninguna pista ni evidencia de las atrocidades cometidas por los militares.

Apenas cien supervivientes

Con la sentencia de este juicio no se cierra la investigación de los crímenes cometidos en torno a la ESMA. Todavía hay 70 procesados que serán investigados en otros ocho procesos, ahora en curso, por la desaparición de casi 800 personas.

Un número elevado, aunque no debe olvidarse que por este centro de tortura atroz por la cantidad y la saña con la que los militares impusieron tormentos a sus víctimas pasaron unas 5.000 personas en total, de las cuales sobrevivieron apenas unas cien.

De este modo se concluye una parte de esta megacausa que, en realidad, es un paso más de cuantos se están dando para que los torturadores del régimen militar argentino no salgan impunes.

Han pasado ya ocho años desde que el Gobierno del expresidente Néstor Kirchner, de cuyo fallecimiento se cumplió ayer el primer aniversario, invalidara las leyes de Obediencia Debida y Punto Final.

Estas fueron promulgadas durante la presidencia de Raúl Alfonsín (1983-1986) y protegían a los militares de los crímenes de lesa humanidad perpetrados durante la dictadura.

Quedan también atrás los indultos del exmandatario Carlos Menem (1989-1999), con los que se trató de sellar la impunidad de represores como Jorge Rafael Videla o como el exalmirante Emilio Massera, que fue precisamente el máximo representante de la ESMA.

Massera murió en noviembre de 2010 tras ser declarado incapaz por padecer demencia. Por lo tanto, no pudo ser imputado en los procesos que afrontaba por delitos de lesa humanidad.

La primera condena a los represores de la ESMA, en cualquier caso, es también motivo de celebración para países como Suecia, que había pedido la extradición de Astiz por el asesinato de su conciudadana Dagmar Hagelin.

También para Francia, que a su vez reclamaba al Ángel de la Muerte por la desaparición de las monjas Alice Domon y Leonie Duquet.

No tardó en reconocerlo ayer el ministro de Exteriores galo, Alain Juppé, quien sostuvo que el fallo judicial contra los 18 militares "honra a Argentina".

* Artículo aparecido el 28-10'-2011 en el diario español Público.

jueves, 27 de octubre de 2011

Cadena perpetua en Argentina para el 'ángel de la muerte'


La Justicia argentina condenó ayer a cadena perpetua al excapitán de marina Alfredo Astiz, también conocido como el “ángel de la muerte, y a 12 de los otros 17 represores procesados en uno de los juicios que más expectativa ha despertado en los últimos meses. La razón es que por primera vez se emitió sentencia en torno a los crímenes cometidos en uno de los centros clandestinos de exterminio más cruentos del país, conocido como la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA).

Han sido casi dos años de audiencias que han contado con el testimonio de 160 testigos, 79 de ellos sobrevivientes del centro de represión. Este proceso, dividido en tres tramos para investigar 86 crímenes, incluía los casos del escritor argentino Rodolfo Walsh, desaparecido en 1977, de las fundadoras de la asociación Madres de Plaza de Mayo y de las monjas francesas Leonie Duquet y Alice Domon, secuestradas ese mismo año.

Se calcula que apenas sobrevivió un centenar de los 5.000 prisioneros que pasaron por la ESMA, el centro de represión más grande del país. De los 18 acusados en este juicio, 17 militares y un médico, sólo dos fueron absueltos en lo que ha sido la primera etapa de esta megacausa, la cual tiene todavía en trámite otras ocho causas judiciales.

Funcionamiento

Los grupos de tareas encargados de la represión que trabajaron en el entorno de la ESMA secuestraban a sus víctimas tanto en la capital de Buenos Aires como en  provincia. El objetivo, según el Centro de Información Judicial (CIJ), era “interrogarlas mediante la aplicación de tormentos para obtener nombres, direcciones y otros datos generales tendientes a desarticular agrupaciones políticas y sociales”. Después eran asesinadas con una “metodología de eliminación”: o se quemaban los cuerpos, o se arrojaban al río de la Plata en los llamados “vuelos de la muerte”.

Astiz, uno de los condenados a cadena perpetua en este juicio, se hizo conocido por la alevosía con la que se aprovechó de su aspecto angelical para infiltrarse en grupos activistas de derechos humanos y así señalar a los que serían después secuestrados. “Las falsas querellas no nos perdonan que hayamos combatido con éxito a la subversión”, señaló el “ángel de la muerte” antes de recibir sentencia.

Otro de los sentenciados a la pena máxima fue el ex capitán de fraga Jorge “El Tigre” Acosta, sobre el que pesaba la decisión final en la ESMA de quién sería torturado y quién asesinado, y que hasta el día de hoy se considera un combatiente de guerra.

Los únicos imputados que se bajaron del proceso durante su transcurso fueron un penitenciario por problemas de salud y el exprefecto Héctor Febres, envenenado en 2007 con cianuro mientras cumplía prisión preventiva.

Patricia Walsh, hija de Rodolfo Walsh, indicó no obstante que la jornada de ayer fue “histórica”, y destacó que la labor de la Justicia argentina "es la lucha más digna de la historia reciente de los argentinos".


* Artículo aparecido el 27-10-2011 en el diario español Público.

miércoles, 5 de octubre de 2011

El “ángel de la muerte” no será trasladado a Francia

El ex capitán de la marina Alfredo Astiz, uno de los representantes más significativos de la dictadura argentina (1976-1983), permanecerá por ahora en Argentina. La Corte Suprema de Justicia rechazó por “improcedente” un pedido de Francia que esperaba extraditar al represor, más conocido como “el ángel de la muerte”, para juzgarlo por la desaparición de dos monjas francesas durante el régimen militar. 


 Según el máximo tribunal, "la jurisdicción penal argentina se está ejerciendo sobre la base del principio de territorialidad”, que establece que los delitos serán investigados en el lugar donde se perpetraron.

En una resolución de varias hojas, los jueces subrayaron que Francia no tiene “facilidades notoriamente mayores que la República Argentina para conseguir las pruebas del delito", y que dado que Astiz ya tiene abierta una causa en el país, el acusado no puede ser juzgado dos veces por el mismo delito.

En abril de 2010 otro tribunal argentino se opuso a la extradición del ex marino, pero Francia reclamó entonces a la Corte Suprema, sin éxito. Ahora deberá esperar a que la causa sobre el asesinato de las religiosas Leónie Duquet y Alice Domon se resuelva en este país.

La insistencia de Francia en este caso tenía por objetivo "prevenir decisiones absolutamente sorprendentes" por parte de la Justicia argentina, según reveló hace más de un año la abogada de las familias de las monjas Sophie Thonon. Para la letrada, era importante insistir en la extradición de Astiz para evitar que la Justicia argentina pudiera volver a condenar con “penas irrisorias” a ex militares del régimen de represión. Thonon, que acusó a los jueces argentinos de permitir “algunas exoneraciones penales escandalosas”, aseguró que Francia debía “prevenirse ante una situación idéntica en el caso Astiz”.

En 1990, la Justicia francesa condenó en ausencia al ex marino por el secuestro y asesinato de las dos monjas, mientras que el Gobierno galo solicitaba a Argentina ese mismo año, por primera vez, la entrega del ex marino. Llegaron después otros pedidos de extradición, en 2001 y en 2003, que fueron siempre desestimadas por el país latinoamericano.

Astiz ha sido reclamado además por Suecia, España e Italia. Este último país, de hecho, también lo condenó en ausencia a prisión perpetua por la desaparición de tres italianos. Mientras tanto, Astiz cumple prisión preventiva en una cárcel de la provincia de Buenos Aires como imputado en la megacausa del centro clandestino de detención ESMA, que desde 2009 investiga a 19 personas por la desaparición de las monjas y del periodista argentino Rodolfo Walsh, entre otras víctimas.

El “ángel de la muerte” pasó a la fama por servirse de su aire de inocencia para infiltrarse dentro de Madres de Plaza de Mayo como hermano de un desaparecido. En diciembre de 1977 aquel joven rubio y de ojos azules, asiduo de un grupo de activistas de derechos humanos, señaló con un beso a las monjas francesas y a las fundadoras de Madres, que horas después fueron secuestradas, torturadas, y lanzadas en vida al río de la Plata con los llamados “vuelos de la muerte”.



* Artículo aparecido el 06-11-2011 en el diario español Público.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Argentina juzga por fin al 'ángel de la muerte'*

Conocido como el ángel de la muerte o el ángel rubio, el ex capitán de la Armada Alfredo Astiz comenzó a ser juzgado ayer en Argentina por los crímenes perpetrados en la Escuela Mecánica Superior de la Armada (ESMA) durante la última dictadura (1976-1983). Junto a otros 18 militares, Astiz está acusado de delitos de lesa humanidad cometidos contra 87 víctimas, entre ellas las fundadoras de la asociación Madres de Plaza de Mayo, dos monjas francesas y el escritor Rodolfo Walsh.

Astiz debe su sobrenombre al aspecto cándido y de aire ingenuo del que se sirvió para hacerse pasar por el hermano de un desaparecido y así infiltrarse dentro de la asociación de las Madres.

De aquí deriva el llamado caso de la Iglesia Santa Cruz, por el que ahora se le juzga. Se cuenta que entre el 8 y el 10 de diciembre de 1977, Astiz besó a las puertas de aquel templo, punto de encuentro de activistas de derechos humanos, a quienes horas después serían secuestrados y asesinados por el Grupo de Tareas 332, del que él formaba parte.

Entre otros activistas, estaban las monjas francesas Léonie Duquet y Alice Domon, y las tres fundadoras de la organización de las Madres: Azucena Villaflor, Esther Ballestrino y María Ponce Horas. Las marcó con un beso para que sus compañeros del GT332 las identificaran. Más tarde se supo que las monjas francesas habían sido víctimas de los vuelos de la muerte, es decir, fueron arrojadas vivas al mar.

Italia también le reclama

Aquel ángel que daba besos de la muerte acabó siendo juzgado en ausencia por la Justicia francesa y condenado a cadena perpetua. Italia también le reclama por la desaparición de tres de sus ciudadanos: Angela Maria Aieta de Gullo, Giovanni Pegoraro y su hija Susana, que estaba embarazada cuando fue enviada al centro de detención de la ESMA. Una vez dio a luz en la maternidad clandestina, los militares se apropiaron del recién nacido. Suecia también tiene procesado a Astiz por la desaparición de una joven de ese país.

La ESMA es, junto con Campo de Mayo, el centro clandestino de detención más importante que funcionó durante la última dictadura militar. Se calcula que por allí pasaron unas 5.000 personas. Un día antes de que comenzara el juicio, Astiz rechazó la defensa de su abogado y amigo personal Juan María Aberg Cobo, que le iba a representar.

"Se juzga a los subalternos"

El letrado ha sido el primer sorprendido. "Durante el tiempo en que le representé, solicitamos que se le juzgara de acuerdo a la ley vigente en el momento de los hechos que se le imputan, porque le están aplicando una ley retroactivamente más gravosa", djio Aberg a Público el mismo día que conocía su despido. "[Astiz] no aceptará la jurisdicción de los tribunales que le juzgan, porque primero tendrían que hacerlo los militares".

"Los responsables de las órdenes son los que deben asumir las consecuencias y en este proceso se juzga sólo a los subalternos", se quejó. El abogado no niega que la Junta Militar haya cometido crímenes y reconoce que él mismo tiene un familiar desaparecido. "Pero Astiz era sólo miembro de una fuerzas que intervinieron en un conflicto armado", añadió Aberg. "Y no hay un solo testimonio en las 70.000 hojas de la causa que diga que él torturó. Se habla siempre de oídas". Astiz cumple prisión desde 2003 en una cárcel a 40 kilómetros de Buenos Aires.

Los 19 ex miembros de la Armada argentina que han sido inculpados en el juicio apenas simbolizan una mínima parte de los que operaron en la ESMA, y que la Justicia calcula en más de 250. De acuerdo con organizaciones de derechos humanos, unas 30.000 personas desaparecieron y unos 500 hijos de desaparecidos fueron robados y arrebatados durante la dictadura.

* Artículo aparecido en el diario español Público el 12 de diciembre de 2009

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