Releo el artículo de El País en el que explica que Zelaya pretendía reformar la Constitución para prolongar su mandato cuatro años más. Luego acudí a la entrevista que realizara el mismo diario al presidente, y en donde el dirigente insistía en que no tenía ninguna intención de perpetuarse en el poder.La razón es simple: su mandato termina en enero de 2010, y para entonces no estaría preparada ninguna modificación o nueva creación de una nueva Constitución. Sólo hubiera dado tiempo a consultar a la población para crear una Asamblea Nacional Constituyente. En cualquier caso, Manuel Zelaya lo ha dicho varias veces, incluso en El País: "No tengo ninguna opción de quedarme en el poder. La única sería romper el orden constitucional y no lo voy a hacer".
Pero el diario decide hacer de su capa un sayo y argumenta, ocultando las explicaciones que les diera Zelaya en una entrevista exclusiva, que el presidente hondureño quiere perpetuarse en el poder. Lo que viene a decir: este golpe de Estado no ha hecho más que quitar a un autoritario que pretendía apoltronarse en el Gobierno. Que si se mira bien, la destitución de Zelaya era entendible dada su injustificable consulta popular.
Zelaya proviene del Partido Liberal, el mismo que ayer promovió su destitución, el mismo que intentó detener la consulta popular, el mismo que intentó inhabilitarlo, el mismo que declaró a su presidente transtornado, y el mismo que se apoyó en el Ejército para tirarlo abajo. Ésta última jugada les salió bien.
A ver, a ver cuándo empezamos a leer en los medios que el problema con Zelaya no es que quiera modificar la Constitución para ser reelegido, sino que ha decidido prescindir de la política neoliberal "porque los ricos no ceden un penique" y ha confiado en el ALBA, impulsada por Venezuela, para impulsar una serie de programas sociales en un país que tiene casi la mitad de su población en la pobreza extrema (la población total suma más de siete millones).
A ver. Seguimos atentos.