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miércoles, 11 de diciembre de 2019

El peronismo vuelve al poder en Argentina con Alberto Fernández de presidente

Alberto Fernández es desde este martes el noveno presidente que tiene Argentina desde el regreso de la democracia en 1983, y el sexto peronista que asume como jefe de Estado tras finalizar la última dictadura cívico-militar (1976-1983). El nuevo titular del Poder Ejecutivo, cuyo mandato se extenderá por los próximos cuatro años, llega al Gobierno en un momento de recesión económica, con una pobreza que supera el 40% y con una deuda externa que bloquea cualquier posibilidad de buscar financiamiento en el exterior.

Tras jurar su cargo este martes ante los diputados y senadores que integraban la Asamblea Legislativa y recibir los atributos presidenciales de su antecesor, Mauricio Macri, el flamante mandatario ha marcado un eje claro de su gestión. La primera reunión de su Ejecutivo será para implementar un Plan integral contra el Hambre a fin de aliviar la situación de vulnerabilidad que afecta a 15 millones de habitantes.

“El cooperativismo y la agricultura familiar serán actores centrales en esa política”, adelantó Fernández. A través de un Consejo Federal que integrarán todos los sectores de la sociedad civil, la iniciativa del nuevo Gobierno plantea la entrega de una tarjeta alimentaria para dos millones de habitantes que comenzará a entregarse a madres embarazadas o que tengan a su cargo menores hasta seis años.

El nuevo jefe de Estado también hizo un llamado a todos los sectores para “la puesta en marcha de un conjunto de acuerdos básicos de solidaridad en la emergencia” que permitan reactivar la economía, en recesión desde mediados de 2018. “Hasta eliminar el hambre, le pediremos mayor esfuerzo solidario a quien tenga más capacidad de darlo”, advirtió. “Comenzar por los últimos, para llegar a todos”.

Como ya señaló en otras oportunidades, Alberto Fernández confirmó que mientras el país no crezca, no habrá pago a los acreedores externos, entre quienes se encuentra el Fondo Monetario Internacional (FMI), que prestó al país sudamericano 44.000 millones de dólares en el último año y medio.
Prueba de ello es la designación de su ministro de Economía, Martín Guzmán, un académico de 37 años profesor de la Universidad de Columbia en Nueva York y colaborador del Premio Nobel de Economía en 2001, el estadounidense Joseph Stiglitz. El economista apuesta por postergar al menos dos años el pago de los intereses de deuda y alargar los plazos de vencimiento del capital de esos compromisos a través de un acuerdo con los prestamistas.

“La deuda externa en relación al PIB está en su peor momento desde 2004. (…) El país tiene la voluntad de pagar, pero carece de la capacidad para hacerlo”, observó Fernández durante su primer discurso como presidente al advertir que la administración de Macri dejó al país “en una situación de virtual default”.

La gestión anterior ha provocado la mayor inflación que recuerda el país en los últimos 28 años, y la tasa de desempleo es la más elevada desde 2006, destacó Fernández durante su disertación en el Congreso. Desde 2015 cerraron 20.000 empresas y se destruyeron 141.000 puestos de trabajo privado. La pobreza y la indigencia llegó a sus peores registros desde 2008, añadió. “Detrás de estos terroríficos números, hay seres humanos con expectativas diezmadas”, expresó.

Intervención en inteligencia

Uno de los anuncios más inesperados del jefe de Estado fue el que se refirió a la reforma del sistema de Justicia y a la intervención de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI). Cuando el gobernante advirtió que no sólo dejarán de ser secretos los fondos reservados que la institución tenía ahora a su disposición, sino que serán direccionados al Plan contra el Hambre, fue ovacionado por buena parte de los legisladores que lo escuchaban. “Nunca más a una Justicia contaminada por servicios de inteligencia; nunca más a una Justicia contaminada por operadores judiciales, procedimientos oscuros y linchamientos mediáticos”, clamó.

Ya por la noche, mientras un festival con músicos argentinos amenizaba el ambiente en la emblemática Plaza de Mayo de Buenos Aires, frente a la sede del Ejecutivo, miles de personas saludaron al nuevo presidente y a la vicepresidenta, la senadora y expresidenta Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015), quien reclamó a su compañero que confíe en el pueblo porque sus integrantes “nunca traicionan, son los más leales, y sólo piden que los defiendan y representen”.

Con esta fiesta popular terminó un día de celebración para el Gobierno que comienza y cuyos primeros 100 días serán claves. No sólo porque es el período de gracia que se concede a cualquier Ejecutivo, sino porque durante este tiempo debe conseguir, al menos, una tregua con los tenedores de la deuda argentina a la espera de que sus medidas económicas alivien las urgencias sociales que tiene el país.

* Artículo publicado en el diario español Público

lunes, 28 de octubre de 2019

El peronismo vuelve al poder en Argentina de la mano de Alberto Fernández


El líder opositor redujo la ventaja que logró hace dos meses en las elecciones primarias pero consiguió destronar en primera vuelta al presidente Mauricio Macri en su intento de ser reelecto por otros cuatro años.



Argentina ha puesto punto final a la gestión del presidente Mauricio Macri con las elecciones generales que se han celebrado el domingo en todo el país. El dirigente peronista Alberto Fernández, que compitió con la expresidenta y senadora Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015) como compañera de fórmula, se ha convertido en presidente electo al obtener más del 48 % de los votos.

Con una participación que superó el 80 % en un país de 44,9 millones de habitantes, el líder de la alianza opositora Frente de Todos obtuvo 12,4 millones de sufragios, mientras que el presidente Mauricio Macri, referente del espacio Juntos por el Cambio, recibió dos millones menos de apoyos.

Tras una campaña electoral muy polarizada, el actual mandatario mejoró su desempeño con respecto a las elecciones primarias del 11 de agosto, cuando el binomio Fernández se impuso por más de 15 puntos porcentuales de diferencia.

En esta oportunidad, Macri y su candidato a vice, el senador peronista Miguel Ángel Pichetto, recortaron la ventaja a la mitad al alcanzar más de 2,3 millones de nuevos votos, mientras que el peronismo aglutinado en el Frente de Todos sumó sólo 267.700.

Pese a mejorar su desempeño, el oficialismo no pudo retener la principal provincia del país, Buenos Aires, donde vive casi el 40 % de la población. La actual gobernadora, María Eugenia Vidal, perdió con el 37,3 % de las papeletas frente al respaldo del 52,2 % que sacó el exministro de Economía Axel Kicillof, un porcentaje similar al que consiguió Fernández en este distrito.

La ciudad de Buenos Aires, en cambio, continuará como bastión macrista al conseguir su reelección el delfín del mandatario, Horacio Rodríguez Larreta, que en 2015 sucedió al actual presidente al frente de la alcaldía.

La segunda provincia de Argentina en importancia por la que el oficialismo no oculta su predilección, Córdoba (centro), otorgó a Macri más de 30 puntos de ventaja sobre Alberto Fernández. El gobernante también fue el más votado en otras cuatro provincias: Entre Ríos (este), Mendoza (oeste), Santa Fe (centro-este), y San Luis (centro). Fernández conquistó las otras 17 jurisdicciones del país.

En estas elecciones también se renovaban la mitad de los escaños en la Cámara de Diputados y un tercio de las bancas del Senado. El peronismo logró lo que no tuvo el actual Gobierno en esta legislatura: mayoría propia en la Cámara Alta, que será presidida por Cristina Fernández. No será así en la Cámara Baja, donde las dos fuerzas principales están prácticamente empatadas.

Lo que viene

En un gesto de responsabilidad institucional ante la grave crisis económica y social que atraviesa el país, Mauricio Macri reconoció enseguida la victoria de Alberto Fernández y lo invitó a desayunar este lunes en la sede del Ejecutivo, la Casa Rosada, para facilitar la transición de cara al 10 de diciembre, cuando las nuevas autoridades tomarán posesión de su cargo.

Los dos dirigentes intentan así evitar que el país se vea envuelto en una nueva zozobra financiera cuando comiencen a operar los mercados. Tras las elecciones primarias que tuvieron lugar hace casi tres meses, el peso argentino se depreció en sólo una semana 23,3 %, lo que a continuación encareció los bienes y servicios en una nación que ya arrastra una inflación interanual del 53,5 %.

Atento a esto, el Banco Central anunció a medianoche que hasta diciembre las personas físicas sólo podrán adquirir 200 dólares mensuales si tienen cuenta bancaria, y 100 dólares si pretenden adquirir la divisa en efectivo. Hasta ahora regía un límite de compra de 10.0000 dólares por mes, entre otras restricciones que, por ejemplo, obligan a pesificar el cobro de servicios en la moneda estadounidense.

La necesidad de alcanzar consensos se pone a prueba ante una recesión económica que ha empujado a la pobreza a cuatro millones de personas en el último año y ante el ajuste en las cuentas públicas al que obliga el Fondo Monetario Internacional, que accedió el año pasado a prestarle a Argentina el mayor crédito que ha otorgado en su historia: 56.300 millones de dólares.

Lo ha advertido la vicepresidenta electa tras conocer el triunfo de su espacio: el próximo Gobierno “va a requerir de esfuerzos inimaginables” ante una “una provincia (Buenos Aires) y un país arrasado más allá del marketing”. Lo ha reconocido también Alberto Fernández.
 
“Los tiempos que vienen no son fáciles”, admitió ante una militancia eufórica que bailaba y celebraba su victoria.

* Artículo publicado en el diario Público de España.





Desafíos del nuevo presidente electo de Argentina


El presidente electo de Argentina, el peronista Alberto Fernández, reconoce que tiene por delante un Gobierno complicado. El endeudamiento y la falta de confianza en la solvencia financiera del país, que han cerrado cualquier vía de financiación externa, se configuran como las dificultades más urgentes que debe afrontar la próxima gestión para estimular una economía deprimida y evitar la escalada de la pobreza y la desigualdad.



Quizás por eso Fernández ha evitado revelar durante estas semanas quiénes formarán parte de su Gobierno. La prioridad ahora consiste en que el actual presidente del país, Mauricio Macri, pueda llegar al final de su mandato, que expira el 10 de diciembre. Para que el país transite estas semanas sin desmoronarse, ambos líderes están obligados a trabajar en conjunto y a tratar de apaciguar los ánimos de las dos fuerzas que representan, ya de por sí muy polarizadas.

En primer lugar, los dos dirigentes podrían abocarse a renegociar juntos con el Fondo Monetario Internacional (FMI) los términos del acuerdo que el Ejecutivo saliente acordó con la entidad el año pasado.

Se trata del préstamo más grande concedido por el organismo multilateral en toda su historia: 56.300 millones de dólares, de los que ha entregado hasta el momento 44.400 millones.

En base al programa de contingencia firmado en junio de 2018 que hubo que ampliar y renegociar tres meses después, el Fondo se comprometió a entregar 5.421 millones de dólares para mediados de septiembre. Ese dinero nunca fue transferido a Argentina, a la espera de que lo que sucedería en estas elecciones.

El líder del espacio opositor Frente de Todos, que llegará al Gobierno con la expresidenta y senadora Cristina Fernández como vicepresidenta, ha mantenido un tono duro con el FMI durante su campaña electoral, al punto de responsabilizarlo junto a Mauricio Macri del “estrago” que han causado en la economía argentina.

Tras una reunión que mantuvo con una delegación del organismo a finales de junio, Alberto Fernández advirtió que se habían fugado al exterior más de 30.000 millones de los 39.000 millones de dólares que fueron transferidos hasta el 30 de mayo. El dirigente peronista acusó al FMI de violar su propia Acta Constitutiva, dado que el artículo VI señala que "ningún miembro podrá utilizar los recursos generales del Fondo para hacer frente a una salida considerable o continua de capital".

Más allá del reparto de culpas, Fernández no esperará hasta su asunción formal para intentar aliviar el peso de la deuda externa. Sólo para 2020, el país afronta vencimientos de deuda por unos 22.000 millones de dólares. Sin otros acreedores externos, el presidente electo está forzado a dialogar con el FMI, institución que a su vez enfrenta un enorme descrédito por el fracaso de los programas de ajuste que acordó con el Gobierno saliente en pos de conseguir un equilibrio en las cuentas públicas.

La principal incógnita es cómo hará el futuro gobernante para estimular una economía vapuleada por un año y medio de recesión y reducir una inflación interanual del 53,5 % sin que el país tenga acceso a otras fuentes de financiamiento.

La situación de precariedad social que debe encarar Fernández también es muy delicada, con un 35,4 % de la población que malvive en la pobreza, unos 15,9 millones de habitantes. Uno de cada dos niños y adolescentes se ve privado de las garantías mínimas para subsistir con dignidad. Alberto Fernández ha prometido que será una política de Estado el combate contra el hambre al hacer énfasis en la vergüenza que supone para el país el hecho de que pueda alimentar a 400 millones de personas pero no garantice lo indispensable para vivir a su propia población.

Energía y derechos básicos

El próximo presidente de Argentina dice estar preocupado por el cambio climático al tiempo que esboza entre sus prioridades un plan para potenciar la explotación del principal yacimiento de hidrocarburos no convencionales que tiene el país en la provincia de Neuquén (suroeste), Vaca Muerta, que también fue crucial para el Gobierno de Mauricio Macri. El desarrollo de la minería también tendrá un papel jerárquico.

En el octavo país más grande del mundo, que además presenta condiciones óptimas para expandir la industria eólica o la solar, el líder peronista promete no descuidar las energías renovables, una industria que fue impulsada durante la actual gestión y que consiguió que el 5,9 por ciento de la generación eléctrica provenga de estos recursos.

En el ámbito social, Fernández no tendrá tantos pruritos ideológicos como Macri para garantizar ciertos derechos básicos. El movimiento feminista en Argentina no dejará que pase 2020 sin que se debata en el Congreso la legalización del aborto seguro y gratuito.

Por sus declaraciones, no parece que el presidente electo vaya a desplegar una política punitivista en torno a los estupefacientes. Está a favor de discutir su despenalización, bajo la óptica de que “la guerra a las drogas ha fracasado”.

Para conseguir tramitar estas iniciativas y otras medidas de carácter social en el Congreso, Fernández deberá seducir a los 23 gobernadores que tiene el país y que son influyentes sobre buena parte de los legisladores del parlamento. El dirigente peronista ha subrayado el perfil federal que tendrá su próximo Gobierno al afirmar que gobernará con todos ellos, pero los mandatarios provinciales suelen ser reticentes a impulsar cambios de esta índole por temor a que se erosione su apoyo popular en sociedades del interior que por lo general suelen ser más conservadoras.

* Artículo publicado el diario español Público.




domingo, 27 de octubre de 2019

Macri busca la segunda vuelta en Argentina ante la unidad del peronismo


No hay resquicio de duda sobre la victoria que logrará en las elecciones generales el abogado peronista Alberto Fernández junto a su compañera de fórmula, la expresidenta y senadora Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015). Sólo algunos dirigentes cercanos al presidente Mauricio Macri, y quizás el propio mandatario, imaginan un escenario en el que el oficialismo se aproxime lo suficiente a su rival para forzar una segunda vuelta.
Macri al momento de votar este domingo en Buenos Aires.

En la puesta en escena de esa ensoñación, Macri ha mostrado un entusiasmo ferviente para intentar reducir los más de 15 puntos de ventaja que logró Fernández en las elecciones primarias del pasado 11 de agosto. Su campaña “Sí se puede” lo hizo visitar 30 ciudades del país durante las últimas semanas con un sólo afán del que se hicieron eco sus seguidores: “Mauricio la da vuelta”.

Las multitudes que acompañaron al presidente durante su gira proselitista son la imagen buscada por el Gobierno para motivar al electorado y conseguir una participación histórica como la que hubo en los comicios que consagraron tras la última dictadura (1976-1983) al primer presidente democrático, Raúl Alfonsín (1983-1989).

Pero la convulsión que atraviesan Chile y Bolivia por estos días, y que sacudió con anterioridad a Perú y después a Ecuador, tiene su correlato en Argentina a través de las convocatorias electorales que dan cuenta del deterioro social y económico que abocó el Gobierno de Macri a segmentos cada vez más vastos de la sociedad.


Desigualdad y deuda

“Hay una estrategia de planificación de la desigualdad que se viene sosteniendo en el tiempo y que hace que un país que tiene todas las condiciones para resolver los problemas sociales que presenta no lo haya podido hacer”, razona en diálogo con Público el exdiputado y economista Claudio Lozano. “No hay ninguna razón para que en Argentina haya hambre, cuando es una potencia alimentaria, ni pobreza, cuando tiene capacidad para que no exista”.

El actual Gobierno terminará su legislatura con índices de pobreza e indigencia más altos de los que se encontró al llegar. La primera afectará por entonces al 37 % de la población (16,5 millones de personas) y la segunda alcanzará al 8,3 por ciento (3,7 millones). El desempleo llegó a su tasa más alta en estos cuatro años de gestión (10,6 por ciento, representativo de 2,1 millones de personas), pero el porcentaje de población que busca trabajo aunque lo tenga supera el 29 por ciento (5,9 millones de habitantes).

El mayor deterioro se sintió en el último año. Desde que el Gobierno firmó a mediados de 2018 un rescate con el Fondo Monetario Internacional (FMI) de 56.300 millones de dólares, “hay 5,2 millones de pobres más, derrumbe social que implica que por cada persona que nace en nuestro país, nueve pasan a situación de pobreza”, destaca el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas que dirige Lozano.

“Argentina está viviendo un final anunciado de un tipo de políticas denominadas neoliberales pero que se sostienen en el criterio de la apertura comercial y financiera de carácter irrestricto, tanto para el ingreso de bienes como para el ingreso y egreso de capitales”, resume Lozano. “Esto es acompañado de procesos de fuerte desregulación de la actividad económica con tendencias privatistas sostenidas con grandes procesos de endeudamiento”.

En diciembre de 2015, cuando asumió la actual administración, la deuda externa pública y privada era de 170.625 millones de dólares, por lo que en estos casi cuatro años aumentó 82 % hasta alcanzar los 310.800 millones de dólares, el 68 % del PIB.

El Gobierno presume de haber conseguido su principal compromiso con el FMI: reducir los gastos del Estado frente a los ingresos al 0,1 % del PIB en lo que va de año. Claro que si se cuentan los intereses de deuda, el déficit financiero llega al 2,1 por ciento del producto interior bruto.

Lozano lo presenta de otra manera. “El pago de intereses de deuda representa el 30 % del gasto de la administración nacional, que tiene 29 funciones, de las cuales una sola, la de la deuda, equivale a 24”. Ese monto “más que duplica el gasto en seguridad social, más que triplica el gasto en educación, y duplica el gasto en salud. Es once veces el gasto en promoción y asistencia social, 16 veces la inversión en ciencia y tecnología, 26 veces la de vivienda. La prioridad exclusiva y excluyente del presupuesto nacional es el gasto en intereses de deuda pública”.

Ajena a los números finitos sobre finanzas, la sociedad ha visto cómo se pulverizaba su poder adquisitivo con una inflación del 53,5 % interanual en un contexto de polarización política conocida como “grieta” que no ha mermado desde que la expresidenta Cristina Fernández abandonó el poder.


Peronismo unido

Como líder del peronismo que acaricia de nuevo su vuelta al poder se afianza Alberto Fernández, que fue jefe de gabinete en los cuatro años que gobernó el fallecido Néstor Kirchner (2003-2007) y en los siete primeros meses de la legislatura de Cristina Fernández, hasta que renunció por diferencias con la expresidenta.

Desde aquel momento y durante una década, ambos líderes se mantuvieron distanciados, pero tras reencontrarse hace unos meses, la exmandataria convocó a Fernández para liderar la principal fuerza opositora del país.

A lo largo de este último tiempo, el dirigente peronista ha consolidado su relación con gran parte de los gobernadores del país, cuya influencia se extiende hasta el Congreso a través de los diputados y senadores que les responden.

Con la promesa de erradicar el hambre y de poner al país “de nuevo en pie”, será difícil que el líder de la alianza opositora Frente de Todos no se convierta este domingo en el presidente electo de Argentina. Para ello debe obtener al menos el 45 % de los sufragios o alcanzar el 40 % y lograr una ventaja mayor a 10 puntos porcentuales sobre Macri.

En estas elecciones también se renuevan la mitad de los escaños de la Cámara de Diputados, 130, y un tercio de los asientos del Senado, 24, en representación de ocho provincias.

En paralelo, el peronismo medirá su influencia en cuatro distritos del país que eligen a sus respectivos mandatarios provinciales. La provincia de Buenos aires (este), la más poblada del país, abandonará a su actual gobernadora, la oficialista María Eugenia Vidal, para depositar su confianza en el exministro de
Economía del Gobierno anterior, Axel Kicillof. Hay más incertidumbre sobre lo que pueda pasar en la capital argentina, donde también espera reafirmarse en su cargo quien sucediera a Macri en 2015, Horacio Rodríguez Larreta, pero no así en las provincias de Catamarca (noroeste) o en La Rioja (noroeste), donde gobierna el peronismo desde 1983.

 Haya o no una segunda vuelta el próximo 24 de noviembre, el próximo presidente asumirá su cargo el 10 de diciembre por los próximos cuatro años.




* Artículo publicado el domingo en el diario Público de España.

sábado, 31 de agosto de 2019

Argentina revive el fantasma de otro colapso socioeconómico


En medio de una zozobra económica sin precedentes en su gestión, el presidente Mauricio Macri estableció un control de capitales y una extensión de los vencimientos de deuda en el afán desesperado de enderezar su Gobierno con la esperanza de llegar al final de su legislatura.


 
En un artículo que lleva por título “Los Sobrevivientes”, el periodista Martín Rodríguez sostiene que el macrismo se ha incorporado a las desilusiones argentinas. “Escuchen ese ruido”, señala al estilo Albert Rivera. “Es el ruido de lo que estamos arrastrando: el macrismo al galpón argentino de los fracasos”.

Desde el regreso de la democracia en 1983, todos los Gobiernos no peronistas se malograron antes de llegar al término de su gestión. Sucedió con el expresidente Raúl Alfonsín (1983-1987), que tuvo que adelantar las elecciones y la entrega de mando acorralado por una hiperflación. Ocurrió también con el exmandatario Fernándo de La Rúa (1999-2001), que abandonó la sede del Ejecutivo en helicóptero después que colapsara el sistema bancario y dejara el país al borde del cese de pagos.

El tercer Ejecutivo no peronista en llegar al poder es el de Mauricio Macri, sobre el que sobrevuelan dos temores ya conocidos por los argentinos: la posibilidad de un cese de pagos total, y el riesgo de una hiperinflación.

A más de cuatro meses de que termine oficialmente su mandato, el Gobierno improvisa medidas desesperadas a golpe de timón ante el colapso de todas las variables económicas. El Banco Central se decidió al fin a establecer algún control sobre la salida de capitales y anunció este viernes que los bancos sólo podrán girar dólares al exterior previa autorización del organismo.

En una economía completamente desregulada, la fuga de divisas en los tres años y medio que lleva Macri en el poder supera el préstamo negociado en 2018 con el Fondo Monetario Internacional (FMI) por valor de 57.000 millones de dólares. 

El Gobierno todavía no sabe si la entidad desembolsará en septiembre su penúltimo desembolso por 5.400 millones de dólares.

Porque una vez más, el país sudamericano se encuentra ante un “default técnico” o “selectivo”, según quién adjetive el cese de pagos anunciado esta semana. El nuevo ministro de Economía, Hernán Lacunza, ha pedido al FMI una prórroga en los plazos de pago del crédito otorgado por el organismo. El Gobierno también anunció una extensión de los vencimientos de la deuda de corto plazo, una postergación de los títulos bajo ley extranjera, y adelantó que enviará al Congreso un proyecto para prolongar los plazos de los bonos bajo ley nacional.

Que hayan pasado dos días hábiles desde el anuncio de esta última medida sin que la iniciativa llegue al Parlamento da cuenta de la improvisación con la que reacciona un Ejecutivo acorralado por su propia inoperancia, a sabiendas de que se le escabulle la poca capacidad de reacción que tiene para calmar la crispación financiera.

El actual descalabro económico se desató a partir de las elecciones primarias del 11 de agosto, cuando Macri sufrió una derrota descomunal de más de 16 puntos de diferencia ante el abogado peronista Alberto Fernández y la expresidenta Cristina Fernández (2007-2015), que lo acompaña como candidata a la vicepresidencia.

Pero las razones de este desmoronamiento se implantaron desde el comienzo de la gestión de Macri, cuando abrió el país a la entrada y salida libre de capitales, quitó a los exportadores la restricción de liquidar sus dólares en el mercado local y, de manera paulatina, llevó a la nación a un endeudamiento externo que se desbocó con el paso de los meses.

Sin credibilidad ninguna, el presidente subasta ahora los últimos jirones que le quedan de credibilidad en su intento de contener la depreciación de la moneda local, que desde las elecciones primarias perdió un 32 por ciento de su valor. Sólo en la víspera, el Banco Central liquidó casi 2.000 millones de dólares. A la entidad monetaria apenas le quedan 54.000 millones de dólares de reservas, 12.000 millones menos que hace tres semanas. A este ritmo, los economistas saben que el Gobierno no llega a las elecciones generales del 27 de octubre.

Mientras tanto, el riesgo país, que mide la sobretasa a la que puede financiarse un país en los mercados internacionales, superó este viernes los 2.500 puntos, un récord que no se había alcanzado en los últimos 14 años. En el país promercado que Macri trató de vender a su “mundo”, las agencias de calificación Moody's and Fitch han rebajado la calificación soberana de deuda al desconfiar de la capacidad de pago de Argentina.

Con una inflación del 54,4 por ciento interanual, el Gobierno asiste alarmado al hundimiento de su programa económico del que salió como garante el FMI, el último financiador externo que le queda. Argentina tiene en su memoria colectiva la conmoción que han desencadenado colapsos económicos anteriores. La congoja es mayor ante la sombría perspectiva que presenta el porvenir inmediato de esta nación. Su tejido social se encuentra dañado por una recesión violenta que ha empujado a la pobreza a cuatro millones de personas en el último año y que ha visto caer a otro millón más en la indigencia.



* Artículo publicado en el diario español Público el 31 de agosto de 2019






sábado, 17 de agosto de 2019

Argentina se envuelve en la incertidumbre de otro colapso económico

Las elecciones primarias del pasado domingo en las que el presidente Mauricio Macri fue derrotado por un amplio margen dieron paso a una semana turbulenta que ha llevado al Gobierno a reaccionar con medidas paliativas contrarias a su sesgo ideológico.


Los argentinos echan cuentas. Faltan diez semanas para las elecciones generales y seis más para que concluya la actual legislatura del presidente Mauricio Macri. Una vida, si se toma en perspectiva la vertiginosa semana que acaba de concluir y que invita a pensar en qué centro de gravitación particular se mueve Argentina para que una ciudadanía habituada a las crisis se haya visto a las puertas de un nuevo descalabro.

La actual coyuntura se desencadenó tras las elecciones primarias del pasado domingo, en las que la fórmula opositora Frente de Todos, liderada por el peronista Alberto Fernández y la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015), sacó más de 15 puntos de ventaja a la alianza oficialista Juntos por el Cambio con la que Macri aspira a la reelección por otros cuatro años.

Ninguna encuesta había previsto que los Fernández fueran a imponerse por una abrumadora diferencia por sobre la coalición gobernante. La conmoción que sacudió al oficialismo tomó cuerpo al día siguiente, cuando los mercados hundieron las acciones argentinas, dispararon el riesgo país de los 872 a los 1.467 puntos y depreciaron el peso argentino un 32 por ciento de un solo golpe, aunque luego se revirtiera al 19 por ciento.

En la rueda de prensa que brindó aquel lunes, un Macri desencajado atribuyó la turbulencia económica a su principal rival por considerarlo un fiel representante del kirchnerismo, la fuerza que lo precedió en el poder y gobernó durante doce años, con el fallecido Néstor Kirchner (2003-2007) primero, y con Cristina Fernández (2007-2015) después.

El jefe de Estado llegó incluso a culpar al electorado por votar como lo hizo; negó que las elecciones hubieran ocurrido, puesto que no se habían elegido cargos sino candidaturas, y advirtió que la inestabilidad que volvía a sumir al país en la incertidumbre era “sólo una muestra” de lo que podía pasar si volvía el kirchnerismo.

En el margen de dos días, el peso argentino se depreció otro 14,5 por ciento y el riesgo país escaló hasta los 1.957 puntos. De nada sirvió que el mandatario emitiera el miércoles un mensaje de disculpas antes de que abriera la Bolsa de Buenos Aires y anunciara una batería de medidas económicas para amortiguar la pérdida de poder adquisitivo de la población.

Fueron momentos de congoja. El presidente apareció sin autoridad y vaciado de poder precisamente ante los mercados en los que él había depositado su confianza desde el primer minuto de su Gobierno para que Argentina tuviera en algún momento acceso al crédito y a las inversiones. Fue determinante que apareciera un Alberto Fernández conciliador que atendió la llamada telefónica del presidente y se mostró dispuesto a reunirse con él para calmar la turbulencia financiera en las postrimerías de esta semana.

Con el correr de las horas, el jefe de Estado parece haber recobrado cierta compostura al anunciar varias medidas económicas que tienen por fin paliar la subida del dólar, pues la brusca depreciación del peso argentino llevó a que en estos días los precios aumentaran un promedio del 15 por ciento.

Entre otras acciones de carácter impositivo, Macri congeló por tres meses los precios de los combustibles y eliminó hasta fin de año el IVA de diversos productos de la canasta básica, entre los que abundan los hidratos de carbono y no tanto las proteínas.

Dispuesto a no dar por perdidas sus aspiraciones electorales, Macri se ha revuelto contra los ejes que han marcado su propia gestión durante estos tres años y medio al traicionar su propia política económica, monetaria y fiscal.

El dólar, que tenía una zona de flotación delimitada con un mínimo y un máximo, sobrepasó el límite superior de 51,45 pesos argentinos sin que el Banco Central pestañeara. Pero la principal deslealtad que arrastra el Ejecutivo es con el único acreedor de Argentina. El Fondo Monetario Internacional (FMI) otorgó un crédito de 57.000 millones de dólares al mismo Gobierno que ahora hace saltar por los aires su compromiso de equilibrar el déficit fiscal primario.

La catarsis de paliativos económicos anunciados esta semana abrirán un agujero fiscal de unos 100.000 millones de pesos (1.560 millones de euros), según estimaciones locales, sin que el Gobierno haya previsto un aumento de los ingresos para compensar los gastos.

La debacle económica de esta semana terminó con una contracción del peso del 23,3 por ciento y un acomodamiento en los 1.658 puntos del riesgo país, que marca la sobretasa de interés que paga cada país para financiarse en el mercado internacional.

En medio de rumores sobre un eventual cambio de ministros en el Gobierno que hasta el momento no se ha concretado, este país volverá una vez más sus ojos al mercado la semana que viene para tomar el pulso a la decisión de dos calificadoras de riesgo, Fitch y Standard&Poor's, de rebajar este viernes la calificación crediticia del país.

Otro capítulo de consecuencias imprevisibles se abrirá entonces, con un Gobierno que no se reconoce a sí mismo y dentro del cual pugnan dos tensiones: el afán de controlar el descalabro económico del que pende Argentina, y la ansiedad electoralista que no da por perdida una batalla librada desde el Estado.


* Artículo publicado en el diario español Público.

lunes, 12 de agosto de 2019

Macri entierra sus aspiraciones de ser reelecto en Argentina



La alianza opositora liderada por el peronista Alberto Fernández, que lleva de candidata a vice a la expresidenta Cristina Fernández, arrolló por 15 puntos porcentuales de diferencia a la fuerza del presidente argentino en las elecciones primarias celebradas este domingo.



Sin mayor poder que la confianza que le otorgó hace unos meses la expresidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015), el abogado peronista Alberto Fernández arrasó con el 47,3 % de los votos, frente al 32,2 por ciento de los sufragios que obtuvo el actual presidente, Mauricio Macri, en las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) celebradas en la víspera en todo el país.

Es decir, más de quince puntos porcentuales de diferencia consiguió la coalición opositora liderada por los Fernández, el Frente de Todos. La alianza oficialista Juntos por el Cambio sólo ganó en la provincia de Córdoba y en la capital argentina, respectivamente el segundo y el cuarto distrito más poblados del país. En los otras 22 jurisdicciones de Argentina, el rechazo al Gobierno fue incuestionable.

Tras casi cuatro años en el poder, será casi imposible que Mauricio Macri pueda revertir los más de 3,4 millones de votos que sacó de ventaja su principal adversario, quien fue jefe de gabinete en el Ejecutivo del expresidente Néstor Kirchner (2003-2007), fallecido en 2010, y en los siete meses iniciales de la gestión de Cristina Fernández, que lo acompaña como postulante a la vicepresidencia.

A once semanas de las elecciones generales que tendrán lugar el 27 de octubre, las aspiraciones de del actual jefe de Estado de lograr un segundo mandato se han disuelto como si de un espejismo se tratase. Una vez más, ningún sondeo ni boca de urna anticipó este resultado traumático e inesperado para el oficialismo en este país de 44,3 millones de habitantes.

Las encuestas menospreciaron el impacto de la recesión económica que padece Argentina desde hace un año, lo que llevó al Gobierno a ponerse en las manos del Fondo Monetario Internacional (FMI) para pedir un préstamo de 57.000 millones de dólares, el mayor crédito que ha otorgado el organismo multilateral en toda su historia.

El presidente Macri, con 60 años, ha recibido un castigo abrumador en una nación que tiene en la pobreza a 13,8 millones de personas, equivalentes al 34,1 % de la población, un porcentaje que un año atrás era del 25,5 por ciento. En paralelo, la indigencia trepó del 4,9 por ciento al 7,9 por ciento entre el primer trimestre de 2018 y el de 2019.

Cuando asumió al frente del Gobierno, Macri pidió ser juzgado por su capacidad para reducir la pobreza. Durante su gestión, el mandatario se mostró más preocupado por equilibrar el déficit fiscal y por realizar un ajuste económico, tal y como sugería el FMI, mientras una inflación desbocada llegaba al 55,8 % interanual y el endeudamiento externo escalaba hasta arañar el 90 % del Producto Interno Bruto (PIB).

El mandatario ha sido derrotado hasta en la provincia de Buenos Aires, la más importante y poblada del país, donde vive casi el 37 por ciento de los habitantes. En esta jurisdicción, clave en cualquier proceso electoral, su batacazo fue aún más doloroso, al perder por 20 puntos de diferencia. La joya del Gobierno macrista y actual gobernadora de este distrito, María Eugenia Vidal, perdió con el 32,6 % de los votos frente al 49,2 % que alcanzó el candidato del Frente de Todos, Axel Kicillof.

Peronismo imbatible

La fórmula Fernández-Fernández ha conseguido así una victoria estrepitosa. En un país tan polarizado como lo es Argentina, Cristina Fernández pensó que una fórmula electoral liderada por un perfil más moderado podría espantar menos votos que una encabezada por ella.

Quizás por eso la actual senadora, que gobernó durante dos legislaturas consecutivas antes de que Macri la reemplazase en el Poder Ejecutivo, se escabulló de la primera línea política y designó como candidato a presidente a Alberto Fernández.

Esa decisión, anunciada hace sólo tres meses, dejó atónito al país, pues su exjefe de gabinete no tenía peso electoral propio. Durante toda la campaña electoral, de hecho, este abogado de 60 años fue interpelado hasta el cansancio por el distanciamiento que lo mantuvo alejado de Cristina Fernández durante los últimos diez años y por las críticas acérrimas que dedicó a la segunda administración de su ahora candidata a vicepresidenta.

Las PASO, instauradas en 2009 durante el Gobierno de la exmandataria, fueron concebidas en su origen como una instancia electoral previa a las elecciones generales para que dirigentes dentro de una misma alianza política dirimieran en internas su liderazgo.

En la práctica, estos comicios sólo retiraron de la disputa electoral a cuatro de las diez agrupaciones que no llegaron al 1,5 por ciento de los votos necesarios para poder presentarse a los comicios de octubre.

En las próximas elecciones no sólo se elegirán a los representantes del Poder Ejecutivo, sino que además se renueva la mitad de los escaños de la Cámara de Diputados y un tercio de las bancas del Senado.

Con toda probabilidad, Mauricio Macri será el primer presidente no peronista en concluir su mandato en el contexto de un proceso democrático. A raíz de la reforma constitucional de 1994 que permite la reelección, el jefe de Estado también se convertirá, con la misma certeza, en el primer mandatario de la historia argentina en naufragar en su intento de revalidar su gestión.

* Artículo publicado  en el diario Público de España el 12 de agosto de 2019.

lunes, 20 de mayo de 2019

Cristina Fernández sorprende a Argentina al postularse a la vicepresidencia


La exmandataria y actual senadora altera el escenario político al anunciar su decisión de ocupar el segundo lugar de la fórmula que encabezará su exjefe de gabinete Alberto Fernández en las elecciones presidenciales de octubre.

Cristina Fernández de Kirchner y Alberto Fernández (Foto de archivo)
 
La expresidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015) logró desconcertar este sábado a un país acostumbrado a los eventos políticos inesperados. Cuando se especulaba si se presentaría a las elecciones presidenciales del próximo 27 de octubre o si renunciaría a todo tipo de candidatura, la senadora desveló que su apuesta electoral será la vicepresidencia de una fórmula liderada por Alberto Fernández, hombre de confianza del fallecido expresidente Néstor Kirchner, que lo tuvo como jefe de gabinete durante los cuatro años que duró su Gobierno (2003-2007).
Ese principio siempre remanido y repetido y tantas veces incumplido del peronismo de: 'Primero la Patria, después el movimiento y por último los hombres', bueno… Es hora de hacerlo realidad de una vez por todas. No solo con palabras, sino también con los hechos y, sobre todo, las conductas”, explicó la exjefa de Estado en un mensaje de voz de casi trece minutos difundido en las redes sociales.

Debido a la actual gestión del presidente Mauricio Macri, que atraviesa su cuarto y último año de mandato, “nunca (hubo) tantos y tantas durmiendo en la calle; nunca tantos y tantas con problemas de comida; nunca tantos y tantas desesperados llorando frente a una factura impagable de luz o de gas”, sostuvo.

La legisladora hizo especial énfasis en la deuda externa en dólares contraída durante los últimos tres años, que “es más grande que la que Néstor recibió defaulteada”. Con un agravante: “casi el 40% es con el Fondo Monetario Internacional”, observó. Ante este panorama, es preciso anteponer “los nombres y las ubicaciones personales al desafío de construir una coalición electoral no sólo capaz de resultar triunfante en las próximas elecciones, sino también que aquello por lo que se convoca a la sociedad pueda ser cumplido”.

Cuando esta semana Fernández de Kirchner acudió por primera vez desde 2003 a un encuentro del Partido Justicialista, la histórica formación peronista de Argentina, ya advirtió que era necesario una coalición de Gobierno que superara la electoral. En ese contexto, la expresidenta se puso a disposición para integrar esa iniciativa “en el lugar que sea", según confirmaron a Público fuentes de la exmandataria en ese momento.

Un operador político hacia la presidencia

Al comenzar su Gobierno en 2007, la entones mandataria mantuvo al frente de la jefatura de gabinete a Alberto Fernández, un peronista que siempre estuvo más abocado al armado político que a la disputa por los cargos públicos y que, sin embargo, apenas resistió seis meses más en su puesto. El fiel escudero de Néstor dimitió después del conflicto del Ejecutivo con el sector agropecuario tras su intento de aumentar los impuestos a las exportaciones. Sólo tiempo después, este hombre, que hoy tiene 60 años, desvelaría sus desavenencias con la exjefa de Estado al punto de ser uno de sus principales críticos, sobre todo con su segunda legislatura, entre 2011 y 2015.

La dirigente opositora con mayor intención de voto en las encuestas electorales, con un caudal incluso mayor que el de Mauricio Macri, es también consciente de que dentro de una sociedad polarizada genera aversión en una franja considerable de la ciudadanía. Para superar esa brecha confía en Alberto Fernández, con el que estuvo peleada durante una década. El exjefe de gabinete, que ayudó a gestar el kirchnerismo como fuerza nacional, vuelve ahora para intentar ampliar una alianza que había quedado limitada a sus adeptos más acérrimos.

La fórmula Fernández-Fernández establece así una nueva estrategia al tratar de seducir al electorado que se sitúa en el centro y que no se siente identificado con la denominada grieta que polariza entre Macri y su predecesora.

El momento elegido por la expresidenta para sacudir el tablero político tampoco es casual, a sabiendas de un lastre que arrastra su candidatura. El próximo martes la senadora será fotografiada cuando se siente por primera vez en el banquillo de los acusados para ser juzgada por corrupción en los tribunales federales de Buenos Aires. El juicio dilucidará sus responsabilidades por el supuesto direccionamiento de la obra pública concedida al detenido empresario Lázaro Báez en la provincia de Santa Cruz (sur) durante su Gobierno. Éste será el primero de otros debates orales que afrontará la exmandataria, pero no el único, pues otras causas ya han cerrado su etapa de instrucción y han sido elevadas a juicio.

Macri descolocado

Este giro político obliga al actual presidente a meditar sus próximos pasos. Mauricio Macri, que ha manifestado su intención de revalidar su cargo en las urnas y cuya táctica electoral consistía en rivalizar con la exmandataria, descubre de repente que su principal adversaria hace exactamente lo que dentro de la coalición gobernante algunas voces disonantes le piden a él: que dé un paso al costado, lastrada como está su imagen por la crisis económica, y abra el espacio a una opción más competitiva.

Al conocer la noticia, sin embargo, el mandatario no dijo nada muy distinto de lo que ya repite como una letanía en sus actos. "Volver al pasado sería autodestruirnos", dijo, un mensaje en el que reincidieron con variaciones monocordes otros funcionarios de su administración.

Del otro lado, un peronista que había anunciado su intención de postularse este año a la jefatura de Estado, el exgobernador de Buenos Aires Felipe Solá, celebró la decisión de la expresidenta. Otro de los precandidatos presidenciales para los comicios de octubre, Sergio Massa, reconoció su respeto por la figura de Alberto Fernández, que fue su jefe de campaña cuando en 2015 compitió contra Macri y contra el candidato designado por la entonces mandataria para sucederla en el cargo, Daniel Scioli.

Todavía faltan cinco meses para las elecciones, y eso es mucho tiempo en Argentina. Éste es un país testigo de algunos cambios que se producen de manera vertiginosa y de otras vicisitudes que tardan más en aparecer en el horizonte. Sí es evidente que la próxima administración tendrá por delante una situación económica y social nada amable de gestionar, con recursos económicos limitados, y dependiente de una coyuntura internacional impredecible.

* Artículo publicado el sábado 18 de mayo en el diario español Público.

viernes, 3 de mayo de 2019

Una huelga en Argentina desafía a Macri en pleno año electoral

La primera medida de fuerza de este 2019 contra el presidente Mauricio Macri para protestar por las políticas de su Gobierno en plena recesión económica consiguió movilizar a decenas de miles de personas, pero el paro no fue general al no sumarse la central obrera más importante del país.

Manifestantes regresan de la Plaza de Mayo donde se celebró el acto principal de la marcha (A.D.P)
Sin clases en colegios y universidades públicas, sin atención en oficinas públicas y entidades bancarias, y con gran parte del transporte paralizado, un conjunto de sindicatos con el apoyo de las dos ramas de la Central de Trabajadores de Argentina (CTA) intentó convocar una huelga general en Argentina de la que se desentendió la principal central obrera del país, la Confederación General del Trabajo (CGT).

“Somos uno de los sectores más perjudicados de las políticas de este Gobierno. Quedamos 3.000 trabajadores desde que asumió esta gestión, cuando éramos 5.000”, comentó a Público Daniel Sánchez, secretario adjunto del Sindicato Argentino de la Manufactura del Cuero. “Tuvimos despidos porque las empresas no pueden llevar adelante el pago de salarios. No hay reactivación económica, los productos de manufactura tienen un sector muy limitado a partir de la apertura de las importaciones, el mercado se achicó, no podemos colocar nuestros bienes dentro del mercado interno, y exportar se hace complicado porque el valor del dólar no es competitivo para el exterior”.

El dirigente sindical resumió así la situación de su sector cuando regresaba de la céntrica Plaza de Mayo de Buenos Aires, donde transcurrió el acto central de la movilización convocada por los organizadores del paro. “Que la CGT no defendiera esta huelga es algo lastimoso y muy doloroso para nosotros, porque la CGT es la gran representantes de los trabajadores. Creemos que es porque tienen algún grado de complicidad con el Gobierno”, sostuvo.

A la manifestación se sumaron partidos de izquierda, como el Frente de Trabajadores de Izquierda (FIT), y entidades sociales y barriales que secundan cada iniciativa contra el Gobierno.

“El paro fue contundente en todo el país, más allá de que algunos funcionarios dicen que no se notó”, reivindicó durante el cierre de la marcha Pablo Moyano, secretario adjunto de Camioneros, uno de los gremios con mayor capacidad de movilización en Argentina que lideró la convocatoria de esta huelga. “El paro ha sido total en algunas provincias”, añadió desde el escenario principal situado frente la Casa Rosada, sede del Ejecutivo.

 

Fractura en los sindicatos

Pese a la movilización que colmó la Plaza de Mayo y la avenidas adyacentes, la fragmentación en Argentina también afecta al sindicalismo. Esa fractura es espejo de la división que existe en el peronismo, el movimiento político más importante del país.

En un año electoral, los gremios más cercanos al kirchnerismo, que sueña su regreso al poder de la mano de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015), se precipitaron a las calles. El peronismo no kirchnerista, más conservador y representado por varios bloques parlamentarios y no pocos gobernadores de la mayoría de las provincias, sigue a la CGT, que ha sido complaciente con el presidente Mauricio Macri en los tres años y medio que lleva en el poder, y que ha quedado en evidencia al no adherirse a la medida de fuerza de este martes.

En la capital argentina y en la provincia de Buenos Aires, la huelga afectó a la mayoría de los servicios de transporte, pero no a todos. Las líneas de ferrocarril no interrumpieron su actividad, representados como están por la Unión Tranviarios Automotor (UTA), adscrito a la CGT. Sí se cancelaron casi todos los vuelos nacionales e internacionales. Buena parte de los autobuses no hicieron su habitual recorrido, mientras que el servicio de metro fue cancelado en su totalidad.

Tampoco hubo actividad judicial, ni funcionó la recolección de basura, el transporte de carga, el servicio de correo, las gasolineras o la atención en oficinas públicas. Los hospitales públicos atendieron con guardias mínimas.
Durante la madrugada fueron quemados unos cinco autobuses de líneas que no se iban a sumar a la huelga, y algunos conductores trataron de paralizar el servicio de las unidades que sí querían trabajar, lo que llevó a que una decena de personas fueran detenidas.

Reacción del Gobierno

Desde el Gobierno, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, adjudicó la quema de automóviles a mafias que a su juicio se convirtieron “en el verdadero riesgo país”. Su par en Transporte, Guillermo Dietrich, afirmo que “muchos sindicatos afines al kirchnerismo buscan generar caos y mediante la violencia buscan que la gente adhiera”.

Mientras el país funcionaba a media máquina, el presidente Mauricio Macri aprovechaba el levantamiento y los enfrentamientos en Venezuela de este martes para desear “que éste sea el momento decisivo para recuperar la democracia” en el país caribeño.

Desplazado por el presidente brasileño Jair Bolsonaro en su afán por liderar al compás de EEUU la arremetida contra Maduro, el jefe de Estado argentino encara la peor etapa de su gestión. La recesión económica mantiene en caída la actividad económica desde mayo de 2018 y la inflación en el último año fue del 54,7%. La depreciación del peso argentino en relación al dólar fue del 104% el año pasado y este año acumula una caída del 17%.

El crédito por 56.300 millones de dólares que el Ejecutivo pactó con Fondo Monetario Internacional (FMI) para contener la volatilidad cambiaria ante un mercado financiero que una vez más desconfía de Argentina se paga con algo más que dinero. El Gobierno debe este año llevar a cero el déficit fiscal primario, después de que en 2018 fuera del 2,4% del PIB, mientras el déficit financiero, que sí cuenta los intereses de deuda, llegó al 5,2% del PIB. Para evitar la dolarización de activos en un mercado completamente desregulado, el Banco Central ofrece bonos con tasas de interés que acarician rendimientos del 74% anual, lo que imposibilita cualquier inversión productiva.

Así ocurre que la pobreza se acentúa: llega al 42% de los habitantes, unos 14,4 millones de personas en un país que supera los 45 millones. Por delante, seis meses hasta las elecciones presidenciales del 27 de octubre en las que Macri aspira a revalidar su cargo. Mientras tanto, Fernández de Kirchner sorprendió la semana pasada con la publicación de un libro que hasta ahora mantuvo en secreto, Sinceramente, y cuya primera edición, de 64.000 ejemplares, se agotó en las primeras horas. Permanece la incógnita de si la expresidenta y senadora se presentará a los comicios, cercada por varias causas judiciales por corrupción y con el primer juicio oral previsto para el 21 de mayo.


* Artículo publicado el 30 de abril en el diario español Público.

lunes, 3 de diciembre de 2018

Argentina culmina con un Macri exultante su presidencia del G20


El cónclave del grupo de los 20 países industrializados y emergentes (G20) concluyó en Buenos Aires sin disturbios que restaran protagonismo al encuentro y con un documento final a favor del sistema multilateral de comercio firmado por todos los participantes, incluido EEUU, que encontró el espacio para dialogar con China.


Mauricio Macri, durante la conferencia de prensa con la que cerró la cumbre del G20 (ADP)

 
Hay imágenes que pasan a la posteridad por ser una síntesis, con mayor o menor justicia, de un momento o de un período en particular. Si hubo una durante la cumbre de líderes del G20 que acogió Argentina fue la de un Mauricio Macri emocionado hasta las lágrimas tras el espectáculo con el que fueron agasajados este viernes los presidentes extranjeros en el emblemático Teatro Colón.
Quizás fue porque estaba en éxtasis rodeado de los mandatarios más poderosos del mundo, porque el primer día de deliberaciones de la cumbre había transcurrido con aparente naturalidad, o porque las desafiantes movilizaciones contra el G20 en esta ocasión habían pasado sin desmanes ni desgracias que lamentar. El caso es que los artistas de la representación contestaron a la ovación del público con el grito de “Argentina, Argentina”, y de repente apareció su mandatario conmovido, aclamado, halagado por el momento de gloria, y consciente de que ese instante tan vibrante, tan perfecto, no se repetiría jamás.
Estas horas deben de ser pletóricas para Macri. Hace no tantas semanas reconocía que los últimos cinco meses habían sido de los peores de su vida, consternado porque su política de “inserción al mundo” había sido acorralada por las turbulencias económicas que ponían en tela de juicio su gestión a solo un año de las elecciones presidenciales.
Pero ahora el presidente, que en total mantuvo 17 entrevistas bilaterales en apenas cuatro días, se ha visto respaldado por los jefes de Estado que llegaron hasta Buenos Aires para participar en la primera cumbre del G20 que se celebra en Sudamérica, incluida una cansada Angela Merkel que aterrizó con un día de retraso tras una avería en el avión que la obligó a trasladarse a Madrid para abordar un vuelo de línea.
Concisión en las ambigüedades

Para alivio de los allí reunidos, finalmente emergió este sábado una declaración final de la cumbre más ligera de texto y con las mismas generalidades a favor del libre comercio que la de cónclave de 2017 en Hamburgo. Había sobrevolado el temor de que el encuentro terminase con un portazo de EEUU de mano de su presidente, Donald Trump, El Foro de Cooperación Económica de Asia Pacífico celebrado hace sólo dos semanas en Papúa, Nueva Guinea, no había podido consensuar un declaración final por primera vez desde su creación hace varias décadas, y ni siquiera el G-7 (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido) pudo sumar a EEUU en su documento de cierre tras su asamblea el pasado mes de junio.
Pero en esta oportunidad, el clima teatralmente armónico de las reuniones de alto nivel se tradujo en un texto de 31 puntos que urgió a reformar la Organización Mundial de Comercio (OMC), asumiendo el fracaso de la última conferencia ministerial celebrada precisamente en Buenos Aires en diciembre del año pasado.
El escrito observó además el rechazo de EEUU al Acuerdo de París de 2015 que establece medidas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, como ya ocurrió en la declaración final que los líderes del G20 consensuaron en Hamburgo.
Por sugerencia del Gobierno de España, único país no miembro del G20 que tiene estatus de invitado permanente, el documento también añadió un párrafo que observó “la importancia de las acciones compartidas para abordar las causas del desplazamiento y para responder a las crecientes necesidades humanitarias". Así se reconocía la existencia de los refugiados y se "enfatizaba la importancia de compartir acciones" para ayudarlos en un acuerdo igual de vago, y por lo tanto, estéril, que el formulado en la cumbre del G20 en 2017, año en que 68 millones de personas tuvieron que huir de sus territorios
Después de que el presidente francés Emmanuel Macron fuera interpelado sobre las revueltas de la víspera en París, el libreto de la cumbre terminó con un epílogo soñado: una cena entre Trump y el presidente chino, Xi Jinping, durante la que acordaron evitar a partir de 2019 nuevos aranceles de los que ya establecieron a sus respectivas importaciones.

* Artículo aparecido el 2 de diciembre en el diario español Público.

sábado, 1 de diciembre de 2018

Trump vuelve a dar la nota durante la inauguración de la cumbre del G20


El presidente estadounidense, Donald Trump, volvió a acaparar la atención con reacciones fuera de protocolo en el marco de este cónclave que reúne a líderes y presidentes de los 20 países industrializados y emergentes.

Acostumbrado a ser el centro de atención, el presidente de EEUU, Donald Trump, ha inaugurado su estadía en Buenos Aires con sus salidas de tono habituales y con un horario particular que él maneja a su antojo.

Para empezar la jornada, el mandatario llegó media hora tarde al encuentro bilateral con el anfitrión de la cumbre, el presidente Mauricio Macri, que lo esperaba desde las 6:55 hora local (10:55 hora española) en la Casa Rosada, sede del Gobierno.

Durante su saludo con Macri, Trump expresó su fastidio ante toda la prensa por la traducción simultánea que intervino durante las declaraciones del presidente de argentino. "Le entendí mejor en su idioma que en mi 'interpretación'", observó antes de dejar caer el dispositivo al suelo.

Durante la entrevista, los dos dirigentes “reiteraron su compromiso compartido de enfrentar los desafíos regionales como Venezuela y la actividad económica depredadora china”, según informó después la portavoz del mandatario estadounidense, Sara Huckabee Sanders.

El ministro argentino de Relaciones Exteriores, Jorge Faurie, trató de bajar el tono del comentario en una rueda de prensa posterior, consciente de que China es el segundo socio comercial de Argentina y no es el momento de contrariar al país asiático. “ "No creo que se haya hablado en esos términos”, atinó a decir, visiblemente incómodo. “El adjetivo 'depredador' corre por cuenta de su comunicado”.

Tras entrevistarse con Macri durante 45 minutos, Trump volvió al hotel y firmó junto a su par de Canadá, Justin Trudeau y de México, Enrique Peña Nieta, un nuevo tratado de libre comercio (TMEC) que reemplaza al Nafta, el pacto vigente desde 1994.

Sus colegas se dirigieron entonces al centro de convenciones Costa Salguero, situado a orillas del Río de la Plata, donde el presidente argentino estaba dando la bienvenida a cada presidente extranjero de cara a la inauguración formal de la cumbre.

Es común que la primera actividad del cóclave antes del inicio de las deliberaciones sea el denominado "retiro",  una instancia en el que los presidentes se reúnen a solas durante 90 minutos, sin ni siquiera asesores. Pero Trump no estuvo. Apareció en el último momento, cuando ya terminada la reunión, Macri saludaba al resto de los líderes internacionales invitados al foto.

Trump se acercó, posó para la foto, y tras dirigirse al presidente argentino, siguió de largo, mientras un Macri descolocado lo llamaba infructuosamente para que volviera. La desmentida del canciller pudo ser la razón del desplante al presidente argentino.

Durante su vuelo al país sudamericano, el magnate republicano ya avisó que no se reuniría con su homólogo ruso, Vladimir Putin. Con China está en el aire la posibilidad de que el enfrentamiento comercial escale a mayores, según cómo vaya la cena agendada entre el presidente Xi Jinping y Donald Trump este sábado al término de la cumbre.

Mientras tanto, el Gobierno argentino intenta que la cumbre del G20, su escaparate hacia el resto del mundo, no se desmande por las reacciones impetuosas de sus líderes.

Los primeros traspiés ya corrieron por la parte argentina. Un error de protocolo llevó a que el presidente francés Emmanuel Macron, ante la ausencia de funcionarios argentinos a su llegada al aeropuerto internacional de Ezeiza, saludara a un operario con chaleco amarillo, cuando en Francia acaba de enfrentar un multitudinario movimiento anti protesta contra el alza de impuestos que se identifica justamente con esta vestimenta.

La banda militar argentina también se confundió al momento de recibir al presidente chino Xi Jinping y comenzó a tocar cuando del avión que trasladaba a la comitiva del país asiático descendió el primer funcionario de ese país. “Claro, esto nos pasa a todos, es difícil reconocerlos”, justificó, casi en nombre del Gobierno, uno de los periodistas que transmitía lo sucedido.

Por si fuera poco, el Instituto Nacional de Prevención Sísmica registró este viernes un movimiento telúrico de 3,8 grados en la escala Richter en el sur de la capital argentina y de la provincia de Buenos Aires, algo insólito en esta zona, y advirtió que podría tener lugar en las próximas horas otra réplica más intensa. El nerviosismo se siente en el ambiente.


* Artículo aparecido el 1 de diciembre de este año en el diario español Público.

viernes, 30 de noviembre de 2018

Argentina recibe la cumbre de líderes del G20 con dudas sobre su operativo de seguridad


El país sudamericano se prepara para el foro internacional del G20 en plena crisis económica y todavía avergonzado por los desmanes de violencia que obligaron a suspender la final de la Copa Libertadores entre Boca Juniors y River Plate.


Argentina encara con cierto nerviosismo la cumbre de líderes y presidentes de los 20 países industrializados y emergentes (G20) que este viernes y sábado paralizará la ciudad de Buenos Aires. El Gobierno de Mauricio Macri implora para que no haya desmanes en la seguridad del evento después de que tuviera que suspenderse la final de la Copa Libertadores que iban a disputar Boca Juniors y River Plate el pasado fin de semana.
En Argentina los partidos se juegan sin público visitante desde 2013, pero Macri, que fue presidente del club Boca Juniors durante doce años, sugirió alegremente que la final de la copa sudamericana que enfrentaba a los principales rivales del fútbol argentino fuera la excepción. Sus propios funcionarios tuvieron que desautorizarlo, con excepción de la ministra de Seguridad Patricia Bullrich. “Lo de Boca y River parece algo bastante menor al lado de tener 20 presidentes, ocho organismos internacionales y todo lo que implica en seguridad eso”, llegó a decir altanera.
La dos veces suspendida “final del siglo” ya no se celebrará en Argentina tras las agresiones que sufrió el plantel de Boca Juniors cuando su autobús se aproximaba al estadio de River Plate. El sonrojo por el humillante desenlace de la final llegó en un momento de decepción generalizada. Hay quienes interpretan el espectáculo grotesco que se vivió en el fútbol como una metonimia de la decadencia de la sociedad.
El jefe de Gobierno (alcalde) de la ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, asumió la responsabilidad por todo el Gobierno argentino y puso sobre la mesa la renuncia de su ministro de Seguridad, Martín Ocampo, íntimo del presidente de Boca, Daniel Angelici, a su vez acusado de operar en el poder judicial para Macri.
El contubernio entre políticos, dirigentes de fútbol y fuerzas de seguridad no comenzó el pasado fin de semana pero estalló en el peor momento para Argentina, abochornada por que el partido de fútbol más importante de su historia se deba jugar en otro país.
Unos 200 millones de dólares se ha gastado el país en la organización de esta cumbre con la expectativa de que esta vez no haya sorpresas desagradables que la vuelvan a colocar en primera plana internacional.
Sin fútbol y en recesión
Después de tres años de gestión, el Gobierno tampoco puede presumir de logros económicos: el país se encuentra sumido en recesión, con un desplome de la actividad industrial del 11,5 % en septiembre, la peor caída desde 2002.
En el Ejecutivo todavía se preguntan por qué desde mayo los capitales financieros salieron en estampida de un mercado desregulado a su conveniencia, lo que llevó a que el peso argentino se depreciara 53 % este 2018 y la inflación se disparase al 45,9 % en los últimos doce meses.
Macri recurrió al Fondo Monetario Internacional (FMI) para garantizar el financiamiento de los gastos al menos hasta 2019, último año de su Gobierno, a costa de una deuda pública que escaló a más del 80% del PIB. El Presupuesto 2019, que finalmente sancionó el Congreso y que se cobró buena parte del rédito político del presidente, plantea una recorte en casi todas las partidas presupuestarias, menos en el pago de intereses de deuda.
“Visto desde afuera es una decisión muy dura y difícil, y asumo que el presidente Macri la tomó en función de que no había otra”, señala a Público quien fuera ministra de Relaciones Exteriores entre 2015 y 2017, Susana Malcorra. “Hubiera preferido que no hubiéramos tenido que llegar a esto”.
Los “draconianos” términos del acuerdo con el Fondo conllevan la adopción de algunas medidas “que van a tener impacto y van a ser difíciles”, reconoce la excanciller. “La única pregunta que me puedo hacer desde la distancia es si efectivamente no había ninguna opción, y el presidente asegura que no la había, así que tengo que reconocerle que tiene más elementos que yo”.
En este caso, “lo que hay que hacer ahora es trabajar de manera sistemática para cumplir con lo prometido”, añade Malcorra. “Uno de los problemas que históricamente ha tenido Argentina es el de no siempre cumplir aquello que ha firmado. Ahora es seguir adelante con el compromiso asumido”.
Disputa entre EEUU y China
Argentina hará frente a la cumbre del G20 con la expectativa de facilitar el diálogo entre China y EEUU para que no escale a mayores el conflicto comercial que mantienen ambos países.
Hay un reconocimiento al esfuerzo que Argentina está haciendo en un momento particularmente difícil, y eso genera un espíritu de cómo podemos encontrarle una vuelta”, afirma la exministra. La nación austral puede aquí exhibir “su capacidad de organización al armar todo esto, tender puentes y salir mostrando un profesionalismo y manejo adecuado”.
Pero el éxito real de la cumbre no pasa tanto por Argentina como por la posibilidad de encauzar el enfrentamiento comercial abierto entre China y EEUU. “Será muy difícil avanzar en las otras agendas si no hay cierta descomprensión, si no se genera un espíritu de afecto societario”, reconoce Malcorra, que renunció en junio de 2017 a su puesto para trasladarse a Madrid, donde vive en la actualidad.
Desde el 24 de septiembre EEUU impuso un arancel del 10 % a las importaciones de bienes chinos por 200.000 millones de dólares con la amenaza de elevar el impuesto al 25 % a partir de 2019, mientras que China decretó una tasa de entre el 5 y el 10 % sobre 5.200 productos estadounidenses por 60.000 millones de dólares.
“En todas estas ocasiones hay riesgos y oportunidades”, confía Malcorra. “Hay un riesgo muy grande de que la visión entre EEUU y China no encuentre una convergencia. También es cierto que hay una oportunidad, aunque se va achicando porque la fecha límite del 1 de enero se acerca muchísimo”.
La incertidumbre de lo que pueda ocurrir se acentúa dado que ésta es la última oportunidad de Trump y Jinping para apaciguar posiciones. “Si bien es cierto que todo puede saltar, también es cierto que quizás haya una pequeña ventana que posibilite que lleguen a un acuerdo en los niveles de tarifas para descomprimir la tensión”, concluye la exministra.
A la cumbre que por primera vez se celebra en un país sudamericano acude un menoscabado Emmanuel Macron y la canciller Angela Merkel en representación de una Europa desarticulada que acaba de firmar el Brexit con Reino Unido. También estará el mandatario de Rusia, Vladimir Putin, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ya que aunque España no forma parte del G20, asiste de invitada permanente.
Quien ya se encuentra en el país con los inodoros que se hizo traer especialmente de EEUU es el príncipe heredero saudí Mohamed bin Salman, acusado de cometer crímenes de lesa humanidad en Yemen y de asesinar al periodista saudí Jamal Kashoggi en una denuncia presentada por Human Right Watch ante los tribunales argentinos.
El juez federal Ariel Lijo ordenó este miércoles librar exhortos a Turquía, a Yemen y a la Corte Penal Internacional para determinar si existen procesos en trámite por los hechos denunciados, mientras que el Ministerio argentino de Relaciones Exteriores debe informar sobre las condiciones diplomáticas dispuestas para la cumbre del G20.
El pedido de la ONG estadounidense se ampara en la justicia universal que reconoce la Constitución argentina. Gracias a ese principio, la jueza argentina María Servini de Cubría investiga desde 2010 los crímenes del franquismo en una causa en la que están imputados quince exfuncionarios de la dictadura



Una fila interminable acude a despedir a la leyenda de rock argentino Indio Solari

Centenares de miles de personas hacen cola desde la capital argentina y a lo largo de unos 10 kilómetros hacia e l Parque Domínico del munic...