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lunes, 20 de noviembre de 2023

ENTREVISTA - Futura ministra de Exteriores de Argentina descarta que el país ingrese al Grupo BRICS

 Diana Mondino, futura ministra de Relaciones Exteriores en el Gobierno del presidente electo de Argentina, el ultraderechista Javier Milei, asumió en una entrevista con la Agencia Sputnik que el país no será parte del Grupo BRICS que integran Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.


 

Aunque reivindicó el multilateralismo y especificó que Argentina no tiene por qué alinearse en temas de política exterior, Mondino aseguró no tener "nada en contra o a favor" de esa asociación interestatal, pero dijo que "no hay interés especial" por esa estructura.

La diputada electa también adelantó que con la nueva gestión que asumirá el 10 de diciembre, el país "dejará de interferir" con los Gobiernos de Brasil y China, tildados de "comunistas" por el referente del espacio.

Desde el búnker que instaló la coalición La Libertad Avanza (ultraderecha) en el Hotel Libertador, en el centro de Buenos Aires, la economista libertaria garantizó la permanencia de Argentina en el Mercado Común del Sur (Mercosur) del que es parte junto a Brasil, Paraguay y Uruguay.

Una de las prioridades de la nueva administración presidida por Milei será eliminar las restricciones que existen en el comercio exterior, por lo que habrá una desregulación que el Gobierno abordará con el cambio de las normas existentes.

P: ¿Por qué Milei ha sido electo presidente?

R: Porque tiene las ideas claras, correctas, y es una muy buena persona, es honesto y eso se nota.

P: ¿Cuáles son las primeras medidas que tomarán?

R: Nosotros vamos a tratar de desregular notablemente la cantidad de restricciones enormes que tiene Argentina, donde tenemos serias dificultades para cualquier tipo de actividad, sobre todo en el sector externo. Son muchísimas las normativas que hay que modificar para que eso se pueda dar, y obviamente, con el tiempo, crecerán las exportaciones.

Tenemos muchísimas prioridades simultáneas en el sector doméstico y sobre todo en el sector social, donde la situación es crítica. Hay serios problemas en Argentina de nutrición, hay serios problemas en Argentina que tenemos que solucionar.

P: ¿Cómo piensan alinearse en política exterior?

R: Esperamos no tener que alinearnos, ese concepto es un poco antiguo. El multilateralismo existe y nosotros queremos estar en el mundo, en términos comerciales, culturales y diplomáticos.

P: ¿Y va a ingresar en los BRICS Argentina?

R: No.

P: ¿De ninguna manera?

R: No sé por qué tiene tanto interés en los BRICS si todavía no es una actividad que... no tiene un estatuto ni nada. Que yo sepa, todavía no está la adhesión.

P: La adhesión es a partir del 1 de enero de 2024, así que Argentina tendría que retirarse.

R: Que yo sepa, no somos miembros todavía.

P: No, a partir del 1 de enero de 2024.

R: Bueno, para el 31 de diciembre o el 1 de enero te contestaré.

P: Entonces no hay BRICS.

R: En este momento no somos parte y no hay un interés especial que hayamos detectado para poder serlo. No tenemos nada en contra de los BRICS, ni a favor. No entendemos, con la información pública de la cual se dispone ahora cuál es la sería la ventaja para Argentina en este momento. Si después resulta que hay una ventaja, por supuesto lo analizaremos.

P: ¿Y cómo será la relación con Brasil y China?

R: Será excelente como debe ser. Y dejaremos de interferir con el Gobierno. Hay que distinguir lo que es el Gobierno de lo que es el Estado. Hoy tenemos un Gobierno que toma decisiones por parte de las empresas, que decide quién puede comprar, a qué precio puede comprar o vender. Eso tiene que desaparecer, el sector privado tiene que ser libre de tomar sus decisiones.

P: Pero ¿se van a fomentar las relaciones comerciales con esos Estados?

R: Con todos los países del mundo.

P: Pero para eso se necesita hacerlo desde el Estado.

R: El Estado no tiene por qué decidir qué cosas se hacen.

P: El Estado puede fomentar las exportaciones.

R: No, decime qué Estado del mundo fomenta las exportaciones.

P: Todos, a través de sus embajadas.

R: Pero no es lo que hacemos aquí en Argentina. Acá en Argentina el Gobierno dice: "vos exportás queso, vos exportás leche y vos no exportás nada". Eso es lo que va a cambiar en Argentina. El que quiera exportar queso, el que quiera exportar leche. No va a ser nunca más, mientras sea Gobierno, el Gobierno el que decide qué empresa, a qué precio y a qué destino y con qué condiciones impositivas. Nosotros tenemos un Estado absolutamente regulado, híperregulado en ese sentido. Yo sé que desde el exterior es difícil de entender porque estás pensando en lo que hacen otros países. Lo que hace Argentina, que decide qué puede vender a qué precio, es absolutamente inaudito.

P: Se puede hacer lo que hacen otros países.

R: Eso es lo que vamos a hacer, vamos a hacer sentido común de lo que hacen todos los países. Solo las cosas que son normales vamos a hacer.

P: ¿Y el Mercosur?

R: El Mercosur por supuesto que es normal, somos una parte importantísima, somos cuatro países, claro que sí, pero lo que pasa es que trató de tener miedo en algo que es completamente ridículo, pero nosotros no vamos a participar en ninguno de esos delirios de los cuales nos han acusado infundadamente.

* Entrevista original publicada en la Agencia de noticias Sputnik y difundida en la web.

viernes, 27 de mayo de 2016

Argentina condena en un histórico juicio a los responsables del Plan Cóndor

Argentina se ha convertido en el primer país en juzgar y condenar a los responsables del Plan Cóndor, el operativo coordinado de represión entre los años 70 y 80 que ejecutaron las dictaduras de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay con la ayuda de Estados Unidos.

Foto durante la lectura de la sentencia, del CIJ.

Este viernes culminó en Buenos Aires el emblemático juicio que investigó durante más de 16 años los crímenes de lesa humanidad y entre cuyos primeros responsables se encuentra un dictador argentino y un exespía uruguayo.

Los tres jueces del tribunal federal que instruyó la causa resolvieron, en total, 15 condenas y dos absoluciones.

Tres de los 17 imputados en el juicio fueron condenados a 25 años de prisión: el exgeneral Santiago Omar Riveros, el exespía de inteligencia Miguel Angel Furci y el uruguayo Manuel Cordero, un exagente de inteligencia que sirvió como enlace entre las dictaduras de Argentina (1976-1983) y la de Uruguay (1973-1985).

A 20 años de reclusión fue sentenciado el último representante de la Junta Militar argentina, el dictador Reynaldo Bignone (1982-1983), y el excoronel Rodolfo Feroglio.

Uno de los responsables de coordinar el sistema represivo, el exjefe del Regimiento Patricios Humberto Lobaiza, fue condenado a 18 años de cárcel.

Los exgenerales Eugenio Guañabens Perelló y Enrique Olea, y el exvicealmirante Antonio Vañek, recibieron cada uno 13 años de pena.

Fueron sentenciados a 12 años de cárcel los exmilitares Luis Sadí Pepa, Néstor Falcón, Eduardo Delío, Felipe Alespieiti, y Carlos Caggiano Tedesco.

Ocho años obtuvo de cárcel el exmilitar Federico Minicucci por su actuación en el centro clandestino de detención El Vesubio, en la provincia de Buenos Aires

Las dos absoluciones fueron para el exdirector del Liceo Militar General Juan Avelino Rodríguez y el excoronel Carlos Horacio Tragant.

La megacausa llegó a tener a 32 personas sentadas en el baquillo, pero cuando empezó el juicio oral, en marzo de 2013, quedaban 25 imputados. Uno de ellos fue el exdictador Jorge Videla, ya condenado a cadena perpetua, que falleció tres días después de presentarse ante el tribunal.

La justicia consideró probada la desaparición forzada de 105 víctimas procedentes de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, a las que se suman otras 69 que pasaron por el principal centro clandestino de detención que utilizó el Plan Cóndor como base operativa, un taller mecánico de Buenos Aires conocido como Automotores Orletti.

Los tres años que duraron las audiencias dejaron al descubierto cómo los regímenes militares del Cono Sur de América Latina aniquilaron de manera sistemática a los opositores políticos de sus respectivos países.

El Plan Cóndor tuvo hasta un acta de fundación “para el intercambio de información subversiva”. El documento fue firmado en 1975, durante el Chile de Augusto Pinochet, por los responsables de inteligencia de Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay y forma parte de los llamados Archivos del Terror, hallados en Paraguay en 1992.

La documentación revela cómo se crearon tres instancias para coordinar la represión. Primero se constituyó una base centralizada con información sobre grupos guerrilleros, partidos de izquierda, y activistas políticos o sindicales que se opusieran a los regímenes. Después se identificó y aniquiló a los llamados “enemigos” a nivel local. El último paso extendía la persecución al resto de los países de Ameŕica Latina, e incluso de Europa.

Los archivos desclasificados por el Departamento de Estado estadounidense revelaron que este país no sólo tuvo conocimiento del Plan Cóndor desde sus orígenes, sino que además ayudaron a los regímenes dictatoriales con logística y recursos para llevar a cabo el exterminio.

La documentación estadounidense identificaba a Chile como el centro del Plan Cóndor, y a Argentina, Chile y Uruguay como los miembros del operativo que mostraban “más entusiasmo”. Brasil también colaboró con la provisión de inteligencia.

Durante más de una década, el Plan Cóndor organizó el asesinato de unas 50.000 personas, la desaparición de otras 30.000, y encarceló a unos 400.000 opositores. Se estima entre los desaparecidos o asesinados también hubo 3.000 niños.


* Artículo publicado el 27 de mayo en el diario español Público.


miércoles, 14 de octubre de 2009

Entrevista a Atilio Borón: "El colonialismo es una cosa monstruosa"*

Hace apenas dos meses que fue publicado Crisis civilizatoria y agonía del capitalismo, el último libro del sociólogo argentino Atilio Borón que tuvo como inspiración nada menos que una larga charla mantenida con Fidel Castro. Así es Borón, uno de los investigadores más reconocidos de América Latina, que a lo largo de su vida ha podido acercarse a las personalidades que han hecho y siguen haciendo historia. En la entrevista que sigue, el además director del Programa Latinoamericano de Educación a Distancia de Ciencias Sociales (PLED) desgrana aspectos no tan conocidos del particular momento que vive el continente ante el golpe de Estado de Honduras.

—¿Qué papel representa Brasil ante la crisis de Honduras?—

Brasil ha cambiado de postura. Por algo Zelaya se ha refugiado en la embajada brasileña. Siempre fue un país sumamente cauteloso y su presencia dentro de América Latina nunca llegó a ser demasiado descollante, debido a que primaba la idea de que era diferente. Pero últimamente ha recibido algunos bofetones que lo han hecho espabilar un poco.

—¿Cuáles?—

De entrada, que Estados Unidos activa la cuarta flota, que llevaba 50 años durmiendo, a las pocas semanas de que Brasil anuncie que tiene enormes yacimientos de petróleo en alta mar, fuera de San Pablo. Brasil se dio cuenta de que la orientación que le imprimió a su política exterior era equivocada. En marzo de 2007 Lula firmó con Bush un acuerdo especial de cooperación en producción de biocombustibles. Brasil se confió mucho en eso, y sin embargo los norteamericanos ya habían mandado señales que la cancillería brasileña no entendió.

—¿A qué se refiere?—

Brasil ya había recibido indicios que no decodificaron adecuadamente. Por ejemplo, cuando Estados Unidos adquirió los derechos para movilizar sus tropas en la base paraguaya de Mariscal Estigarribia, que está sobre el Chaco paraguayo, cerca de la frontera con Bolivia. Y también se quedó dormido cuando un tiempo antes Paraguay había consentido instalar una base de operaciones de la DEA (la Agencia Antidrogas de Estados Unidos), que en realidad es una base militar disfrazada, lo cual suponía una clara amenaza. Estaba a 100 metros de la frontera brasileña.

—¿Por qué entonces crear una alianza con Estados Unidos?—

Brasil se distrajo porque habían apostado a que Estados Unidos facilitaría su ingreso al Consejo de Seguridad de la ONU con un puesto permanente. Eso les hizo tragar el anzuelo, y de repente se dieron cuenta de que la cuestión no era así.

—¿Qué hizo despertar a Brasil?—

El mazazo final han sido las siete bases que se instalarán en Colombia. Ahí Brasil se da cuenta de que, sin haberse percatado de nada, tiene dos bases militares al sur de Brasil, siete en el Norte, y para colmo de males en las últimas semanas Sarkozy está negociando con Obama la concesión de la base que tienen los franceses en Cayena, en la Guayana francesa. Brasil queda totalmente rodeado.

—¿Qué intereses se esconden detrás?—

La proyección de la influencia militar norteamericana se explica porque sus estrategas consideran la Amazonía un territorio de acceso universal. Jamás lo van a decir así públicamente, pero yo he visto los textos y los manuales de estudio de los militares norteamericanos, en donde aparece la Amazonía pintada de un color diferente al resto de Brasil.

—¿Qué significa el activismo brasileño con Honduras?

Es un modo de reposicionarse, de tratar de controlar la influencia norteamericana, de evitar que se instauren gobiernos títeres de Estados Unidos en América Latina porque son ahora vistos como una amenaza a la seguridad nacional. En buena hora ha sucedido, pero se despertaron un poco tarde.

—¿Hay de fondo una competencia entre Brasil y Estados Unidos?—

No creo, porque Brasil siempre ha sido sumamente conservador. Brasil no es un foco de propagación de propuestas progresistas y de izquierdas sino un foco de moderación en el contexto de la adopción de un modelo económico sumamente ortodoxo y neoliberal.

Honduras

—¿A quién sorprendió que Zelaya llegara de repente al país?—

No me cabe ninguna duda de que a la OEA (Organización de Estados Americanos). A quien no le toma por sorpresa es a Lula, aunque lo ha negado porque era lo último que podía decir ante la comunidad internacional. Probablemente Brasil habría informado a Obama un rato antes de que Zelaya llegara a la embajada brasileña.

—¿Por qué iban a avisar al presidente estadounidense?—

Porque Lula no quiere indisponerse con Estados Unidos, y hubiera sido un gesto feo que Obama se enterara por los diarios.

—¿A Estados Unidos hay que darle explicaciones y al resto de los países de América Latina no?—

Sí. Somos colonias desde hace cinco siglos.

—¿No estábamos en un proceso de independencia?—

Acá hemos cambiado de amos. Se han ido los españoles y portugueses y han venido ellos. Estamos muy sometidos a la influencia, al predominio y a la dominación norteamericana. Lo peor de todo es que la dominación la tenemos internamente. El colonialismo mental es una cosa monstruosa.

—¿Y en qué queda el papel de la ONU ante el golpe de Estado hondureño?—

No tiene ningún papel relevante en la política mundial, como tampoco en América Latina.

—¿Ni siquiera la Asamblea General?—

Ellos emiten buenas declaraciones que firmamos todos. La hegemonía norteamericana ha sido tan fuerte, sobre todo después del derrumbe de la Unión Soviética, que la ONU se ha transformado en un organismo retórico discursivo. Nada más, no tiene ninguna capacidad efectiva de intervención.

—¿Estados Unidos está ayudando a que se resuelva la crisis en Honduras?—

Hasta ahora no. Estados Unidos podía haber ayudado de una manera decisiva. Obama se queja: “Ustedes no querían que interviniera antes y ahora quieren que lo haga”. Está equivocado. Estados Unidos ha intervenido permanentemente en Honduras. Desde 1903 hay una intromisión muy fuerte de carácter militar. Y la influencia venía desde antes. En la década de los ‘80 hubo una restructuración integral del Estado y las Fuerzas Armadas hondureñas bajo la directa vigilancia de Estados Unidos. Allí tenía un embajador sumamente poderoso, que era John Negroponte, que fue quien organizó el Ejército, el que armó las bases en Palmerola, y el que organizó también los grupos de choque y de tareas –los paramilitares que mataron a tanta gente. Honduras tiene el ejército más completamente dominado por el Comando Sur de toda América Latina.

—¿Entonces qué podría hacer Estados Unidos?—

Que deje de intervenir de una vez. Que saque a su embajador de Honduras y deje Honduras en la más absoluta soledad. Que amenace con bloquear los fondos de los hondureños residentes en Estados Unidos, los que mandan remesas a Honduras. Y que congele las cuentas de algunos capitostes de Honduras hasta que no se aclare la situación. Así el régimen se caería en 24 horas.

—¿Por qué Obama no lo hace?—

Porque no controla el aparato estatal de Estados Unidos. Tanto es así que cuando él decide que se paren los juicios a los detenidos en Guantánamo, estos no le prestan atención y siguen con los juicios. Obama no controla ni al Pentágono –cuyo Secretario de Defensa viene de la época de Bush–, y mucho menos a su acérrima enemiga, hasta la resolución de las elecciones internas, que es Hillary Clinton. Es más: algunos mal pensados dicen que a Hillary le conviene el deterioro de Obama porque ella sería la candidata demócrata en caso de que este hombre acabara mal sus días. Podría tener un buen peso.

—¿Zelaya debería aceptar el Acuerdo de San José propuesto desde un inicio por el presidente costarricense, Óscar Arias?—

Tal y como están las cosas, hoy no tiene mucho sentido. Se ha modificado mucho la situación. Con el ingreso de Zelaya a Honduras lo que hay que hacer es que la OEA termine de dar el empujón final para que caiga Micheletti, se restituya a Zelaya en el cargo, y a partir de ahí se reorganice el organigrama electoral.

—¿Qué salidas contempla?—

Espero que se reinstaure a Zelaya en la presidencia, porque es el único presidente legítimo que tiene ese país. Y a partir de ahí creo que tendría que haber una discusión sobre la reforma constitucional. Habría que discutir el castigo a los culpables del movimiento sedicioso, porque si salen impunes, dentro de tres meses tenemos otro golpe. Y por último, tendrían que postergarse las elecciones y dar más atención a lo que se viene, que es la conformación de un amplio movimiento social y político de apoyo a Zelaya, en un país donde eso, antes, no existía.

* Entrevista para la revista argentina Zoom

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