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lunes, 3 de diciembre de 2018

Argentina culmina con un Macri exultante su presidencia del G20


El cónclave del grupo de los 20 países industrializados y emergentes (G20) concluyó en Buenos Aires sin disturbios que restaran protagonismo al encuentro y con un documento final a favor del sistema multilateral de comercio firmado por todos los participantes, incluido EEUU, que encontró el espacio para dialogar con China.


Mauricio Macri, durante la conferencia de prensa con la que cerró la cumbre del G20 (ADP)

 
Hay imágenes que pasan a la posteridad por ser una síntesis, con mayor o menor justicia, de un momento o de un período en particular. Si hubo una durante la cumbre de líderes del G20 que acogió Argentina fue la de un Mauricio Macri emocionado hasta las lágrimas tras el espectáculo con el que fueron agasajados este viernes los presidentes extranjeros en el emblemático Teatro Colón.
Quizás fue porque estaba en éxtasis rodeado de los mandatarios más poderosos del mundo, porque el primer día de deliberaciones de la cumbre había transcurrido con aparente naturalidad, o porque las desafiantes movilizaciones contra el G20 en esta ocasión habían pasado sin desmanes ni desgracias que lamentar. El caso es que los artistas de la representación contestaron a la ovación del público con el grito de “Argentina, Argentina”, y de repente apareció su mandatario conmovido, aclamado, halagado por el momento de gloria, y consciente de que ese instante tan vibrante, tan perfecto, no se repetiría jamás.
Estas horas deben de ser pletóricas para Macri. Hace no tantas semanas reconocía que los últimos cinco meses habían sido de los peores de su vida, consternado porque su política de “inserción al mundo” había sido acorralada por las turbulencias económicas que ponían en tela de juicio su gestión a solo un año de las elecciones presidenciales.
Pero ahora el presidente, que en total mantuvo 17 entrevistas bilaterales en apenas cuatro días, se ha visto respaldado por los jefes de Estado que llegaron hasta Buenos Aires para participar en la primera cumbre del G20 que se celebra en Sudamérica, incluida una cansada Angela Merkel que aterrizó con un día de retraso tras una avería en el avión que la obligó a trasladarse a Madrid para abordar un vuelo de línea.
Concisión en las ambigüedades

Para alivio de los allí reunidos, finalmente emergió este sábado una declaración final de la cumbre más ligera de texto y con las mismas generalidades a favor del libre comercio que la de cónclave de 2017 en Hamburgo. Había sobrevolado el temor de que el encuentro terminase con un portazo de EEUU de mano de su presidente, Donald Trump, El Foro de Cooperación Económica de Asia Pacífico celebrado hace sólo dos semanas en Papúa, Nueva Guinea, no había podido consensuar un declaración final por primera vez desde su creación hace varias décadas, y ni siquiera el G-7 (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido) pudo sumar a EEUU en su documento de cierre tras su asamblea el pasado mes de junio.
Pero en esta oportunidad, el clima teatralmente armónico de las reuniones de alto nivel se tradujo en un texto de 31 puntos que urgió a reformar la Organización Mundial de Comercio (OMC), asumiendo el fracaso de la última conferencia ministerial celebrada precisamente en Buenos Aires en diciembre del año pasado.
El escrito observó además el rechazo de EEUU al Acuerdo de París de 2015 que establece medidas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, como ya ocurrió en la declaración final que los líderes del G20 consensuaron en Hamburgo.
Por sugerencia del Gobierno de España, único país no miembro del G20 que tiene estatus de invitado permanente, el documento también añadió un párrafo que observó “la importancia de las acciones compartidas para abordar las causas del desplazamiento y para responder a las crecientes necesidades humanitarias". Así se reconocía la existencia de los refugiados y se "enfatizaba la importancia de compartir acciones" para ayudarlos en un acuerdo igual de vago, y por lo tanto, estéril, que el formulado en la cumbre del G20 en 2017, año en que 68 millones de personas tuvieron que huir de sus territorios
Después de que el presidente francés Emmanuel Macron fuera interpelado sobre las revueltas de la víspera en París, el libreto de la cumbre terminó con un epílogo soñado: una cena entre Trump y el presidente chino, Xi Jinping, durante la que acordaron evitar a partir de 2019 nuevos aranceles de los que ya establecieron a sus respectivas importaciones.

* Artículo aparecido el 2 de diciembre en el diario español Público.

sábado, 1 de diciembre de 2018

Trump vuelve a dar la nota durante la inauguración de la cumbre del G20


El presidente estadounidense, Donald Trump, volvió a acaparar la atención con reacciones fuera de protocolo en el marco de este cónclave que reúne a líderes y presidentes de los 20 países industrializados y emergentes.

Acostumbrado a ser el centro de atención, el presidente de EEUU, Donald Trump, ha inaugurado su estadía en Buenos Aires con sus salidas de tono habituales y con un horario particular que él maneja a su antojo.

Para empezar la jornada, el mandatario llegó media hora tarde al encuentro bilateral con el anfitrión de la cumbre, el presidente Mauricio Macri, que lo esperaba desde las 6:55 hora local (10:55 hora española) en la Casa Rosada, sede del Gobierno.

Durante su saludo con Macri, Trump expresó su fastidio ante toda la prensa por la traducción simultánea que intervino durante las declaraciones del presidente de argentino. "Le entendí mejor en su idioma que en mi 'interpretación'", observó antes de dejar caer el dispositivo al suelo.

Durante la entrevista, los dos dirigentes “reiteraron su compromiso compartido de enfrentar los desafíos regionales como Venezuela y la actividad económica depredadora china”, según informó después la portavoz del mandatario estadounidense, Sara Huckabee Sanders.

El ministro argentino de Relaciones Exteriores, Jorge Faurie, trató de bajar el tono del comentario en una rueda de prensa posterior, consciente de que China es el segundo socio comercial de Argentina y no es el momento de contrariar al país asiático. “ "No creo que se haya hablado en esos términos”, atinó a decir, visiblemente incómodo. “El adjetivo 'depredador' corre por cuenta de su comunicado”.

Tras entrevistarse con Macri durante 45 minutos, Trump volvió al hotel y firmó junto a su par de Canadá, Justin Trudeau y de México, Enrique Peña Nieta, un nuevo tratado de libre comercio (TMEC) que reemplaza al Nafta, el pacto vigente desde 1994.

Sus colegas se dirigieron entonces al centro de convenciones Costa Salguero, situado a orillas del Río de la Plata, donde el presidente argentino estaba dando la bienvenida a cada presidente extranjero de cara a la inauguración formal de la cumbre.

Es común que la primera actividad del cóclave antes del inicio de las deliberaciones sea el denominado "retiro",  una instancia en el que los presidentes se reúnen a solas durante 90 minutos, sin ni siquiera asesores. Pero Trump no estuvo. Apareció en el último momento, cuando ya terminada la reunión, Macri saludaba al resto de los líderes internacionales invitados al foto.

Trump se acercó, posó para la foto, y tras dirigirse al presidente argentino, siguió de largo, mientras un Macri descolocado lo llamaba infructuosamente para que volviera. La desmentida del canciller pudo ser la razón del desplante al presidente argentino.

Durante su vuelo al país sudamericano, el magnate republicano ya avisó que no se reuniría con su homólogo ruso, Vladimir Putin. Con China está en el aire la posibilidad de que el enfrentamiento comercial escale a mayores, según cómo vaya la cena agendada entre el presidente Xi Jinping y Donald Trump este sábado al término de la cumbre.

Mientras tanto, el Gobierno argentino intenta que la cumbre del G20, su escaparate hacia el resto del mundo, no se desmande por las reacciones impetuosas de sus líderes.

Los primeros traspiés ya corrieron por la parte argentina. Un error de protocolo llevó a que el presidente francés Emmanuel Macron, ante la ausencia de funcionarios argentinos a su llegada al aeropuerto internacional de Ezeiza, saludara a un operario con chaleco amarillo, cuando en Francia acaba de enfrentar un multitudinario movimiento anti protesta contra el alza de impuestos que se identifica justamente con esta vestimenta.

La banda militar argentina también se confundió al momento de recibir al presidente chino Xi Jinping y comenzó a tocar cuando del avión que trasladaba a la comitiva del país asiático descendió el primer funcionario de ese país. “Claro, esto nos pasa a todos, es difícil reconocerlos”, justificó, casi en nombre del Gobierno, uno de los periodistas que transmitía lo sucedido.

Por si fuera poco, el Instituto Nacional de Prevención Sísmica registró este viernes un movimiento telúrico de 3,8 grados en la escala Richter en el sur de la capital argentina y de la provincia de Buenos Aires, algo insólito en esta zona, y advirtió que podría tener lugar en las próximas horas otra réplica más intensa. El nerviosismo se siente en el ambiente.


* Artículo aparecido el 1 de diciembre de este año en el diario español Público.

viernes, 30 de noviembre de 2018

Argentina recibe la cumbre de líderes del G20 con dudas sobre su operativo de seguridad


El país sudamericano se prepara para el foro internacional del G20 en plena crisis económica y todavía avergonzado por los desmanes de violencia que obligaron a suspender la final de la Copa Libertadores entre Boca Juniors y River Plate.


Argentina encara con cierto nerviosismo la cumbre de líderes y presidentes de los 20 países industrializados y emergentes (G20) que este viernes y sábado paralizará la ciudad de Buenos Aires. El Gobierno de Mauricio Macri implora para que no haya desmanes en la seguridad del evento después de que tuviera que suspenderse la final de la Copa Libertadores que iban a disputar Boca Juniors y River Plate el pasado fin de semana.
En Argentina los partidos se juegan sin público visitante desde 2013, pero Macri, que fue presidente del club Boca Juniors durante doce años, sugirió alegremente que la final de la copa sudamericana que enfrentaba a los principales rivales del fútbol argentino fuera la excepción. Sus propios funcionarios tuvieron que desautorizarlo, con excepción de la ministra de Seguridad Patricia Bullrich. “Lo de Boca y River parece algo bastante menor al lado de tener 20 presidentes, ocho organismos internacionales y todo lo que implica en seguridad eso”, llegó a decir altanera.
La dos veces suspendida “final del siglo” ya no se celebrará en Argentina tras las agresiones que sufrió el plantel de Boca Juniors cuando su autobús se aproximaba al estadio de River Plate. El sonrojo por el humillante desenlace de la final llegó en un momento de decepción generalizada. Hay quienes interpretan el espectáculo grotesco que se vivió en el fútbol como una metonimia de la decadencia de la sociedad.
El jefe de Gobierno (alcalde) de la ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, asumió la responsabilidad por todo el Gobierno argentino y puso sobre la mesa la renuncia de su ministro de Seguridad, Martín Ocampo, íntimo del presidente de Boca, Daniel Angelici, a su vez acusado de operar en el poder judicial para Macri.
El contubernio entre políticos, dirigentes de fútbol y fuerzas de seguridad no comenzó el pasado fin de semana pero estalló en el peor momento para Argentina, abochornada por que el partido de fútbol más importante de su historia se deba jugar en otro país.
Unos 200 millones de dólares se ha gastado el país en la organización de esta cumbre con la expectativa de que esta vez no haya sorpresas desagradables que la vuelvan a colocar en primera plana internacional.
Sin fútbol y en recesión
Después de tres años de gestión, el Gobierno tampoco puede presumir de logros económicos: el país se encuentra sumido en recesión, con un desplome de la actividad industrial del 11,5 % en septiembre, la peor caída desde 2002.
En el Ejecutivo todavía se preguntan por qué desde mayo los capitales financieros salieron en estampida de un mercado desregulado a su conveniencia, lo que llevó a que el peso argentino se depreciara 53 % este 2018 y la inflación se disparase al 45,9 % en los últimos doce meses.
Macri recurrió al Fondo Monetario Internacional (FMI) para garantizar el financiamiento de los gastos al menos hasta 2019, último año de su Gobierno, a costa de una deuda pública que escaló a más del 80% del PIB. El Presupuesto 2019, que finalmente sancionó el Congreso y que se cobró buena parte del rédito político del presidente, plantea una recorte en casi todas las partidas presupuestarias, menos en el pago de intereses de deuda.
“Visto desde afuera es una decisión muy dura y difícil, y asumo que el presidente Macri la tomó en función de que no había otra”, señala a Público quien fuera ministra de Relaciones Exteriores entre 2015 y 2017, Susana Malcorra. “Hubiera preferido que no hubiéramos tenido que llegar a esto”.
Los “draconianos” términos del acuerdo con el Fondo conllevan la adopción de algunas medidas “que van a tener impacto y van a ser difíciles”, reconoce la excanciller. “La única pregunta que me puedo hacer desde la distancia es si efectivamente no había ninguna opción, y el presidente asegura que no la había, así que tengo que reconocerle que tiene más elementos que yo”.
En este caso, “lo que hay que hacer ahora es trabajar de manera sistemática para cumplir con lo prometido”, añade Malcorra. “Uno de los problemas que históricamente ha tenido Argentina es el de no siempre cumplir aquello que ha firmado. Ahora es seguir adelante con el compromiso asumido”.
Disputa entre EEUU y China
Argentina hará frente a la cumbre del G20 con la expectativa de facilitar el diálogo entre China y EEUU para que no escale a mayores el conflicto comercial que mantienen ambos países.
Hay un reconocimiento al esfuerzo que Argentina está haciendo en un momento particularmente difícil, y eso genera un espíritu de cómo podemos encontrarle una vuelta”, afirma la exministra. La nación austral puede aquí exhibir “su capacidad de organización al armar todo esto, tender puentes y salir mostrando un profesionalismo y manejo adecuado”.
Pero el éxito real de la cumbre no pasa tanto por Argentina como por la posibilidad de encauzar el enfrentamiento comercial abierto entre China y EEUU. “Será muy difícil avanzar en las otras agendas si no hay cierta descomprensión, si no se genera un espíritu de afecto societario”, reconoce Malcorra, que renunció en junio de 2017 a su puesto para trasladarse a Madrid, donde vive en la actualidad.
Desde el 24 de septiembre EEUU impuso un arancel del 10 % a las importaciones de bienes chinos por 200.000 millones de dólares con la amenaza de elevar el impuesto al 25 % a partir de 2019, mientras que China decretó una tasa de entre el 5 y el 10 % sobre 5.200 productos estadounidenses por 60.000 millones de dólares.
“En todas estas ocasiones hay riesgos y oportunidades”, confía Malcorra. “Hay un riesgo muy grande de que la visión entre EEUU y China no encuentre una convergencia. También es cierto que hay una oportunidad, aunque se va achicando porque la fecha límite del 1 de enero se acerca muchísimo”.
La incertidumbre de lo que pueda ocurrir se acentúa dado que ésta es la última oportunidad de Trump y Jinping para apaciguar posiciones. “Si bien es cierto que todo puede saltar, también es cierto que quizás haya una pequeña ventana que posibilite que lleguen a un acuerdo en los niveles de tarifas para descomprimir la tensión”, concluye la exministra.
A la cumbre que por primera vez se celebra en un país sudamericano acude un menoscabado Emmanuel Macron y la canciller Angela Merkel en representación de una Europa desarticulada que acaba de firmar el Brexit con Reino Unido. También estará el mandatario de Rusia, Vladimir Putin, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ya que aunque España no forma parte del G20, asiste de invitada permanente.
Quien ya se encuentra en el país con los inodoros que se hizo traer especialmente de EEUU es el príncipe heredero saudí Mohamed bin Salman, acusado de cometer crímenes de lesa humanidad en Yemen y de asesinar al periodista saudí Jamal Kashoggi en una denuncia presentada por Human Right Watch ante los tribunales argentinos.
El juez federal Ariel Lijo ordenó este miércoles librar exhortos a Turquía, a Yemen y a la Corte Penal Internacional para determinar si existen procesos en trámite por los hechos denunciados, mientras que el Ministerio argentino de Relaciones Exteriores debe informar sobre las condiciones diplomáticas dispuestas para la cumbre del G20.
El pedido de la ONG estadounidense se ampara en la justicia universal que reconoce la Constitución argentina. Gracias a ese principio, la jueza argentina María Servini de Cubría investiga desde 2010 los crímenes del franquismo en una causa en la que están imputados quince exfuncionarios de la dictadura



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