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martes, 22 de abril de 2025

El papa Francisco, un humanista de barrio

 

Pintura en honor al papa Francisco en el Museo de Flores
Imagen del Papa Francisco en el Museo de Flores, su barrio natal en la capital argentina (A.D.P)

Hay una carta manuscrita del 13 de octubre de 2018 que el papa Francisco dirigió al Museo Barrio de Flores, con motivo de su inauguración, en la que puede leerse: "Flores es el barrio en el cual nací y viví hasta entrar en el seminario. Con un poco de petulancia, puedo decir que es mi barrio, mis raíces".

Hoy ese barrio tradicional al suroeste de la capital argentina siente que el papa Francisco, fallecido el lunes a los 88 años tras un derrame cerebral, es también un poco suyo. La Agencia Sputnik recorrió sus recovecos y pudo hablar con algunos de quienes lo conocieron.

UNA VOCACIÓN

Uno de ellos es el párroco de la Basílica de San José de Flores, Martín Bourdieu, que entró al seminario en 1998 y así conoció a Jorge Bergoglio, que acababa de ser nombrado arzobispo de Buenos Aires. "Nos acompañó durante todos esos años de formación. Primero me nombró sacerdote, después párroco y caminó junto a nosotros hasta que lo eligieron papa", cuenta.

En uno de los costados de la basílica un confesionario de madera recoge en una placa que allí, "el 21 de septiembre de 1953, Jorge Mario Bergoglio siguió el llamado de Dios para ser sacerdote". A unos metros de allí, el párroco de la basílica deja de lado la organización de la inminente misa en honor al papa Francisco que está por celebrarse, y toma asiento para describir a quien fue su mentor.

"Era muy sencillo, muy simple, muy intuitivo, muy inteligente y muy valiente. Un hombre de una profunda oración, de una intimidad muy profunda con Dios. Un líder para todos", detalla.

"Transmitió los valores de una Iglesia cercana a la gente, abierta, en actitud de escucha y misericordiosa especialmente con los que más sufren".

Sus doce años de pontificado dejan un gran legado a la Iglesia del mundo, valora Bourdieu con un tono de pesadumbre. "Para nosotros es una gran responsabilidad continuar con todo lo que nos ha transmitido durante todos estos años".

Francisco también generó un cambio de paradigma en la Iglesia Católica. "Es una Iglesia con un estilo mucho más cercano y sencillo, con un lenguaje más próximo a la gente común, y con una sensibilidad especialmente dedicada a los que sufren, a los pobres, a los más marginales", añade el párroco.

El Vaticano, con sus intrigas de poder, debió ser nido de confabulaciones y sinsabores, con los consiguientes disgustos para el pontífice, "pero era un hombre muy libre, estaba seguro de lo que quería, y no le afectaba tanto lo que dijeran de él", asegura el sacerdote.

"Cuando murió mi padre, él enseguida se hizo presente y me escribió una carta muy linda. Era muy paternal, y siempre tenía un sentido del humor muy agudo, muy fino. Estuvo cerca de todos nosotros ante cualquier necesidad. Ante la enfermedad de cualquier sacerdote, él siempre estaba allí. Ése es nuestro recuerdo con él", completa.

UN VIAJE

En aquel templo que descubrió su vocación sacerdotal impartía sus homilías Bergoglio, según atestiguó la pintora Mercedes Fariña, creadora de una serie pictórica de nueve cuadros en homenaje a su pontificado, de los cuales una copia reposa en la Basílica, y los otros ocho, que muestran las devociones de Francisco, descansan en el Museo Eclesiástico de la catedral de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires (este).

"El primero de todos ellos se lo regalé, y él me lo agradeció en una carta de puño y letra que me mandó a mi casa en mayo de 2013", evoca esta argentina. "A partir de ahí la Nunciatura gestionó mi viaje para que se lo entregara en persona, y eso hice en septiembre de aquel año".

Los recuerdos le producen un estremecimiento y un temblor en la voz. "Bendijo a mi hijo, a mí, y en nuestro intercambio, me agradeció el retrato; dijo que estaba muy emocionado, muy contento. Le llegó al corazón, porque alguien de su país, de su ciudad y de su barrio que pinta arte sacro le dedicó un homenaje pictórico".

Conmovida se muestra esta mujer por haber conocido de primera mano a quien fue tan importante en su vida. "Me permitió vehiculizar a través de mi arte todo lo que hizo él por la humanidad", resume.

UN HOMBRE

En la capilla de Nuestra Señora de la Misericordia, a pocos metros de la casa donde vivió su infancia, Bergoglio impartió su primera misa como sacerdote. Y en el colegio aledaño, asistió a sus primeros años como escolar.

"Él tenía, como todo niño, sus juegos, su forma de ser. A petición de la familia, la hermana Dolores lo preparó para la comunión, que tomó en nuestra capilla un 8 de octubre, y después para la confirmación. Aquí también estudiaron sus hermanas. Siempre le quedó un apego especial y cariño por esta casa", rememora la hermana Teresa.

Es por eso que "su primera misa, que es muy importante para los sacerdotes, la hizo en la capilla de Nuestra Señora de la Misericordia", observa esta religiosa, ya anciana. "Mientras fue vicario, obispo de Flores, venía cada 8 de octubre a celebrar con nosotros, porque además vivía la hermana Dolores, que era su maestra y catequista. Cuando falleció y la velamos en la capilla, él se quedó junto a ella rezando. Le pregunté si deseaba tomar algo y respondió: "no, quiero estar junto a mi maestra".

Cuando llegaba abril, Bergoglio solía reunirse con todas las religiosas de la arquidiócesis. "Tomaba algún documento de la iglesia, algún tema que quería que viviéramos de boca de él, y abría el diálogo: nos preguntaba cómo nos sentíamos, si queríamos preguntarle algo. Era muy cercano, y luego celebraba la misa con nosotras".

En sus visitas mostraba especial cercanía con una monja ya fallecida, Javiera, del que era su confesor. En aquellas ocasiones le gustaba mucho tomar té, detalla la hermana Teresa. "Hasta él mismo se lo hacía: 'Dejame que yo lo preparo', decía".

La sencillez y la cercanía eran sus características principales, afirma la religiosa. "Si bien era una persona seria, compuesta y con autoridad, tenía un afecto natural por el otro. Conversaba mucho con nuestra superiora, la hermana Marta. Cuando la capilla cumplió el 12 de noviembre de 2012 los 75 años de su consagración, él celebró con nosotras, y al poco se fue al cónclave. Así se despidió de esta casa".

Hombre austero, Bergoglio es recordado entre aquellas paredes con su tradicional portafolio negro, su abrigo, su sotana negra, y sin el solideo, el casquete que portan en la cabeza algunos eclesiásticos de jerarquía. "Caminaba como cualquier sacerdote en medio del pueblo de Dios", acota la hermana Teresa.

Tal era su sencillez, que "cuando fue nombrado papa, nos contaban los sacerdotes que llamó a Buenos Aires pidiendo medicamentos y ropa, porque se había ido al Vaticano con lo justo", menciona.

Ya tenía más de 75 años y Bergoglio había empezado a pensar en dejar su arzobispado, por lo que se había armado en el hogar sacerdotal una habitación. Pero al ser ungido como sumo pontífice, "llamó allí por teléfono y les dijo: "bueno, ocupen la habitación porque yo ya no voy a poder ir", describe la religiosa.

Esas salidas "tan lindas de cercanía", en sus palabras, quedaron plasmadas también en su decisión de instituir en toda la Iglesia la celebración de la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores. "Él tenía a su abuela a la que quería muchísimo", asegura.

Bergoglio también se mostró "atento a la humanidad". Alguna dificultad tenía en una de sus rodillas que le hacía renguear. "La hermana Marta decía: "bueno, monseñor, le busco un taxi, lo lleva alguien para volver a la curia, al centro", y él: "no, no, de ninguna manera". Y se iba en ómnibus (autobús) o en subte(rráneo), y sacaba su boleto, como todos".

Esa cercanía fue la que le llevó a sobreponerse y cumplir con su último rito, privativo de los papas: la bendición urbi et orbi (a la ciudad [de Roma] y al mundo', en latín). Y en la homilía que antecedió este gesto, leído en su nombre, "pidió por la paz de cada lugar en la que había guerra, lo que realmente emociona".

La hermana Teresa se reconoce impresionada al recordar una anécdota más. Consultado hace unos días cómo estaba viviendo la Pascua, Francisco respondió la verdad. "Como puedo", confesó. "Manifestó siempre su humanidad, como papa abierto y ecuménico que fue, porque conversaba y hacía oración con todos. Realmente movilizó a la Iglesia. Ojalá el cónclave continúe con esa linda visión que él abrió para la comunidad".

Se ha muerto un papa para el mundo, pero hay un barrio que se reconoce huérfano ante la ausencia definitiva de un hombre singular que transitó sus calles como un vecino más.
 

* Artículo publicado el 21 de abril de 2025 en la Agencia Sputnik.

lunes, 21 de abril de 2025

CRÓNICA - Argentinos despiden a Francisco, el hombre común que fue papa

Confesionario en la Basílica de San José de Flores, en ese barrio de la capital argentina, donde Bergoglio descubrió su vocación sacerdotal


         De la Catedral Metropolitana de Buenos Aires, donde se oficiaba una misa en homenaje al papa Francisco, fallecido este lunes a los 88 años, salió con paso apresurado un hombre de mediana edad vestido con pantalón de traje y camisa. Las gafas de sol que llevaba no impedían que se trasluciera su pesadumbre, confirmada luego por el tono de su voz.

"Desde hace 30 años que lo conozco, desde los años 90", dijo a esta periodista. "Era un tipo común".

Martín, este economista de 65 años cuya oficina está próxima a la emblemática Plaza de Mayo -a la que se asoman la Catedral, la Casa Rosada (sede del Ejecutivo), el Ministerio de Economía y el Cabildo de la ciudad de Buenos Aires- reconoció haber tenido contacto directo con el hombre que fue arzobispo, cardenal, y con los años, papa.

"El mundo se va a dar cuenta de que lo va a extrañar mucho. Todo aportó: abrir la Iglesia al mundo, modernizarla, ir a buscar a la gente, y poner esta porquería que ves acá, que es el poder, al servicio. Lo conozco todo de adentro", aseguró al apuntar a la Plaza de Mayo. "Y él era tal cual era, una persona genuina".

Alguna visita debió realizar este argentino al Vaticano cuando Jorge Bergoglio ya era pontífice católico. "Era un tipo al que no sabías si llamarlo Jorge, o Mario, siendo papa. Te hacía sentir como sus discípulos. Tengo la suerte de haber crecido con ellos: con él, con los que ahora son cardenales", reveló.

"Fui al colegio jesuita y he transitado con ellos los últimos 30 años. He tenido relación con su confesor y con sus compañeros jesuitas, y a él lo he conocido y he tratado mucho desde que se fue a la provincia de Córdoba (centro)", contó.

El deseo de este creyente ahora es que los cardenales que Bergoglio nombró puedan influir en la designación del nuevo papa. "Francisco fue extraordinario, era el papa que necesitaba el mundo", afirmó. "Favoreció el acercamiento de la Iglesia con la gente, y le dio sentido a lo que es el servicio al prójimo".

LÍDER SOCIAL

La Catedral de Buenos Aires estaba colmada de creyentes esta mañana, pero también de transeúntes en general que aprovecharon la cercanía de sus puestos de trabajo para aproximarse al templo y rendir su pequeño y sentido homenaje.

Una de ellas era una joven llamada Inés: "No soy practicante pero quise pasar", contó con voz afectada. "Francisco me acercó a la Iglesia, me amigó, me empecé a interesar por lo que decía, en principio por ser argentino. Nunca me había detenido a escuchar a otro papa. Después me gustó su forma coloquial, simple, de comunicarse con nosotros".

Su anhelo es que el próximo papa "tenga ese carisma y esa llegada" que caracterizó a Bergoglio durante sus 12 años de pontificado.

La misma expectativa expresó Orlando, un periodista de unos 60 años que cubrió para un canal de televisión de EEUU la elección de Bergoglio como líder de la Iglesia Católica el 13 de marzo de 2013. "Aquel fue un día de regocijo y alegría, y hoy es un día triste, por la pérdida de un ser maravilloso", dijo a esta agencia.

Este hombre destacó de Francisco los cambios que impulsó con su "presencia permanente ante los más necesitados". Según él, "el Papa hizo un cambio en la Iglesia hacia los más marginados, y fue el ejemplo de que lo que hacía habitualmente como cura lo trasladó a su pontificado, como por ejemplo lavarle los pies a los más necesitados".

Mientras en el interior de la Catedral el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuervo, lamentaba el fallecimiento del "papa de todos, del papa de los pobres, de los marginados, de los que muchos excluyen", una joven salía con ojos llorosos.

"Siempre he sido muy católica, y la pérdida de un papa siempre nos afecta mucho a todos, así que esta es mi manera de acompañar un cambio de era, en una época en la que todo está revuelto", explicó Daniela, una venezolana con ocho años de residencia en Argentina.

"El Papa abrió más espacio a los jóvenes, rompió los paradigmas de lo común que se estaba estableciendo en la Iglesia y trató de hacer cambios adentro. Además tenía posturas políticas muy marcadas que alguna gente podía no acompañar, pero me gustaba que lo dijera", añadió.

Antes de que finalizase la misa en homenaje a Francisco, abandonó la catedral cabizbajo un argentino llamado Fabián, que se reconocía creyente y practicante, pero que quiso destacar el costado más social y político de Bergoglio.

"El papa Francisco no solo ha sido un líder espiritual de la Iglesia Católica, en cuyo seno ha tenido controversias, sino (también) un líder mundial que se animó a patear el tablero, que generó incomodidad y puso en discusión no solo la pobreza, sino también la riqueza", planteó.

El primer papa latinoamericano "trató de visibilizar a los más vulnerados de nuestra sociedad, rescató el problema a nivel mundial de la ecología, y abordó nuestra humanidad, con todos los conflictos y guerras que hay. Fue el papa de la paz y de la humildad. Por eso gran parte del mundo, incluso el mundo no religioso católico, lo estará extrañando", reflexionó Fabián.

Además de venerarlo como jefe de la Iglesia Católica, este hombre destacó su liderazgo social y político. "Se vio desde su segunda encíclica, "Laudato Si" ("Alabado seas", en latín), desde el primer viaje de su pontificado a Lampedusa (Italia), cuando la mitad del mundo no sabíamos ni dónde quedaba ni qué pasaba allí. Ha intentado visibilizar a los que no tienen voz y los que son escuchados y a los más desprotegidos", señaló.

Siete días de luto rigen desde hoy en Argentina para homenajear al papa que llegó al Vaticano "desde el fin del mundo", según sus propias palabras, y que para muchos creyentes, así como para muchos ateos, llegó para hacer cambios positivos.

* Artículo publicado el 21 de abril de 2025 en la Agencia Sputnik.

miércoles, 20 de marzo de 2013

"Mi hermano fue un canje entre la Iglesia y la dictadura"

Rodolfo Yorio es hermano de uno de los dos curas capturados y torturados durante la dictadura argentina (1976-1983) cuando estaban bajo la orden del jesuita Jorge Bergoglio, que este martes asume el pontificado como Francisco. El secuestro de los sacerdotes, que fueron liberados a los cinco meses, ha sido la baza principal que se ha agitado para vincular al nuevo Papa con el régimen militar. En esta entrevista, Yorio analiza la actuación del Sumo Pontífice y el papel de la Iglesia católica en aquellos años.


P.- ¿Qué responsabilidad tiene Bergoglio en el cautiverio que sufrieron su hermano Orlando y Francisco Jalics?

Los dos quedaron desprotegidos de la autoridad provincial, que era Bergoglio, antes de ser secuestrados durante cinco meses. A Orlando le aplicaron una inyección como droga de la verdad en el único interrogatorio que tuvo, y ahí le dijeron: "Hemos ido a su casa porque nos dijeron que había armas, material subversivo, mujeres y municiones. No encontramos nada, pero va a permanecer sin libertad algún tiempo" También añadieron: "Usted tiene una desviación teológica porque cuando el Evangelio habla de los pobres, se refiere a los pobres de espíritu. Y usted se ocupa de los pobres materiales, y los organiza. Eso no es subversivo todavía, pero puede llegar a serlo".

P.- ¿Cree que Bergoglio es responsable por colaboración o por omisión?

Por omisión. Dejó correr versiones e injurias sobre ellos. Los puso en situación de riesgo y no trató de evitarlo.

P.- ¿Tiene alguna sospecha de quién calumnió a su hermano?

Fue un sector de la Iglesia, no sólo una persona.

P.- Bergoglio ha explicado que no tenía contactos para ayudar a su hermano y a Jalics una vez fueron capturados.

Él dijo que había hablado dos veces con [el ex dictador Jorge] Videla y con [el ex jefe de la Armada Emilio] Massera. Yo no creo que sea cierto. Quien salvó a mi hermano fue la Nunciatura.

P.- ¿Cómo lo sabe?

Mi hermano estuvo cautivo cinco meses encapuchado en una casa, con una cadena entre los pies y las manos que estaba soldada a una bala de cañón. En esos ciento y pico de días de cautiverio, nunca supo si cada día era el último. Antes de su libertad, les pusieron tanto a Jalics como a mi hermano una inyección para dormirlos, y los abandonaron en un descampado. Antes de eso, la guardia que los cuidaba les dijo: "Hoy tienen una visita importante". Les permitieron bañarse, los cambiaron de ropa, los volvieron a poner en la habitación encapuchados y ahí entró alguien para verlos, que estuvo dos minutos, y se fue. El domingo 23 de octubre fueron liberados.

P.- ¿Quién cree que los visitó?

El Nuncio Pío Laghi, el embajador del Vaticano en Argentina en ese momento.

P.- ¿Qué hizo Orlando apenas reapareció?

Lo primero que hizo fue llamar a su jefe, Bergoglio, quien le dijo: "No te puedo ayudar". Una persona que estaba con él fue testigo de esa conversación cuando lo llamó mi hermano, y nos contó su inmediata reacción. ¿"Y quién era"?, le preguntó esta persona. "Yorio, que lo soltaron", respondió Bergoglio. "¿De dónde?" "Estaba secuestrado". "¿Y cómo es que aquí no sabíamos nada?". "Nada, que se joda". Hasta ahí, Bergoglio no sabía que la Nunciatura había intervenido.

P.- ¿Qué pasó después?

Llegó la Policía a casa buscando a mi hermano porque había orden presidencial de que fuera a hacer la denuncia de privación ilegítima de libertad. Nosotros nos lo habíamos llevado a a otro lado.

P.- Pero al final su hermano fue a la Policía un día después de ser liberado.

Cuando Orlando fue a presentar la denuncia, lo hizo acompañado de gente de la Nunciatura. Es decir, que ya estaba bajo protección diplomática. Aclaro que el oficial que tomó la denuncia puso "no se acuerda" en todas las respuestas. En el mismo momento de hacer la denuncia, la Policía ya tenía listo su pasaporte y su DNI.

P.- ¿Y cómo reaccionó Bergoglio ante esto?

Se asustó. Tenga en cuenta que el almirante Massera jugaba una vez por semana al tenis con el nuncio apostólico. Entonces Bergoglio cambió y facilitó todo. Llamó al obispo de Quilmes, Jorge Novak , habló maravillas de mi hermano para que lo aceptara, le compró el pasaje para Italia, y ahí Orlando fue enviado a Roma a estudiar derecho canónico.

Bajo la orden jesuita


P.- ¿Su hermano llegó a ser expulsado de la orden?

Mi hermano quedó fuera de la orden jesuita cuando ya estaba en Roma. Cuando fue secuestrado era todavía parte.

P.- ¿No le habían quitado la protección institucional?

No, eso no se puede retirar. Sí le quitaron las licencias para dar misa, y no Bergoglio, sino [el entonces arzobispo de Buenos Aires Juan Carlos] Aramburu, titular de la Iglesia argentina.

P.- ¿Y a Jalics tampoco lo expulsaron?

No hubieran podido hacerlo jamás, porque tenía votos perpetuos.

P.- O sea que los dos pertenecían a la orden cuando fueron secuestrados.

Sí, estando bajo la responsabilidad de Jorge Bergoglio. Él no quería encargarse de las labores pastorales que hacían en la villa. Pero todo sacerdote debe estar encardinado bajo una autoridad. Es cuando Bergoglio les dijo: "Bueno, si quieren quedarse en las villas, los voy a ayudar, pero necesitan otra autoridad, un obispo". Y los mandó a ver algunos, pero todos se negaban: "No, Bergoglio nos dio malos informes de ustedes", decían. En ese interín fueron secuestrados. Bergoglio no los quería, así de simple.

P.- ¿Por qué no los quería?

Decía que estaba muy presionado, pero nunca se supo por quién.

P.- ¿Cuál creía su hermano que fue el papel de Bergoglio en su secuestro?

Él presentó un recurso de amparo al padre Moura, que era el secretario general de la orden jesuita a nivel mundial, donde relató toda la historia.

P.- ¿Y cita expresamente a Bergoglio?

Sí. Orlando era vicedecano de Teología en la Universidad de San Salvador. Le habían sacado la cátedra sin explicación, y luego comenzaron las calumnias. Y Bergoglio nunca se ocupó de desmentirlas, aunque era su obligación por ser su superior.

P.- ¿Orlando pensaba que Bergoglio estaba detrás de su secuestro?

No sé si tanto. Sí creía que estaba detrás de separarlo de la orden.

Bergoglio, "argentino y peronista"


P.- ¿Qué relación tuvo Bergoglio con la organización de la derecha peronista Guardia de Hierro?

Bergoglio simpatizó toda su vida con esa organización, que [en 1973]se hizo cargo de la Universidad de San Salvador . En 1976 nombraron a Massera "honoris causa".

P.- ¿Bergoglio tuvo contacto directo con Guardia de Hierro una vez pasó a ser superior provincial de los jesuitas en 1973?

La Universidad de San Salvador, que es una  de las más importantes de Buenos Aires, está en manos de los jesuitas. La Iglesia fue derivando a laicos a determinadas administraciones, y una de ellas fue esta universidad. Bergoglio no era el rector, pero en términos generales tenía alguna responsabilidad sobre los laicos que puso y que echaron a mi hermano de la cátedra de Teología.

El papel de Bergoglio durante la dictadura


P.- ¿Sabe de acciones directas de Bergoglio para rescatar a gente secuestrada?

No. Pero sí rescató, protegió y escondió a gente que podía ser secuestrada.

P.- ¿Quiénes son?

No se lo puedo decir, los perjudicaría. Pero no le demos tanto palo a Bergoglio. La cantidad de gente, del periodismo y de la sociedad civil que tuvo relaciones con la dictadura es muy grande. Como dice San Agustín: "Primero la verdad". A Orlando le ofrecieron volver a la orden después de su estancia en Roma, y Orlando puso la condición de que se aclarara todo el tema de calumnias que nadie avalaba.

P.- Usted ha dicho que su hermano y Jalics eran un escollo para que Bergoglio alcanzara lo que quería conseguir.

No entiendo por qué Bergoglio desarmó las pastorales en las villas, y ahora se presenta como el Papa villero.

P.- Pero ¿adónde quería llegar Bergoglio?

Y... ahora es el Papa. Y un político muy fuerte, una persona con mucha tenacidad y talento. Es muy hábil para ascender al poder.

P.- ¿Y por qué Jalics y Orlando eran en eso un problema?

Aunque ya los han sacado de circulación, Jalics tenía libros de Teología que se usaban en las cátedras. Y posiblemente Bergoglio no estaba conforme con esa Teología, que es algo que escriben los hombres, no Dios. Y mi hermano, como titular de Teología, posiblemente daba una interpretación de lo teológico más popular.

P.- ¿Cree que Bergoglio sabía del peligro que corría su hermano al retirarle su apoyo?

Sí, era una obviedad. Además se lo dijeron. "Nos estás poniendo en riesgo, nos van a matar".

P.- En el operativo en el que fueron secuestrados su hermano y Jalics también estaban cuatro catequistas y dos de sus esposos, que continúan desaparecidos. ¿Sabe si Bergoglio tiene sobre esto alguna relación?

Es difícil que Bergoglio haya actuado de manera directa o pedido el secuestro y muerte de alguien, pero sí podría haber mirado para otro lado. En la Iglesia argentina, no obstante, hay gente mucho peor que él, incluso curas que participaron en torturas. Hay prelados mucho más peligrosos y crueles que Bergoglio.

P.- ¿Por qué cree que Bergoglio dejó de ser jesuita en 1979, cuando todavía estaba vigente la dictadura?

Es un misterio, un agujero negro. Nadie sabe ni dice nada. La orden le sacó el cargo de superior provincial y lo envió a un convento en Córdoba (centro de Argentina). Estando en ese convento, de repente lo llamó el jefe de la Iglesia argentino, el monseñor Antonio Quarracino, y le firmó el decreto que lo convirtió en obispo. Y ahí empezó una carrera meteórica.

P.- ¿Qué cree que pasó?

Creo que Quarracino necesitaba un heredero. Y ahí Bergoglio se olvidó de los jesuitas. ¿Qué le importaba, si ya era obispo, y luego sería cardenal?

Informes inexistentes


P.- ¿Usted habló con Bergoglio alguna vez cuando su hermano estaba en cautiverio?

Sí, más de una vez.

P.- ¿Qué le dijo?

Que iba a ver qué podía hacer. Nunca pretendimos que armara una fuerza de tareas para rescatar a Orlando. Sólo le pedimos que nos mostrara cuáles eran esos informes que lo calumniaban. Pero jamás los exhibió.

P.- ¿Usted ha visto algún documento en el que se hablara mal de su hermano o Jalics?

No, ni yo, ni nadie. Hay un solo informe que rescató [el periodista argentino Horacio] Verbitsky de la Cancillería. Cuando Jalics volvió a la Argentina, Bergoglio firmó una nota en la que dijo que Jalics era una persona disociadora de la comunidad cristiana.

P.- ¿Y cree que hay por escrito acusaciones contra su hermano?

No, nadie puede haber firmado esos informes, porque para eso hay que tener pruebas. Pero sí que se harían comentarios. La Iglesia es como el Vaticano, un lugar de chismes, de intrigas y de muerte. Nosotros tenemos un  reclamo con la Iglesia: queremos que se nos diga qué actos administrativos determinaron que mi hermano debía irse de la orden. Y si no hay, que lo reconozcan.

P.- ¿Han hecho un reclamo formal?

No, porque necesitamos un canonista -un abogado de la Iglesia- y todavía no lo hemos conseguido. Hace dos años mi hermana fue a ver a uno en la Universidad Católica Argentina, pero la atendió en la vereda [acera], y ni siquiera la hizo pasar.

P.- ¿Y  bajo qué justificación se negó a ayudarles?

Dijo que eso era cosa del pasado.

Psicópata cruel

P.- ¿Cuándo fue la última vez que usted habló con Bergoglio?

Cuando vino a casa de mi madre y dijo que de Jalics todavía se hablaba, pero que de Orlando ya no. Nos dio la idea de que mi hermano estaba muerto.

P.- Dijo que lo habían fusilado.

Sí, se lo dijo a mi madre, además.

P.- ¿Qué sentido tenía afirmar algo así?

Porque tiene una personalidad disociada. Ahora es un santo. Pero una persona puede ser dos cosas al mismo tiempo.

P.- Y si ahora es un santo, ¿qué era antes?

Un psicópata cruel. Comenzó con un marketing directo de pobre después de volver del ostracismo del monasterio. Ahí comenzó a ser otra persona, hasta físicamente. Antes era alto y corpulento, de mucha presencia. Cuando volvió, su aspecto físico daba pena. Así empezó con su campaña de austeridad y pobreza.


P.- ¿Por qué lo considera un psicópata cruel?

Por testimonios de quienes lo han conocido internamente, y de cosas que ha hecho.

P.- ¿Qué cosas ha hecho?

Olvídelo. Me van a acusar de injurias, y yo estoy hablando ahora de un jefe de Estado. Eso no lo pierdo de vista. Sólo tenemos un reclamo: primero, la verdad. Que alguien en la Iglesia se haga cargo de esos supuestos informes contra mi hermano.

P.- ¿Pero usted cree que era un psicópata cruel?

No lo creo, lo sé. Bergoglio funciona en base a objetivos. Si usted le sirve, no corre peligro. Si se convierte en un inconveniente, se ocupa de destruirlo.

P.- Una injuria es un agravio difamatorio. Pero usted dice tener base para llamarlo así.

Que lo digan los que lo han sufrido.


Cuestión de negocios


P.- Sin embargo, el Premio Nobel de la Paz argentino Adolfo Pérez Esquivel ha desvinculado a Bergoglio de la dictadura.


Me consta que Bergoglio protegió a gente, y no pudo haberlo hecho de no tener un vínculo que se lo permitiera. A lo mejor la mayoría de esas relaciones fueron para bien, pero otras no lo fueron tanto. Quien tiene la capacidad de proteger, tiene también la facultad de desproteger. 

P.- El primero que vinculó a Bergoglio con el régimen militar fue el defensor de los derechos humanos Emilio Mignone. ¿De qué lo acusaba?

De entregar sacerdotes, monjas, catequistas. Yo así lo pensaba por entonces. Ahora creo que Bergoglio hizo sólo pecado de omisión.

P.- ¿Por qué cambió de opinión?

Por la reconstrucción de los hechos. ¿Qué sentido tenía tener guardados a dos curas cinco meses cuando los militares eran dueños de la vida y de la muerte? Le puedo contar para qué.

P.- ¿Para qué?

La dictadura buscaba una base en la sociedad civil y religiosa. Había un vínculo importante entre el nuncio y Massera, y Videla quería que el Episcopado recibiera a su ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz. Supongo que el nuncio convenció a los obispos. Orlando fue liberado un domingo. A las 48 horas el Episcopado estaba recibiendo al ministro de Economía. Así se explica que hubiera una visita importante, como dijo la guardia, al lugar del cautiverio de Orlando y Jalics cuando estaban secuestrados.

P.- Cree entonces que la liberación de los dos curas está relacionada con el encuentro de Martínez de Hoz y los obispos.

Tal cual. Fue un canje. Su libertad salió en los diarios inmediatamente, y cuando mi hermano y Jalics fueron liberados, se despertaron del sueño inducido en medio del campo y descubrieron que tenían dinero en los bolsillos. Así que la dictadura hizo sus negocios. ¿Por qué no los mataron y los tuvieron encerrados tanto tiempos? Eran una pieza de la negociación. Si la Armada hubiera estado segura de las acusaciones que recaían sobre ellos, los habrían matado en 24 horas.

El nuevo Papa

 

P.- ¿Siente rencor hacia Bergoglio?

Sí. Pero yo no puedo ser autorreferencial. A nosotros nos pasó algo malo con él. A otra gente no. Ahora, puedo estar en desacuerdo de que quiera una Iglesia pobre. Para mí, esto es una gilada. La opción por los pobres es también que la Iglesia comprenda cuál es el origen de la pobreza, que es la acumulación de riqueza por un sector muy reducido dentro de una lógica capitalista terrible. Acá crece la villa 31 y crece Puerto Madero [el barrio más rico de Buenos Aires], ¿cómo puede ser? Cuando Juan Pablo II donó su anillo a la gente de Brasil, ¿qué resolvió?

P.- Bergoglio ha dicho ahora que la Iglesia debe ser para los pobres. 

En buena hora, pero lo que se precisa es una Iglesia que actúe sobre las causas de la pobreza. Habla del sufrimiento de los pobres pero no de la usura internacional que deja a la gente sin casa y sin comida. Yo espero una actitud más firme, y ojalá la tenga.


* Artículo aparecido en el diario español Público el 19 de marzo de 2013

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