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lunes, 18 de mayo de 2009

La estrategia Af-Pak*

El bombardeo estadounidense que hace unos días acabó con la vida de 147 personas en Afganistán no acaba de ser olvidado. Aquel ataque en la provincia de Farah, que pretendía eliminar a los talibanes allí posicionados, se ha convertido en el más mortífero desde que EE.UU. invadiera el país en 2001. También ha generado inmediatas consecuencias, como la sustitución de dos Generales de gran peso entre las fuerzas militares: el comandante de las tropas estadounidenses y de la OTAN en Afganistán, David Mckiernan, y el responsable de las de Europa, Bantz Craddock.

El secretario de Defensa Robert Gates justificaba el cambio ante la necesidad de una nueva estrategia en Afganistán y Pakistán. Y los presidentes de estos dos países, Hamid Karzai y Asif Ali Zardari, están muy de acuerdo con esos planes. Se ha creado así una alianza que lidera EE.UU. con tropas y dinero y que son la única garantía de Karzai y Zardari para estar todavía de pie en sus respectivos Gobiernos. La escalada de los taliban asusta tanto, sobre todo, por las próximas elecciones que se celebrarán en Afganistán en agosto, como por el debilitamiento del Gobierno paquistaní. Hasta tal punto está desacreditado el mandato de Zardari, que se ha visto obligado a legalizar la ley islámica (sharia) en el valle del Swat, una región bajo el poder de los talibanes, a cambio de un alto el fuego.

“La mayor parte de esta región (territorio paquistaní) es rica en uranio, cobre, petróleo y gas”
Pero estas concesiones no son reprochadas con dureza por Estados Unidos, al igual que el presidente de Afganistán tampoco exige responsabilidades a Obama por la masacre civil que ocasionó el Ejército estadounidense en la región de Farah.

Para Estados Unidos, el poder de los taliban es un peligro dada la influencia que puede tener en otras repúblicas centroasiáticas. El interés hacia Pakistán y Afganistán se explica, además, por la existencia de una zona vital: el desierto de Baluchistán, dividido entre Irán, Afganistán y Pakistán. La mayor parte de esta región se encuentra en territorio paquistaní, y es rico en uranio, cobre, petróleo y gas, con lo que Baluchistán puede convertirse en un futuro en uno de los principales productores de energía.

EE.UU. quiere tener el control de esta tierra para impedir la construcción del gasoducto IPI (Irán-Pakistán-India) y apostar por el gasoducto TAPI (Turkmenistán-Afganistán-Pakistán-India). El gas del Mar Caspio pasaría a estar bajo la primacía estadounidense, Rusia e Irán quedarían fuera de juego, y por lo tanto China, que necesita el gas iraní, también quedaría excluida.

El problema es que el Baluchistán paquistaní está dominado por los taliban. Esto esclarece los motivos de EE.UU. para sumar a Pakistán en la “lucha contra el terrorismo” que ya había comenzado con Afganistán. Es una apuesta decidida por la que Pakistán ha reducido sus objetivos a los de Estados Unidos, y por la que el Ejecutivo de Afganistán espera recuperar una autoridad que hace ya tiempo socavaron los taliban. El precio por esta tutela estadounidense aún la está pagando la población de ambos países, víctima de ataques indiscriminados, y subyugada bajo la lucha entre los taliban y unos Gobiernos desprestigiados.

* Publicado por el diario público El Telégrafo (Ecuador)

sábado, 28 de marzo de 2009

Confusa presencia militar*

Las tropas españolas saldrán de Kosovo antes de que finalice septiembre. Desde hace varios días, los medios de comunicación dan amplia cobertura a este asunto, pero no tanto por la conveniencia de esta decisión como por la manera de anunciarlo, que muchos califican de apresurada e incluso de irrespetuosa de cara a Estados Unidos.

Lo primero que habría que preguntarse, ante todo, es qué hacían allí 623 militares a las órdenes de la OTAN. Los ecuatorianos, por fortuna, no tienen que preocuparse de qué contingente es enviado a saber a qué lugares remotos. Las Fuerzas Armadas del Ecuador están en su territorio, y, a lo sumo, deben trasladarse a la frontera si es que algún país vecino le da por violar su espacio. Pero en España tenemos unos 3.000 soldados desperdigados de forma permanente en Afganistán, Kosovo, Bosnia, Chad, Líbano, Somalia y hasta ahora, Kosovo. ¿Qué hacen allí? No se sabe bien.

Las misiones españolas en el exterior están al mando de la Alianza Atlántica, de la Unión Europea o bien de la ONU. Pero no se informa con detalle de a qué se debe la participación del Ejército español en ciertas operaciones militares, en qué consisten las labores que realizan, como las llamadas “actividades de vigilancia” en Somalia, o qué implica su participación, por ejemplo, en la Brigada Multinacional Oriental en Líbano.

Son asuntos que se desconocen, y que en todo caso se asoman a un titular cuando hay alguna baja o cuando se produce un cambio de planes. Sirva de ejemplo lo que sucedió hace un mes, cuando militares españoles en Chad fueron condecorados. Aunque ésa era la noticia, alguno que otro quedó desconcertado: “Ah, ¿pero es qué nuestras tropas están en el Chad?”. Porque lo que en ningún caso se aclara es cuál es la intención de tener tropas españolas allí, y a qué se dedican exactamente.

El revuelo que se ha formado ahora con la retirada de Kosovo es por completo superficial. No hay apenas un artículo que se haya preguntado sobre qué han hecho nuestras tropas en los 10 años que llevan allí. Y es cuanto menos sospechoso que los efectivos españoles no hubieran sido retirados de inmediato en febrero de 2008, cuando casi todos los países de la Unión Europea –sin incluir a España– junto con Estados Unidos, reconocieron la independencia del Estado de Kosovo.

Y para los que celebren el excelente gesto de España, que decide por su cuenta y riesgo sin pedir permiso a Estados Unidos, que no se ilusionen. Barack Obama tiene más interés en fortalecer su misión particular en Afganistán, y el Gobierno español, que hasta ahora ha negado que fuera aumentar los 780 soldados que mantiene en el país islámico, comienza a cambiar de opinión. Bien significativo ha sido que el Ministerio de Defensa anunciara, en diciembre del año pasado, que a partir de 2009 queda eliminado el límite de 3.000 militares que podían ser enviados al extranjero. La nueva cifra que se plantean alcanzar es de 7.700 soldados, más del doble.

¿A qué finalidad responde este propósito? No hay de qué preocuparse. Esa cuestión nunca será planteada.

* Artículo escrito para el diario público El Telégrafo (Ecuador)

jueves, 6 de noviembre de 2008

Los pedazos de Afganistán

Primero en el sur, luego en el noroeste de Afganistán. Las noticias en las agencias se superponían: apenas era publicada la noticia de que un bombardeo de las fuerzas armadas de Estados Unidos había acabado con la vida de 40 civiles que asistían a una boda –y siempre con la coletilla 'la mayoría mujeres y niños' cuando llegaba otra: al menos siete personas han muerto en la provincia de Bhadgis, aunque el responsable del consejo provincial del distrito Ghormach, en donde se produjo el ataque, eleva la cifra a 30.

¿Qué excusa esgrime la coalición liderada por Estados Unidos? Primero, que no tienen conocimiento de ninguna muerte, y segundo, 'que los errores ocurren'. Es entonces cuando el presidente de Afganistán, Hamid Karzai, ha elevado su tono de protesta un poquito más que en ocasiones anteriores. En su primera alocución dirigida al ya presidente electo de Estados Unidos, Karzai reclamó: “Espero que su elección traiga paz y vida a nuestro pueblo y que aporte cambios en su estrategia de guerra contra el terror ”.

Karzai no parece preocupado de que Barack Obama haya anunciado su intención de aumentar el número de tropas en el país.

Mientras tanto, los medios de comunicación evitan incluir en el contenido de sus noticias información de contexto que alumbren algo sobre la situación en Afganistán, más allá de comentar un número determinado de muertos por una ofensiva militar que no despierta el más mínimo interés. Desde octubre de 2001, año en que Bush decidió poner en práctica la ocupación que llevaba tiempo deseando, las noticias de muertos en Afganistán son comunes. Tanto, que ya no llaman la atención, como ahora tampoco las de Iraq.


Sin embargo, la ACNUR (Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados) recuerda que en esta misión que encabeza Estados Unidos con el nombre de 'Libertad Duradera', 1.500 civiles han muerto en los ocho primeros meses de 2008, un 35% más que el año anterior. Desde que se derrocara el régimen de los talibanes a finales de 2001 no se había llegado a tantas muertes civiles como en agosto: 330 personas.


La OTAN también está presente en el país, con la International Security
Assistance Force (ISAF), que fue constituida a sugerencia del Consejo de Seguridad de la ONU. Más de 53.000 soldados componen esta fuerza internacional en la que participan 40 naciones. La ISAF pretende marcar una diferencia con la operación militar 'Libertad Duradera', integrada a su vez por una mayoría de militares estadounidenses (unos 15.000). Pero la realidad es que todos ellos, en total unos 70.000, están bajo el mando de Estados Unidos.


La suma de las muertes de noticias aisladas no cubren la cifra final: más de 4.000 muertos desde que Estados Unidos invadió en el país. Por eso, más que el recuento diario de los bombardeos o ataques que se perpetran contra la población, sería conveniente una mayor cobertura y más análisis de fondo sobre las consecuencias de una ocupación extranjera que ni siquiera con el nuevo presidente de la potencia ocupante tiene visos de terminar.

Una fila interminable acude a despedir a la leyenda de rock argentino Indio Solari

Centenares de miles de personas hacen cola desde la capital argentina y a lo largo de unos 10 kilómetros hacia e l Parque Domínico del munic...