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miércoles, 5 de mayo de 2010

La Unasur boicoteará la cumbre de Madrid si asiste Honduras*

La Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) se niega a pasar página con el golpe de Estado de Honduras, así sea a costa de enfrentarse con Europa. Prueba de ello es la advertencia que ha lanzado el mandatario ecuatoriano y a la vez presidente pro-témpore del bloque, Rafael Correa, sobre la posibilidad de que varios países de la región no acudan a la cumbre de la Unión Europea, América Latina y el Caribe, prevista para el próximo 17 y 18 de mayo en Madrid, si asiste también Honduras.

No se pueden legitimar elecciones bajo la égida de una dictadura, y no se pueden asentar precedentes de esa naturaleza”, indicó Correa al término de la cumbre de la Unasur celebrada el pasado martes en Argentina.“En Honduras se expulsó del país a punta de balloneta a un presidente constitucional y es como si no pasara nada”, precisó

El jefe de Estado ecuatoriano subrayo la “ligereza” en la que había incurrido el Gobierno español al incluir a Honduras en el encuentro sin haber consultado antes a la Unasur. Todos los países que integran el organismo, savo Perú y Colombia, rechazan el Gobierno hondureño de Porfirio Lobo elegido en los comicios del pasado noviembre.

Correa recordó además que Honduras sigue expulsado tanto de la Organización de Estados Americanos (OEA) como del Sistema de la Integración Sudamericana (SICA) tras el golpe de Estado que derrocó al presidente Manuel Zelaya el 28 de junio de 2009. “No es gratuita la oposición al Gobierno hondureño”, señaló.

El canciller hondureño Mario Canahuati confirmó ayer, en cambio, que su país estará presente en el encuentro porque “estamos formalmente invitados por el presidente Zapatero”.


* Artículo aparecido el 05-05-2010 en el diario español Público.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Engaños de la situación hondureña

El secretario general de la Organización de Estados Americanos, José Miguel Insulza, se ha encargado de tirar por tierra la exigua confianza que trató de granjearse su institución en la crisis de Honduras. Después de las elecciones ilegítimas del 29 de noviembre rechazadas por la inmensa mayoría de los países de América Latina – excepto Colombia, Perú, Costa Rica y Panamá-, Insulza no ha podido seguir más con el juego de la diplomacia que le permitía hasta ahora quedar bien con todo el mundo.

Se celebraron los comicios en Honduras con la oposición del presidente legítimo Manuel Zelaya y con una abstención que en los primeros días se anunció como espectacular –entre el 65 y 70%– y que ahora según el Tribunal Supremo Electoral se sitúa en menos del 40%. Zelaya no sabe ya cómo gritar que es un fraude más que se presenta ante la comunidad internacional con todos los ropajes de una legalidad de la que carece: “No se dejen engañar por este proceso de elecciones que deja libre al golpe de Estado”, dijo.

Y en este momento tan frágil, ha venido Insulza a ningunear la postura de la mayoría de sus miembros, que no reconocen las elecciones, para alinearse con Estados Unidos. Eso es al final lo importante. En vez de actuar como representante de una OEA en la que existe se entrada una discrepancia, el secretario general ha dicho que “el presidente electo de Honduras, Porfirio Lobo, está en la "mejor posición" para “reiniciar la restauración” de la democracia y “separarse” del golpe de Estado.

Luego se contradice a sí mismo y dice que la OEA no tiene un “veredicto definitivo” sobre los comicios porque no ha enviado observadores. Entonces, ¿cómo se permite el dar por válido el resultado? ¿Por qué no ha estallado un escándalo de aúpa por sus declaraciones?

Hay algo que no se debería perder de vista en todo este conflicto que se ha prolongado por casi medio año. Los medios en general ya ni lo comentan, sea por malicia o cansancio. Primero, que las elecciones eran parte del Acuerdo de Tegucigalpa/San José, firmado el 30 de octubre, por el que entre otras condiciones el Congreso debía restituir a Zelaya en el poder. Pero la Cámara votó en contra.

Exactamente, en el punto 5 de aquel pacto fallido se decía lo siguiente: “el Congreso Nacional, como una expresión institucional de la soberanía popular, en uso de sus facultades, en consulta con las instancias que considere pertinentes como la Corte Suprema de Justicia y conforme a ley, resuelva en lo procedente en respecto a retrotraer la titularidad del Poder Ejecutivo a su estado previo al 28 de junio hasta la conclusión del actual periodo gubernamental, el 27 de enero de 2010”.

Lo que hizo el Congreso es punible. “El Congreso Nacional no tiene ninguna facultad legal para suplantar la soberanía popular y destituir al presidente. Al contrario, esto es un acto tipificado como delito de alta traición a la patria, el cual es imprescriptible”, recordó Zelaya.

Pero no hay que olvidar una segunda parte. Este acuerdo al que Zelaya se rebajó convertía a los representantes de Micheletti en interlocutores válidos, como si no tuvieran legitimidad para estar en el Gobierno pero por arte de magia sí gozaran de ella para firmar un acuerdo. ¿Pero no era que no se podía negociar con los que perpetraban un Golpe de Estado porque era admitir una legalidad de la que carecen?

El secretario de la OEA, con Estados Unidos a la cabeza y con los acólitos latinoamericanos de faldón –entre los que no podían faltar los países de Álvaro Uribe y Alan García– se ha pasado estos dos aspectos por alto. Peor aún, Insulza ha dejado de disimular y ha mostrado por qué la OEA, con Estados Unidos dentro, no sirve para representar a una América Latina soberana. Siempre tendrá que dar explicaciones al supremo. El resto son cuestiones secundarias. Hasta los golpes de Estado.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Claudicación

No es fácil sobrellevar un derrocamiento y un exilio involuntario, pero el estar encerrado en una embajada de tu país por casi dos meses y sin poder salir, debe ser cuanto menos angustiante. No digamos si a ello se le une un golpe de Estado que, ya sea por omisión o inacción de la comunidad internacional, es legitimado cada día que pasa.

El presidente de Honduras, Manuel Zelaya, se ha cansado de que le tomen el pelo con tanto descaro. El sinfín de acuerdos y conversaciones, arreglos y desavenencias acabaron por agotarlo también a él. Renunció a lo más legítimo de su lucha, que era su convicción de no negociar en ningún caso con los golpistas.

El 30 de octubre se resignó a firmar el Acuerdo de Tegucigalpa-San José por el que renunciaba a convocar una Asamblea Constituyente que pudiera reformar la Carta Magna, y accedía a la creación de un Gobierno de Unidad y Reconciliación en el que podían ser incluidos los que hoy detentan el poder en su país.

Se terminó entonces el principio de “no hay trato con golpistas porque ello significaría legitimar la autoridad que han usurpado”. Acabó por ceder, después de una lucha diaria que está por cumplir su quinto mes, en cuanto rubricó con su firma el acuerdo. Y ha tardado una semana en arrepentirse.

Lo primero que hizo fue rechazar el pacto. Su decisión se justificaba en el incumplimiento del acuerdo por parte de la parte contraria (recordemos, el lado golpista que pasa a formar parte de un acuerdo con ínfulas de legalidad). Micheletti había formado el famoso Gobierno de unidad con sus acólitos, pero no con los de Zelaya.

¿Quién puede pretender que los pasaron embravecidos sobre un Gobierno legítimo se cuiden ahora en las formas y se pongan serios con un tratado de pacotilla? No respetaron la Constitución hondureña, ¿y se iban a sujetar a un papelillo, por mucho apoyo de la OEA que tuviera?

Qué ingenuidad. Pero qué derrota, también, la de un Zelaya que parecía dispuesto a todo salvo a la posibilidad de charlar con Micheletti como si de un homólogo se tratara. Al final se ha dado cuenta, pero ha necesitado que el Gobierno de facto transformara el convenio en un escarnio para el presidente legítimo hondureño.

Estados Unidos

Zelaya se dejó arrastrar por Estados Unidos, que lideró el proceso, y la OEA, que se ofreció como garante del acuerdo. Todos se animaron con la idea de que la crisis terminara. Así fuera a toda costa, así fuera convirtiendo en interlocutor válido a la delegación representante de Micheletti.

El presidente hondureño se dio cuenta de la trampa, pero tarde. Por primera vez desde el golpe de Estado se ha permitido el lujo de enfilar sin miedo al presidente Barack Obama, y él, pequeño dirigente de un país aún más minúsculo, ha proclamado contra el todopoderoso la decepción que sólo ahora le ha estallado entre las manos: “Estados Unidos ha dejado de ser el futuro para ser el pasado nuevamente, el de los golpes de Estado, de las elecciones impuestas, de los fraudes electorales”, dijo.

Porque la virtud de Zelaya, que fue la de resistir en un comienzo, se transformó sutilmente en lo que luego sería su gran fallo: la espera. La espera de que Estados Unidos se decidiese a no encubrir el golpe, que se hubiera desplomado en 24 horas si el coloso norteamericano hubiera congelado las cuentas bancarias del Gobierno de facto o si hubiera bloqueado las remesas de los migrantes hondureños, como bien señaló Atilio Borón. Sin dinero, el Ejecutivo se hubiera caído como un castillo de naipes.

Zelaya lo sabía, pero aguantó. Se creyó los guiños de complicidad que venían del vecino de arriba. Trató de convertir a Estados Unidos en su principal aliado, lo eligió como preferido frente a la OEA o a la ONU, se confió a él más que a los países de América Latina, y perdió.

Todavía hoy, en un gesto instintivo, escribe cartas al presidente Obama para explicarle el por qué de su rechazo al acuerdo. Si en vez de perderse en tácticas dilatorias Zelaya hubiera apuntado bien alto, se hubiera atrevido a volcar el apoyo internacional en una presión constante hacia Estados Unidos. Y ahí podríamos haber visto el resultado de una resistencia que, sin embargo, ha terminado por perder sus ropajes en el camino.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Entrevista a Atilio Borón: "El colonialismo es una cosa monstruosa"*

Hace apenas dos meses que fue publicado Crisis civilizatoria y agonía del capitalismo, el último libro del sociólogo argentino Atilio Borón que tuvo como inspiración nada menos que una larga charla mantenida con Fidel Castro. Así es Borón, uno de los investigadores más reconocidos de América Latina, que a lo largo de su vida ha podido acercarse a las personalidades que han hecho y siguen haciendo historia. En la entrevista que sigue, el además director del Programa Latinoamericano de Educación a Distancia de Ciencias Sociales (PLED) desgrana aspectos no tan conocidos del particular momento que vive el continente ante el golpe de Estado de Honduras.

—¿Qué papel representa Brasil ante la crisis de Honduras?—

Brasil ha cambiado de postura. Por algo Zelaya se ha refugiado en la embajada brasileña. Siempre fue un país sumamente cauteloso y su presencia dentro de América Latina nunca llegó a ser demasiado descollante, debido a que primaba la idea de que era diferente. Pero últimamente ha recibido algunos bofetones que lo han hecho espabilar un poco.

—¿Cuáles?—

De entrada, que Estados Unidos activa la cuarta flota, que llevaba 50 años durmiendo, a las pocas semanas de que Brasil anuncie que tiene enormes yacimientos de petróleo en alta mar, fuera de San Pablo. Brasil se dio cuenta de que la orientación que le imprimió a su política exterior era equivocada. En marzo de 2007 Lula firmó con Bush un acuerdo especial de cooperación en producción de biocombustibles. Brasil se confió mucho en eso, y sin embargo los norteamericanos ya habían mandado señales que la cancillería brasileña no entendió.

—¿A qué se refiere?—

Brasil ya había recibido indicios que no decodificaron adecuadamente. Por ejemplo, cuando Estados Unidos adquirió los derechos para movilizar sus tropas en la base paraguaya de Mariscal Estigarribia, que está sobre el Chaco paraguayo, cerca de la frontera con Bolivia. Y también se quedó dormido cuando un tiempo antes Paraguay había consentido instalar una base de operaciones de la DEA (la Agencia Antidrogas de Estados Unidos), que en realidad es una base militar disfrazada, lo cual suponía una clara amenaza. Estaba a 100 metros de la frontera brasileña.

—¿Por qué entonces crear una alianza con Estados Unidos?—

Brasil se distrajo porque habían apostado a que Estados Unidos facilitaría su ingreso al Consejo de Seguridad de la ONU con un puesto permanente. Eso les hizo tragar el anzuelo, y de repente se dieron cuenta de que la cuestión no era así.

—¿Qué hizo despertar a Brasil?—

El mazazo final han sido las siete bases que se instalarán en Colombia. Ahí Brasil se da cuenta de que, sin haberse percatado de nada, tiene dos bases militares al sur de Brasil, siete en el Norte, y para colmo de males en las últimas semanas Sarkozy está negociando con Obama la concesión de la base que tienen los franceses en Cayena, en la Guayana francesa. Brasil queda totalmente rodeado.

—¿Qué intereses se esconden detrás?—

La proyección de la influencia militar norteamericana se explica porque sus estrategas consideran la Amazonía un territorio de acceso universal. Jamás lo van a decir así públicamente, pero yo he visto los textos y los manuales de estudio de los militares norteamericanos, en donde aparece la Amazonía pintada de un color diferente al resto de Brasil.

—¿Qué significa el activismo brasileño con Honduras?

Es un modo de reposicionarse, de tratar de controlar la influencia norteamericana, de evitar que se instauren gobiernos títeres de Estados Unidos en América Latina porque son ahora vistos como una amenaza a la seguridad nacional. En buena hora ha sucedido, pero se despertaron un poco tarde.

—¿Hay de fondo una competencia entre Brasil y Estados Unidos?—

No creo, porque Brasil siempre ha sido sumamente conservador. Brasil no es un foco de propagación de propuestas progresistas y de izquierdas sino un foco de moderación en el contexto de la adopción de un modelo económico sumamente ortodoxo y neoliberal.

Honduras

—¿A quién sorprendió que Zelaya llegara de repente al país?—

No me cabe ninguna duda de que a la OEA (Organización de Estados Americanos). A quien no le toma por sorpresa es a Lula, aunque lo ha negado porque era lo último que podía decir ante la comunidad internacional. Probablemente Brasil habría informado a Obama un rato antes de que Zelaya llegara a la embajada brasileña.

—¿Por qué iban a avisar al presidente estadounidense?—

Porque Lula no quiere indisponerse con Estados Unidos, y hubiera sido un gesto feo que Obama se enterara por los diarios.

—¿A Estados Unidos hay que darle explicaciones y al resto de los países de América Latina no?—

Sí. Somos colonias desde hace cinco siglos.

—¿No estábamos en un proceso de independencia?—

Acá hemos cambiado de amos. Se han ido los españoles y portugueses y han venido ellos. Estamos muy sometidos a la influencia, al predominio y a la dominación norteamericana. Lo peor de todo es que la dominación la tenemos internamente. El colonialismo mental es una cosa monstruosa.

—¿Y en qué queda el papel de la ONU ante el golpe de Estado hondureño?—

No tiene ningún papel relevante en la política mundial, como tampoco en América Latina.

—¿Ni siquiera la Asamblea General?—

Ellos emiten buenas declaraciones que firmamos todos. La hegemonía norteamericana ha sido tan fuerte, sobre todo después del derrumbe de la Unión Soviética, que la ONU se ha transformado en un organismo retórico discursivo. Nada más, no tiene ninguna capacidad efectiva de intervención.

—¿Estados Unidos está ayudando a que se resuelva la crisis en Honduras?—

Hasta ahora no. Estados Unidos podía haber ayudado de una manera decisiva. Obama se queja: “Ustedes no querían que interviniera antes y ahora quieren que lo haga”. Está equivocado. Estados Unidos ha intervenido permanentemente en Honduras. Desde 1903 hay una intromisión muy fuerte de carácter militar. Y la influencia venía desde antes. En la década de los ‘80 hubo una restructuración integral del Estado y las Fuerzas Armadas hondureñas bajo la directa vigilancia de Estados Unidos. Allí tenía un embajador sumamente poderoso, que era John Negroponte, que fue quien organizó el Ejército, el que armó las bases en Palmerola, y el que organizó también los grupos de choque y de tareas –los paramilitares que mataron a tanta gente. Honduras tiene el ejército más completamente dominado por el Comando Sur de toda América Latina.

—¿Entonces qué podría hacer Estados Unidos?—

Que deje de intervenir de una vez. Que saque a su embajador de Honduras y deje Honduras en la más absoluta soledad. Que amenace con bloquear los fondos de los hondureños residentes en Estados Unidos, los que mandan remesas a Honduras. Y que congele las cuentas de algunos capitostes de Honduras hasta que no se aclare la situación. Así el régimen se caería en 24 horas.

—¿Por qué Obama no lo hace?—

Porque no controla el aparato estatal de Estados Unidos. Tanto es así que cuando él decide que se paren los juicios a los detenidos en Guantánamo, estos no le prestan atención y siguen con los juicios. Obama no controla ni al Pentágono –cuyo Secretario de Defensa viene de la época de Bush–, y mucho menos a su acérrima enemiga, hasta la resolución de las elecciones internas, que es Hillary Clinton. Es más: algunos mal pensados dicen que a Hillary le conviene el deterioro de Obama porque ella sería la candidata demócrata en caso de que este hombre acabara mal sus días. Podría tener un buen peso.

—¿Zelaya debería aceptar el Acuerdo de San José propuesto desde un inicio por el presidente costarricense, Óscar Arias?—

Tal y como están las cosas, hoy no tiene mucho sentido. Se ha modificado mucho la situación. Con el ingreso de Zelaya a Honduras lo que hay que hacer es que la OEA termine de dar el empujón final para que caiga Micheletti, se restituya a Zelaya en el cargo, y a partir de ahí se reorganice el organigrama electoral.

—¿Qué salidas contempla?—

Espero que se reinstaure a Zelaya en la presidencia, porque es el único presidente legítimo que tiene ese país. Y a partir de ahí creo que tendría que haber una discusión sobre la reforma constitucional. Habría que discutir el castigo a los culpables del movimiento sedicioso, porque si salen impunes, dentro de tres meses tenemos otro golpe. Y por último, tendrían que postergarse las elecciones y dar más atención a lo que se viene, que es la conformación de un amplio movimiento social y político de apoyo a Zelaya, en un país donde eso, antes, no existía.

* Entrevista para la revista argentina Zoom

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Entrevista con Zelaya: "Esto es una barbarie"*

Tratar de comunicarse con el presidente legítimo de Honduras, Manuel Zelaya, no es tarea fácil. Él mismo se encarga de advertirlo nada más comienza a hablar con Público: "Hay interferencias electrónicas, nos están cortando las llamadas", dice con voz pausada. "Estamos sometidos a unos ataques de ondas muy fuertes".

Aunque ya lleva más de una semana en la embajada brasileña de Tegucigalpa, y pese a que el presidente de Brasil, Lula da Silva, lo considera un "huésped de honor", Zelaya teme las consecuencias que se deriven de las agresiones que llegan de fuera. El pasado viernes, los militares lanzaron gases tóxicos dentro del edificio, y ayer un helicóptero se dedicó a sobrevolar la zona en lo que ha sido considerado una actitud intimidante, según denunció a este periódico Rasel Tomé, secretario de la Comisión de Alto Nivel de Diálogo, y refugiado en la sede diplomática junto al presidente.

Censura mediática

Zelaya sabe que está siendo acorralado. Por eso, el presidente depuesto no se entretiene en explicar cómo se encuentra y denuncia el cierre de Radio Globo y Cholusat Sur. "Fueron asaltados, allanados en sus oficinas. Fue amenazado el personal, confiscados los equipos, desmanteladas las instalaciones", comenta.

El asedio al que está sometido Zelaya tiene una intención muy clara que él reconoce: "Están tratando de amedrentarnos. Hay una movilización militar muy grave", indica. "Esto es una barbarie, una tragedia que está viviendo el pueblo hondureño".

Por eso la petición del presidente parece casi una súplica: "Estamos haciendo esta denuncia ante la comunidad internacional. Que hagan lo que tienen que hacer, preservar para los hondureños su libertad, también para los que estamos aquí en la embajada". Hace una pausa y finaliza: "Pedimos la protección de la vida de muchas personas que están aquí, que temen un ataque. Es un golpe de Estado cruento".


Artículo para Público

viernes, 25 de septiembre de 2009

"Me hace sangrar la nariz... Ahora estamos con mascarillas"*

"No cuelgue", responden a Público desde el interior de la embajada de Brasil en Tegucigalpa. El objetivo era hablar con Rasel Tomé, dirigente del Frente de la Resistencia y refugiado en la sede brasileña en la capital hondureña junto al presidente Manuel Zelaya. Tomé confirma que no hay problema para entrevistar a Zelaya. Está a su lado, pero ahora el líder derrocado habla sin parar por su teléfono.

Durante más de media hora, la comunicación queda en espera. Sólo se escuchan ruidos y gritos. Mucho movimiento y cierto nerviosismo. Una voz a lo lejos parece ser la de Zelaya. Contesta cansado a unas preguntas. Surge de nuevo con nitidez la voz de Rasel Tomé, que pregunta a la periodista: "¿Sigue ahí?". "Sigo, sí". "Le paso en cuanto termine con una entrevista para Globovisión".

De repente, la comunicación se corta. Nueva llamada. Descuelga Tomé, pero esta vez con síntomas de aturdimiento. "Está pasando una cosa. Estamos mal de la garganta", dice. "Hemos recibido como un gas, me está haciendo sangrar la nariz. Ahora estamos con mascarillas". La voz que ahora se escucha en el interior de la embajada es pura queja. "Ahora hable con el doctor y le cuenta mejor", dice Rasel. Se pone alguien que habla sin presentarse.

"Tenemos compañeros que tienen sangrados nasales y rectales, otros tienen náuseas, vómitos", dice exaltado. "La conclusión es que se trata de un gas, pero no sabemos cuál es". El médico está angustiado. "Hacemos un llamado internacional para que la ONU mande a un toxicólogo", dice. "A ver qué antídoto podemos usar".

Zelaya se desvanece. Los responsables de la embajada lo han metido en una habitación para protegerlo. Como si hubiera un lugar seguro dentro de una sede que sigue asediada.

*Artículo para Público

jueves, 24 de septiembre de 2009

Rafael Alegría: "Exigimos una acción concreta de la ONU"*

“Tenemos que comunicar que la resistencia popular contra el golpe de Estado seguirá movilizada”. El dirigente campesino Rafael Alegría, uno de los líderes de la resistencia popular contra el Golpe de Estado, deja traslucir cierta emoción al pronunciar estas palabras. “Barrios, colonias, ciudades, departamentos, municipios... en todas partes del país está presente la movilización popular. Pero las Fuerzas Armadas están reprimiendo al pueblo”.

Tras una reunión de urgencia que ha congregado a diversos organismos de derechos humanos, Rafael Alegría ha denunciado el recrudecimiento de la violencia que se vive hoy en Honduras, y que ha sido la respuesta instintiva de los golpistas ante la llegada al país del presidente legítimo, Manuel Zelaya. “Por eso estamos a la espera de la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU. Tienen que pasar de una declaración a una acción concreta”. La situación, según cuenta por teléfono, es insostenible.

“En estos cuatro días han causado alrededor de 25 heridos, algunos de gravedad”, narra con vehemencia.

El representante del Frente de Resistencia contra el Golpe de Estado en Honduras cuenta además que durante este tiempo han sido detenidas más de 500 personas, algunas de las cuales van sido liberadas de forma gradual. “Todos los días y todas las noches nos persiguen, nos disparan. Estamos en toque de queda, pero aún así el pueblo resiste”.

A pesar de la coordinación que existe entre todos los movimientos de resistencia del país, y aunque perseveran las denuncias de instituciones como la Organización de Derechos Humanos de Honduras (FIAN), Rafael Alegría espera con impaciencia la llegada de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que todavía no ha podido entrar al país por el cierre de los aeropuertos. “Esperamos que lleguen esta noche o mañana”, aventura. “El pueblo hondureño está siendo perseguido y masacrado. Necesitamos una salida urgente”.

* Artículo para el diario español Público

martes, 22 de septiembre de 2009

"Pedimos la ayuda de los cascos azules"*

No puede salir de su casa ni acudir a la embajada de Brasil, en Tegucigalpa, para reunirse con el presidente Manuel Zelaya. La viceministra de Relaciones Exteriores, Beatriz Valle, espera órdenes del Gabinete para coordinar una acción conjunta con todos los ministros aislados y así salir juntos. Entre tanto concedió esta entrevista:


- ¿Por qué Zelaya ha optado por refugiarse en la embajada de Brasil?

Ha debido tomar esa determinación porque Brasil es una país de izquierda moderada que ha cobrado mucha fuerza en América Latina. Ha acudido allí para protegerse de todos los ataques.

- ¿Temen por la integridad del presidente?

Sí. Ayer de madrugada hubo un desalojo violento por parte de las Fuerzas Armadas contra las personas que estaban apostadas pacíficamente frente a la embajada. Hay al menos 18 personas que están el Hospital Escuela. Está por confirmarse lo que ha pasado con un niño que al parecer tenía problemas respiratorios y no habían llegado a revivirlo. Tenemos un toque de queda de 24 horas, nadie puede salir a la calle. Estamos ante un típico Gobierno de facto dictatorial de los que había antes. Parece que estamos viviendo en Macondo.

- ¿No queda gente en las calles?

- Afuera ya no hay nadie, la calle sólo está llena de los militares mandados por Micheletti. Han pensado en allanar incluso la embajada de Brasil. Es territorio brasileño, eso supondría una violación de todos los convenios suscritos con los demás países.

- ¿Por qué Zelaya ha rechazado ahora el Acuerdo de San José?

- Es imposible de firmarlo tal y como está ahora. Está desfasado, las condiciones han cambiado, la situación del pueblo también, y el presidente se debe a los hondureños.

- ¿Qué tienen planeado ahora?

- Esperamos que la comunidad internacional se pronuncie de manera más fuerte.

- ¿Y qué medidas concretas esperan?

- Que vengan los cascos azules de la ONU. La situación ya es de violencia inmensa de parte del Estado contra el pueblo. No tenemos manera de defendernos.


* Artículo para el diario Público

jueves, 30 de julio de 2009

Enrique Reina: “La Constitución de Honduras impide perdonar la violación de derechos humanos”*

A un mes del derrocamiento del presidente hondureño Manuel Zelaya, Estados Unidos revocó cuatro visados del Gobierno de facto, a lo que se suma la suspensión de la ayuda militar y de desarrollo que la Administración Obama estableciera hace unos días como sanción al régimen de Roberto Micheletti. El embajador de Honduras ante Estados Unidos, Enrique Reina, concedió la siguiente entrevista desde Washington para explicar la situación que atraviesa su país en estos momentos.

—¿Cuál es la posición de la Embajada ante la vuelta de Zelaya a Honduras?

—Recordemos que el presidente Zelaya ha sido sacado de manera ilegal del país. Entendemos que la justicia internacional busca el camino del diálogo. El presidente ha aceptado los puntos presentados por el presidente costarricense Óscar Arias, pero las posiciones intransigentes del Gobierno de facto no han permitido avanzar. Usan un doble discurso: dicen estar dispuestos al diálogo pero al interno dicen que no van a permitir el regreso de Zelaya, a pesar de que la ONU y la OEA exigen su retorno incondicional.

—¿Qué es lo que ocurre ahora en la frontera con Nicaragua?

—Hay una situación preocupante que se agrava por la violación de derechos humanos y por la represión. El presidente Zelaya había viajado a la frontera para ir a recoger a su familia, pero no sólo no les han dejado pasar, sino que han declarado además un toque de queda en esa zona. Han afectado a miles de hondureños que están caminando pacíficamente hacia la frontera.

—¿Cómo valora la última decisión de la Corte Suprema de Justicia hondureña de no impedir el reencuentro de Zelaya con su familia ?

—Es un paso importante, se van dando algunas que otras señales de avance.

—¿Por qué la Secretaria de Estado Hillary Clinton dice que es una temeridad que vuelva Zelaya a Honduras?

—Ellos temen que se produzca un derramamiento de sangre por parte de los golpistas, que son quienes tienen las armas. Pero el presidente Zelaya ha tenido mucha paciencia, ha dialogado, ha esperado. Se ha cumplido ya un mes desde el golpe de Estado. Por eso son necesarias nuevas medidas concretas y fuertes. Entendemos la preocupación de las autoridades estadounidenses porque quieren evitar episodios de violencia, pero también hay que ser firmes ante los golpistas.

—¿Qué disposiciones ha tomado hasta ahora Estados Unidos contra el régimen de Micheletti?

Es importante que se haya decretado la suspensión de visas a los individuos del Gobierno de facto y a sus familias. Está bien que exista el diálogo pero eran necesarias este tipo de medidas. La Unión Europea ha congelado las ayudas a la cooperación y el Mercosur ha advertido que no se reconocerá al Gobierno de facto ni se aceptarán como válidas las elecciones que puedan tener lugar mientras sigan en el poder. Estas son las líneas correctas de presión, que unidas al diálogo pueden hacer surgir otras alternativas. A los golpistas les sirve que sólo se dialogue para así ganar tiempo.

—¿Se prevén sanciones más duras por parte de Estados Unidos?

—El presidente Zelaya dirigió una carta al presidente Obama el viernes pasado, en la que se pide precisamente este tipo de medidas: no sólo la suspensión de visas sino también la congelación de cuentas bancarias de quienes están apoyando el golpe. Ésta debiera ser una medida interesante para seguir presionando por la restitución del Gobierno legítimo.

—¿Cree que Estados Unidos podría implementar esta suspensión de cuentas en los próximos días?

—Yo no lo descartaría. El presidente Zelaya ya lo ha solicitado, y ahora esta resolución podrá entrar como parte del proceso.

—¿Usted cree que Estados Unidos debiera ser árbitro de la crisis?

—No. Éste es un proceso que naturalmente cuenta con el apoyo de toda la comunidad internacional. Honduras ha seguido el camino marcado por la OEA, ha participado en la mediación del presidente Arias. Todos son árbitros. Creo que tanto la presión proveniente de distintos países como la de los organismos internacionales es la que puede ayudar a revertir el golpe.

—¿Se ha equivocado Arias al pedir al régimen de facto una amnistía para Zelaya?

—El presidente ha dejado claro que él está abierto al diálogo. Es una persona que no ha seguido ni a políticos, ni a medios, ni a empresas, ni a nadie. La propuesta de Arias va dirigida a los golpistas. No hay que olvidar que bajo un orden constitucional, quienes incurrieron en el delito fueron quienes usurparon el poder.

—Pero ¿por qué pedir la amnistía si Zelaya no ha cometido ningún delito?

—Porque va dirigida a los golpistas. El presidente Zelaya tenía la intención de tomar espacios de reconciliación siempre y cuando que no se interfiriera con los problemas ligados a los derechos humanos. Recordemos que con la violación de los derechos humanos ni la misma Constitución de Honduras prevé que estos se puedan perdonar. El presidente está abierto al diálogo, por eso no se cierra ninguna puerta.

—Sin embargo, una cosa es que Arias pida una amnistía para los golpistas, y otra, que la pida para Zelaya.

—Sí, lo entendemos. Pero el presidente Zelaya ha buscado los espacios de diálogo. No ha querido cerrar las puertas, ha querido continuar con las conversaciones. Él lo ha dicho, que estaba mostrando su buena voluntad para llegar a un acuerdo. Sabemos que sentarse y dialogar con golpistas es elevarlos a un nivel que no deben tener porque son un Gobierno de facto, pero Zelaya pretende ser amplio a la hora de generar esos mecanismos de diálogos.

—¿Es posible que el Congreso o la Corte Suprema de Justicia de Honduras admitan esa amnistía para Zelaya?

—Vamos a ver como resulta. En principio los requisitos son otros, que pasan por la vuelta del presidente Zelaya al poder.

—¿Se contempla la posibilidad de que Zelaya viaje de nuevo a Estados Unidos?

—No lo descartamos. El presidente Zelaya viajó ahora a la frontera para ir a recoger a su familia y no la dejaron entrar. Él ha estado muy preocupado no sólo por la situación del pueblo hondureño, sino por la de su familia, que ha estado retenida. Debemos ver el contexto y quiénes están aplicando las medidas de represión y de fuerza.

—¿Se esperan nuevos resultados a través de la OEA o de la Asamblea General de la ONU?

—No se excluyen. El mismo plan de Arias forma parte de esas medidas en el campo diplomático. Cuando ciertas iniciativas no surgen efecto, hay otras instancias que se mantienen viables, tanto al nivel de la OEA como al nivel de la ONU, quienes pueden tomar otras posturas específicas con respecto a este conflicto.

—¿Qué pasos se seguirán ahora?

—Estamos a la espera de que el presidente Zelaya se reencuentre con su familia. Veremos qué posiciones se toman, ya que el respaldo internacional ha sido importante.

*Entrevista publicada en la revista argentina Zoom

jueves, 23 de julio de 2009

"La comunidad internacional debe aislar ya a Micheletti"*

La canciller hondureña, Patricia Rodas, es una de las autoridades del Gobierno de Zelaya que más se ha movilizado contra el golpe de Estado en su país. Desde Managua concede la entrevista a Público por teléfono.


- ¿Se han roto las conversaciones de Costa Rica?

- No. Llegaron a su fin, que es diferente. En ningún momento se rompió el hilo del diálogo con el presidente Arias. Pero con el régimen golpista no se dialoga. Sencillamente se le somete al cumplimiento de las resoluciones emitidas tanto por la Organización de Estados Americanos (OEA) como por la Asamblea General de la ONU.

- ¿Aceptarán un Gobierno de unidad y reconciliación, el único punto de la delegación de Micheletti que coincide con las propuestas de Arias?

- No se trata de encontrar puntos en común. Un régimen golpista no tiene más derecho que el de acatar la orden que le ha impuesto la comunidad internacional y el pueblo hondureño. Pero el Gobierno constitucional está dispuesto a comenzar un proceso de consulta de los temas planteados por Arias con todos los sectores sociales.

- Pero ¿es posible un Gobierno de unidad?

Será una negociación posterior al retorno del orden constitucional y a la restitución del presidente. Ahora es un tema irrelevante, que sólo será discutido por Mel Zelaya en la casa presidencial.

- Si Micheletti lo impide, ¿cómo lograrlo?

En manos de la comunidad internacional está pasar de la proclama a la acción. Y en manos del pueblo hondureño está resistir y tener la fuerza necesaria para reinstaurar el orden constitucional.

- ¿Qué esperan de la comunidad internacional?

- Debe pasar ya a un aislamiento efectivo, no dirigido al pueblo hondureño, a su economía o al régimen social, sino dirigido a los responsables del golpe de Estado. Que no tengan derecho a circular por el mundo, porque son criminales. Y a los criminales se les aísla.

- ¿Qué medidas concretas piden?
- Suspensión de los visados de salida para impedirles circular libremente por el mundo y que bloqueen sus cuentas bancarias. Es algo que esperamos del Gobierno de EEUU.

- ¿Aprueba la suspensión de ayudas a Honduras?

- Por supuesto. Un régimen de criminales no reparte nada. Están esperando a llenar sus caudales para seguir sosteniendo por la fuerza el poder que han asaltado. Hemos pedido la suspensión radical de todo tipo de actividad que tenga que pasar por el conducto gubernamental.

- ¿Cómo afectará a la población?

No le perjudica en nada. Esa ayuda que está destinada al pueblo hondureño jamás será distribuida por un régimen basado en la fuerza. Pero le aseguro que hay otro tipo de ayuda que sigue llegando a los necesitados y que no pasa por la estructura del régimen golpista.

- ¿Qué ocurriría si Zelaya es detenido al entrar en Honduras?
- Si esto ocurre, tendrá al pueblo para liberarlo inmediatamente. Ni Micheletti ni ninguno de sus secuaces tienen absolutamente ninguna autoridad para hacer justicia en Honduras. Han cometido un crimen de lesa patria y, por lo tanto, han perdido todos sus derechos.

- ¿Por qué no forzaron una remodelación de las fuerzas militares, dado que muchos mandos proceden de la Escuela de las Américas o de regímenes dictatoriales?
- Porque el pasado golpista es muy reciente en nuestro país y no se completaron los procesos de castigo. La impunidad en la que quedaron esos hechos criminales ha hecho resurgir esas intenciones golpistas. La Escuela de las Américas sólo ha cambiado de nombre, porque continúa con la misma doctrina que la vio nacer. Sin la Escuela, no existirían las fuerzas golpistas que tenemos hoy en América Latina.

- ¿Y por qué no lo neutralizaron durante su mandato?

- Poco puede hacer un solo Gobierno para aminorar poderes o fortalecer contrapoderes. Es algo que requiere de muchos gobiernos continuados. Lo que no conseguimos es limitar el poder de los grupos económicos y fácticos que instrumentalizan todo factor de fuerza a favor de sus intereses particulares.
- Pero ¿no podían haber procesado a militares por violaciones de derechos humanos?

Es una tarea que queda para la comunidad internacional. Queda claro que el pasado vuelve en cualquier momento y en cualquier lugar, no importa el país del que se trate. A España puede volver un franquismo renovado. Y a cualquier país de América Latina pueden volver los gorilas que en el pasado los aplastó.

- ¿Es inconstitucional la base de Soto Cano en Honduras?
- La base militar de Soto Cano es legal porque es hondureña. La de Palmerola es la que tenemos que someter a revisión, porque ya no estamos en la Guerra Fría. No es un problema de legalidad, es un problema de anacronismo.

- ¿Y por qué no se ha hecho nada hasta ahora?

- Todo proceso tiene un comienzo, un transcurso y una conclusión. Y los golpes de Estado se producen para evitar esa conclusión.

- ¿Cuándo empezó este proceso?

- Este proceso comenzó hace 30 años. No hablo sólo de un problema militar, sino de grupos de poder que instrumentalizan lo que sea. Si no hay Fuerzas Armadas, las inventan. Si no tienen noticias, las inventan, y para eso crean sus periódicos y sus medios de comunicación. Esta es la fuerza letal del siglo XXI.

- ¿Cómo se puede gobernar un país con el Congreso, el poder judicial y el Ejército en contra?

- Esas instituciones no van a existir con un golpe de Estado. No hay golpe de Estado que haga sobrevivir la institucionalidad de un país. Es fundamental un Gobierno de reconstrucción nacional.

- ¿Quién es el verdadero responsable del golpe de Estado?
- Es responsabilidad de las cúpulas políticas, eclesiásticas, militares, económicas y mediáticas. El contenido de todas estas fuerzas está hoy en la resistencia.

* Entrevista para el diario español Público.

sábado, 18 de julio de 2009

Zelaya: "Los políticos de Bush apoyaron el golpe"*

ENTREVISTA

El presidente legítimo de Honduras no esperará más tiempo para regresar a su país. Desde que fue expulsado, Manuel Zelaya ha tratado de reunir en torno a sí el apoyo suficiente para hacer frente al Gobierno de facto que dirige Roberto Micheletti. En estos últimos días ha viajado a la República Dominicana y a Guatemala, en donde fue acogido por sus dirigentes Leonel Fernández y Álvaro Colom con honores de Jefe de Estado. También acudió a Washington (Estados Unidos) para reunirse con varios diplomáticos del Gobierno de Barack Obama, pero nada hasta ahora le ha permitido recuperar su cargo. Ni las negociaciones que ha mantenido con el presidente costarricense Óscar Arias han brindado los resultados esperados, ni la presión internacional ha sido suficiente.
Zelaya sabe que el tiempo corre en su contra. Precisamente cuando se cumplen tres semanas del golpe de Estado en Honduras, Zelaya accedió a una entrevista telefónica desde Managua:

- ¿Cuánto tiempo se da para volver a Honduras?

- El tiempo es indeterminado, depende de los acontecimientos que se están desarrollando por la vía diplomática.

- ¿Con qué garantías cuenta para regresar?

- La garantías son las que el pueblo me dio. El pueblo me eligió y fue un golpe militar el que me derrocó. Estamos evaluando todas estas situaciones para regresar. Porque vamos a hacerlo, por vía marítima, terrestre o aérea. En cualquier lugar o por cualquier frontera.

- ¿Se da algún tiempo máximo para volver?

- No hay un tiempo determinado, pero lógicamente tiene que ser pronto.

- ¿Tiene pensado viajar a Honduras con alguna autoridad o presidente extranjero a fin de que no atenten contra su vida?

- No. La seguridad la da el pueblo, nada más. No hay garantías de seguridad con un régimen golpista.

- Si se acepta su vuelta al poder, ¿a qué sería capaz de renunciar?

Los principios no son negociables. Sólo serían cuestiones técnicas de la forma de la salida de los golpistas. Pero los principios de la democracia no se negocian.

- Si se admite su restitución en el cargo, ¿accedería a convocar elecciones antes de la fecha establecida?

- Por mi parte no hay ninguna objeción a las elecciones anticipadas. Es una facultad del Congreso Nacional cambiar las fechas para que se adelanten. No tengo ninguna objeción a eso.

- ¿Admitiría la posibilidad de dar una amnistía a los miembros del Gobierno de facto?

- Las amnistías en Honduras no las da el presidente, sino que las concede el Congreso Nacional. Ellos tendrán la facultad o no para eso. Nosotros creemos que frente al delito no debe haber impunidad, pero eso no depende de nosotros.

- Pero dado que el Congreso se ha posicionado en contra de usted, si al final el Congreso admite su vuelta al poder es probable que Micheletti pueda obtener la amnistía de la institución que presidió.

- Bueno, el Congreso le podrá disculpar. Como cristiano que soy puedo disculpar y perdonar. Pero el pueblo, la Historia y los países en el ámbito internacional no le van a perdonar.

- ¿Porqué las conversaciones con Micheletti están siendo a través de Costa rica y no por medio de la Organización de Estados Americanos (OEA)?

- No, se hace con la OEA, pero a través de Costa Rica.

- Pero ¿Estados unidos no aconsejó que se negociara a través de Costa Rica?

- Sí, pero con el apoyo de la OEA. Todo está controlado por ella.

- Algunas fuentes dicen que la OEA ha sido desplazada, que ya que no tiene el mismo protagonismo de antes.

- Eso no es cierto, es falso totalmente.

- ¿Por qué negociar con golpistas? ¿No es una manera de legitimarlos?

No estamos negociando. Estamos queriendo que se sometan a la OEA. No hay ninguna negociación.

- ¿Cree que el Gobierno de Estados Unidos es ambiguo en la ayuda que le ofrece para que usted pueda retornar al poder?

- No, el Gobierno está en una sola posición, pero los grupos que se oponen a Obama sí tienen diferentes posiciones.

- ¿Y por qué no han retirado la ayuda a Honduras?

- Estados Unidos ya restringió la ayuda al país de manera bastante significativa, entre ellas la militar.

- Pero los diplomáticos estadounidenses siguen allí.

- Sí, pero están ayudando a resolver el problema.

- ¿Cree que el Pentágono sabía del golpe de Estado, como ha dicho Chávez?

- Sí, todos sabían que estaba creándose una conspiración para el golpe de Estado, pero el mismo embajador de EEUU en Honduras estuvo tratando de impedirlo. El conocimiento de la asonada era general porque ellos venían anunciándolo al menos diez días antes de perpetrarlo.

- ¿Cree que pudo haber instancias dentro del Gobierno que pudieran apoyar el golpe?

- Allí hay sectores de extrema derecha, que son los conocidos halcones de Bush, que sí están apoyando el golpe. Ya sacaron la cara varios congresistas apoyando la asonada y también varios senadores de doble moral. Apoyan la democracia en EEUU y apoyan las dictaduras fuera.

- Según su ex canciller Enrique Ortez, el presidente Óscar Arias estaba al tanto del golpe antes de que sucediera porque había dado su consentimiento para recibirlo a usted en Costa Rica una vez que lo expulsaran. ¿Es verdad?

- No conozco la información. Enrique Ortez es un mentiroso desde hace años.

* Entrevista publicada en el diario español Público

martes, 14 de julio de 2009

Golpe financiado

Si el documento que aquí se muestra es verídico, podría confirmarse que la Cámara de Comercio e Industria de Tegucigalpa solicitó apoyo económico a todos sus miembros para "llevar a cabo una estrategia comunicacional y cívica". Cómo debería desarrollarse este llamado, no acaba de explicarse. Pero sí se explican sus motivaciones.

De acuerdo con el folleto, "éste es el momento de defender nuestro país y el resultado del esfuerzo personal de cada uno de nosotros que genera empleo para sus colaboradores, por lo que acudimos al más alto ideal patriótico: su amor por Honduras".

Además de estar rematadamente mal escrito, el texto establece tres tipos de donaciones. Los empresarios están invitados a pagar 1.000, 2.000 ó 3.000 dólares dependiendo de si uno es patriótico, muy patriótico o bien se le desborda su amor por Honduras. El documento, fechado el 26 de junio --dos días antes del golpe de Estado-- facilita la persona a contactar, teléfonos, direcciones, y además el número de una cuenta bancaria.

Como bien me señalaba un amigo, los hay quienes han interpretado esta circular como un pedido de ayuda de los empresarios para salvar al presidente electo Zelaya. Un periódico mexicano entendió que la Cámara de Comercio lo que hacía era organizarse contra el Gobierno de facto, y que las empresas privadas recolectaban dinero para "respaldar la defensa de la democracia y de las libertades sociales". Enternecidos con la decisión de las compañías, el diario El Sol de San Luis no dudaba en patrocinarles con un esplendoroso título --"Iniciativa Privada hondureña se organiza contra golpistas"--, y en hacerles además publicidad gratuita de los modos de pago que se señalan en la misiva de la alta instancia empresarial.

Ésta no sería la única campaña en la que está apasionadamente involucrada la Cámara de Comercio e Industria hondureña. Tanto en su página web como en su perfil de Facebook puede leerse cómo animan a sus afiliados a participar en las manifestaciones contra Zelaya, aunque en realidad procuran no indicarlo de manera tan burda. Es mejor quedar elegantes y decir: "Convocatoria a plantón por la defensa de la democracia". Eso sí. No deja de sugerirse la participación de las empresas "con todo su personal".

No hay más que ver qué les mueve, cuál es la consigna que les inspira: "Más de un siglo impulsando la libre empresa". De ser comprobado la autenticidad de este impreso filtrado en Internet, quedaría muy claro el patrón que utilizan para promover tan altos y patrióticos fines.

jueves, 9 de julio de 2009

"El acuerdo pasa por el regreso del presidente"*

Es una de las personas más cercanas al presidente Manuel Zelaya. Hasta el 28 de junio era su secretario privado. Desde Honduras habla del temor que rodea a quienes se oponen al golpe de Estado y también de las posibles vías para solucionar el conflicto.

¿Zelaya ha admitido el adelanto de las elecciones como posible solución?

No lo ha dicho todavía. Ha aceptado la mediación que ha ofrecido el presidente costarricense Óscar Arias. Eso ha generado mucha expectativa y se verá si hay posibilidades de llegar a algún tipo de acuerdo.

¿Por qué a través de Costa Rica?

Se busca un punto neutro. El régimen de Micheletti, que tiene un pavor tremendo a las ideas progresistas, nos ha hecho volver a época de la Guerra Fría. Arias es alguien respetado y es un ciudadano centroamericano que está dentro del sistema de integración regional.

¿Es posible que la clave esté en el adelanto de los comicios?

La Constitución fija la fecha de las elecciones en el último domingo de noviembre. Tendría que revisar si han hecho alguna reforma al respecto. Se puede encontrar una ruta siempre que el presidente vuelva al poder y siempre que se pueda conciliar al país.

¿Contemplan una amnistía al Gobierno de facto?

No sé si el presidente podría proponer un indulto. Habría que ver. No me atrevo a avanzar ninguna propuesta porque esto surgirá dentro del proceso de negociación.

¿Cómo está la situación en Honduras?

Es bastante insegura porque no se ha establecido ningún tipo de garantías. El golpe lo apoyó hasta el Comisionado de Derechos Humanos a través de su defensor del pueblo, Ramón Custodio, que fue reelegido por Micheletti en 2008 a través del Congreso.

Como miembro del Gobierno de Zelaya, ¿se siente en peligro?

No nos movemos con libertad ni en público, pero el mayor miedo lo tiene la población civil por las dos personas que mataron el pasado domingo.

¿Siguen cerrados los medios de comunicación contrarios al golpe?

Algunos vuelven a funcionar, pero se percibe el miedo. Periodistas que normalmente han sido críticos de cualquier situación anómala en el país están siendo ahora muy comedidos. Casi nadie habla de un golpe de Estado. Se respira una manipulación típica del estalinismo o del nazismo que yo, que tengo 40 años, no esperaba vivir.


* Entrevista publicada en el diario español Público

miércoles, 8 de julio de 2009

Fantasmas del pasado*

A pesar de que la presión internacional ha sido unánime en su condena contra el golpe de Estado en Honduras, el gobierno de facto de Roberto Micheletti se ha mostrado desafiante atrincherándose aún más en el poder que detenta. Lejos de conciliar posturas, se acompañó de declaraciones provocadoras y de disposiciones agresivas en un tosco intento por ser legitimado ante la opinión pública que lo observa día a día.

El gobierno de facto ha mostrado una gélida indiferencia ante el rechazo que ha suscitado el golpe fuera de sus fronteras. La suspensión de Honduras como miembro de la OEA o la exigencia de la ONU de restituir en su cargo al presidente legítimo de Honduras, Manuel Zelaya, no ha generado el menor aspaviento dentro del Ejecutivo golpista. Aún más: con una orden de captura todavía vigente contra su mandatario electo, Micheletti consideró que era mejor evitar el regreso de Zelaya y por tanto impedir el aterrizaje del avión con el que pretendía regresar al país.

Esta última decisión no ha sido gratuita: miles de televidentes quedaron impactados con las imágenes de aquellos instantes, en las que se veía cómo el avión en el que viajaban Zelaya y el presidente de la Asamblea General de la ONU, Miguel D’Escoto, sobrevolaba el aeropuerto internacional de Tegucigalpa ante la imposibilidad de aterrizar en la pista que había sido tomada por tanques militares.

Escaso favor les ha hecho esta afrenta que ha generado un gran interés mediático: en directo, Zelaya informó del peligro de que su avión fuera derribado por francotiradores, y en directo se informó de la muerte de dos personas como consecuencia de la represión contra los manifestantes que habían acudido a recibir al dirigente electo.

Pero el Gobierno de facto está lejos de abochornarse por los escándalos que se suceden. Poco pueden importarle a Micheletti las formas cuando ha designado como canciller a Enrique Ortez, que en un alarde de diplomacia se refirió a Barack Obama como un “negrito que no sabe nada de nada”, que aludió al presidente español con el comentario de “Zapatero a tus zapatos”, y que se negó a hablar de El Salvador por ser “un país tan pequeño que ni se puede jugar al fútbol porque se sale la pelota”.

Reciclaje político

Pero Micheletti se ha rodeado de algunos colaboradores que despiertan no menos inquietud que su representante de relaciones exteriores, y que se entroncan con uno de los períodos más siniestros del pasado de Honduras. Su ministro consejero, es decir, su más cercano colaborador, se llama Joya Améndola y además de haber sido integrante del Batallón de Inteligencia 3-16, fue fundador de otros escuadrones de la muerte como el Lince y el Cobra, con los que coordinó y ejecutó asesinatos y torturas durante la década de los ‘80.

El presidente de facto cuenta a su vez con el apoyo de la Conferencia Episcopal hondureña, cuyo dirigente es el cardenal de Tegucigalpa Oscar Rodríguez Maradiaga. El purpurado, quien habló en nombre de la Iglesia Católica para responsabilizar a Zelaya de la crisis política y para pedirle que no volviera, viene de una familia que formó parte de la dictadura de Tiburcio Carías Andino. Este general, que llegó al mando en 1932 gracias al respaldo de la United Fruit Company, ejerció una dictadura muy severa durante 16 años que contribuyó a que Honduras se convirtiera en lo que acabó siendo el sobrenombre del país centroamericano: una república bananera.

Del mismo modo que Micheletti ha hecho revivir a toda América Latina los golpes de Estado que se creían enterrados en el siglo XX, la fuerza de los militares que ahora se descubre en Honduras hace recordar una época que sufrieron no hace tanto tiempo varios países del continente americano y que tuvo como importante base de operaciones la Escuela de las Américas.

Uno de los generales que se ha graduado en este centro de adoctrinamiento es Romeo Vásquez, el jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas que se negó a celebrar la consulta popular impulsada por Zelaya y que posteriormente desencadenó el golpe de Estado. De entre los más de 60.000 soldados que ha entrenado la Escuela de las Américas a lo largo de sus 63 años de existencia destacan otros dos militares: el general Juan Melgar Castro, que gobernó Honduras a finales de los ‘70, y su sucesor Policarpo Paz García, a quien se le atribuye el comienzo del asedio hondureño contra el Gobierno sandinista de Nicaragua.

Supervivencia del pasado

Y así se devela parte de la historia de Honduras, cuyos gobiernos siempre confiaron en el Ejército como uno de los principales sostenes en el ejercicio de su autoridad. Si la década de los ‘80 fue una de las épocas más sangrientas que vivió Centroamérica, Honduras ocupa un protagonismo esencial no sólo como el enclave que Estados Unidos tenía en la región para preparar y lanzar a la Contra nicaragüense, sino también como el principal bastión con el que hizo frente a la guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional en El Salvador.

Aquellos años engendraron dos mecanismos que por sí solos garantizaban el entramado de intereses que tenía en sus manos la oligarquía hondureña. Uno fue la creación de la Asociación para el Progreso de Honduras (APROH), un movimiento anticomunista que aglutinaba a la élite política, económica y militar del país y que estaba presidida nada menos que por el jefe de las Fuerzas Armadas. El otro engranaje que acabó de encorsetar la evolución política de Honduras fue la Constitución de 1982, pactada bajo la dictadura saliente de Policarpo Paz García y que pretendía ser el referente jurídico de la democracia que por entonces comenzaba. Ésta es la misma Carta Magna que sirvió de excusa para destituir al presidente Zelaya el 28 de junio y que hoy ya no parece tan importante en las manos de Micheletti, quien ha suspendido las garantías individuales que avalaban cinco artículos de la Constitución.

Mientras que el presidente electo de Honduras ha decidido mantener en secreto su fecha de regreso al país, su clase dirigente trata ahora por todos los medios de sostener un sistema de privilegios que, precisamente porque se ha ido consolidando a lo largo del tiempo, no está dispuesta a dejar de lado. Ya ha demostrado que no le importa ni quedar aislada ni instaurar un verdadero golpe de Estado, así sea a base de hacer saltar los mínimos derechos fundamentales. Es difícil creer que, dado que ya han llegado tan lejos, vayan a retroceder ahora en su aspiración por mantener alejados los alardes progresistas de Manuel Zelaya.

Por eso, y una vez más, todo depende de la capacidad de maniobra de la comunidad internacional, que se ve obligada a responder de nuevo ante el órdago que ha lanzado la pequeña nación centroamericana. Resignarse a la instauración de un gobierno de facto a partir de un golpe de Estado podría servir de ejemplo para las clases dirigentes de otros países, que podrían extraer conclusiones de la lección hondureña y coincidir en que, para sobrevivir a toda costa en el presente, es preciso a veces resucitar los fantasmas del pasado.

*Artículo publicado en portada en la revista argentina Zoom.

Entrevista a Eduardo Enrique Reina

Próximamente será publicada una entrevista inédita realizada a Eduardo Enrique Reina, secretario privado del presidente legítimo de Honduras Manuel Zelaya.

Contacto telefónico realizado el 8 de julio de 2009.



El secretario privado del
presidente Zelaya, a la izquierda.

miércoles, 1 de julio de 2009

Normas claras*

La Comunidad Andina de Naciones (CAN), la ONU, la UE y el Grupo de Río han condenado el golpe de Estado en Honduras y exhortan a que se restablezca la legalidad constitucional. Otras instituciones como la OEA, el Movimiento de Países No Alineados, el Sistema de la Integración de Centroamérica (SICA), el ALBA, el Mercosur, la Unasur y países con iniciativa propia como EE.UU., Brasil y España, ya han anunciado que sólo reconocerán a Manuel Zelaya como presidente legítimo. Así las cosas, el presidente de facto nombrado por el Congreso, Roberto Micheletti, se ha chocado de bruces con un rechazo internacional que sólo va en aumento.

El golpe perpetrado por el Ejército y avalado por el Parlamento y el Poder Judicial hondureño tampoco ha recibido ningún respeto dentro de las fronteras del país. Todos los sindicatos, unidos al mayor partido de izquierdas, Unificación Democrática, han decretado un paro permanente que sólo terminará cuando Zelaya vuelva a ocupar su cargo. El pueblo ha desafiado el toque de queda decretado por Micheletti, y los militares, ante semejante afrenta, están reprimiendo a la ciudadanía. Todavía se están cuidando de que haya un muerto. Sería adelantar el suicidio político al que ya están abocados.

No dudan, sin embargo, en silenciar a toda la prensa en su contra. Antes de que Radio Globo Honduras fuera sacada del aire durante 36 horas, sus periodistas tuvieron tiempo de denunciar que el 95% de los medios de comunicación que seguían abiertos no transmitían información sobre el golpe. A cambio nos hemos encontrados otros de repercusión mundial, como la CNN o al diario español El País, que parecían resignarse y que ya daban por hecho que el “nuevo presidente” o que el “nuevo Gobierno” de Honduras “debían” estar en el poder hasta que terminara el mandato de Zelaya en enero de 2010. La CNN tenía incluso el descaro de catalogar el golpe de Estado como “sucesión forzada”.

El Congreso hondureño pensaba que para deponer a Zelaya y recibir el aplauso mundial bastaba con tildarlo de trastornado, declararlo incompetente para gobernar, inventarse una carta de dimisión del presidente y sacarlo a la fuerza del país para que quedaran todos satisfechos y así colocar como nuevo dirigente a uno que no decidiera por su cuenta y riesgo pasar del discurso de derecha a los programas de izquierda. El pecado de Zelaya ha sido llegar a la presidencia por el Partido Liberal pero abrazarse después al ALBA porque, según sus palabras, “yo pensé hacer los cambios desde dentro del esquema neoliberal (…) pero los ricos todo lo quieren para ellos. Entonces, lógicamente, para hacer cambios hay que incorporar al pueblo”.

Si Honduras es aislada política y diplomáticamente, como apoyó ayer la OEA, América Latina no tendrá todavía en este siglo XXI un gobierno que haya triunfado manu militari. Los únicos que tienen derecho a decidir quién debe estar en el poder son los ciudadanos. Que un principio así de sencillo haya sido despreciado por Micheletti y sus acólitos constituye la mejor prueba que podían ofrecer para certificar que no merecen representar, bajo ningún concepto, a la nación hondureña.
*Artículo escrito para el diario público El Telégrafo (Ecuador)

lunes, 29 de junio de 2009

Lo que ocultan de Zelaya

Releo el artículo de El País en el que explica que Zelaya pretendía reformar la Constitución para prolongar su mandato cuatro años más. Luego acudí a la entrevista que realizara el mismo diario al presidente, y en donde el dirigente insistía en que no tenía ninguna intención de perpetuarse en el poder.

La razón es simple: su mandato termina en enero de 2010, y para entonces no estaría preparada ninguna modificación o nueva creación de una nueva Constitución. Sólo hubiera dado tiempo a consultar a la población para crear una Asamblea Nacional Constituyente. En cualquier caso, Manuel Zelaya lo ha dicho varias veces, incluso en El País: "No tengo ninguna opción de quedarme en el poder. La única sería romper el orden constitucional y no lo voy a hacer".

Pero el diario decide hacer de su capa un sayo y argumenta, ocultando las explicaciones que les diera Zelaya en una entrevista exclusiva, que el presidente hondureño quiere perpetuarse en el poder. Lo que viene a decir: este golpe de Estado no ha hecho más que quitar a un autoritario que pretendía apoltronarse en el Gobierno. Que si se mira bien, la destitución de Zelaya era entendible dada su injustificable consulta popular.

Zelaya proviene del Partido Liberal, el mismo que ayer promovió su destitución, el mismo que intentó detener la consulta popular, el mismo que intentó inhabilitarlo, el mismo que declaró a su presidente transtornado, y el mismo que se apoyó en el Ejército para tirarlo abajo. Ésta última jugada les salió bien.

A ver, a ver cuándo empezamos a leer en los medios que el problema con Zelaya no es que quiera modificar la Constitución para ser reelegido, sino que ha decidido prescindir de la política neoliberal "porque los ricos no ceden un penique" y ha confiado en el ALBA, impulsada por Venezuela, para impulsar una serie de programas sociales en un país que tiene casi la mitad de su población en la pobreza extrema (la población total suma más de siete millones).

A ver. Seguimos atentos.

Golpe de Estado en Honduras

El Congreso Nacional de Honduras ha nombrado como presidente de facto a quien hasta ayer era titular de esta Cámara, Roberto Micheletti. Apoyado por el Poder Judicial, por el Congreso y por el Ejército, Micheletti ha prometido que cumpliría con la Constitución y la ley, y para demostrar su respeto a la democracia, ha decretado el toque de queda durante 48 horas. También le ha dado tiempo a despreciar el ALBA, mientras los dirigentes de Ecuador, Venezuela y Nicaragua, integrantes de la Alianza Boliviariana, se han apresurado a recibir en Managua al presidente legítimamente electo de Honduras, Manuel Zelaya.

Por eso ahora es el mejor momento para observar las reacciones de los medios de comunicación. La CNN no se sonroja al definir el golpe de Estado como una sucesión forzada, a pesar de que las condenas de la ONU, de UNASUR, de la OEA, de la UE y de la mayor parte de los países de América Latina no dudan en condenar la destitución de Zelaya. La ONU, a través del presidente de la Asamblea, Miguel D'Escoto, ha dicho que ninguna decisión será aceptada, salvo la restitución del cargo al presidente legítimo de Honduras.

La CNN no es el único caso, aunque sí uno de los menos disimulados en dar por bueno el golpe militar. Podíamos leer ayer en El País, por ejemplo, que el golpe militar se debía a que : “Zelaya pretendía reformar la Constitución para prolongar su mandato cuatro años más”. Luego hicieron una pequeña explicación del cierre de cadenas y emisoras como si fuera un mal menor y no un acto perpetrado por los militares. “La emisora progubernamental canal 8 ha llamado a los ciudadanos [...], hasta el momento de su cierre”. ¿Cerrada sola, o vía manu militari? ¿Y cómo que emisora progubernamental? Es el cadena oficial del Estado. ¿Por qué no definen del mismo modo a la cadena pública española TVE?

“Numerosas emisoras de radio también han interrumpido su programación, que ha sido sustituida por canciones populares, aunque la mayoría ya han recuperado la emisión”. ¿Qué mayoría? La Radio Globo Honduras denunciaba, antes de ser cerrada por los militares, que el 95% de los medios de comunicación en Honduras no transmitían ninguna información sobre el golpe de Estado . Hasta la BBC pedía a través de su página web , desde las primeras horas de la mañana de ayer, que quien se encontrara en Honduras contara lo que estaba pasando.

Cuidado con los medios de comunicación que fingen resignarse al golpe y aceptan a regañadientes a Micheletti como nuevo dirigente de Honduras. En España El Mundo habla ya del "nuevo presidente", y El País hace referencia "al nuevo Gobierno de Honduras encabezado por Roberto Micheletti" en un artículo donde parece justificar el toque de queda impuesto, dado que es para "garantizar el orden público".

Este golpe de Estado, y esto es lo peor, ya lo denunció el pasado viernes el presidente Manuel Zelaya, pero la mayor parte de la prensa hizo como si oyera llover. O sea, nada. En un programa de televisión, el presidente hondureño ya había avisado el viernes de lo que hoy a la mayoría pilla por sorpresa: “Ya se ha desencadenado un golpe de Estado en Honduras”.

Tampoco se generó ninguna inquietud cuando esa misma madrugada Zelaya se recluyó en la Casa Presidencial, rodeado apenas de sus ministros más cercanos, y cuando había pedido de urgencia una reunión con la Organización de Estados Americanos (OEA). Salvo El Mundo y algún otro periódico aislado, nadie consideró importante las señales de aviso de Zelaya, con el Ejército, el Congreso y la Corte Suprema en contra.

Ni siquiera la BBC consideró importante las advertencias del presidente hondureño. La denuncia del golpe de Estado que ya estaba en marcha se puede encontrar en el relleno de una noticia que lleva por titular: “Honduras, la consulta sigue adelante”. Que el dirigente de un país alarmara sobre un golpe militar era púramente anecdótico.

Vamos a esperar la evolución de los acontecimientos con los ojos muy abiertos y muy centrados en los medios de comunicación. Tenemos muy recientes los grandes titulares contra Irán de estos últimos días. Veamos si son capaces de mantener la misma presión contra el golpe de Estado en Honduras. Y por supuesto, de no legitimarlo ni con las palabras, ni con los hechos.

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