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sábado, 31 de agosto de 2019

Argentina revive el fantasma de otro colapso socioeconómico


En medio de una zozobra económica sin precedentes en su gestión, el presidente Mauricio Macri estableció un control de capitales y una extensión de los vencimientos de deuda en el afán desesperado de enderezar su Gobierno con la esperanza de llegar al final de su legislatura.


 
En un artículo que lleva por título “Los Sobrevivientes”, el periodista Martín Rodríguez sostiene que el macrismo se ha incorporado a las desilusiones argentinas. “Escuchen ese ruido”, señala al estilo Albert Rivera. “Es el ruido de lo que estamos arrastrando: el macrismo al galpón argentino de los fracasos”.

Desde el regreso de la democracia en 1983, todos los Gobiernos no peronistas se malograron antes de llegar al término de su gestión. Sucedió con el expresidente Raúl Alfonsín (1983-1987), que tuvo que adelantar las elecciones y la entrega de mando acorralado por una hiperflación. Ocurrió también con el exmandatario Fernándo de La Rúa (1999-2001), que abandonó la sede del Ejecutivo en helicóptero después que colapsara el sistema bancario y dejara el país al borde del cese de pagos.

El tercer Ejecutivo no peronista en llegar al poder es el de Mauricio Macri, sobre el que sobrevuelan dos temores ya conocidos por los argentinos: la posibilidad de un cese de pagos total, y el riesgo de una hiperinflación.

A más de cuatro meses de que termine oficialmente su mandato, el Gobierno improvisa medidas desesperadas a golpe de timón ante el colapso de todas las variables económicas. El Banco Central se decidió al fin a establecer algún control sobre la salida de capitales y anunció este viernes que los bancos sólo podrán girar dólares al exterior previa autorización del organismo.

En una economía completamente desregulada, la fuga de divisas en los tres años y medio que lleva Macri en el poder supera el préstamo negociado en 2018 con el Fondo Monetario Internacional (FMI) por valor de 57.000 millones de dólares. 

El Gobierno todavía no sabe si la entidad desembolsará en septiembre su penúltimo desembolso por 5.400 millones de dólares.

Porque una vez más, el país sudamericano se encuentra ante un “default técnico” o “selectivo”, según quién adjetive el cese de pagos anunciado esta semana. El nuevo ministro de Economía, Hernán Lacunza, ha pedido al FMI una prórroga en los plazos de pago del crédito otorgado por el organismo. El Gobierno también anunció una extensión de los vencimientos de la deuda de corto plazo, una postergación de los títulos bajo ley extranjera, y adelantó que enviará al Congreso un proyecto para prolongar los plazos de los bonos bajo ley nacional.

Que hayan pasado dos días hábiles desde el anuncio de esta última medida sin que la iniciativa llegue al Parlamento da cuenta de la improvisación con la que reacciona un Ejecutivo acorralado por su propia inoperancia, a sabiendas de que se le escabulle la poca capacidad de reacción que tiene para calmar la crispación financiera.

El actual descalabro económico se desató a partir de las elecciones primarias del 11 de agosto, cuando Macri sufrió una derrota descomunal de más de 16 puntos de diferencia ante el abogado peronista Alberto Fernández y la expresidenta Cristina Fernández (2007-2015), que lo acompaña como candidata a la vicepresidencia.

Pero las razones de este desmoronamiento se implantaron desde el comienzo de la gestión de Macri, cuando abrió el país a la entrada y salida libre de capitales, quitó a los exportadores la restricción de liquidar sus dólares en el mercado local y, de manera paulatina, llevó a la nación a un endeudamiento externo que se desbocó con el paso de los meses.

Sin credibilidad ninguna, el presidente subasta ahora los últimos jirones que le quedan de credibilidad en su intento de contener la depreciación de la moneda local, que desde las elecciones primarias perdió un 32 por ciento de su valor. Sólo en la víspera, el Banco Central liquidó casi 2.000 millones de dólares. A la entidad monetaria apenas le quedan 54.000 millones de dólares de reservas, 12.000 millones menos que hace tres semanas. A este ritmo, los economistas saben que el Gobierno no llega a las elecciones generales del 27 de octubre.

Mientras tanto, el riesgo país, que mide la sobretasa a la que puede financiarse un país en los mercados internacionales, superó este viernes los 2.500 puntos, un récord que no se había alcanzado en los últimos 14 años. En el país promercado que Macri trató de vender a su “mundo”, las agencias de calificación Moody's and Fitch han rebajado la calificación soberana de deuda al desconfiar de la capacidad de pago de Argentina.

Con una inflación del 54,4 por ciento interanual, el Gobierno asiste alarmado al hundimiento de su programa económico del que salió como garante el FMI, el último financiador externo que le queda. Argentina tiene en su memoria colectiva la conmoción que han desencadenado colapsos económicos anteriores. La congoja es mayor ante la sombría perspectiva que presenta el porvenir inmediato de esta nación. Su tejido social se encuentra dañado por una recesión violenta que ha empujado a la pobreza a cuatro millones de personas en el último año y que ha visto caer a otro millón más en la indigencia.



* Artículo publicado en el diario español Público el 31 de agosto de 2019






jueves, 14 de enero de 2010

Argentina se sumerge en una crisis institucional*

El enfrentamiento del Gobierno argentino con el gobernador del Banco Central de la República Argentina (BCRA, al que cesó el jueves, y con la Justicia, que anuló la destitución horas después, se intensificó ayer, después de que la jueza que lleva el caso convirtió en ordinarios dos recursos interpuestos por el Ejecutivo.

El Gobierno había interpuesto este sábado dos recursos de amparo contra las dos resoluciones de la jueza, pero ayer la magistrada volvía a decir la última palabra convirtiendo en “ordinarias” ambas causas judiciales. De este modo ha liberado a los expedientes de la urgencia que imponen los recursos de amparo.

Nadie calculó que una medida económica del Ejecutivo, como lo era la orden de asegurar el pago de la deuda con las reservas del Banco Central, sería rechazada por el titular de la entidad pública y que la controversia saltaría al terreno de la política.

Argentina debe afrontar una deuda pública cuyos vencimientos en 2010 alcanzarán los 13.000 millones de dólares. El país, aislado de los mercados de crédito internacionales tras la crisis de 2001-2002, se ha visto en la necesidad de crear desde entonces cierta confianza que le permita ingresar de nuevo en los circuitos financieros. Por ello la presidenta Cristina Fernández había ordenado que se utilizaran 6.500 millones de las reservas del Banco Central –de un total que roza los 48.000– para la creación de un fondo que sirviera de garantía ante los compromisos de deuda.

Redrado se opuso, y también rechazó el pedido de renuncia que le hizo llegar Fernández. Ante la negativa, la mandataria emitió un decreto de necesidad y urgencia (similar al decreto ley en España) por el que cesaba en sus funciones al gobernador, y además interpuso una denuncia judicial contra él “por incurrir en mala conducta, en incumplimiento con los deberes de funcionario público”, tal y como consta en la ordenanza .

Horas más tarde, la jueza federal María José Sarmiento asombraba a la opinión pública con dos fallos judiciales: en primer lugar, suspendía el decreto por el que se instauraba la creación del llamado Fondo Bicentenario (que se hubiera alimentado de las reservas del Banco Central). En segundo término, bloqueaba la resolución presidencial que destituía a Redrado.

El Congreso, de mayoría opositora, pugna ahora por hacer un paréntesis en las vacaciones estivales y marcar también el rumbo de este proceso.


* Artículo aparecido el 12-01-2010 en el diario español Público.

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