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lunes, 6 de abril de 2020

Colas en los bancos de Argentina comprometen la cuarentena decretada por el Gobierno


Personas de riesgo aguardaron durante horas para cobrar asignaciones estatales y en varios casos no se respetó la distancia mínima de seguridad

Banco Nación en el centro de la capital argentina (A.D.P)
Filas de hasta más de un kilómetro se formaron en Buenos Aires y en otras ciudades de Argentina cuando decenas de miles de personas, la mayoría adultos mayores, acudieron a los bancos este viernes, en plena cuarentena obligatoria, para cobrar sus jubilaciones y otras prestaciones sociales. Con las entidades cerradas desde hace dos semanas, cuando entró en vigor el confinamiento, el Gobierno de Alberto Fernández no previó la aglomeración de personas que se iba a producir en el primer día de los tres habilitados para el cobro de las asignaciones.
Las colas eran un prontuario de todos los perfiles de riesgo que deben respetar el “aislamiento social obligatorio” dispuesto por el Ejecutivo para prevenir el contagio del coronavirus. Abundaban los mayores de 65 años, algunos muy ancianos. Uno de ellos era Elías González, quien se desplazó entre dos localidades de la provincia de Buenos Aires para cobrar su pensión en la sucursal que tenía asignada.
“Mi abuelo, que tiene 70 años y fue obrero metalúrgico, madrugó y viajó de Merlo a Castelar para cobrar la jubilación, ya que la mayor parte de los lugares para comprar con tarjeta de débito están cerrados”, contó a Público su nieto, Diego González. “Tras casi una hora de viaje, se encontró con una cola de casi cuatro cuadras (unos 400 metros) para entrar al banco, cuando todavía faltaban dos horas para que abriera. La gente estaban apelotonada en una fila común como si fuera un día cualquiera”.
Elías es hipertenso. Aunque llevó una mascarilla de protección, su nieto montó en cólera cuando se enteró de lo sucedido. “Tuvo cinco horas de espera”, enfatizó. “Hay gente que vive al día y que necesita comprar porque no tiene nada, y además en los barrios más humildes hay que manejarse en efectivo. El Gobierno dejó a todos los jubilados haciendo colas, cuando son los más expuestos a la pandemia. Han mandado como vacas al matadero a la población con más riesgo de contagiarse”, reprochó.
Algunas personas se apostaron desde la madrugada frente a las entidades a la espera de que las sucursales abrieran, con temperaturas que apenas alcanzaban los dos dígitos. Era todavía de noche cerrada cuando a las 5.00 am apareció el primer cliente de una de las sucursales del Banco Nación en el centro de la capital argentina, según explicó a este diario uno de los dos policías de la ciudad de Buenos Aires que se apostaron a la entrada del local para rociar con alcohol en gel las manos de los clientes a medida que ingresaban al interior. Cuando cinco horas después abrió el local, la fila superaba los 200 metros, aunque las personas mantuvieron entre ellas una distancia mínima de seguridad.
Más caótica fue la situación en el interior del país, donde se presenciaron las mayores aglomeraciones, lo que provocó que muchas personas no pudieran ser atendidas. En esos casos fue aún peor, porque tras horas de espera, los clientes se agolparon a las puertas de las sucursales para protestar.
Eterna espera


Las autoridades anunciaron durante la mañana que los bancos también abrirían sus puertas durante este fin de semana, pero ya era tarde. La mayoría no quiso resignar su lugar en la cola. Cynthia Méndez fue de las que decidió continuar la espera con su madre, de 68 años, en el municipio bonaerense de Villa Adelina, adyacente a la capital argentina.

Yo decidí quedarme porque ya la había expuesto”, explicó esta mujer de 41 años. “Mi mamá no tenía tarjeta de débito porque siempre ha cobrado por ventanilla. Con el cierre de los bancos, traté de que lo hiciera por otros medios pero no pude acceder a ninguna solución, así que cuando dijeron que iban a abrir los bancos este viernes, lunes y martes, decidimos ir el primer día”.

Las dos mujeres llegaron una hora antes de que abriera la sucursal. Había unos 200 metros de cola. “Se manejó bastante bien la distancia entre una persona y otra, no fue como lo que he visto en otros bancos, pero en mi fila había abuelos muy grandes, algunos no podían estar de pie. Se hizo muy pesado, a tal punto que cuando ya estábamos llegando mi mamá se sentó directamente en el suelo. Ella llevaba una mascarilla y no se la sacaba para nada, pero la mayoría no contaba con ninguna protección”.

Cuatro horas tuvieron que aguardar Cynthia y su progenitora para ser atendidas. “No dejaba de pensar en toda la gente que estaba a mi alrededor y que estaba expuesta después de respetar una cuarentena de dos semanas, con otros diez días que todavía tenemos por delante”, refirió. Su madre, al igual que su abuela, llevaba sin salir de casa desde el pasado 7 de marzo, cuando murió en Argentina la primera persona enferma de covid-19. “Desde ese momento las puse en cuarentena. 'No salen', les dije. Entre mi hermano y yo nos turnamos para comprarles lo que necesiten y les dejamos las cosas en la puerta. Por eso cuestiono de qué sirve tanto cuidado si nos expusimos todos ahí”, añadió. “Hoy ya solucioné lo de mi mamá, pero mañana me toca lo de mi abuela”.

Tras una reunión de urgencia, el Gobierno estableció un cronograma según la terminación del DNI para reducir la afluencia a las sucursales, y dispuso que la atención será solo para los siete millones de jubilados y pensionistas que tiene el país. También extendió una hora el horario de atención y decretó que las entidades abrirán hasta el miércoles.

Es decir, que ya no podrán ser atendidos en las ventanillas otros 4,3 millones de beneficiarios que reciben la Asignación Universal por Hijo (AUH) y por Embarazo, una ayuda estatal para las familias más empobrecidas que estos días también podrán cobrar un Ingreso Familiar de Emergencia de 10.000 pesos (136 euros) para paliar la crisis económica que trae aparejado el coronavirus.

Argentina continuará en cuarentena hasta el 12 de abril por lo menos, aunque la curva epidémica parece no dispararse. El Ministerio de Salud ha confirmado este viernes 1.353 casos de coronavirus en todo el país, 88 en las últimas 24 horas. Hasta el momento fallecieron 42 personas por el virus SARS-COV-2, incluido un español de 76 años que murió este viernes en la provincia de Mendoza (centro-oeste). Mientras intenta ralentizar la propagación de la pandemia y se ocupa de un sistema sanitario que depende en gran medida del sobreesfuerzo de su personal, el Gobierno ha tenido un traspié que le puede pasar factura. Inusualmente callada en estos días, la oposición no ha tardado en sacar los dientes y ha empezado a pedir renuncias.


* Artículo aparecido en el diario español Público el 4 de abril de 2019.

lunes, 12 de noviembre de 2012

España: drama e hipocresía sobre los desahucios


Análisis sobre los desahucios en España y los repentinos gestos que han venido desde la Asociación Española Bancaria (AEB) y desde el Gobierno del PP y el partido del PSOE ante el último suicidio de una mujer por la ejecución de un desalojo.

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* Análisis del 12 de noviembre de 2012 en el programa Esquina Libertad de Radio Cooperativa, en Argentina.




martes, 17 de noviembre de 2009

Prioridades

Sí, la noticia cansa de repetitiva. Lo curioso es que no agote del escándalo. El director general de la Agencia de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO), Jacques Diouf, ha vuelto a colocar en titulares una nueva cifra: 44.000 millones de dólares es lo que costaría salvar a más de 1.000 millones de personas de la desnutrición, y por tanto, de una muerte segura o una vida miserable, que llegados a este punto, tanto da.

Los 193 países que forman parte del organismo de Naciones Unidas ya han firmado la declaración final de la Cumbre. No importa que ésta acabe el próximo miércoles. Ya saben a lo que han ido. No hace falta ni disimular. Poner firma en el acta antes o después de que acaben las reuniones ya no marca una diferencia, porque saben que su compromiso y el resultado, por ende, es el mismo: ninguno.

Los que han acudido a Roma una vez más para escuchar los mismos discursos de urgencia de un hambre que va in crescendo ni siquiera han sido capaces de establecer una fecha fija o alguna cantidad de dinero que les comprometa, al menos ante el papel, para luchar contra una de las peores plagas de este mundo que podría alimentar a todos sus habitantes con lo que ya produce.

Allá por julio la FAO mandó un documento a todos sus miembros para que, de cara a la Cumbre que se celebra en estos días, se pensaran eso de erradicar el hambre para el año 2025. Diouf trató de aprovechar por entonces el tirón de otro de estos encuentros de altos vuelos, el que reunió al G-8 en L'Aquila (Italia) y que los involucró, al menos de palabra, a invertir 20.000 millones de dólares en seguridad alimentaria en los próximos tres años.

Los Jefes de Estado y de Gobierno, efectivamente, recibieron la carta del director general en sus propios países. Se lo pensaron. Y la respuesta ha sido que no.

La importancia que estos líderes han dado a la Cumbre ha podido verse y palparse a partir de su propia asistencia a este encuentro que ocupará fugazmente la atención mediática por breves instantes. Sólo han asistido 60 de ellos, ninguno del G-8 o de los países más importantes de Europa, salvo el primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi, que no le quedaba otra porque era el anfitrión. El resto apenas se han molestado en mandar algún ministro de su Gabinete, no pensemos en la figura de la vicepresidente. Todos tenían mejores cosas que hacer.

En América Latina ha pasado algo similar. Ni la presidenta de Argentina ni su par de Venezuela se encuentran allí. Sí han hecho acto de presencia, además de los gobernantes Fernando Lugo de Paraguay y Tabaré Vázquez de Uruguay, la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, y su homólogo de Brasil, Luiz Inácio Lula Da Silva.

Estos dos últimos se han quejado, al menos, de la indiferencia reinante ante la hambruna. “Los líderes mundiales no han dudado en gastar cientos y cientos de millones de dólares para salvar la caída de los bancos. Con menos de la mitad de esos recursos, sería posible erradicar el hambre del mundo”, dijo Lula. Exactamente, 6 billones de euros es lo que han sacado del erario público tanto Estados Unidos como Europa para rescatar el sistema financiero del colapso.

Y nada de que habría que entregar “menos de la mitad”. Si España ha otorgado a los bancos 160.000 millones de euros en el último año, bastaría con la mitad de la mitad para cumplir con la cantidad propuesta por la FAO para ocuparse de la inanición de tantos millones, estos sí, de personas.

Todo sea dicho. Comparando todas estas cifras da la sensación de que estos 30.000 millones de euros (o 44.000 millones de dólares) que pide Diouf se quedan en una propuesta más bien discreta. Hasta podría encargarse un país de desprenderse él solito de esa suma. Sería un gesto hermoso, que quizá no pondría a sus habitantes tan en contra, dada la impasibilidad con la que la opinión pública ha tragado con el rescate a la banca.

Sería una manera, además, de comprobar la utilidad de la FAO. A ver qué hacía con ese dinero, por no pedirle que explicara cómo ha llegado a la necia conclusión de que con la pasta por delante el hambre desaparecía en cosa de pocos años.

Es más. Si esto es una emergencia que la FAO siente en carne propia, en vez de la huelga de hambre que hizo su director general antes de la reunión (por 24 horas, tampoco hace falta exagerar), podrían directamente reclamar a la madre matriz (la ONU), que achique presupuesto para el año que viene y otorgue de golpe y porrazo esos 44.000 millones de dólares (que igualmente salen de los países que la integran). Algo tendrán en la hucha.

Ahí empezaríamos a ver resultados. Y a descubrirnos las caretas más allá de tanta Cumbre que, al final, sólo acaba anestesiando.

domingo, 15 de marzo de 2009

BBVA dixit

El sábado apareció una noticia en el periódico Público con el siguiente titular: “Solbes y BBVA abogan por no salvar a todas las entidades”.
Primera sospecha: ¿Desde cuándo un empresario debe ser equiparado a lo que diga un ministro del Gobierno, como si fueran a la par?
Segunda suspicacia: ¿Desde cuándo el Estado español y uno de los bancos más potentes de este país tienen los mismos intereses?

Es de por sí provocador que Francisco González, como presidente del BBVA, aparezca en palestra a dar consejos sobre cuál debe ser el rumbo que debe seguir España, sobre todo si el gremio que representa se ha embarrado hasta el cuello en esta crisis que ha originado. Es parte de las concesiones que se permite uno de los hombres más poderosos de España, aunque la mayor parte de los ciudadanos no sepa su nombre. Puede aparecer ante una junta de accionistas, convocar a los medios, decir lo que quiera, y conseguir que sus palabras reciban un eco que por lo general está reservado a las personalidades políticas.

Pero no sólo sus actos le desenmascaran. En un arranque de megalomanía, suspiró: “Nosotros [el BBVA] no podemos salvar solos este país”. Y ya satisfecho con los aplausos que le agasajaban, dijo que estaba en desacuerdo con la participación del Estado en el capital de los bancos privados: “Al final crea ineficiencias y ya ha demostrado que no es el mejor gestor del mundo en estos negocios”.

Francisco González, había dicho, por otro lado, que era necesaria una alianza entre los poderes políticos, económicos y sociales: “Si no trabajamos juntos, la crisis será mucho más larga”. De por sí, ya genera desconfianza que haga creer a la audiencia que los intereses de un banco (poder económico) son los mismos que los del Gobierno (poder político). Además ha dado a entender que los objetivos del Gobierno o de la banca (aunados convenientemente) son para el bien de la sociedad.

Un banco, como empresa privada, no busca el beneficio social, sino el suyo propio. La lógica del capitalismo hace que procuren aumentar los beneficios al máximo reduciendo los costes al mínimo. Por tanto, se hace añicos ese poder de regulación atribuido al sistema: la avaricia y el ansia de acumulación no permite una verdadera competencia y un consecuente equilibrio de poderes, sino que el poder imperante procura debilitar tanto a rivales como a mecanismos de control que puedan entorpecer su descomunal afán de riqueza.

Esto es en parte lo que trataron de esconder las palabras del presidente del BBVA, que además eran contradictorias entre sí: quiere pactar con el Estado pero lo descalifica como buen gestor en el mundo de los negocios. Y de paso, da por sentado que los bancos sí son los administradores apropiados, ignorando el berenjenal que sin embargo han causado con la venta indiscriminada de créditos basura, préstamos a mansalva, y una especulación generalizada.

Si el Estado no sirve para meterse dentro de la banca, sí es más útil en cuanto a pacto de poderes se refiere. Dado que el BBVA no puede salvar solo este país, como nos ha recordado su presidente, se requiere la participación estatal. El problema de que el poder económico y político colaboren es que hay que encaminarse hacia un mismo objetivo, mientras que aquí uno de los actores busca sólo el lucro privado, y el otro debe tratar que la crisis cause los mínimos estragos sociales. Comienza a vislumbrarse si entre ambos se darán lo mano, o ese apretón servirá para hacer tambalear a uno de los dos.

Una fila interminable acude a despedir a la leyenda de rock argentino Indio Solari

Centenares de miles de personas hacen cola desde la capital argentina y a lo largo de unos 10 kilómetros hacia e l Parque Domínico del munic...