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domingo, 9 de agosto de 2015

La izquierda sigue dividida ante las elecciones de Argentina

El país elige este domingo a los candidatos que podrán competir por la presidencia. Las fuerzas de izquierdas intentan figurar como una alternativa de Gobierno más allá de la gravitación electoral que gira en torno a Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa

 
Cristina Fernández de Kirchner vota en Santa Cruz

BUENOS AIRES.- Argentina se despide este año del Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. El país prepara la transición con una sucesión de elecciones que desde abril sostienen una ininterrumpida campaña electoral. Pero este domingo ya no se trata sólo de comicios locales. Por primera vez en 2015 se celebra una votación nacional para elegir a los candidatos que podrán disputarse la presidencia. 

La agenda mediática se guía por los actos y dichos de los tres postulantes con más posibilidades de alcanzar el poder. Uno es oficialista, los otros dos son de la oposición. Pero en total hay quince precandidatos a la presidencia. De los cinco que se definen de izquierdas, dos compiten entre sí en el mismo frente. Como representantes de fuerzas más pequeñas, la atención a sus líderes es menos incisiva.

Por un lado, está el Frente Popular, un espacio en el que se unieron cuatro formaciones y que parece conformarse con superar el umbral de votos necesario para competir en las elecciones presidenciales. El Movimiento Socialista de los Trabajadores-Nueva Izquierda no tiene aspiraciones mucho más ambiciosas. Lo mismo sucede con la lista Nuevo Más. Todas se presentan por separado.

La fuerza que más adhesión podría conseguir en estas elecciones es el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT), una coalición trotskista del que forman parte el Partido Obrero (PO) y el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS). En 2013, el FIT tuvo un desempeño inesperado. Sacó el 6,4 % de los votos y metió tres diputados en el Congreso.

Uno de ellos es Nicolás del Caño, que desde el PTS espera ganar en la interna al fundador del PO, Jorge Altamira, y aspirar a la presidencia de Argentina. En las elecciones a intendente (alcalde) de la ciudad de Mendoza celebradas en mayo, consiguió desplazar del segundo puesto al propio kirchnerismo con el 16,87 % de los votos. Éste fue el mejor resultado que obtuvo una fuerza de izquierdas para un cargo ejecutivo desde el regreso de la democracia en 1983.

En una entrevista con Público, Del Caño expresa sus diferencias con el Gobierno de Cristina Fernández y sostiene que el actual Ejecutivo ha beneficiado a grandes empresarios durante sus doce años de gestión, más allá del discurso progresista que tiene en algunos terrenos.





"También ha causado una gran desazón que el Ejecutivo sostuviera a un genocida como César Milani (imputado por delitos de lesa humanidad) al frente del Ejército, cuando fue el mismo expresidente Néstor Kirchner el que descolgó el cuadro del exdictador Jorge Videla en el Colegio Militar", recuerda este joven de 35 años.

Con un discurso salpicado de referencias a los trabajadores, añade otro ejemplo. "En las negociaciones de las subidas de los salarios, el Gobierno pone un techo inferior a la inflación actual, pero la rentabilidad de los bancos y las entidades financieras fue en 2015 de un 57 % más", afirma. "Ahí no hay topes, esa ganancia no se discute. Lo reconoce la propia presidenta: 'Ustedes han ganado como nunca, se la han llevado en pala', les dice ella misma".

Sin embargo, hay muchos votantes de izquierdas que aprueban la administración kirchnerista y que se sienten identificados con el peronismo gobernante. "El pueblo en Argentina viene de la crisis de 2001", concede el precandidato. "El crecimiento económico de estos años, junto con la posición del Gobierno en ciertas temáticas como los derechos humanos, generó una expectativa, pero eso ya ha comenzado a resquebrajarse".


Para justificar sus palabras, no sólo menciona el crecimiento vertiginoso que ha experimentado su alianza desde 2011, que pasó de tener medio millón de votos a 1,2 millones en las elecciones legislativas de 2013. Alude además al candidato oficialista, el gobernador de la provincia de Buenos Aires Daniel Scioli, al que se refiere como un político referenciado por políticas de derecha.

"Scioli se reivindicó hace dos semanas como hijo político del expresidente Carlos Menem, cuando es uno de los principales responsables de las políticas neoliberales de privatización", sentencia Del Caño. "Su propio asesor admite que en el próximo Gobierno tendrían que devaluar".

El FIT propone un plan de emergencia que empiece por la nacionalización de la banca y el comercio exterior para evitar la fuga de capitales. Plantean elevar el salario mínimo al costo de la canasta básica familiar y un plan de obras públicas en un país con un déficit habitacional que afecta a más de tres millones de personas. También reclaman el cese del pago de la deuda externa, y el establecimiento de un impuesto extraordinario para las grandes mineras, petroleras, aceiteras y sobre todo, para el sector financiero.

A la espera del alcance real que tengan las alianzas de izquierda en estas elecciones, hay siete listas más que contienen al resto de los precandidatos. Tras las internas de este domingo, al menos cuatro de ellos quedarán eliminados.


Los tres nombres más repetidos


Daniel Scioli es el único candidato del Frente para la Victoria (FpV) que presenta el kirchnerismo para continuar en el Gobierno.

En la alianza Cambiemos, disputan ese lugar el jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires Mauricio Macri (líder del PRO), Ernesto Sanz (representante de la Unión Cívica Radical) y Elisa Carrió (dirigente de Coalición Cívica). Sólo uno de ellos, el que más sufragios consiga, continuará en la carrera presidencial.

El frente UNA será a su vez representado por el diputado Sergio Massa (del Frente Renovador) o por Manuel de la Sota, gobernador de la provincia de Córdoba.


En promedio, las encuestas le otorgan a Scioli un 36 % de intención de voto, seguido por Macri con un 24 % de apoyo. En tercer lugar ubican a Massa, anclado con un 13 % de respaldo.

Un sistema electoral complejo


Argentina es un país que establece un inusual modelo para elegir a sus autoridades. Conjuga dos mecanismos que por separado están presentes en los sistemas electorales de varias naciones, pero que en conjunto establecen un paradigma más raro de encontrar: elecciones primarias obligatorias, y tras los comicios generales, una eventual segunda vuelta que disputan los dos candidatos más votados si el ganador no logra determinada ventaja porcentual.

Más de 32 millones de votantes están convocados a participar en las denominadas PASO de este domingo, llamadas así por ser elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias. El lunes se conocerá quiénes son los posibles sucesores de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Las PASO también sirven de filtro para apartar de la carrera electoral a aquellos que no alcancen, al menos, el 1,5 % de los votos. Por otro lado, seis provincias celebran además elecciones locales para elegir a sus gobernadores, con la respectiva tanda de cargos provinciales.

La atención estará puesta sobre todo en la de Buenos Aires, el distrito más importante del país con el 37 % del padrón electoral. Allí, el kirchnerismo tiene a dos precandidatos que aspiran a ser el próximo gobernador: el jefe del Gabinete de ministros, Aníbal Fernández, y el presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez.

Como novedad, en estos comicios se elige también a los 43 parlamentarios que representarán a Argentina en el Mercosur, uno por cada una de las provincias del país más la ciudad de Buenos Aires, y otros 19 elegidos por distrito único.

De cara a las presidenciales

Pero no será hasta el 25 de octubre cuando se celebren las elecciones generales para elegir al presidente y al vicepresidente. Además se renovarán la mitad de los escaños de Diputados, y un tercio de las bancas del Senado.

Hasta entonces, las elecciones primarias son el mejor pronóstico de lo que puede suceder en las presidenciales, sobre todo desde el desconcierto que se vivió hace tres semanas en la segunda vuelta de las elecciones a jefe de Gobierno en la ciudad de Buenos Aires, cuando ninguna encuesta previó que los dos contrincantes que disputaban el cargo iban a quedar a sólo tres puntos de diferencia.

Las PASO exhiben, en definitiva, un corolario de simpatías y desafecciones, una muestra del tablero político y de las fuerzas reales que tiene cada aspirante a menos de tres meses de los comicios generales.



* Artículo aparecido el 9 de agosto de 2015 en el diario español Público.

martes, 21 de julio de 2015

Victoria agridulce para la derecha en Buenos Aires

Necesitó la segunda vuelta de las elecciones, y ganó por una diferencia tan ceñida, que durante el conteo de votos vio peligrar su futuro. Horacio Rodríguez Larreta, aupado y respaldado por el precandidato a presidente Mauricio Macri, sucederá a su mentor como jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires por una victoria pírrica que ha generado un panorama imprevisto para los comicios presidenciales del 25 de octubre.

El partido Propuesta Republicana, conocido comúnmente como PRO, ha tenido el peor resultado de su historia en las elecciones a jefe de Gobierno en la capital, que disputa desde hace ocho años. Rodríguez Larreta sacó el 51,6 % de los votos frente a Martín Lousteau, que se postulaba por Energía Ciudadana Organizada (ECO) y obtuvo el 48,3 %. En la primera vuelta, el candidato del PRO había conseguido el 45,5 % de los votos, y Lousteau, el 25,5 %.


El partido de Macri había preparado un escenario que entre música y ovaciones debía recibir a un Larreta victorioso y a un Macri aún más exultante si cabe, con el propósito calculado de proyectar su triunfo al resto del país. Aparecieron contritos, intentando acomodar su gesto de decepción ante las cámaras. El jefe de Gobierno aprovechó para lanzar un discurso de campaña presidencial, con promesas de acción y críticas al Ejecutivo nacional, y luego le dio rienda suelta al baile.

Rodríguez Larreta sumó en esta segunda ronda apenas seis puntos más que en la primera, lejísimos de los porcentajes de adhesión que sí alcanzó Macri las dos veces que disputó la segunda vuelta para ser jefe del Gobierno porteño: 61 % en 2007, 63 % en 2011, es decir, 16 puntos más que los que había alcanzado en la primera vuelta de aquellos comicios.

Socios y rivales


Entre Lousteau y Rodríguez Larreta se produce un fenómeno paradójico. A nivel nacional, ECO pertenece al frente Cambiemos, una alianza nacional que integran PRO, la Unión Cívica Radical (UCR) y Coalición Cívica para enfrentarse al kirchnerismo gobernante. Cambiemos dirimirá su candidato presidencial en una interna que disputarán el 9 de agosto los líderes de esos espacios: Mauricio Macri, Ernesto Sanz, y Elisa Carrió.

Dos semanas tuvo Lousteau para tratar de contrarrestar los 20 puntos de diferencia que le había sacado Rodríguez Larreta en la primera vuelta. El candidato de ECO no intentó apoyarse en Sanz o en Carrió, aunque ambos postulantes presidenciales le manifestaron su apoyo en algún momento de la campaña, con mayor intrepidez el primero, con más tibieza la segunda.

Rodríguez Larreta, por su parte, se apegó a Macri. El todavía jefe de Gobierno se vio obligado a postergar su campaña presidencial para asegurar el triunfo de su delfín en el único distrito del país en el que el PRO ganaba hasta ahora con holgura sin necesidad de hacer partícipe a otros partidos.

La única victoria que Macri podía capitalizar en solitario era la de la capital, que es la que le permitía postularse como precandidato a presidente en la alianza Cambiemos. En el resto del país tiene que apoyarse en los radicales de la UCR para tener la posibilidad de ganar en otras elecciones locales y salir en la foto. La única provincia en la que el PRO pudo ir en solitario fue Santa Fe. Estuvo a punto de arrebatarle el triunfo al socialismo, pero le faltaron 2.000 votos.

Macri sólo ha podido celebrar una victoria más, y fue compartida. En la provincia de Mendoza salió elegido como gobernador un candidato radical apoyado por el PRO y por otros partidos opositores al Gobierno nacional.

El jefe de Gobierno era consciente de que tenía poco vuelo en solitario, pero con los resultados de esta segunda vuelta, ha perdido parte de su capital político. Su único bastión, el cuarto distrito electoral del país, representativo como lo es la capital de Argentina, se ve debilitado. En el resto del territorio, su alianza con otros opositores diluye su protagonismo.

El empuje de Lousteau


El candidato por el Frente para la Victoria (FpV) Mariano Recalde, que quedó tercero en la primera vuelta de los comicios porteños, no quiso respaldar a Lousteau en esta segunda ronda, aunque reconoció que no era dueño del 21,9 % de los votos que lo habían elegido. Como portavoz de la posición del Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner frente a estos comicios, resaltó la contradicción de que los dos candidatos a jefe de Gobierno en Buenos Aires pertenecieran al mismo espacio electoral que aspira a ganar las elecciones presidenciales.

Los dos candidatos de izquierda que se presentaron por separado en la primera vuelta y obtuvieron en total el 7,1 % de los sufragios coincidieron en esta ocasión en hacer un llamado por el voto en blanco, con la intención de ilustrar que, en el fondo, daba igual decantarse por Rodríguez Larreta o por Lousteau.

Pero el voto en blanco sacó el 5 % de los votos. Los ciudadanos opinaron distinto, y Lousteau consiguió casi el doble de sufragios que en la primera vuelta. El candidato por ECO tenía esperanzas de seducir a ese 29 % del electorado, en su mayoría kirchnerista, que en la primera ronda no había votado ni por él ni por Rodríguez Larreta. Y consiguió convencer a casi el 23 %, ganando en 9 de las 15 comunas en las que se divide la ciudad.

En el arco de votos que fueron a Lousteau, quizás fue más decisiva la papeleta antimacri que la realmente convencida por él. Pero con todos esos sufragios, a punto estuvo de despojarle al PRO su hegemonía en la capital.

Sin el apoyo explícito de los movimientos de izquierda o del FpV, Lousteau logró en estas elecciones desprenderse de las críticas que le recordaban su paso por el Gobierno de Cristina Fernández, cuando fue ministro de Economía y diseñó un proyecto para cobrarle más retenciones a los agroexportadores, lo que provocó su dimisión al desatarse la mayor crisis que tuvo que afrontar el Ejecutivo de la presidenta.

Lo que está por venir

Desde que se constituyera como un distrito autónomo en 1996, la ciudad de Buenos Aires siempre ha tenido que celebrar elecciones en segunda vuelta para definir a su jefe de Gobierno, pero era la primera vez que un candidato kirchnerista quedaba fuera de la competencia.

El FpV suele ser querido en la provincia de Buenos Aires, la más importante del país al concentrarse allí el 37 % del padrón electoral, pero las provincias que la siguen en relevancia por población, Córdoba, Santa Fe, Mendoza, no son tan afectas al Gobierno nacional.

A diferencia del arco opositor, el oficialismo sólo lleva un candidato para las primarias presidenciales que se celebrarán en tres semanas: el actual gobernador de la provincia de Buenos Aires Daniel Scioli. Él es quien más motivos tendría para celebrar este domingo los resultados en la ciudad de Buenos Aires. Macri estaba en el imaginario de encuestas y análisis como el rival que le disputaría la presidencia en una eventual segunda vuelta. Desde anoche, Scioli duerme más tranquilo.


* Artículo aparecido el 20 de julio de 2015 en el diario español Público.

martes, 29 de octubre de 2013

El kirchnerismo se resiente en las elecciones legislativas de Argentina


Sergio Massa celebra su victoria en Buenos Aires junto a su mujer y sus hijos.El kirchnerismo atraviesa uno de los momentos más comprometidos de su trayectoria, con la presidenta Cristina Fernández apartada de sus funciones tras haberse sometido el 8 de octubre al drenaje de un hematoma cerebral. Tres años después del fallecimiento de su marido, Néstor Kirchner, el movimiento político que lleva su apellido es todavía la fuerza más votada a nivel nacional, pero los resultados de las elecciones parlamentarias dan paso a un reajuste de equilibrios que el Gobierno deberá manejar durante los dos años que le quedan de legislatura.

Los comicios, con los que se renovará la mitad de los diputados (127) y un tercio de los senadores (24), han confirmado la derrota del oficialista Frente para la Victoria (FpV) en la mayoría de los 24 distritos del país, incluido el mayor de todos ellos, la provincia de Buenos Aires. Allí, un hombre que perteneció al oficialismo, Sergio Massa -exjefe de gabinete de Cristina-, ha conseguido imponerse por 12 puntos de diferencia y con el 44 % de los votos al candidato del Gobierno, Martín Insaurralde.

El oficialismo tampoco ha encontrado consuelo en el distrito autónomo de la ciudad de Buenos Aires, en el que Frente para la Victoria (FpV) se ha quedado sin representación en el Senado al quedar en tercer lugar. De celebración está el partido del alcalde bonaerense Mauricio Macri, el PRO, que ha sido el partido más votado y que ingresa por primera vez en la Cámara Alta con dos bancas. El otro escaño en juego lo ha obtenido la coalición UNEN con su candidato Fernando 'Pino' Solanas. La capital ha mantenido la misma correlación de fuerzas para diputados, con el PRO como la fuerza más votada, seguida de UNEN y FpV.
La coalición kirchnerista ha quedado rezagada, por otro lado, en provincias clave como Córdoba, Mendoza y Santa Fe, y ha perdido en otras que hasta ahora se mantenían fieles a ella, como Catamarca, Jujuy y Chubut, mientras que ha triunfado en Entre Ríos, Chaco, Río Negro y San Juan. Quien ha calificado de "histórica" su elección ha sido el Frente de Izquierda, que no tenía representación en el Congreso, y que ahora ha obtenido tres diputados, correspondientes a las provincias de Buenos Aires, Mendoza y Salta.

Lo que se viene


Han sido unas elecciones concurridas en las que ha votado el 75% de las 30,5 millones de personas con derecho a voto, cinco puntos más de participación que en las primarias celebradas en agosto. La comparación entre ambos comicios puede servir de alivio al kirchnerismo, que ha conseguido más votos que en las parlamentarias de 2009. Además, ha mejorado su desempeño con respecto a la tendencia que se delineó en las primarias de agosto dos meses atrás.

En aquellos comicios, el FpV sacó el 26% de los votos a nivel nacional, mientras que en las elecciones de este domingo, la coalición ha vuelto a ser la fuerza más votada en todo el territorio al superar el 33% de los sufragios. El segundo partido más votado es la UCR, el tercer lugar lo ha conquistado el Frente Renovador de Massa y en cuarta posición queda el PRO, que aprovechó el domingo para lanzar a su líder como postulante a presidente para 2015, aunque este partido no tiene prácticamente arrastre afuera de la capital argentina, exceptuando Córdoba y Santa Fe.

De manera estricta, en estas elecciones sólo se decidía la composición de las dos cámaras del Parlamento, que quedará configurada a partir de diciembre. Los medios de comunicación argentinos más hostiles al Gobierno han ido más allá al calificar estos resultados como el fin del ciclo kirchnerista. Lo cierto es que el oficialismo cedió terreno en las elecciones parlamentarias de 2009 para luego recuperarlo en las presidenciales y legislativas que se celebraron dos años después.
La principal diferencia, quizás, es que Cristina Fernández no podrá presentarse para un tercer mandato en los próximos comicios de 2015, y no queda claro quién podría sucederla en su cargo. Por otro lado, el Gobierno debe hacer frente a más desafíos sociales y económicos que por entonces.

Con la nueva configuración del Congreso, el oficialismo mantiene quórum propio en el Senado y conseguiría mayoría absoluta con sus aliados, mientras que en la Cámara Baja gana cinco escaños pero necesitará tejer alianzas para alcanzar la mayoría. Con Massa en escena, el kirchnerismo tendrá que ser hábil para no perder oxígeno y asegurarse la gobernabilidad.


*Artículo publicado el 28 de octubre de 2013 en el diario Público

martes, 13 de agosto de 2013

El kirchnerismo salva su supremacía en las primarias de Argentina


La presidenta argentina, Cristina Fernández, junto al candidato de su partido, Martín Insurralde, ayer, en un acto en Buenos Aires.Las elecciones primarias celebradas este domingo en Argentina han ratificado al kirchnerismo como la primera fuerza política en el conjunto de la nación, pese que no han llegado a ser la agrupación más votada en los cinco distritos más poblados del país.

El 76 % de los argentinos -de 30,5 millones habilitados en el padrón- participaron en estas elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) para definir qué candidatos de las distintas agrupaciones podrán presentarse en las elecciones legislativas del 27 de octubre, cuando se renovarán casi la mitad de los escaños en la Cámara de Diputados (127 de 257) y un tercio de los cargos del Senado (24 de 72).

A nivel nacional, la alianza más votada ha sido la del oficialismo, que desde 2003 se agrupa bajo la sigla Frente para la Victoria (FpV), y que es el único grupo presente en los 24 distritos del país. Según los últimos resultados oficiales, esta fuerza consiguió el 25 % de los votos emitidos a nivel nacional. Como segunda fuerza se posicionaron la Unión Cívica Radical (UCR) y sus aliados -entre los que está el socialismo-, que son el principal sector enfrentado al kirchnerismo en el Congreso.

Balance de resultados

 

Los que se oponen al Gobierno de la presidenta Cristina Fernández, dispersados en alianzas fragmentadas, han conseguido prevalecer en los distritos clave. La mayor expectación se generó en  la provincia de Buenos Aires, donde viven casi cuatro de cada diez electores nacionales, y en donde se renovarán en octubre 35 bancas de diputados. El Frente Renovador del ex jefe del gabinete kirchnerista y ahora opositor Sergio Massa aventajó allí a la lista del precandidato kirchnerista Martín Insaurralde, alcalde de Lomas de Zamora, uno de los municipios más importantes de la provincia de Buenos Aires.

En tercer lugar quedó Margarita Stolbitzer con el Frente Progresista Cívico y Social (FPCyS), asociado a la UCR, mientras que el gran perdedor en el mayor distrito electoral del país fue el peronista opositor Francisco de Narváez, desplazado al cuarto puesto.

En las otras cuatro jurisdicciones más pobladas del país también ganaron listas distintas a las del FpV. En Córdoba, se impuso en las urnas el peronista Juan Schiaretti, candidato del gobernador opositor José Manuel de la Sota, superando en votos a la UCR y al kirchnerismo, que quedó relegado al cuarto puesto. En Santa Fe venció el ex gobernador Hermes Binner como cabeza de lista del FPCyS, mientras que el oficialismo fue la tercera fuerza más votada.


El espacio de la oposición


Si se suman los sufragios que en la capital argentina recibieron las cuatro listas internas que competían en el espacio UNEN, esta fuerza supera en votos al PRO del intendente (alcalde) Mauricio Macri. La vertiente ganadora, dentro de esta corriente, fue la de Elisa Carrió como precandidata a Diputados y la de 'Pino' Solanas para la Cámara Alta.

No obstante, la lista que presentó el PRO tanto para el Senado -con Gabriela Michetti como primera de lista- como para Diputados -con el rabino Sergio Bergman- se impuso como la más votada a nivel individual. Los precandidatos kirchneristas, Daniel Filmus como senador y Juan Cabandié como diputado, quedaron terceros.

En Mendoza, ganó la lista de UCR, cuyo primer candidato a diputado es Julio Cobos, ex vicepresidente de Cristina Fernández durante su primer Gobierno. El FpV se situó en segundo lugar.

Las PASO han sacado de la carrera electoral a las fuerzas que no han conseguido superar el 1,5 % del padrón de cada distrito. Todas las provincias tenían listas de candidatos a diputados, y ocho distritos tenían, además, las propias de senadores: además de la capital argentina, Chaco, Entre Ríos, Neuquén, Río Negro, Salta, Santiago del Estero y Tierra del Fuego.

Primarias sin mucha competencia interna


Gracias a una reforma de 2009, es la segunda vez que se celebra en Argentina la instancia electoral de las primarias, que sirven para que la ciudadanía legitime con su voto las competencias internas que surjan dentro de una determinada alianza. Pero de las 176 agrupaciones inscritas para estos comicios, sólo 42 presentaron más de una lista de candidatos en 21 de los 24 distritos del país. En las provincias de Santiago del Estero, Jujuy y La Rioja, todos los grupos políticos ofrecieron una única lista.
Ésta es, quizás, la principal crítica a estas elecciones, porque pese a la convocatoria electoral, la mayoría de los partidos no han dado la posibilidad a los votantes de incidir en su proceso de selección de candidatos.

Por eso las PASO han sido interpretadas, sobre todo, como una gran encuesta nacional sobre el panorama legislativo que se espera para octubre, y la consiguiente comodidad que tendrá el oficialismo para aprobar proyectos en el Congreso en estos dos últimos años de Cristina Fernández como presidenta.
Con estos comicios se inauguró, por otro lado, el sufragio optativo de casi 600.000 adolescentes entre 16 y 17 años. Gracias a la ley de identidad de género aprobada en 2012, unos 3.000 transexuales también pudieron votar, por primera vez, con sus nuevos documentos de identidad que reconocen el sexo y el nombre que han elegido.


Trascendencia de las primarias


Con el resultado de estas elecciones, la perspectiva es que el oficialismo consiga, para octubre, una mayoría más desahogada en la Cámara Baja. Como en los próximos comicios legislativos se someten a votación las bancas de diputados elegidas en 2009, año en el que el kirchnerismo tuvo su peor resultado legislativo, las alianzas opositoras deben renovar casi el doble de los escaños que arriesgan el kirchnerismo y sus aliados, así que es probable que estos últimos aumenten su representación.

Sucede lo contrario en el Senado, donde el oficialismo pondrá en juego más escaños que sus opositores, así que de respetarse la tendencia de las PASO, lo más probable es que el FpV vea comprometida su mayoría al perder algunas bancas.

Más forzado resulta comparar el desenlace de las PASO con las elecciones presidenciales de 2011 en las que Cristina fue reelegida con el 54 % de los votos, si bien la mandataria se posicionó en primera línea durante la campaña electoral de estos comicios, quizás para compensar la relativa proyección pública de sus candidatos. Todos los mandatarios que la precedieron, a excepción de su marido fallecido Néstor Kirchner, consiguieron su mayor respaldo electoral en las elecciones presidenciales. En las legislativas, y ahora en las primarias, suele suceder que el sufragio de apoyo a los partidos principales va en detrimento de otras alianzas menores.

La campaña electoral de estas elecciones se vio sobresaltada a mitad de semana por un accidente en la ciudad de Rosario que ocasionó una fuga de gas en un bloque de viviendas. Las agrupaciones políticas suspendieron sus actos de cierre de campaña ante la tragedia que ha causado hasta ahora 17 muertos, y cuando todavía cuatro personas continúan desaparecidas, mientras que otras diez permanecen hospitalizadas. A ello se le suma la desgracia ocurrida este sábado en un parque de atracciones también en Rosario, en la que murieron dos hermanas de 11 y 14 años.


* Artículo publicado el 12 de agosto de 2013 en el diario español Público.

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