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martes, 20 de abril de 2010

Insatisfacción tras el fallo sobre la papelera que dividía a Argentina y Uruguay *

La papelera finlandesa que ha mantenido enfrentados a Uruguay y a Argentina desde que en 2005 comenzara su construcción a orillas del río que los separa no será desmantelada. Las dos naciones esperaban ayer con visible agitación el veredicto de la Corte Internacional de Justicia de La Haya (CIJ), que no considera probado que la planta de celulosa Botnia contamine, aunque ha reconocido que Uruguay tendría que haber informado al país vecino de la instalación de la fábrica, conforme al Estatuto del Río Uruguay de 1975.

La expectativa que generaba el fallo en la localidad argentina de Gualeguaychú, fronteriza con Uruguay, se transformó con rapidez en sólo furia y decepción.“Ahora sí estamos enojados”, exclamó una mujer tras conocer la resolución. Desde finales de 2006 la Asamblea Ciudadana Ambiental de Gualeguaychú mantiene bloqueado el puente que la comunica con la ciudad uruguaya de Fray Bentos, en donde funciona la papelera. “El corte no se levanta”, sentenció uno de sus miembros. "La comunidad internacional se está burlando de nosotros".

Botnia ha sido hasta ahora el principal conflicto entre el Gobierno argentino y uruguayo, pero se esperaba que la resolución inapelable del órgano judicial de la ONU sirviera para dar por cerrada esta disputa y acercar así de nuevo a dos naciones históricamente unidas. Las autoridades de ambos países habían prometido acatar el dictamen de la CIJ, pero el desencanto de Gualeguaychú no lo pondrá fácil. “Se terminó la bondad, la caridad y la educación”, comentaba desde allí un hombre. “Ahora sí comienza la lucha”.

* Artículo aparecido el 21-04-2010 en el diario español Público.

martes, 1 de diciembre de 2009

El puente que divide Argentina y Uruguay*




Hasta que un conflicto diplomático entre Argentina y Uruguay la sacó del anonimato, algunos de los que habían oído hablar de Fray Bentos pensaban que era sólo una ciudad creada por el escritor argentino Jorge Luis Borges para ambientar sus relatos. Tiempo después se sabría que el Macondo uruguayo existía en realidad, porque se convirtió en protagonista del enfrentamiento entre el Gobierno argentino de los Kirchner y el del uruguayo Tabaré Vázquez por la instalación de una papelera en la orilla del río que la circunda.

El Fray Bentos actual respira calma pese a la segunda vuelta electoral: no hay apenas rastro en las calles de la campaña política y los ciudadanos asumen los comicios sin ninguna excitación. Dan por supuesto que se cumplirán las previsiones: Pepe Mujica, del Frente Amplio, ganará con comodidad. 

E igual que acepta el resultado electoral, esta región del litoral asume la presencia de la papelera finlandesa Botnia como parte de su realidad cotidiana. Hace ya tres años que la Asamblea Ambiental de la ciudad argentina de Gualeguay-chú cortó el puente que comunica esa urbe con Fray Bentos, pero sus habitantes parecen tolerar sin mucho pesar el recelo que despierta al otro lado del río la empresa de celulosa.

Allí, en Argentina, los que mantienen cortado el puente aseguran que Botnia atenta contra la vida del río Uruguay. El desarrollo de Gualeguay-chú se basa en la agricultura, la ganadería y el turismo, mientras que la papelera produce un millón y medio de toneladas de celulosa y utiliza 86 millones de litros diarios de agua del río que devuelve contaminados.
 
La atracción que despierta Fray Bentos a las inversiones extranjeras no comenzó con la llegada de Botnia. Muchos consideran que el incipiente progreso industrial que experimentó Uruguay a finales del siglo XIX comenzó con la llegada del ingeniero alemán George Giebert, que desarrolló la producción de extracto de carne y la exportó después a una Europa asediada por las guerras.

Todavía hoy, los habitantes de Fray Bentos presumen de que Julio Verne, en su libro De la Tierra a la Luna, eligiera como desayuno el caldo derivado del extracto de carne para dar de comer a los astronautas que llegaron al satélite terrestre. De ahí viene el dicho de "lo único que se desperdicia es el mugido del vacuno", todavía vivo hoy en Fray Bentos.

En aquel Fray Bentos de Borges existía un hombre legendario llamado Ireneo Funes, "mentado por algunas rarezas como la de no darse con nadie y la de saber siempre la hora". En el cuento Funes, el memorioso, el escritor se refirió a su personaje como el único hombre sobre la Tierra que tenía derecho a utilizar la palabra "recordar".

Pero en esta ciudad que vive impasible a los acontecimientos de alrededor no se rememora con especial orgullo aquel hombre que cayó de un caballo y que, además de quedar tullido, se transformó incomprensiblemente en un ser con una memoria prodigiosa. Su plaza Constitución está dedicada al alemán Justus Von Liebig, considerado por algunos como el padre de la química orgánica y quien creó por primera vez el extracto de carne.

No hay, en cambio, rastro de ningún reconocimiento al autor argentino. A pesar del "cronométrico Funes" que habitó un día el Fray Bentos, en la ciudad parece que en realidad no pasa el tiempo. Sus residentes, que preguntan poco y responden aún menos, se limitan a llevar el mate en la mano y el termo bajo el brazo, vayan en moto y conduciendo.

Este lugar, que también es mencionado en el cuento más famoso de Borges, El Aleph, no tendría nada de especial si no fuera por Botnia, pero ese ya no es un asunto que los inquiete. Y tampoco las elecciones. "Ya nos hemos acostumbrado a esto", se justifica un joven, que observa pasar a la gente sentado cerca de la rambla de la ciudad. "Aquí no cambia nada".

"En España saben que contamina"

Raúl Subías. Integrante de la Asamblea Ciudadana Ambiental de Gualeguaychú


¿Por qué no han abierto el puente para las elecciones?
No importa quién gane las elecciones porque no cambiará la postura del Gobierno uruguayo con respecto a Botnia.

Mujica recaudó dinero para que viajaran los uruguayos residentes en Argentina...
Nosotros no nos metemos con las cuestiones de otra nación.

Pero sí abrieron el puente para los hinchas argentinos que fueron a ver el partido de su selección en Uruguay.
Fue para dar un golpe de efecto. El conflicto lleva seis años. Nos han borrado de la prensa. Los grandes medios de este país tienen intereses creados en Botnia. Aquel fue un movimiento estratégico y logró su cometido. La prueba es que diarios como el suyo, del otro lado del océano, estén haciendo estas preguntas.

¿Qué se está ocultando?
La Universidad Nacional de La Plata demostró que un componente químico prohibido en Europa desde 2005 se está usando en Botnia. En España tienen las pruebas a la vista.

¿Por qué?
La UE ha establecido que las empresas que utilizan la tecnología Kraft, como la de Botnia, tienen que irse antes de 2018 porque contaminan. Ustedes los saben por la Empresa Nacional de Celulosa.

Uruguay dice que cumplen con los estándares de la UE.
No nos tranquiliza que una empresa finlandesa venga y diga que respeta las normas europeas, cuando ustedes mismos los expulsan de la UE.

¿Va a cambiar algo si Mujica es elegido presidente?
Ya dijo que si gana, seguirá con el desarrollo de las papeleras. Uruguay tiene un contrato de reciprocidad de inversión con Finlandia. El problema es que es un país subdesarrollado, sin industrias. Con este acuerdo, está atado de pies y manos.


* Artículo aparecido el 30 de noviembre en el diario español Público



viernes, 20 de noviembre de 2009

Aniversario de la inconsciencia

Hoy se cumplen tres años del corte de uno de los puentes que une Argentina con Uruguay. La Asamblea Ambiental de la ciudad argentina de Gualeguaychú decidió bloquearlo como forma de protesta contra la instalación de la papelera Botnia al otro lado del río, en la ciudad uruguaya de Fray Bentos.

El conflicto, sin embargo, dura ya seis años. Argentina y Uruguay, distantes en sus relaciones diplomáticas desde entonces, enfrentan el caso ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya, que dará su veredicto en 2010. Argentina enseña los dientes porque está harta de blandir en mano el Estatuto del Río Uruguay, un documento firmado por ambos países en 1975 por el que se comprometían a consultarse ante cualquier decisión que pudiera afectar el que es el límite natural de ambos países.

Son muchos los que hablan del corte del puente, pero no tanto de las razones. Fue una de las resoluciones que adoptó la Asamblea de Gualeguaychú para encarecer la llegada de materias primas a la planta de celulosa. Botnia utiliza la tecnología Kraft, que estará prohibida en Europa a partir de 2018. “Ya se han presentado en la Haya una serie de estudios del estado del Río Uruguay realizados antes de que empezara a funcionar Botnia, lo que ha sido único en el mundo porque en otros lugares donde se han instalado papeleras, como en Valquiria (Chile) o Pontevedra (España), no hubo estudios previos”, comentaba en una entrevista (que aparecerá próximamente) el asambleísta Raúl Subías. “Acá se hizo un estudio del río antes de que empezara a funcionar y luego se ha realizado un monitoreo por la parte argentina”.

¿El resultado? La contaminación salta a la vista. "Botnia produce un millón y medio de toneladas de celulosa, y utiliza 86 millones de litros diarios de agua gratuita que devuelve al río contaminada", explicaba Subías. "Acá prometieron 5.000 puestos de trabajo. Al final sólo trabajan 200 personas, y 30 son de Fray Bentos. No queremos que contaminen nuestra región, es tan sencillo como eso".

En la prensa tampoco se comenta el contrato de recíproca inversión entre Uruguay y Finlandia, injusto porque la capacidad que tiene Finlandia para meter sus industrias en Uruguay no tiene comparación con la que puede poseer Uruguay, cuya economía se basa sobre todo en agricultura y ganadería.

Con la instalación de Botnia Uruguay permite que el mundo desarrollado utilice el Sur como vertedero. Aquí se descubre la doble moral de países como Finlandia (y España, que también pretendió instalarse en Fray Bentos con la papelera ENCE), porque se van a países menos industrializados para hacer las maldades que ya no pueden hacer en los suyos. Y se advierte la docilidad de países como Uruguay, que permiten que su territorio sea utilizado de muladar. Son ganas de no hacerse respetar.

Pero atentos. Algunas empresas esperan ansiosas el resultado de las elecciones uruguayas que se celebrarán el próximo 29 de noviembre. Hay al menos cuatro proyectos de construcción de pasteras que están preparados para la carrera, calentando motores y esperando a que gane el candidato del Partido Nacional, Luis Alberto Lacalle. Neoliberal donde los haya, Lacalle sueña con un Uruguay convertido en el jolgorio de las industrias papeleras.

Y si resulta elegido el candidato del Frente Amplio, Pepe Mujica, tampoco hay por qué alarmarse. Izquierdista en un antaño, ahora ve con ojos cándidos la papelera Botnia. “Total, si fueran tan malas,” dijo una vez, “la gente dejaría de usar papel”.

Para los que todavía tengan dudas, como Mujica, no hay cómo acudir a la página web de los Asambleístas. No se trata sólo de un puente cortado, ni de las rencillas entre dos países hermanos por el incumplimiento de un tratado. Hablamos del respeto a un Sur que no tiene que ser el basurero del Norte, y de un maltrato continuo a los recursos naturales que va a ser una de las tragedias que tendremos que afrontar en el siglo XXI. A ver de qué sirve, para entonces, tanta codicia miserable.

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