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domingo, 19 de mayo de 2013

Entrevista a Nora Cortiñas: "No fue sólo Videla. Fue una dictadura cívico-militar-religiosa"




Nora Cortiñas, presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora.Nora Cortiñas, presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, conversó con esta periodista sobre el fallecimiento del ex dictador Jorge Videla cuando cumplía cadena perpetua por delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura argentina (1976-1983).


¿Cómo ha tomado la muerte del ex dictador Videla?

No me genera ninguna alegría. Yo no festejo la muerte de nadie. Se murió en una cárcel, y ésta es la parte de satisfacción dado que no se murió en la cama de su casa, sino condenado. Todavía hay muchos impunes, pero en este caso, Videla es el responsable de infinidad de muertes, torturas, apropiación de bebés y es el que además intentó destruir los lazos de solidaridad de nuestro pueblo. Ésta es una muerte más de uno de los represores que tuvo la Argentina. Tenemos que seguir con nuestra lucha por la verdad y la justicia día por día.

¿Qué se lleva Videla consigo?

Se lleva el peso de su proceder genocida y de asesino, pero queda para la memoria nuestra lo que fue el terrorismo de Estado aquellos años de la dictadura cívico-militar-religiosa que tuvimos. Hay que incluir a la Iglesia católica. Queda la imagen de un país que han querido destrozar, pero gracias a la generosidad y valentía de los testigos siguen los juicios. Hay muy pocos procesos en otros países de América Latina, y nosotros, empujando, hemos conseguido juicios en todas las provincias. Cuesta mucho todavía, pero con nuestra movilización esperamos que la Argentina llegue a ser un país sin impunidad.

¿Cree que la muerte del ex dictador va a ser un obstáculo para acceder a más información sobre los desaparecidos?

No, de ninguna manera. Los represores tienen archivos en todas partes, sólo hay que buscarlos. El Gobierno [de Cristina Fernández] tiene que tener la fuerza de voluntad para abrir esos archivos y saber qué pasó con cada uno de los detenidos-desaparecidos, hombres y mujeres. También para que los jueces abran sus gavetas y digan prontamente a quién entregaron en falsa adopción esos bebés que nacieron cuando sus madres estaban en cautiverio y que fueron apropiados. Hay material para mostrar al mundo y para que nosotros logremos la verdad y la justicia.

¿Por qué cree que falta voluntad política?

Porque hay archivos. Ni Videla ni los que murieron se los llevaron en el cajón. No es que no quieran, es que falta decisión.

¿De quién depende que se muestren?

Del Gobierno, y del actual Papa Francisco, que tiene las llaves de los archivos. La Iglesia Católica argentina fue cómplice de este horror. Entraban a los campos de concentración, palmeaban a las víctimas para que siguieran hablando. Nunca salieron de un centro clandestino de detención para denunciar públicamente lo que presenciaban. Algunos intentaron liberar a alguno con el que tenían mucha amistad, pero ¿por qué no a todos?

De los miembros de la Junta Militar que dieron el golpe de Estado en 1976 (Videla-Eduardo Massera-Orlando Agosti), ¿qué papel le atribuye al ex dictador en los casos de asesinatos y secuestros?

Creo que la responsabilidad es de los tres. La figura de Videla fue la más prominente, fue mostrado como el mayor asesino, pero no fue sólo él. Esto se hizo alrededor de una mesa, planificando día por día, buscando y pidiendo nombres a todos los que fueron cómplices. Empezó en 1974 con la Triple A y la presidenta constitucional Isabel Martínez de Perón, y la Triple A comenzó a practicar esa metodología infame que es la desaparición forzada de personas, que es el crimen de los crímenes. Es cuando a una persona se le priva todos los derechos de manera absoluta. Y ellos son responsables de este delito de lesa humanidad que ofende a la humanidad misma. La de Videla es una historia más, de horror, pero una historia más.

¿Se hizo justicia contra los crímenes del ex dictador?

Fue tardía, pero va habiendo Justicia. En cada juicio el testimonio de las víctimas muestra que lo que vivimos no tiene perdón, ni olvido, ni reconciliación con ellos. No están arrepentidos, volverían a hacerlo. Así que no hay ningún atenuante, salvo la Justicia. Videla se murió condenado por muchos crímenes. Nosotros tenemos el compromiso con todos los hijos que quedaron en el camino de seguir la lucha para saber qué pasó con cada uno de ellos. Y nadie podrá pararnos, sólo nuestra propia muerte. No admitiremos que alguien quiera por decreto o por decisión poner fin a los juicios. Seguiremos peleando hasta que no quede nadie impune. No queremos venganza, sino justicia: la que ellos le negaron a nuestros hijos.

¿Está bien considerar a Videla el símbolo de la dictadura argentina?

No, no es el símbolo él sólo. Es uno de los máximos responsables, pero no el único. Acá hubo una planificación, todo fue fríamente calculado. Hay muchos todavía libres, pero no vamos a parar. Ese compromiso lo llevamos en las vísceras.

¿Qué va a pasar con las causas que seguían en curso y en las que estaba imputado?

Vamos a tener que hablar con los jueces. No creo que causas mueran. En los procesos judiciales en los que él estaba involucrado hay otros que acompañaron.

¿Qué cree que va a significar para Argentina la muerte de Videla?

Nada más que una muerte más. Las madres ya tenemos muchos años, y muchos padres ya no están, pero ahora están el grupo de hermanos y de hijos. En la historia siempre habrá algún descendiente, así que seguiremos buscando la justicia y la verdad total.


Entrevista aparecida en Público el 18 de mayo de 2013

viernes, 28 de octubre de 2011

La cara angelical que engañó a sus víctimas

Del mismo modo que la Escuela Mecánica Superior de la Armada (ESMA) se convirtió como centro de torturas en un emblema del régimen de terror que impuso la dictadura argentina (1976-1983), el excapitán de Marina Alfredo Astiz, de 59 años, fue a su vez uno de los iconos más representativos de la represión de aquella época. Nunca llegó a mostrarse arrepentido. Días antes del fallo judicial que este miércoles lo condenó a cadena perpetua, declaró ser un perseguido político, se dirigió desafiante al tribunal con un ejemplar de la Constitución en la mano, y lanzó un provocativo: "Es para que se lo haga llegar al presidente de la Corte".

El Ángel de la Muerte, sobrenombre de Astiz, siempre se jactó de los crímenes que perpetró. "Yo soy milico de alma" le dijo en 1998 a la periodista Gabriela Cerutti. "Así como digo que están locos los que dicen [que hubo] 30.000 [desapa-recidos], también deliran los que dicen que están en México. Los limpiaron a todos, no había otro remedio".

Astiz no fue uno de los altos cargos del régimen militar durante la dictadura, pero se aseguró la fama por la impasibilidad con la que traicionaba a grupos de activistas de derechos humanos, en los que se pudo infiltrar con el pretexto falso de que buscaba a un hermano desaparecido.

De pelo rubio y ojos celestes, aquel ángel se encargó de delatar, entre otros, a las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo y a dos monjas francesas para que fueran secuestradas por los grupos de tareas encargados del exterminio de sus víctimas.

Este oficial de inteligencia, orgulloso de formar parte del mayor centro de detención que existió en Argentina, interpreta ahora su sentencia como fruto de una revancha. "Cumplí mi trabajo. Además, estaba de acuerdo".


* Artículo aparecido el 28-10-2011 en el diario español Público.

El 'Ángel de la Muerte' pasará el resto de su vida entre rejas

Finalmente pasará el resto de su vida entre rejas. El excapitán de Marina Alfredo Astiz fue sentenciado el miércoles a la pena máxima junto a otros 11 militares en una causa que se ha convertido en uno de los juicios más emblemáticos de cuantos investigan los crímenes de lesa humanidad en Argentina.

El logro histórico de este proceso, de hecho, puede compararse al del Juicio a las Juntas de 1985, cuando por primera vez fueron juzgados los militares entre ellos, el dictador Jorge Videla que perpetraron el golpe de Estado de 1976 para imponer a continuación durante los ocho años siguientes un estado de terror permanente.
En esta ocasión se investigaban, en pa
rticular, los crímenes cometidos contra 86 personas que pasaron por la Escuela Superior Mecánica de la Armada (ESMA), el mayor centro clandestino de tortura que existió en Argentina durante la dictadura, que duró hasta 1983.

Los magistrados condenaron a 12 de los 18 procesados a cadena perpetua. Además de Astiz, fue sentenciado a cárcel de por vida el excapitán de fragata Jorge el Tigre Acosta, jefe de inteligencia de los grupos de tareas que operaban en la ESMA, que se encargaban de secuestrar, torturar y asesinar a sus víctimas.

El juicio forma parte de otro proceso más grande en el que se investigan los delitos de lesa humanidad
Otros cuatro exmilitares recibieron condenas que oscilaron entre los 18 y los 25 años de prisión. Y dos imputados fueron absueltos, pero no pisarán la calle porque están siendo investigados en otros juicios. Además, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), parte querellante en este proceso, apelará estos indultos.

Testimonio de los horrores

Las audiencias, que se prolongaron durante 22 meses, han sido las que han transformado este juicio en un testimonio vivo de los horrores del régimen militar, pero sobre todo en la certeza de que la justicia podía llegar. Así lo deseaban centenares de personas que, antes de la resolución judicial, aguardaron a las puertas del tribunal la sentencia que recibirían los 18 procesados.

En este juicio, que forma parte de otro proceso más grande en el que se investigan los delitos de lesa humanidad cometidos en la Escuela Mecánica de la Armada, participaron unos 200 testigos, 80 de los cuales fueron víctimas.

Entre otros casos, se investigó la desaparición en 1977 del escritor argentino Rodolfo Walsh y el secuestro, ese mismo año, de las monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet, así como de las fundadoras de la organización Madres de Plaza de Mayo: Azucena Villaflor, Esther Ballestrino y María Ponce.
Han sido muy relevantes en este juicio las sentencias a cadena perpetua, que tienen un componente especial porque se ha hecho justicia con la historia. Sirva de ejemplo la pena máxima con la que ha sido castigado el exvicealmirante Óscar Montes por la muerte de María Cristina Lennie, una joven que en 1977 se apresuró a tomar cianuro cuando iba a ser secuestrada por los comandos militares.

Su fallecimiento, en un principio, se había intentado justificar como un supuesto suicidio, pero después los fiscales del caso consiguieron que se admitieran como hechos la privación ilegal de libertad y las torturas a las que Lennie fue sometida.

Muchos son, en realidad, los delitos que perpetraron los marinos en la ESMA, y esta causa ha servido para ponerlos en evidencia.

Además de las torturas y los asesinatos, existió la apropiación de bebés que nacían en cautiverio. Existieron también los vuelos de la muerte, una práctica de exterminio a la que recurrieron los militares para deshacerse de sus víctimas, las cuales eran drogadas antes de subirlas a un avión y tirarlas al río de la Plata. La "metodología de eliminación" también incluía la quema de los cadáveres para no dejar ninguna pista ni evidencia de las atrocidades cometidas por los militares.

Apenas cien supervivientes

Con la sentencia de este juicio no se cierra la investigación de los crímenes cometidos en torno a la ESMA. Todavía hay 70 procesados que serán investigados en otros ocho procesos, ahora en curso, por la desaparición de casi 800 personas.

Un número elevado, aunque no debe olvidarse que por este centro de tortura atroz por la cantidad y la saña con la que los militares impusieron tormentos a sus víctimas pasaron unas 5.000 personas en total, de las cuales sobrevivieron apenas unas cien.

De este modo se concluye una parte de esta megacausa que, en realidad, es un paso más de cuantos se están dando para que los torturadores del régimen militar argentino no salgan impunes.

Han pasado ya ocho años desde que el Gobierno del expresidente Néstor Kirchner, de cuyo fallecimiento se cumplió ayer el primer aniversario, invalidara las leyes de Obediencia Debida y Punto Final.

Estas fueron promulgadas durante la presidencia de Raúl Alfonsín (1983-1986) y protegían a los militares de los crímenes de lesa humanidad perpetrados durante la dictadura.

Quedan también atrás los indultos del exmandatario Carlos Menem (1989-1999), con los que se trató de sellar la impunidad de represores como Jorge Rafael Videla o como el exalmirante Emilio Massera, que fue precisamente el máximo representante de la ESMA.

Massera murió en noviembre de 2010 tras ser declarado incapaz por padecer demencia. Por lo tanto, no pudo ser imputado en los procesos que afrontaba por delitos de lesa humanidad.

La primera condena a los represores de la ESMA, en cualquier caso, es también motivo de celebración para países como Suecia, que había pedido la extradición de Astiz por el asesinato de su conciudadana Dagmar Hagelin.

También para Francia, que a su vez reclamaba al Ángel de la Muerte por la desaparición de las monjas Alice Domon y Leonie Duquet.

No tardó en reconocerlo ayer el ministro de Exteriores galo, Alain Juppé, quien sostuvo que el fallo judicial contra los 18 militares "honra a Argentina".

* Artículo aparecido el 28-10'-2011 en el diario español Público.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Madres

El 30 de abril fue el 32º aniversario de las Madres de la Plaza de Mayo. El 30 de abril, como cada jueves desde 1977, las Madres se reunieron frente al palacio de Gobierno argentino, la Casa Rosada, para reclamar la vida de las 30.000 personas que desaparecieron durante la dictadura. Son 30.000 hijos que reclaman para sí todas las madres.

Las desapariciones no comenzaron con la implantación de la dictadura en 1976. Los primeros casos datan de 1973, 1974 y 1975, cuando la organización paramilitar conocida como la triple A (la Alianza Anticomunista Argentina) surgió para aniquilar el ala izquierda del movimiento peronista. Creada por el secretario privado de Perón, José López Rega, la triple A vio morir a los pocos meses al presidente de Argentina, quien dejaba un país convulsionado en manos de su tercera mujer, Isabel. López Rega, sin que la viuda de Perón pudiera encarar el mando, dio aún más poder a la triple A, que acabó personalizando un terrorismo de Estado previo al que se consolidó en la dictadura. La Alianza atentó no sólo contra guerrillas urbanas como los Montoneros o el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), sino que optó por los asesinatos selectivos contra cualquier tipo de disidencia política o social.

Fue entonces cuando algunas madres comenzaron a encontrarse en ministerios y en cuarteles de policía, preguntando, buscando a los primeros desaparecidos. Con el golpe de Estado de Videla, que daría paso a siete años de un despotismo genocida (1976-1983), los perseguidos aumentaron, y las matanzas también. Las Madres se vieron obligadas a disimular sus encuentros, porque la represión pasaron a sufrirla en carne propia. Muchas fueron encarceladas, torturadas, desaparecidas. Con la dictadura no se jugaba, y ellas comenzaban a ser visibles en el extranjero, a ser atendidas e invitadas a otros países para formular en voz alta la súplica que la saña de aquellos años no pudo acallar: querían recuperar a sus hijos con vida.

Aquellas reuniones de cada jueves pasaron a ser sustituidas por otras esporádicas en donde trataban de reconocerse, de reencontrarse, de organizarse para no dejarse vencer por el miedo. Y cuando podían volvían a la plaza. “Aquí no se viene a llorar”, decían cuando se incorporaba una nueva madre. “Aquí se viene a luchar”. Apretaban los dientes, y seguían desafiando a un sistema criminal que no acababa de vencerlas.

El pañuelo blanco en la cabeza pasó a identificarlas. Un emblema níveo que reemplazó lo que en realidad utilizaron por primera vez para reconocerse como Madres: un pañal, como tantos otros recuerdos que muchas conservaban, el pañal de sus hijos como el símbolo que las uniría bajo un mismo pedido de ayuda.

Y por fin crearon la Asociación de las Madres. Esta institución ha pasado a ser el instrumento social por el que realizan una labor inspirada en los hijos. “Nosotras estamos enamoradas de ustedes”, les dicen. Todos los proyectos que realizan siguen la estela que ellos dejaron. Una universidad, una radio, un centro cultural y proyectos sociales como Compartiendo Sueños (plan de construcción de viviendas por medio de la contratación de personas excluidas del sistema) o como el CEMOP (Centro de Estudios Económicos y Monitoreo de Obras Públicas) han nacido gracias a ellos, porque sus hijos han sido la razón que hoy alienta su trabajo. En su nombre impulsan el cambio social, político y humano que ellos buscaban y que los militares trataron de impedir. Así los honran. Así las madres son el medio a través del cual sus hijos se expresan. Por eso, dicen, ellos han vencido a la muerte.

En una cosa son muy firmes. Las madres no luchan por sus propios vástagos, sino que cada una ha adoptado como propios los desaparecidos de las demás, de modo que ahora son madres de 30.000 hijos. Siguen reclamando su aparición con vida, y no admitirían los cuerpos ni ninguna compensación económica. Sería un modo de decir que están muertos, y ellas insisten en que están más vivos que nunca, vivos en su quehacer diario que a ellos se debe. “Nosotras estamos embarazadas de su ejemplo, de su entrega, de su generosidad, embarazadas para siempre”, afirman.

La dictadura militar acabó por desplomarse, pero las Madres todavía se reúnen, y siguen representando la transformación social de la que es testigo su obra. Cada jueves podrán ser encontradas en la Plaza de Mayo, aunque con el paso del tiempo el grupo compacto que era en antaño vaya aclarándose, con madres que ya son ancianas y otras que no podrán volver. Pero no es un motivo de desaliento. Saben que son representadas por el resto, que cada semana tiene una cita para gritar en nombre de todas las madres que sus hijos existen y existirán de por vida.

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