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domingo, 7 de febrero de 2016

La Argentina de Macri vuelve al mundo como un país “serio”



Ha sido muy intensa la agenda del presidente argentino Mauricio Macri en sus casi dos meses de mandato. Desde que reemplazó en su cargo a la exmandataria Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015), ha comenzado a gobernar con viento de cola a favor, sin ser objeto de un incisivo desgaste en los medios de comunicación, y con la ventaja de un verano estival que ha tenido a la Justicia y al Congreso en receso por vacaciones.




Tras rearmar el gabinete que lo acompañará por los próximos cuatro años, el presidente ha incursionado en todas las áreas del Estado. Sus ejes de Gobierno, afirma, son tres, y así lo repiten todos sus ministros: pobreza cero, combate al narcotráfico, y la unión de los argentinos.

La prioridad, sostiene el Ejecutivo, es que Argentina “vuelva a ser un país normal”, lo que significa recuperar la confianza ante los ojos del mundo, que no perdona su crisis de 2001, para establecer relaciones bilaterales con todas las naciones, sin ideologías de por medio, y negociar créditos o inversiones sin sospechas y “como un país serio”, en palabras de Macri.

Pese a la fisura en una costilla que lo había tenido convaleciente, el mandatario viajó al Foro Económico Mundial de Davos, en Suiza, un cónclave al que Argentina no acudía desde 2003, y restableció relaciones con empresas, ciertos países, y organismos como el FMI, que volverá a auditar las cuentas públicas del país.

Debido al sobreesfuerzo, el presidente no pudo viajar después a la cumbre en Quito que acogía a la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac), donde acudieron casi todos los líderes de la región.

Argentina ha cambiado de rumbo en su política exterior. La buena relación entre Argentina y Venezuela trocó con el nuevo Gobierno, “preocupado” por el respeto a los derechos humanos en el país carioca que ejemplificaba, a su juicio, la condena del opositor Leopoldo López a 13 años y nueve meses de cárcel por ser el autor intelectual de los disturbios contra el Gobierno que en 2014 causaron la muerte de 43 personas.

Entre tanto, Macri lidia en el norte del país con la detención de una dirigente social muy controvertida, Milagro Sala, arrestada en un comienzo por incitación a la violencia y tumulto, imputaciones desechadas cuando la Fiscalía decidió investigarla por los delitos de fraude y extorsión en relación a los fondos que manejaba su cooperativa Tupac Amaru.

Situación económica

El presidente ha sido veloz en reorientar la economía: eliminó, de entrada, las retenciones a los cereales y a la carne que exporta el país, y redujo del 35 al 30 % el gravamen que se aplicaba a la soja, el principal cultivo de la nación.

Eran buenas noticias para el sector agropecuario, que en 2008 plantó bandera ante el intento de Cristina Fernández de establecer un sistema móvil en los aranceles de la soja, el trigo y el maíz, y generó la peor tragedia institucional que sufrió el país desde 2001.

El Gobierno también suprimió las dificultades de exportación e importación, eliminó las restricciones a la adquisición de divisas extranjeras, y devaluó la moneda nacional un 30 % con respecto al dólar, que pasó de valer 8 pesos a casi 14. Esta cifra estaba ligeramente por debajo del llamado dólar paralelo que se cotizaba en el mercado informal. Había un atraso cambiario que terminaba subsidiando el Estado, el cual debía vender dólares del Banco Central para sostener el cambio oficial y facilitar el consumo interno. Macri fue rápido, y eliminó aparentemente un escollo.

El Ejecutivo también es ágil en percibir situaciones de peligro: declaró la emergencia energética, y eliminó los subsidios a la electricidad, por la que se pagaban precios irrisorios en la ciudad y en la provincia de Buenos Aires. Concedió, no obstante, una tarifa social para sectores con pocos recursos.

Macri decretó a su vez la emergencia nacional en seguridad pública, y estableció un protocolo de derribo de aviones para aquellos que tuvieran “entidad suficiente para perturbar” sobre el territorio. Organizaciones sociales pegaron un grito en el cielo.

La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, es una de las funcionarias más cuestionadas de su gabinete. En Navidades tuvo en vilo al país con la fuga de tres condenados por un triple crimen de asesinato. La semana pasada, miembros de Gendarmería reprimieron con balas de goma a unas 90 personas en un barrio carenciado de la capital argentina, en su mayoría niños que ensayaban una murga. Al menos once personas fueron heridas.

Por toda respuesta, Bullrich visitó en el hospital a dos gendarmes heridos en un operativo que ingresó en la misma zona para recuperar coches robados. Con falacia, el Gobierno intentó relacionar ambos episodios. Las imágenes de los niños con impactos de bala en el cuerpo, mientras, repercutían en las redes sociales.

También a través de un decreto, el presidente designó a dos jueces de la Corte Suprema, el máximo tribunal del país, aunque la medida levantó cierto escozor y el presidente dio marcha atrás, sin admitirlo expresamente: envió los expedientes al Senado hace unos días para que la Cámara Alta resuelva sus designaciones.

El mandatario recurre de vez en cuando a decretos de necesidad y urgencia (DNU), una manera de legislar que luego deben aprobar ambas cámaras del Congreso. Ha emitido ocho desde que asumió el poder en diciembre de 2015. Con uno de ellos, desvirtuó la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual –o ley de medios– aprobada por el Gobierno anterior, aunque una cautelar judicial lo tiene de momento paralizado.

El otoño que viene

En estos días, causan preocupación los más de 27.000 despidos en la administración pública que ha denunciado la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE). En el sector privado, casi 23.000 personas han perdido sus puestos de trabajo. Macri ya ha conseguido su primera huelga general, prevista para el 24 de febrero.

El Gobierno no ha tomado, por otra parte, ninguna medida relevante en materia social, educativa, sanitaria o laboral que se haya acercado a los sectores más vulnerables de la sociedad.

El Congreso está a pocas semanas de retomar sus sesiones. La ruptura con el bloque Frente para la Victoria (FpV) de quince diputados del kirchnerismo, que ahora esperan ser “una alternativa a Macri” pero esperando “que le vaya bien”, ha dejado en crisis a la coalición referente de los expresidentes Néstor Kirchner (2003-2007) y Cristina Fernández, que pierde la primera minoría en Diputados para cedérsela al frente macrista Cambiemos.

Macri ha pasado el ecuador de la supuesta “luna de miel” que otorga una tregua de 100 días a los presidentes para juzgar su gestión. El Poder Legislativo y Judicial regresan al centro de la escena. Vuelven las negociaciones salariales para compensar una inflación que nunca se fue. Con el otoño, se sentirán los efectos del escenario económico y social preparado durante el verano.

lunes, 10 de agosto de 2015

Argentina se decanta por el legado del kirchnerismo

BUENOS AIRES- El kirchnerismo que lidera la presidenta Cristina Fernández celebra por partida doble el resultado que obtuvo este domingo en las elecciones primarias. Su fuerza fue la más votada en todo el país y también en el principal distrito de la nación. Su único candidato para suceder a la mandataria, Daniel Scioli, ha ganado estos comicios. El oficialismo sale refrendado con cierta holgura, aun cuando su máxima líder optó por no presentarse en ninguna lista.
Daniel Scioli, festejando el triunfo en el estadio de Luna Park

Con el respaldo unánime del Frente para la Victoria (FpV), Scioli ha obtenido el 38 % de los votos, y sobresale sobre su rival más próximo por trece puntos de diferencia. El gobernador de la provincia de Buenos Aires es el postulante a la presidencia más apoyado en todo el país, aunque las dos fuerzas opositoras que le hacen frente están a ocho y dieciocho puntos de diferencia de la coalición oficialista.

Si este resultado se trasladara a las elecciones presidenciales del 25 de octubre, a Scioli no le bastarían esos números para evitar la segunda vuelta. Ése es un privilegio que sólo ostenta la presidenta Cristina Fernández, elegida en primera ronda las dos veces que se postuló al cargo que ocupa.


Pero lo cierto es que éstas son las elecciones más importantes en lo que va de año, y las llamadas PASO (elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias) suelen establecer un apoyo que resiste fiel para las elecciones presidenciales. Por eso esta votación constituye también la más clara fotografía que hasta ahora puede obtenerse para constatar el apoyo popular de cada uno de los postulantes, al margen de encuestas y opiniones.

Además se despeja el camino para los seis precandidatos que podrán continuar con sus aspiraciones al Gobierno, y elimina a los otros nueve que no consiguieron superar el umbral mínimo (1,5 %) para permanecer en la carrera electoral.

Datos duros



A dos meses y medio de las elecciones generales, Scioli se posiciona entonces por delante de los frentes opositores de Cambiemos y Unidos por una Nueva Alternativa (UNA), que aunque enfrentaban en internas a rivales, suman en total el 30 % y el 20 % de los votos respectivamente.



En segundo lugar a nivel nacional se confirma el jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires Mauricio Macri, que disputaba el liderazgo de Cambiemos con el líder de la Unión Cívica Radical (UCR), Ernesto Sanz, y la dirigente de Coalición Cívica Elisa Carrió.


Al haber ganado Macri a estos dos últimos por amplio margen, su frente volcará todo su apoyo al único candidato que ahora los representa para alcanzar la Casa Rosada (el palacio de Gobierno). No es menor este respaldo, porque los radicales solían ser la segunda fuerza política de Argentina por detrás del peronismo

El precandidato Sergio Massa, exfuncionario kirchnerista, confirma su lugar en el tercer puesto con el 13 % de los votos. Él también ganó en una interna, en su caso con el gobernador de Córdoba José Manuel de la Sota, bajo el paraguas de UNA.

De los cuatro frentes de izquierda que se presentaban, el único que continúa en la contienda es el Frente de los Trabajadores de Izquierda (FIT), una coalición trotskista que enfrentaba en una interna a sus dos precandidatos, Jorge Altamira y Nicolás del Caño. Ganó este último, y en total el FIT consiguió el 3,3 % de adhesión. Es la quinta alianza más votada del país, pero con un magro resultado.

No puede soslayarse que hubo una merma en la participación en estas PASO presidenciales, aun siendo obligatorias. El 73 % de los argentinos fue a votar, mientras que en 2011 votó el 81,41 % del padrón, año en el que estas primarias se instauraron por primera vez para elegir a los candidatos a presidente y vicepresidente. La lluvia persistente de estas últimas jornadas fue un motivo de desaliento, con varias zonas afectadas por inundaciones.

 

Provincia de Buenos Aires


El kirchnerismo también reivindica los resultados en la provincia de Buenos Aires, que alberga el 37 % del padrón electoral. Aunque la única candidata de Cambiemos, María Eugenia Vidal, fue la más votada del distrito con el 31 % de los votos, el FpV sacó más sufragios en total porque enfrentaba a dos candidatos rivales pero compañeros dentro de la alianza oficialista: el jefe del gabinete de ministros Aníbal Fernández y el presidente de la Cámara de Diputados Julián Domínguez. Con el 20 % de los votos, Fernández le sacó a su adversario dos puntos de diferencia.


Muy leve impacto tuvieron las acusaciones desde un famoso programa de televisión del grupo Clarín, conducido por el periodista Jorge Lanata, que vinculaba al jefe de ministros con el tráfico de efedrina y lo señalaba como el autor intelectual de tres homicidios. Ajeno a estas denuncias de última hora, el apoyo popular a Fernández se impuso dentro de la contienda oficialista en la provincia más importante de Argentina.

Los guarismos en este distrito también le sonrieron a Macri, porque la relativa victoria de Vidal le beneficia. Es la candidata que él colocó dentro de Cambiemos para luchar por la gobernación de Buenos Aires, e individualmente, ha sido la más apoyada. La apuesta de la fuerza de Massa, el exgobernador Felipe Solá, ha quedado más atrás con el 21% de los votos.

Los 32 millones de argentinos habilitados para votar debían elegir un mínimo de cuatro cargos, según el distrito. Además de designar candidatos a presidente y vicepresidente, optaban también por los postulantes a la Cámara de Diputados y por los parlamentarios del Mercosur, elegidos tanto en representación de todo el país como de cada distrito. Ocho provincias elegían también senadores.

De los once alianzas y partidos que iban a las urnas, quedan seis en disputa para las elecciones presidenciales. Ningún candidato ha sido en realidad consagrado, así que otra campaña política comienza hoy mismo: la que mantendrán los aspirantes a la presidencia en la carrera final por la jefatura de Estado.



* Artículo aparecido el 10 de agosto de 2015 en el diario español Público.

domingo, 9 de agosto de 2015

La izquierda sigue dividida ante las elecciones de Argentina

El país elige este domingo a los candidatos que podrán competir por la presidencia. Las fuerzas de izquierdas intentan figurar como una alternativa de Gobierno más allá de la gravitación electoral que gira en torno a Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa

 
Cristina Fernández de Kirchner vota en Santa Cruz

BUENOS AIRES.- Argentina se despide este año del Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. El país prepara la transición con una sucesión de elecciones que desde abril sostienen una ininterrumpida campaña electoral. Pero este domingo ya no se trata sólo de comicios locales. Por primera vez en 2015 se celebra una votación nacional para elegir a los candidatos que podrán disputarse la presidencia. 

La agenda mediática se guía por los actos y dichos de los tres postulantes con más posibilidades de alcanzar el poder. Uno es oficialista, los otros dos son de la oposición. Pero en total hay quince precandidatos a la presidencia. De los cinco que se definen de izquierdas, dos compiten entre sí en el mismo frente. Como representantes de fuerzas más pequeñas, la atención a sus líderes es menos incisiva.

Por un lado, está el Frente Popular, un espacio en el que se unieron cuatro formaciones y que parece conformarse con superar el umbral de votos necesario para competir en las elecciones presidenciales. El Movimiento Socialista de los Trabajadores-Nueva Izquierda no tiene aspiraciones mucho más ambiciosas. Lo mismo sucede con la lista Nuevo Más. Todas se presentan por separado.

La fuerza que más adhesión podría conseguir en estas elecciones es el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT), una coalición trotskista del que forman parte el Partido Obrero (PO) y el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS). En 2013, el FIT tuvo un desempeño inesperado. Sacó el 6,4 % de los votos y metió tres diputados en el Congreso.

Uno de ellos es Nicolás del Caño, que desde el PTS espera ganar en la interna al fundador del PO, Jorge Altamira, y aspirar a la presidencia de Argentina. En las elecciones a intendente (alcalde) de la ciudad de Mendoza celebradas en mayo, consiguió desplazar del segundo puesto al propio kirchnerismo con el 16,87 % de los votos. Éste fue el mejor resultado que obtuvo una fuerza de izquierdas para un cargo ejecutivo desde el regreso de la democracia en 1983.

En una entrevista con Público, Del Caño expresa sus diferencias con el Gobierno de Cristina Fernández y sostiene que el actual Ejecutivo ha beneficiado a grandes empresarios durante sus doce años de gestión, más allá del discurso progresista que tiene en algunos terrenos.





"También ha causado una gran desazón que el Ejecutivo sostuviera a un genocida como César Milani (imputado por delitos de lesa humanidad) al frente del Ejército, cuando fue el mismo expresidente Néstor Kirchner el que descolgó el cuadro del exdictador Jorge Videla en el Colegio Militar", recuerda este joven de 35 años.

Con un discurso salpicado de referencias a los trabajadores, añade otro ejemplo. "En las negociaciones de las subidas de los salarios, el Gobierno pone un techo inferior a la inflación actual, pero la rentabilidad de los bancos y las entidades financieras fue en 2015 de un 57 % más", afirma. "Ahí no hay topes, esa ganancia no se discute. Lo reconoce la propia presidenta: 'Ustedes han ganado como nunca, se la han llevado en pala', les dice ella misma".

Sin embargo, hay muchos votantes de izquierdas que aprueban la administración kirchnerista y que se sienten identificados con el peronismo gobernante. "El pueblo en Argentina viene de la crisis de 2001", concede el precandidato. "El crecimiento económico de estos años, junto con la posición del Gobierno en ciertas temáticas como los derechos humanos, generó una expectativa, pero eso ya ha comenzado a resquebrajarse".


Para justificar sus palabras, no sólo menciona el crecimiento vertiginoso que ha experimentado su alianza desde 2011, que pasó de tener medio millón de votos a 1,2 millones en las elecciones legislativas de 2013. Alude además al candidato oficialista, el gobernador de la provincia de Buenos Aires Daniel Scioli, al que se refiere como un político referenciado por políticas de derecha.

"Scioli se reivindicó hace dos semanas como hijo político del expresidente Carlos Menem, cuando es uno de los principales responsables de las políticas neoliberales de privatización", sentencia Del Caño. "Su propio asesor admite que en el próximo Gobierno tendrían que devaluar".

El FIT propone un plan de emergencia que empiece por la nacionalización de la banca y el comercio exterior para evitar la fuga de capitales. Plantean elevar el salario mínimo al costo de la canasta básica familiar y un plan de obras públicas en un país con un déficit habitacional que afecta a más de tres millones de personas. También reclaman el cese del pago de la deuda externa, y el establecimiento de un impuesto extraordinario para las grandes mineras, petroleras, aceiteras y sobre todo, para el sector financiero.

A la espera del alcance real que tengan las alianzas de izquierda en estas elecciones, hay siete listas más que contienen al resto de los precandidatos. Tras las internas de este domingo, al menos cuatro de ellos quedarán eliminados.


Los tres nombres más repetidos


Daniel Scioli es el único candidato del Frente para la Victoria (FpV) que presenta el kirchnerismo para continuar en el Gobierno.

En la alianza Cambiemos, disputan ese lugar el jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires Mauricio Macri (líder del PRO), Ernesto Sanz (representante de la Unión Cívica Radical) y Elisa Carrió (dirigente de Coalición Cívica). Sólo uno de ellos, el que más sufragios consiga, continuará en la carrera presidencial.

El frente UNA será a su vez representado por el diputado Sergio Massa (del Frente Renovador) o por Manuel de la Sota, gobernador de la provincia de Córdoba.


En promedio, las encuestas le otorgan a Scioli un 36 % de intención de voto, seguido por Macri con un 24 % de apoyo. En tercer lugar ubican a Massa, anclado con un 13 % de respaldo.

Un sistema electoral complejo


Argentina es un país que establece un inusual modelo para elegir a sus autoridades. Conjuga dos mecanismos que por separado están presentes en los sistemas electorales de varias naciones, pero que en conjunto establecen un paradigma más raro de encontrar: elecciones primarias obligatorias, y tras los comicios generales, una eventual segunda vuelta que disputan los dos candidatos más votados si el ganador no logra determinada ventaja porcentual.

Más de 32 millones de votantes están convocados a participar en las denominadas PASO de este domingo, llamadas así por ser elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias. El lunes se conocerá quiénes son los posibles sucesores de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Las PASO también sirven de filtro para apartar de la carrera electoral a aquellos que no alcancen, al menos, el 1,5 % de los votos. Por otro lado, seis provincias celebran además elecciones locales para elegir a sus gobernadores, con la respectiva tanda de cargos provinciales.

La atención estará puesta sobre todo en la de Buenos Aires, el distrito más importante del país con el 37 % del padrón electoral. Allí, el kirchnerismo tiene a dos precandidatos que aspiran a ser el próximo gobernador: el jefe del Gabinete de ministros, Aníbal Fernández, y el presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez.

Como novedad, en estos comicios se elige también a los 43 parlamentarios que representarán a Argentina en el Mercosur, uno por cada una de las provincias del país más la ciudad de Buenos Aires, y otros 19 elegidos por distrito único.

De cara a las presidenciales

Pero no será hasta el 25 de octubre cuando se celebren las elecciones generales para elegir al presidente y al vicepresidente. Además se renovarán la mitad de los escaños de Diputados, y un tercio de las bancas del Senado.

Hasta entonces, las elecciones primarias son el mejor pronóstico de lo que puede suceder en las presidenciales, sobre todo desde el desconcierto que se vivió hace tres semanas en la segunda vuelta de las elecciones a jefe de Gobierno en la ciudad de Buenos Aires, cuando ninguna encuesta previó que los dos contrincantes que disputaban el cargo iban a quedar a sólo tres puntos de diferencia.

Las PASO exhiben, en definitiva, un corolario de simpatías y desafecciones, una muestra del tablero político y de las fuerzas reales que tiene cada aspirante a menos de tres meses de los comicios generales.



* Artículo aparecido el 9 de agosto de 2015 en el diario español Público.

lunes, 27 de abril de 2015

Un Macri eufórico celebra su doble victoria en Buenos Aires



El actual jefe de Gobierno en la ciudad de Buenos Aires y aspirante a presidente festejó el triunfo de su partido y de su elegido, Horacio Rodríguez Larreta, en las elecciones primarias que lo enfrentaban a la senadora Gabriela Michetti. El Frente Para la Victoria (FPV) quedó relegado al tercer puesto en una ciudad no apegada al peronismo.

El alcalde de Buenos Aires, Mauricio Macri (c), festeja junto Horacio Rodríguez Larreta (i) los resultados electorales. /EFE
Macri, durante su festejo (EFE)
Treinta precandidatos y once listas competían este domingo en las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) de la ciudad autónoma de Buenos Aires para definir quiénes podrán competir por la jefatura de Gobierno (equivalente a la alcaldía) en la capital argentina. El nombre más repetido, no obstante, es el de Mauricio Macri, actual jefe de Gobierno y aspirante a suceder en la presidencia a Cristina Fernández de Kirchner.

Macri es el gran protagonista de la jornada no sólo por haber consolidado el liderazgo del PRO, el partido con el que gestiona la ciudad de Buenos Aires desde hace una década. En primer lugar, su fuerza ha superado el 47 % de todos los votos emitidos, lo que aleja la posibilidad de una segunda vuelta en las próximas elecciones locales.

Sobre ese porcentaje, ha ganado el precandidato por el que se había decantado Macri, el jefe de Gabinete Horacio Rodríguez Larreta, con 10 puntos de diferencia con respecto a la díscola senadora Gabriela Michetti, que desobedeció la sugerencia de no presentarse en la interna del PRO y acompañar a Macri en la fórmula presidencial.

Hábil como pocas veces lo ha sido en su campaña electoral, Macri aprovechó la atención mediática para mostrar unidos a Larreta y a Michetti en la fiesta de globos de colores y música pop con la que celebró su doble triunfo.


En el segundo lugar apareció Energía Ciudadana Organizada (ECO), que llevaba tres precandidatos a jefe de Gobierno. Todos ellos sumaron para su espacio el 22 % de los sufragios, pero quien ganó bajo estas siglas fue el exministro de Economía de 2008 Martín Lousteau.

El kirchnerista Frente para la Victoria (FPV) ha quedado rezagado, con casi el 19 % de los votos, a la tercera posición en una ciudad que jamás ha elegido un jefe de Gobierno peronista. El FPV era la única fuerza que había elaborado más de una lista de legisladores para estas elecciones, y la que presentaba el mayor número de precandidatos a la jefatura de Gobierno, siete. Mariano Recalde, titular de Aerolíneas Argentinas y dirigente de la organización kirchnerista La Cámpora, era respaldado por la presidenta y fue quien se impuso con el 12 % de los votos.

Quien sigue hundiendo sus expectativas de ser el próximo presidente de Argentina es Sergio Massa, antiguo funcionario de los Kirchner que salió del oficialismo de un portazo para armar su propio partido, el Frente Renovador. Hoy, sin una estructura nacional, ha contemplado cómo su precandidato para la capital en las PASO, el radical Guillermo Nielsen, quedaba muy lejos del piso del 1,5 % requerido para continuar en estas elecciones.

A la izquierda, por último, no le ha ido mucho mejor. De ocho espacios distintos, sólo dos podrán luchar por su ingreso en la Legislatura porteña: el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT), que se posicionó como cuarta fuerza de la ciudad con el 2,26% de los votos, y Autodeterminación y Libertad (AyL), que araña también el 2%. Los otros seis partidos que no alcanzaron el mínimo del 1,5%, incluido el de Claudio Lozano (Camino Popular), sumaron juntos el 4% de los sufragios.


Proyección de las PASO

La Ciudad Autónoma de Buenos Aires representa el 8,32 % del padrón electoral, siendo el cuarto distrito más importante del país tras las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. Más de 2,5 millones de porteños fueron convocados a votar las candidaturas ejecutivas y legislativas que se dirimirán el próximo 5 de julio, cuando se elegirá jefe de Gobierno, la mitad de los escaños de la legislatura (30) y los integrantes de las 15 juntas comunales de la ciudad.

Desde hace tres domingos, las PASO se celebran en distintas partes de Argentina. Se estrenaron primero en la provincia de Salta, luego se adentraron en Mendoza y Santa Fe, y finamente accedieron a la capital argentina, un distrito separado del resto de las 23 provincias del país desde la Constitución de 1994.

Las elecciones de la ciudad de Buenos Aires cedieron un poco de protagonismo a los comicios que simultáneamente se celebraban en Neuquén, primera provincia en elegir gobernador, diputados, intendentes (alcaldes) y concejales.

Con una bruma de cenizas suspendida en el aire por la erupción del volcán chileno Cabulco, los neuquinos no dieron sorpresas y votaron en su mayoría al Movimiento Popular Neuquino (MPN), la única fuerza no peronista que desde el regreso de la democracia, en 1983, tiene conquistada una provincia sin interrupciones opositoras. El nuevo gobernador será Omar Gutierrez, que dejó atrás al kirchnerista Ramón Rioseco y a la alianza de UCR-PRO encabezada por Horacio Quiroga.

Con todas estas elecciones, ya se ha manifestado a nivel local el 25 % del padrón electoral de la nación. Las PASO nacionales tienen fecha para el 9 de agosto, y las presidenciales y legislativas serán el 25 de octubre, con una posible segunda vuelta marcada para el 22 de noviembre.

Las definiciones regionales son orientativas pero no extrapolables a nivel nacional, por las singularidades de cada distrito y por el liderazgo de la presidenta Cristina Fernández, cuyo Gobierno terminará en diciembre tras 12 años en el poder sin que su máxima líder se haya decantado de manera definitiva por ninguno de los candidatos que aspiran a sucederla.

A la izquierda, por último, no le ha ido mucho mejor. De ocho espacios distintos, sólo dos podrán luchar por su ingreso en la Legislatura porteña: el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT), que se posicionó como cuarta fuerza de la ciudad con el 2,26% de los votos, y Autodeterminación y Libertad (AyL), que araña también el 2%. Los otros seis partidos que no alcanzaron el mínimo del 1,5%, incluido el de Claudio Lozano (Camino Popular), sumaron juntos el 4% de los sufragios.
Proyección de las PASO

La Ciudad Autónoma de Buenos Aires representa el 8,32 % del padrón electoral, siendo el cuarto distrito más importante del país tras las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. Más de 2,5 millones de porteños fueron convocados a votar las candidaturas ejecutivas y legislativas que se dirimirán el próximo 5 de julio, cuando se elegirá jefe de Gobierno, la mitad de los escaños de la legislatura (30) y los integrantes de las 15 juntas comunales de la ciudad.

Desde hace tres domingos, las PASO se celebran en distintas partes de Argentina. Se estrenaron primero en la provincia de Salta, luego se adentraron en Mendoza y Santa Fe, y finamente accedieron a la capital argentina, un distrito separado del resto de las 23 provincias del país desde la Constitución de 1994.

Las elecciones de la ciudad de Buenos Aires cedieron un poco de protagonismo a los comicios que simultáneamente se celebraban en Neuquén, primera provincia en elegir gobernador, diputados, intendentes (alcaldes) y concejales.

Con una bruma de cenizas suspendida en el aire por la erupción del volcán chileno Cabulco, los neuquinos no dieron sorpresas y votaron en su mayoría al Movimiento Popular Neuquino (MPN), la única fuerza no peronista que desde el regreso de la democracia, en 1983, tiene conquistada una provincia sin interrupciones opositoras. El nuevo gobernador será Omar Gutierrez, que dejó atrás al kirchnerista Ramón Rioseco y a la alianza de UCR-PRO encabezada por Horacio Quiroga.

Con todas estas elecciones, ya se ha manifestado a nivel local el 25 % del padrón electoral de la nación. Las PASO nacionales tienen fecha para el 9 de agosto, y las presidenciales y legislativas serán el 25 de octubre, con una posible segunda vuelta marcada para el 22 de noviembre.

Las definiciones regionales son orientativas pero no extrapolables a nivel nacional, por las singularidades de cada distrito y por el liderazgo de la presidenta Cristina Fernández, cuyo Gobierno terminará en diciembre tras12 años en el poder sin que su máxima líder se haya decantado de manera definitiva por ninguno de los candidatos que aspiran a sucederla.


* Artículo aparecido el 27 de abril de 2015 en el diario español Público.

martes, 29 de octubre de 2013

El kirchnerismo se resiente en las elecciones legislativas de Argentina


Sergio Massa celebra su victoria en Buenos Aires junto a su mujer y sus hijos.El kirchnerismo atraviesa uno de los momentos más comprometidos de su trayectoria, con la presidenta Cristina Fernández apartada de sus funciones tras haberse sometido el 8 de octubre al drenaje de un hematoma cerebral. Tres años después del fallecimiento de su marido, Néstor Kirchner, el movimiento político que lleva su apellido es todavía la fuerza más votada a nivel nacional, pero los resultados de las elecciones parlamentarias dan paso a un reajuste de equilibrios que el Gobierno deberá manejar durante los dos años que le quedan de legislatura.

Los comicios, con los que se renovará la mitad de los diputados (127) y un tercio de los senadores (24), han confirmado la derrota del oficialista Frente para la Victoria (FpV) en la mayoría de los 24 distritos del país, incluido el mayor de todos ellos, la provincia de Buenos Aires. Allí, un hombre que perteneció al oficialismo, Sergio Massa -exjefe de gabinete de Cristina-, ha conseguido imponerse por 12 puntos de diferencia y con el 44 % de los votos al candidato del Gobierno, Martín Insaurralde.

El oficialismo tampoco ha encontrado consuelo en el distrito autónomo de la ciudad de Buenos Aires, en el que Frente para la Victoria (FpV) se ha quedado sin representación en el Senado al quedar en tercer lugar. De celebración está el partido del alcalde bonaerense Mauricio Macri, el PRO, que ha sido el partido más votado y que ingresa por primera vez en la Cámara Alta con dos bancas. El otro escaño en juego lo ha obtenido la coalición UNEN con su candidato Fernando 'Pino' Solanas. La capital ha mantenido la misma correlación de fuerzas para diputados, con el PRO como la fuerza más votada, seguida de UNEN y FpV.
La coalición kirchnerista ha quedado rezagada, por otro lado, en provincias clave como Córdoba, Mendoza y Santa Fe, y ha perdido en otras que hasta ahora se mantenían fieles a ella, como Catamarca, Jujuy y Chubut, mientras que ha triunfado en Entre Ríos, Chaco, Río Negro y San Juan. Quien ha calificado de "histórica" su elección ha sido el Frente de Izquierda, que no tenía representación en el Congreso, y que ahora ha obtenido tres diputados, correspondientes a las provincias de Buenos Aires, Mendoza y Salta.

Lo que se viene


Han sido unas elecciones concurridas en las que ha votado el 75% de las 30,5 millones de personas con derecho a voto, cinco puntos más de participación que en las primarias celebradas en agosto. La comparación entre ambos comicios puede servir de alivio al kirchnerismo, que ha conseguido más votos que en las parlamentarias de 2009. Además, ha mejorado su desempeño con respecto a la tendencia que se delineó en las primarias de agosto dos meses atrás.

En aquellos comicios, el FpV sacó el 26% de los votos a nivel nacional, mientras que en las elecciones de este domingo, la coalición ha vuelto a ser la fuerza más votada en todo el territorio al superar el 33% de los sufragios. El segundo partido más votado es la UCR, el tercer lugar lo ha conquistado el Frente Renovador de Massa y en cuarta posición queda el PRO, que aprovechó el domingo para lanzar a su líder como postulante a presidente para 2015, aunque este partido no tiene prácticamente arrastre afuera de la capital argentina, exceptuando Córdoba y Santa Fe.

De manera estricta, en estas elecciones sólo se decidía la composición de las dos cámaras del Parlamento, que quedará configurada a partir de diciembre. Los medios de comunicación argentinos más hostiles al Gobierno han ido más allá al calificar estos resultados como el fin del ciclo kirchnerista. Lo cierto es que el oficialismo cedió terreno en las elecciones parlamentarias de 2009 para luego recuperarlo en las presidenciales y legislativas que se celebraron dos años después.
La principal diferencia, quizás, es que Cristina Fernández no podrá presentarse para un tercer mandato en los próximos comicios de 2015, y no queda claro quién podría sucederla en su cargo. Por otro lado, el Gobierno debe hacer frente a más desafíos sociales y económicos que por entonces.

Con la nueva configuración del Congreso, el oficialismo mantiene quórum propio en el Senado y conseguiría mayoría absoluta con sus aliados, mientras que en la Cámara Baja gana cinco escaños pero necesitará tejer alianzas para alcanzar la mayoría. Con Massa en escena, el kirchnerismo tendrá que ser hábil para no perder oxígeno y asegurarse la gobernabilidad.


*Artículo publicado el 28 de octubre de 2013 en el diario Público

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