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lunes, 2 de junio de 2014

El margen de la historia: la abdicación del rey



Treinta y nueve años estuvo el dictador Francisco Franco en el poder,  y su sucesor ha optado por mantener su reinado exactamente el mismo tiempo. En total son 78 años. Ése es el tiempo que llevan los españoles sin poder decidir quién debe ser su Jefe de Estado, y en consecuencia, el modelo de país que quieren.

La abdicación del rey Juan Carlos I ha sido lo suficientemente precipitada como para ver grandes dosis de improvisación y no poco temor. En un país en el que la estructura bipartidista monárquica lleva tanto tiempo sin quebrarse, es raro que decisiones de tanto calado se tomen de manera tan arrojadiza. 

No en vano la semana pasada se quebraba el liderazgo del PPSOE al no llegar juntos al 50 % de los votos en las elecciones europeas, un 20 % si consideramos el censo que agrupa a todos los españoles. Junto a la irrupción de Podemos y el ascenso de IU, el máximo garante del espíritu monárquico del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, anunciaba su decisión de no presentarse como nuevo secretario general de su partido.

Con un PP desprestigiado y a la deriva en el Gobierno, la Casa Real ha visto que cuanto más tiempo pasa, más tienen que lidiar con un país que no reconocen, que parece distinto, más combativo, más hastiado de las corruptelas políticas que hasta ahora parecían pasar sin pena ni gloria. Esta institución, incluida a bocajarro en la Constitución de 1978 que votaron la mayoría de los españoles, sufre una época turbulenta por culpa de sus propios miembros, empezando por el rey y esa foto con un elefante muerto detrás que lo llevó a pedir perdón delante de las cámaras.

Y sigue por su hija, la infanta Cristina, que con su marido Iñaki Urdangarín se ha encargado de despeñar aún más la reputación del rey: en enero, el 70 % de los encuestados no creía que el rey pudiera recuperar el prestigio perdido.

Proclamación de la II República en Madrid, 1931
Esto explica la decisión de abdicar, pero no el momento elegido. El príncipe Felipe ha tenido que volver apresuradamente de Salvador. Si su padre le había informado de su planeada abdicación allá por enero –13 días después de decirle a los españoles un 24 de diciembre que pensaba continuar con el reinado–-, ¿cómo es que el rey hace pública su decisión cuando su heredero está en pleno viaje? ¿Por qué la Casa Real se encarga de aclarar que Rajoy y Rubalcaba estaban ya informados en marzo?

Por no hablar de la reina. ¿Dónde está, en estos momentos tan trascendentales para su marido? En Nueva York. Sabido es, no obstante, que la pareja hace muchos años que está separada, y que Sofía vive en Londres, apareciendo por España sólo con determinados actos de peso. Tanto tiempo manteniendo el paripé, ¿y de repente el rey se levanta hoy, sin reina y sin príncipe, y decide que debe dejar el reinado al instante?

Periodistas como Ignacio Escolar aseguran que el vídeo en el que el rey anuncia su abdicación se ha realizado esta misma mañana. Si aquí la cúpula política estaba al tanto de la abdicación del rey desde marzo, queda un tanto extraño que el Gobierno se tenga que poner tan de repente a redactar una ley orgánica que regule la sucesión. Para haberlo sabido, les pilla muy de sorpresa.
Intocable como reconoce nuestra propia Constitución, Juan Carlos tendrá que apresurarse para que la Carta Orgánica del Consejo de Ministros incluya su inmunidad judicial. Entre tanto, los españoles, que no serán consultados por las buenas en este nuevo proceso, tienen la oportunidad de hacerse protagonistas de su propia historia. Hoy, a las 20h, podría darse el comienzo.

miércoles, 14 de abril de 2010

Los crímenes franquistas llegan a la Justicia argentina*

La querella que se presentó ayer en Argentina para que se juzguen los crímenes del franquismo parece haber caído en buenas manos. La jueza que ha recibido la causa se llama María Servini de Cubría y fue la primera magistrada del país en permitir la restitución de niños apropiados durante la dictadura argentina. Una razón más para que los familiares de las víctimas del franquismo recuerden el día de ayer como una jornada histórica.

El 79º aniversario de la proclamación de la II República se celebró así en Argentina: con la presentación de esta denuncia en los tribunales de Buenos Aires que por primera vez permitiría la investigación de los crímenes cometidos durante el franquismo aplicando al principio de jurisdicción universal.

Los querellantes particulares de esta causa se llaman Darío Rivas, de 91 años, hijo de un alcalde de la localidad Castro Rei (provincia de Lugo) que fue asesinado en 1936; e Inés García Salgado, que defiende en esta causa a tres familiares: un tío desaparecido y dos tíos abuelos fusilados. Los dos han sido arropados por diversas asociaciones que los acompañan en esta causa.

“Esto ha despertado una enorme expectativa. Es posible quebrar la impunidad”, comentó Carlos Slepoy, abogado argentino residente en España que representará ante la Justicia española a los familiares de las víctimas del franquismo. “Hay que terminar con el mito de que hubo una lucha fratricida en España en España en donde se enfrentaron dos bandos que cometieron aberraciones. Lo importante es determinar quién provocó esto y por qué. Lo que hicieron los republicanos fue defenderse, tratar de evitar el genocidio”, señaló.

Cuatro son los abogados que comenzaron a trabajar en la querella a finales del año pasado: los argentinos David Baigud, Ricardo Huñís, Beinusz Szmukler y Máximo Castells. “Hemos promovido la querella por la comisión de delitos de genocidio y lesa humanidad cometidos”, indicó este último letrado. “Estamos solicitando que la investigación abarque desde el 17 de julio de 1936 hasta el 15 de junio de 1977, fecha de las primeras elecciones libres y parlamentarias”.

Castells expresó su esperanza de que esta primera denuncia sirviera de “puntapié” para la aparición de nuevas querellas. “Hagamos una suerte de ola que alcance a otras naciones, para que se presenten también en esta querella ciudadanos españoles que viajen a Argentina y expliquen así la pérdida de sus seres queridos”, pidió el abogado. “La bandera que se lleva en este caso es conocido por todos: la idea de justicia universal”.

Los abogados querellantes han solicitado también la creación de una comité especial que investigue todas las pruebas que hayan sido destruidas en España.


Una de las intervenciones más esperadas durante la presentación de la querella fue la de Santiago Macías, vicepresidente de la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica, que habló de cuál era para él la verdadera prevaricación de la Justicia española: “Nosotros hemos abierto 150 fosas comunes en 10 años, hemos recuperado unas 1.300 personas, a la inmensa mayoría les hemos puesto nombre y apellido, y sólo en tres exhumaciones tuvimos presencia judicial, aunque la Ley de Enjuiciamiento Judicial obliga a los jueces a estar presentes”, denunció. “Posiblemente muchos de los que presionan a Garzón aplauden la falta de jueces en las exhumaciones”.

La contradicción española

Macías agradeció a Argentina la acogida que tuvo hacia los republicanos exiliados, a los que definió “embajadores de la dignidad”, y recordó que España ha firmado numerosos acuerdos internacionales que instan a investigar los crímenes de lesa humanidad. “Nos hemos ido a otros países a dar lecciones, y ahora que nos toca a nosotros estamos dando una imagen que dice muy poco de la democracia española” precisó.

El vicepresidente de la Asociación manifestó su deseo de que se derogue la Ley de Amnistía de 1977 con el fin de que se pueda “hablar abiertamente de los niños robados durante la dictadura al igual que Argentina, para que hablemos de la transición española que ha convertido a Manuel Fraga en un héroe de la democracia y a un preso político como “Marcos Ana”, que es el Mandela español, en un tremendo desconocido para mucha gente”. Así recordaba Macías al poeta republicano Fernando Macarro Castillo, que estuvo 23 años preso en las cárceles franquistas.

“Éste es un día que ninguna persona de bien puede dejar de acompañar”, indicó la presidenta de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto. El aplauso cerrado de los asistentes terminó con un grito unánime: “olé, olé, olé, olá, adonde vayan, los vamos a buscar”.


* Aparecido el 15-04-2010 en el diario español Público

domingo, 7 de febrero de 2010

"Estudio catalán por mis raíces"*

“Mi padre se pregunta en ocasiones qué hubiera sido de su vida si mis abuelos no hubieran decidido marcharse de España cuando él tenía seis años”. La pregunta se ha formulado en muchas charlas familiares. Nunca tendrá respuesta.

Desde el otro lado del Atlántico, es ahora José Antonio Meléndez Paredes el que rememora el recorrido que hicieron sus antecesores. Aunque nació en Argentina y nunca ha estado en España, este porteño de 36 años estudia catalán en el Casals de Catalunya en Buenos Aires, uno de los centros sociales más antiguos e importantes de país.

“Lo hago por una cuestión de raíces”, comenta. Su padre y su abuela son catalanes, y su bisabuelo, Antonio Paredes, participó en la Guerra Civil en Barcelona. “Fue voluntario republicano”, remarca José Antonio. “Finalizada la guerra, los que pelearon con él se exiliaron en Francia, pero él se quiso quedar”.

Aquel combatiente no quiso huir de su ciudad, según relató a sus descendientes, porque él no había asesinado a nadie. Tan sólo había participado en una guerra. Entonces llegaron los franquistas a Barcelona, y fue detenido. “Querían que cantara el Cara al Sol, pero como republicano se negó”, relata su bisnieto.

De este modo terminó en la cárcel. Una vez allí se enfermó, y a punto de morir, lo liberaron para que pasara sus últimos días con la familia.

En aquel tiempo de la postguerra, las penurias y el hambre se convirtieron en los testigos de un conflicto que había dejado en la miseria a millones de familias humildes. La de José Antonio no fue una excepción.

“En mi casa se cuenta la anécdota”, recuerda, “de aquel tío de la familia que fue el primero en emigrar a Argentina. Al llegar, les contó a mis abuelos que aquí se comía bien, que había pan blanco”.

Los abuelos miraron a su alrededor y se percataron de que vivían en una España desolada y sin apenas expectativas de un futuro próspero. Ya habían tenido a su primer vástago, el que sería el padre de José Antonio, cuando decidieron cruzar el Atlántico en 1950. “Mi padre en España sólo conoció el pan de centeno”, cuenta hoy José Antonio. “Pero pudo probar el famoso pan blanco una vez llegó a estas tierras”.

Sus abuelos terminaron por instalarse en Buenos Aires, y nunca más regresaron a España. “Ellos decían que una vez que se emprende un viaje es para siempre”, puntualiza. Sin embargo su padre sí ha visitado su tierra natal, y espera volver este año con su hijo.

José Antonio tiene pasaporte español desde 1995. “Fue más sencillo el trámite de la ciudadanía española que sacarme el pasaporte argentino”, confiesa. Hoy se siente tan español como argentino. “Es curioso”, dice riendo. “Pero en un partido de fútbol grito tanto los goles de Argentina como los de España. Mis amigos me miran raro. Pero yo, gane quien gane, me pongo contento”.

* Artículo aparecido en el diario español Público el 7-2-2010

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