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sábado, 17 de agosto de 2019

Argentina se envuelve en la incertidumbre de otro colapso económico

Las elecciones primarias del pasado domingo en las que el presidente Mauricio Macri fue derrotado por un amplio margen dieron paso a una semana turbulenta que ha llevado al Gobierno a reaccionar con medidas paliativas contrarias a su sesgo ideológico.


Los argentinos echan cuentas. Faltan diez semanas para las elecciones generales y seis más para que concluya la actual legislatura del presidente Mauricio Macri. Una vida, si se toma en perspectiva la vertiginosa semana que acaba de concluir y que invita a pensar en qué centro de gravitación particular se mueve Argentina para que una ciudadanía habituada a las crisis se haya visto a las puertas de un nuevo descalabro.

La actual coyuntura se desencadenó tras las elecciones primarias del pasado domingo, en las que la fórmula opositora Frente de Todos, liderada por el peronista Alberto Fernández y la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015), sacó más de 15 puntos de ventaja a la alianza oficialista Juntos por el Cambio con la que Macri aspira a la reelección por otros cuatro años.

Ninguna encuesta había previsto que los Fernández fueran a imponerse por una abrumadora diferencia por sobre la coalición gobernante. La conmoción que sacudió al oficialismo tomó cuerpo al día siguiente, cuando los mercados hundieron las acciones argentinas, dispararon el riesgo país de los 872 a los 1.467 puntos y depreciaron el peso argentino un 32 por ciento de un solo golpe, aunque luego se revirtiera al 19 por ciento.

En la rueda de prensa que brindó aquel lunes, un Macri desencajado atribuyó la turbulencia económica a su principal rival por considerarlo un fiel representante del kirchnerismo, la fuerza que lo precedió en el poder y gobernó durante doce años, con el fallecido Néstor Kirchner (2003-2007) primero, y con Cristina Fernández (2007-2015) después.

El jefe de Estado llegó incluso a culpar al electorado por votar como lo hizo; negó que las elecciones hubieran ocurrido, puesto que no se habían elegido cargos sino candidaturas, y advirtió que la inestabilidad que volvía a sumir al país en la incertidumbre era “sólo una muestra” de lo que podía pasar si volvía el kirchnerismo.

En el margen de dos días, el peso argentino se depreció otro 14,5 por ciento y el riesgo país escaló hasta los 1.957 puntos. De nada sirvió que el mandatario emitiera el miércoles un mensaje de disculpas antes de que abriera la Bolsa de Buenos Aires y anunciara una batería de medidas económicas para amortiguar la pérdida de poder adquisitivo de la población.

Fueron momentos de congoja. El presidente apareció sin autoridad y vaciado de poder precisamente ante los mercados en los que él había depositado su confianza desde el primer minuto de su Gobierno para que Argentina tuviera en algún momento acceso al crédito y a las inversiones. Fue determinante que apareciera un Alberto Fernández conciliador que atendió la llamada telefónica del presidente y se mostró dispuesto a reunirse con él para calmar la turbulencia financiera en las postrimerías de esta semana.

Con el correr de las horas, el jefe de Estado parece haber recobrado cierta compostura al anunciar varias medidas económicas que tienen por fin paliar la subida del dólar, pues la brusca depreciación del peso argentino llevó a que en estos días los precios aumentaran un promedio del 15 por ciento.

Entre otras acciones de carácter impositivo, Macri congeló por tres meses los precios de los combustibles y eliminó hasta fin de año el IVA de diversos productos de la canasta básica, entre los que abundan los hidratos de carbono y no tanto las proteínas.

Dispuesto a no dar por perdidas sus aspiraciones electorales, Macri se ha revuelto contra los ejes que han marcado su propia gestión durante estos tres años y medio al traicionar su propia política económica, monetaria y fiscal.

El dólar, que tenía una zona de flotación delimitada con un mínimo y un máximo, sobrepasó el límite superior de 51,45 pesos argentinos sin que el Banco Central pestañeara. Pero la principal deslealtad que arrastra el Ejecutivo es con el único acreedor de Argentina. El Fondo Monetario Internacional (FMI) otorgó un crédito de 57.000 millones de dólares al mismo Gobierno que ahora hace saltar por los aires su compromiso de equilibrar el déficit fiscal primario.

La catarsis de paliativos económicos anunciados esta semana abrirán un agujero fiscal de unos 100.000 millones de pesos (1.560 millones de euros), según estimaciones locales, sin que el Gobierno haya previsto un aumento de los ingresos para compensar los gastos.

La debacle económica de esta semana terminó con una contracción del peso del 23,3 por ciento y un acomodamiento en los 1.658 puntos del riesgo país, que marca la sobretasa de interés que paga cada país para financiarse en el mercado internacional.

En medio de rumores sobre un eventual cambio de ministros en el Gobierno que hasta el momento no se ha concretado, este país volverá una vez más sus ojos al mercado la semana que viene para tomar el pulso a la decisión de dos calificadoras de riesgo, Fitch y Standard&Poor's, de rebajar este viernes la calificación crediticia del país.

Otro capítulo de consecuencias imprevisibles se abrirá entonces, con un Gobierno que no se reconoce a sí mismo y dentro del cual pugnan dos tensiones: el afán de controlar el descalabro económico del que pende Argentina, y la ansiedad electoralista que no da por perdida una batalla librada desde el Estado.


* Artículo publicado en el diario español Público.

lunes, 12 de agosto de 2019

Macri entierra sus aspiraciones de ser reelecto en Argentina



La alianza opositora liderada por el peronista Alberto Fernández, que lleva de candidata a vice a la expresidenta Cristina Fernández, arrolló por 15 puntos porcentuales de diferencia a la fuerza del presidente argentino en las elecciones primarias celebradas este domingo.



Sin mayor poder que la confianza que le otorgó hace unos meses la expresidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015), el abogado peronista Alberto Fernández arrasó con el 47,3 % de los votos, frente al 32,2 por ciento de los sufragios que obtuvo el actual presidente, Mauricio Macri, en las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) celebradas en la víspera en todo el país.

Es decir, más de quince puntos porcentuales de diferencia consiguió la coalición opositora liderada por los Fernández, el Frente de Todos. La alianza oficialista Juntos por el Cambio sólo ganó en la provincia de Córdoba y en la capital argentina, respectivamente el segundo y el cuarto distrito más poblados del país. En los otras 22 jurisdicciones de Argentina, el rechazo al Gobierno fue incuestionable.

Tras casi cuatro años en el poder, será casi imposible que Mauricio Macri pueda revertir los más de 3,4 millones de votos que sacó de ventaja su principal adversario, quien fue jefe de gabinete en el Ejecutivo del expresidente Néstor Kirchner (2003-2007), fallecido en 2010, y en los siete meses iniciales de la gestión de Cristina Fernández, que lo acompaña como postulante a la vicepresidencia.

A once semanas de las elecciones generales que tendrán lugar el 27 de octubre, las aspiraciones de del actual jefe de Estado de lograr un segundo mandato se han disuelto como si de un espejismo se tratase. Una vez más, ningún sondeo ni boca de urna anticipó este resultado traumático e inesperado para el oficialismo en este país de 44,3 millones de habitantes.

Las encuestas menospreciaron el impacto de la recesión económica que padece Argentina desde hace un año, lo que llevó al Gobierno a ponerse en las manos del Fondo Monetario Internacional (FMI) para pedir un préstamo de 57.000 millones de dólares, el mayor crédito que ha otorgado el organismo multilateral en toda su historia.

El presidente Macri, con 60 años, ha recibido un castigo abrumador en una nación que tiene en la pobreza a 13,8 millones de personas, equivalentes al 34,1 % de la población, un porcentaje que un año atrás era del 25,5 por ciento. En paralelo, la indigencia trepó del 4,9 por ciento al 7,9 por ciento entre el primer trimestre de 2018 y el de 2019.

Cuando asumió al frente del Gobierno, Macri pidió ser juzgado por su capacidad para reducir la pobreza. Durante su gestión, el mandatario se mostró más preocupado por equilibrar el déficit fiscal y por realizar un ajuste económico, tal y como sugería el FMI, mientras una inflación desbocada llegaba al 55,8 % interanual y el endeudamiento externo escalaba hasta arañar el 90 % del Producto Interno Bruto (PIB).

El mandatario ha sido derrotado hasta en la provincia de Buenos Aires, la más importante y poblada del país, donde vive casi el 37 por ciento de los habitantes. En esta jurisdicción, clave en cualquier proceso electoral, su batacazo fue aún más doloroso, al perder por 20 puntos de diferencia. La joya del Gobierno macrista y actual gobernadora de este distrito, María Eugenia Vidal, perdió con el 32,6 % de los votos frente al 49,2 % que alcanzó el candidato del Frente de Todos, Axel Kicillof.

Peronismo imbatible

La fórmula Fernández-Fernández ha conseguido así una victoria estrepitosa. En un país tan polarizado como lo es Argentina, Cristina Fernández pensó que una fórmula electoral liderada por un perfil más moderado podría espantar menos votos que una encabezada por ella.

Quizás por eso la actual senadora, que gobernó durante dos legislaturas consecutivas antes de que Macri la reemplazase en el Poder Ejecutivo, se escabulló de la primera línea política y designó como candidato a presidente a Alberto Fernández.

Esa decisión, anunciada hace sólo tres meses, dejó atónito al país, pues su exjefe de gabinete no tenía peso electoral propio. Durante toda la campaña electoral, de hecho, este abogado de 60 años fue interpelado hasta el cansancio por el distanciamiento que lo mantuvo alejado de Cristina Fernández durante los últimos diez años y por las críticas acérrimas que dedicó a la segunda administración de su ahora candidata a vicepresidenta.

Las PASO, instauradas en 2009 durante el Gobierno de la exmandataria, fueron concebidas en su origen como una instancia electoral previa a las elecciones generales para que dirigentes dentro de una misma alianza política dirimieran en internas su liderazgo.

En la práctica, estos comicios sólo retiraron de la disputa electoral a cuatro de las diez agrupaciones que no llegaron al 1,5 por ciento de los votos necesarios para poder presentarse a los comicios de octubre.

En las próximas elecciones no sólo se elegirán a los representantes del Poder Ejecutivo, sino que además se renueva la mitad de los escaños de la Cámara de Diputados y un tercio de las bancas del Senado.

Con toda probabilidad, Mauricio Macri será el primer presidente no peronista en concluir su mandato en el contexto de un proceso democrático. A raíz de la reforma constitucional de 1994 que permite la reelección, el jefe de Estado también se convertirá, con la misma certeza, en el primer mandatario de la historia argentina en naufragar en su intento de revalidar su gestión.

* Artículo publicado  en el diario Público de España el 12 de agosto de 2019.

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