domingo, 19 de mayo de 2013
Entrevista a Nora Cortiñas: "No fue sólo Videla. Fue una dictadura cívico-militar-religiosa"
sábado, 7 de julio de 2012
"La historia de España tiene hojas en blanco"
Proceso de memoria histórica en España
sábado, 28 de enero de 2012
EEUU sabía del plan para robar niños en Argentina
La dictadura argentina (1976-1983) contó con un encubridor en
su plan para apropiarse de los hijos de opositores y entregarlos en adopción a
familias afines: Estados Unidos.miércoles, 2 de marzo de 2011
Argentina juzga por primera vez el robo de bebés
Por primera vez, Argentina juzga la apropiación de niños durante la dictadura que padeció el país entre 1976 y 1983. El pasado lunes comenzó un nuevo proceso por crímenes de lesa humanidad y entre los imputados se encuentra el exdictador Jorge Rafael Videla, que ya acumula dos cadenas perpetuas en su historial judicial, y el exgeneral Reynaldo Bignone, el último representante del régimen militar antes de la llegada de la democracia.
Los acusados, esposados, escucharon impertérritos los cargos que se leyeron en la primera jornada del proceso. Fue insólito ver incluso cómo Videla se dormía durante ciertos momentos mientras la Fiscalía leía la acusación. No perdieron detalle las familiares de las víctimas y los sobrevivientes de la dictadura que acudieron a la sala.
Junto a Videla y Bignone, cinco miembros del Ejército, la Armada y la Prefectura y un médico están acusados de "sustracción, retención, ocultación y sustitución de identidad" de 34 menores de 10 años que nacieron durante el cautiverio de sus madres en centros clandestinos de detención, los espacios de los que se sirvió la dictadura para torturar y asesinar a 30.000 desa-parecidos y para sustraer a unos 500 recién nacidos.
Aunque en 1986 y en 1987 se dictaron las Leyes de Punto Final y de Obediencia Debida, que protegían a los militares de los crímenes de lesa humanidad, la organización Abuelas de Plaza de Mayo intentó que el plan sistemático del robo de bebés fuera considerado por la Justicia como un delito al margen de la protección que daban las leyes de impunidad.
El punto de partida fue una denuncia que presentaron el 30 de diciembre de 1996, y que ha culminado, 14 años después, en el proceso que ha sentado en el banquillo a Videla y a Bignone.
"No se trata de una causa más", señaló durante el juicio el fiscal federal encargado del caso, Federico Delgado, al definir la época de la dictadura como "uno de los episodios más oscuros de la historia argentina".
Entre los 34 casos de sustracción de menores que se abordan en este proceso se encuentra el de Macarena Gelmán, la nieta del poeta argentino Juan Gelmán, que descubrió su verdadera identidad a los 24 años, y el nieto de la fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, cuyo paradero sigue siendo todavía desconocido.
102 nietos encontrados
Según la Fiscalía, a partir del secuestro de mujeres embarazadas "se redefinió el plan originario" del régimen, que entonces instaló "maternidades en algunos centros clandestinos estratégicamente elegidos".
Las Abuelas de Plaza de Mayo, que hasta ahora han encontrado a 102 nietos robados durante la dictadura, luchan en la actualidad por recuperar la identidad de otros 400 jóvenes.
Está previsto que, durante los ocho meses que dure el proceso, desfilen por el tribunal más de 300 testigos.
Entre uno y tres: 3
miércoles, 22 de diciembre de 2010
La Justicia argentina condena a perpetua al ex dictador Videla
Veinte años después del indulto del ex presidente argentino Carlos Menem a los principales cabecillas de la dictadura en la que desaparecieron 30.000 personas, la Justicia argentina por fin ha condenado a cadena perpetua al máximo exponente de la represión, Jorge Rafael Videla.En un proceso que pasará a la posteridad, el dictador ha sido juzgado por delitos de lesa humanidad junto al ex general Luciano Benjamín Menéndez -otro de los máximos responsables del terrorismo de Estado que aplicó el régimen durante la dictadura (1976-1983)- y otros 28 ex militares y policías.
Todos ellos estaban acusados del asesinato de 31 presos políticos, pero esos crímenes son apenas una mínima representación de la masacre sistemática que ejercieron los jerarcas de la dictadura contra la población. Argentina no olvida, y todavía busca justicia para los desaparecidos que causó el régimen de represión.
El último consuelo que pudo obtener Videla en el juicio se condensó en los 50 minutos de alegato que pronunció frente a la audiencia un día antes de que se diera a conocer la sentencia. En su alocución se permitió calificar el plan de exterminio que lideró como una "guerra antisubversiva", se declaró "preso político" víctima del "terrorismo judicial" y aseguró que la "guerra interna" de aquellos años prevalece hoy en el ámbito "político". Y adujo, en referencia al actual Gobierno, que "los enemigos de ayer están en el poder", y que desde este tratan de establecer un "régimen marxista".
Un hombre sin piedad
Videla fue el general que encabezó el golpe de Estado de 1976 junto con los ex militares Eduardo Emilio Massera y Orlando Agosti, ambos ya fallecidos. Tras derrocar al Gobierno de Isabel de Perón, Videla se puso al frente de lo que se denominó Proceso de Reorganización Nacional, tres palabras que escondían, en realidad, un proyecto salvaje de represión que él dirigió con mano de hierro hasta 1981.
Fue un hombre sin piedad, el mismo que, sin inmutarse, afirmó en 1977 durante una rueda de prensa: "Los desaparecidos son eso, desaparecidos; no están ni vivos ni muertos; están desaparecidos". Nunca se arrepintió de aquellos años de terror, aunque sí ha reconocido que hubo "crueldad" durante el régimen.
Ni siquiera fue capaz de sentir compasión por los suyos. Una parte de su vida personal, que el ex dictador siempre trató de ocultar, tiene que ver uno de sus siete hijos, Alejandro, que fue diagnosticado desde muy joven como "oligofrénico profundo y epiléptico". El muchacho fue recluido en una residencia psiquiátrica de fama siniestra y murió poco tiempo después en aquel centro.
Aparato represor nocturno
Mientras, en su vida pública Videla seguía al mando de la Junta Militar: de día todo funcionaba con aparente orden y disciplina, y por la noche despertaba un aparato represor implacable integrado por las fuerzas de tareas, encargadas de secuestrar y torturar a los opositores políticos, y por los vuelos de la muerte, con los que los militares hicieron desaparecer en el Río de la Plata los cuerpos de sus víctimas.
Sólo la decisión de un magistrado de anular el indulto del que se había beneficiado, ratificada después por la Corte Suprema de Justicia, abrió en 2010 el camino para que pudiera ser juzgado de nuevo por crímenes que no prescriben: los delitos de lesa humanidad.
La sentencia en el caso Videla coincidió precisamente con el día en que entró en vigor tras una década de negociaciones, la Convención Internacional para la Protección contra las Desapariciones Forzadas de las Naciones Unidas, firmada por 87 países y ratificada por 21 de ellos. "La desaparición forzada representa una de las violaciones de los derechos humanos más seria y constituye un crimen contra la humanidad si se comete sistemáticamente", recordó la Federación Internacional de Derechos Humanos.
Tanto Videla como Menéndez tienen todavía algunos procesos pendientes en su contra que proseguirán el año que viene. También Alemania lo reclama por el asesinato de un joven oriundo de ese país durante la dictadura, pero Videla no será extraditado. Encarcelado desde 2008, terminará sus días en una prisión bonaerense por haber escrito de su puño y letra una de los capítulos más sangrientos y atroces de la historia argentina.
* Artículo aparecido el 22-12-2010 en el diario español Público.
martes, 20 de julio de 2010
Suramérica recupera el rastro del plan para exterminar a la izquierda*
Es una de las huellas más siniestras que ha dejado la historia del siglo XX en el Cono Sur latinoamericano, pero tuvieron que pasar muchos años para que aquel horror, que intentó desvanecerse en la impunidad, quedara desvelado por su propia documentación.Es el Plan Cóndor, el pacto de coordinación que existió entre las dictaduras de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay en las décadas de los setenta y ochenta. Los archivos existentes son hoy indispensables para conocer sus detalles, le otorgan una concreción, un rostro, una identidad. Su descubrimiento fue el único modo de acallar a quienes durante mucho tiempo negaban la existencia misma del plan o recelaban de un supuesto objetivo conjunto de aniquilar a todos los opositores a los regímenes dictatoriales derechistas de la región.
"El tributo generado por la represión en el Cono Sur fue de unos 50.000 asesinatos, 30.000 desaparecidos la mayoría en Argentina y 400.000 encarcelados. Entre los asesinados y los desaparecidos se cuentan unos 3.000 niños", según resume la periodista argentina Stella Calloni, autora de dos libros sobre el operativo, Los años del lobo y Operación Cóndor, pacto criminal. Calloni considera que el plan fue una política de Estado terrorista "cuya base estuvo diseñada en Washington".
Juicio a Videla
Muchos de los procesos sobre delitos de lesa humanidad que ahora se llevan a cabo en América Latina se nutren de expedientes que esclarecen al detalle el funcionamiento de un sistema represivo impecable.
El ex dictador argentino Jorge Rafael Videla, que ya tiene múltiples procesos abiertos en su contra, deberá en breve rendir cuentas en la causa del Plan Cóndor, elevada ya a fase de juicio. Los archivos, que mencionan su nombre como partícipe de aquel operativo criminal, pueden ser fundamentales a la hora de dictar sentencia.
Los documentos sobre el Plan Cóndor aparecieron allá por 1992, cuando una de las víctimas de la dictadura paraguaya de Alfredo Stroessner (1954-1989), Martín Almada, descubría en una comisaría lo que luego se conocería como los archivos del terror, los registros más completos sobre el pacto de las dictaduras que se han encontrado hasta ahora.
"Yo estuve por Europa tratando de saber por qué el ex dictador chileno Augusto Pinochet usó la palabra cóndor", relata Almada. "Al parecer, viene de España, de cuando Hitler envió la Legión Cóndor a tirar bombas sobre Guernica. Es ahí cuando por primera vez aparece ese nombre".
Gracias a las cuatro toneladas de archivos encontrados en Paraguay, se puede deducir que la operación Cóndor tenía dos cabezas. "El ejecutor fue Pinochet, pero el cerebro o mentor fue el ex secretario de Estado estadounidense Henry Kissinger, que elaboró las bases de lo que sería el Plan Cóndor. Premiado con el Nobel de la Paz, Kissinger es el terrorista más grande del mundo, pues ordenó en aquellos años la limpieza del aparato del Estado, de la sociedad civil y la política de comunistas", aclara Almada. "Kissinger no puede viajar ahora a Europa, porque tiene un juicio abierto en Francia, y mucho menos a América Latina, porque yo he interpuesto una querella criminal en su contra", añade.
Otra de las personas que participó en el descubrimiento de los archivos del terror es María Stella Cáceres, directora del Museo de las Memorias, Dictadura y Derechos Humanos en Paraguay. "Gracias a estos archivos, se ha podido saber que el Plan Cóndor tiene su propia acta de creación, que es la convocatoria realizada por el ex dictador Augusto Pinochet para l
a reunión que se efectuó en octubre de 1975 en Santiago de Chile y a la que acudieron todos los jefes policiales de la región", explica.
"También se encuentra el organigrama de qué función le corresponde a cada país, el modus operandi e incluso los nombres de las personas que participaron. Así se pudo estudiar y leer la función de cada país", sostiene la experta.
"En los archivos añade, hay libros de guardia con las novedades de todo lo que ocurría en las comisarías: hay fichas de detenidos, al estilo nazi, que tienen la indicación de circulación internacional; hay informes de los delatores que iban a los distintos países e informes de los embajadores que seguían y delataban a ciudadanos en el exterior. Toda la vida del país estaba allí".
Casos trágicos como el de una maestra que delató a su alumno de 6 años por haber llevado a clase un diario del Partido Comunista aparecen igualmente entre los documentos.
Fotos de las torturas
El Plan Cóndor tuvo además la siniestra peculiaridad de completar las fichas policiales de los detenidos con fotos tomadas después de las sesiones de tortura. "En sí, los archivos son una radiografía de la vida de la gente y del país en aquellos años, y de cómo la intervención violenta partió por en medio a la comunidad paraguaya", añade la investigadora.
Los golpes de Estado se sucedieron en la segunda mitad del siglo XX en América Latina. El dictador Alfredo Stroess-ner sólo tuvo que esperar diez años desde que se hizo con el poder en Paraguay para ver cómo el Gobierno brasileño de Joao Goulart era derribado por un golpe militar. En 1971, le llegaría el turno a Bolivia de mano del general Hugo Banzer, que impondría una dictadura durante siete años. En 1973, el ataque del general Pinochet al Palacio de la Moneda acabó con la vida del presidente Salvador Allende, y con un incipiente socialismo que había llamado la atención de la CIA y que Pinochet se encargó de sepultar sin piedad.
También ese año comenzó la dictadura de Juan María Bordaberry en Uruguay. En 1975, se marcaba el inicio de otro régimen militar en Perú y, al año siguiente, Argentina dijo adiós a la democracia con el golpe de la Junta Militar encabezada por el general Jorge Videla, el cual daría paso a un régimen represivo que dejó 30.000 desaparecidos y un país sumido en el espanto.
Ya en democracia, los países de América Latina aprendieron a reconstruir su tejido social, y empezaron a surgir las preguntas de por qué, quiénes, y cómo. Se buscaron archivos sobre el Plan Cóndor, que aparecieron con el tiempo en Bolivia, en Brasil, en Perú, en Paraguay e incluso en Uruguay. Las naciones latinoamericanas volvían a hacer uso del intercambio de información, pero esta vez para ayudarse mutuamente a reconstruir un pasado que no querían dejar atrás.
"La verdad gruesa ya la tenemos", relata Alicia Pierini, Defensora del Pueblo de Buenos Aires, que ha investigado gran parte de la información relativa al Plan Cóndor. "Lo que vale es mostrar la cooperación de las Fuerzas Armadas entre sí en el marco de lo que era en ese momento la Doctrina de la Seguridad Nacional y los planes para América Latina, como la Escuela de las Américas".
Pero el proceso es lento. "La investigación sobre desapariciones es difícil, porque quien hace desaparecer los cuerpos, también hace desaparecer los rastros. Lo que se ha logrado hasta ahora es lo máximo que se podía conseguir. Yo creo que desde que se recompuso la democracia en Argentina no se ha cesado de investigar".
Este país es el que más personas ha llevado a juicio por crímenes de lesa humanidad. Hasta ahora, 649 personas han sido procesadas y 68 más han sido ya condenadas.
* Reportaje aparecido el 19-07-2010 en el diario español Público
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