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miércoles, 2 de septiembre de 2020

Querella argentina aguarda con ansiedad indagatoria a Martín Villa en la causa del franquismo

La jueza argentina María Servini interrogará el próximo jueves 3 de septiembre al exministro franquista por delitos de lesa humanidad cometidos durante la dictadura.

Casi un año de trabas y dilaciones han impedido que el exministro de la transición Rodolfo Martín Villa haya declarado ante la justicia argentina por los crímenes de lesa humanidad que se le achacan durante el franquismo.

Pero este 3 de septiembre, si no surge otro imponderable, el acusado deberá rendir cuentas ante la única jueza del mundo que investiga los crímenes de la dictadura, la argentina María Servini.

La indagatoria, que en un comienzo fue pautada para el 9 de septiembre de 2019, no será realizada en Buenos Aires, como pretendía la magistrada, sino en el Consulado de Argentina en Madrid. La cita fue programada a las 11.00 hora local (16.00 hora española) y será por videoconferencia a través de la plataforma digital Zoom, lo que resuelve una de las últimas dificultades que ha encontrado Servini para concretar la citación, dadas las restricciones causadas por la pandemia.

Fuentes del Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina confirmaron a Público que la directora de asistencia jurídica de este organismo, Flavia Amoroso, puso en conocimiento de la indagatoria a la cónsul general argentina en España, Moira Wilkinson, a fin de que actúe como fidataria durante el acto procesal, según pidió la magistrada en un oficio el pasado 27 de julio.

Palabra de querellantes

Inés García Holgado y Adriana González son las querellantes que dieron origen a la causa el 14 de abril de 2010 junto a Darío Rivas, que falleció a los 99 años en abril del año pasado. Ambas tienen confianza en que por fin se concretará el interrogatorio, pero también reconocen cierta desazón por las trabas que han empantanado el avance de la causa desde su inicio.

“El hecho de que, en varias ocasiones, el Gobierno español haya protegido a este asesino me provoca un sentimiento de ansiedad ante la espera, ya que deben transcurrir unos días más para que se tome la declaración indagatoria a Martín Villa”, reconoce Inés en diálogo con Público.

Para esta querellante, España es un Estado que protege a los genocidas franquistas, pues “siempre tiene un as en la manga a último momento para no cumplir con la justicia”, afirma la mujer. “Pero en este momento, no me imagino ninguna opción para que Martín Villa pueda burlar la justicia. Además tengo esperanzas en ella, en la querella argentina, en sus abogados y en la jueza”.

Su compañera Adriana Fernández aprecia la repercusión que puede tener la indagatoria a Martín Villa “no sólo por las consecuencias que tenga sobre su persona, sino por el efecto dominó que puede llegar a tener respecto de los otros imputados”. Por eso espera “que esta vez pueda finalmente concretarse para dar fuerza a esta causa tan vapuleada por las autoridades españolas que se han negado sistemáticamente a que avance”.

Esta querellante sabe que una vez sea interrogado Martín Villa, la jueza podrá sobreseerlo, procesarlo o pedir más medidas, como sumar las declaraciones de otros imputados. En cualquier caso, su declaración es la novedad más relevante que tiene la causa en los últimos años. El exministro es uno de los 15 acusados de los 20 originales que imputó Servini por crímenes de lesa humanidad durante el franquismo en octubre de 2014, cuando dictó órdenes internacionales de detención contra todos ellos.

“Hace algunos años Servini solicitó su extradición al Gobierno español, así como que fuera la justicia de ese país la que lo interrogara por los crímenes que se le adjudican en el expediente a su cargo”, recuerda Adriana. “No tuvo éxito: las respuestas planteaban que los hechos eran alcanzados por la Ley de Amnistía, que rige en el territorio español desde 1977. Ya es tiempo de que terminen tantas décadas de total impunidad. Exigimos justicia y juicio y castigo a los culpables”.

Imputado clave

Julieta Bandirali, integrante del equipo jurídico que se incorporó en 2018 a la causa, destaca que Martín Villa, de 85 años, es “uno de los jerarcas del régimen de Franco que continuó con máximas responsabilidades en el Estado luego de la muerte del dictador, y es el responsable durante la transición de la cruenta represión a la clase trabajadora y al pueblo”.

“Estamos al borde de iniciar una nueva etapa una vez se cumpla con un acto procesal fundamental como es la declaración indagatoria a uno de los principales imputados vivos en la querella contra los crímenes del franquismo”, valora la abogada.

Martín Villa, que entre 1975 y 1979 fue ministro de Relaciones Sindicales y del Interior, está imputado por doce homicidios agravados “en un contexto de crímenes de lesa humanidad”, lo que puede acarrear pena perpetua.

Entre otros delitos, se le adjudica la matanza de cinco trabajadores en Vitoria el 3 de marzo de 1976 y el asesinato del joven Germán Rodríguez durante los Sanfermines de 1978, cuando las Fuerzas de Seguridad dispararon sobre una multitud e hirieron a más de 300 personas. Este último caso, representado por Barindali y su equipo, fue incorporado en 2019 al expediente.

Turno de España

Hay otro acontecimiento que puede cambiar el curso de este caso, y es que “la fiscal general Dolores Delgado dejó sin efecto la orden de su antecesora que instruía a todos los fiscales para rechazar toda rogatoria, exhorto y o pedido de medidas de prueba que tuviera que ver con la querella argentina”, destaca la abogada.

Esa directriz, que emanó de la fiscal Consuelo Madrigal, estuvo vigente durante los últimos cuatro años. Víctimas del franquismo, la Coordinadora Estatal de Apoyo a la Querella Argentina (Ceaqua), y distintos referentes sociales habían pedido que su orden quedara sin efecto. “A partir de ahora quedará librado a cada juez o jueza a las que le lleguen los pedidos del Juzgado de Buenos Aires resolver si van a colaborar o no”, concluye Barindali. “Esperamos ver que la judicatura española también refleje con su actitud que la grieta de la impunidad se va haciendo cada vez más grande y podamos dar pasos positivos para el avance de la causa”.

 

* Artículo aparecido en el diario español Público el 2 de septiembre de 2020. 

** Versión en catalán: https://www.publico.es/public/querella-argentina-repudia-les-cartes-dels-quatre-expresidents-espanyols-suport-martin-villa.html











martes, 10 de marzo de 2020

Jueza argentina pospone al 26 de mayo el interrogatorio de Martín Villa


María Servini aplazó dos meses la audiencia indagatoria del exministro franquista, que en un comienzo estaba prevista para el 20 de marzo en la Embajada argentina de Madrid.

 

La jueza argentina que instruye la causa sobre los crímenes del franquismo, María Servini, postergó al 26 de mayo la declaración indagatoria del exministro de la transición Rodolfo Martín Villa en la Embajada argentina en Madrid. En una resolución a la que accedió Público en exclusiva, la magistrada anunció que pretende viajar a la capital española desde el 23 de ese mes al 4 de junio.

Servini solicitó a la Cancillería argentina que “se instruya a los representantes de la embajada o consulado argentinos en Madrid, Reino de España, a efectos que arbitren los medios necesarios para
que el juzgado se constituya en ese lugar y se reciba declaración indagatoria a Rodolfo Martín Villa en esa embajada o representación consular, el día martes 26 de mayo de 2020, y días
subsiguientes si fueran necesarios”.

La jueza difirió la declaración indagatoria de Martín Villa “para lograr la concesión de las pertinentes autorizaciones administrativas, habilitación y liquidación de fondos para la obtención de pasajes, viáticos, alojamiento, etc.; y en atención a las recientes noticias publicadas en distintos portales de la web sobre el avance del coronavirus”.

En otro oficio remitido a la Corte Suprema, la titular del Juzgado Criminal y Correccional nº 1 de la capital argentina solicitó autorización para trasladarse a Madrid junto con tres funcionarios de su juzgado desde el “23 de mayo al 4 de junio del presente año 2020”.

Eterna espera

La magistrada había anunciado en una resolución el pasado 4 de diciembre que viajaría a España para interrogar al exministro el 20 de marzo, pero la dilación en los trámites para llevar adelante la audiencia llevaron a Servini a fijar una nueva fecha.

Hace poco más de una semana, Servini emitía un oficio en el que recordaba “la proximidad de la fecha dispuesta” para interrogar a Martín Villa y exhortaba a que hubiera una respuesta definitiva y concluyente de las autoridades españolas” sobre su viaje a Madrid. Un galimatías burocrático en las últimas semanas propició el retraso de la audiencia indagatoria de Martín Villa, que en un origen Servini había programado para el 9 de septiembre en Buenos Aires y que después ella misma aplazó al 11 de diciembre. En un oficio del 4 de diciembre de ese mes, Servini volvió a posponer la declaración indagatoria para el 20 de marzo, sólo que esta vez citó al exministro en la Embajada argentina de Madrid.

El 20 de enero, un confuso documento del Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina advertía a la jueza que su último requerimiento debía haber sido presentado como una “solicitud de asistencia internacional (exhorto internacional)”, según “habían adelantado” desde el Ministerio de Justicia de España. Fuentes de esa cartera aseguraron a Público que ellos no habían emitido ninguna información oficial, y que sólo transmitían los mensajes que se intercambiaban las Cancillerías de ambos países.

La jueza argentina ha visto a lo largo de este proceso cómo en dos ocasiones el propio Juzgado Central de Instrucción nº 5 de la Audiencia Nacional, a cargo de José de la Mata, y el Juzgado de Instrucción número 28 de Madrid rechazaban los auxilios judiciales internacionales que ahora sí parecen ser necesarios para su viaje a Madrid.
La única causa que investiga los crímenes de la dictadura franquista en el mundo se encuentra con una paradoja: la jueza quiere tomarle declaración a uno de los imputados y el propio acusado, Martín Villa, asegura que quiere responder ante ella, pero esa audiencia es aplazada una y otra vez desde hace más de medio año.

El exministro franquista, que debe responder por crímenes de lesa humanidad, es acusado del "homicidio con la circunstancia agravante de haber sido cometido con el concurso premeditado de dos o más personas", un crimen que puede conllevar prisión de por vida. En las querellas individuales que se incorporaron con posterioridad al caso, se le achacan además los delitos de privación ilegítima de la libertad, torturas y lesiones graves.

Carrera de obstáculos

La falta de cooperación de las autoridades españolas ocasiona que hasta el momento no hayan respondido ante la justicia ninguno de los quince imputados en el expediente, de los 20 originales, entre los que hay exministros, jueces, policías y hasta un médico imputado por el posible robo de bebés.

La Fiscalía y la Audiencia Nacional rechazaron en 2014 la extradición del expolicía Antonio González Pacheco, conocido como Billy El Niño, y del excapitán de la Guardia Civil Jesús Muñecas, ambos acusados de torturas durante el franquismo. En sintonía con esta postura, el Consejo de Ministros denegó en marzo de 2015 la entrega a Argentina de siete exministros franquistas acusados de delitos imprescriptibles.

En 2016, la jueza intentó viajar a España hasta en tres ocasiones para interrogar a Martín Villa, a Billy el Niño, y al exministro José Utrera Molina, que murió al año siguiente sin responder nunca a las acusaciones. Meses después, la Fiscalía General del Estado a cargo de Consuelo Madrigal instruyó a las fiscalías provinciales para que se negaran a tomar declaraciones en el marco de esta causa. Su instrucción todavía no ha sido anulada.

Todos estos delitos se investigan en Argentina porque este país reconoce en su Constitución el principio de justicia universal, avalado en el derecho internacional, que permite a cualquier país investigar crímenes de lesa humanidad con independencia de dónde se perpetraron los delitos o quiénes sean sus víctimas.

* Artículo publicado en el diario español Público el 7 de marzo de 2020.

jueves, 6 de junio de 2019

Víctimas y querellantes del franquismo amplían su denuncia ante la justicia argentina

Una delegación de víctimas, parlamentarios y representantes de asociaciones viajó a Buenos Aires para declarar ante la jueza María Servini de Cubría y pedir nuevas imputaciones en un impulso a la única causa que investiga los delitos de lesa humanidad de la dictadura española.

Rueda de prensa de la delegación española en la Asociación de Abogados de Buenos Aires (ADP)
 
La jueza federal argentina María Servini de Cubría, responsable de la única causa en el mundo que investiga los crímenes de lesa humanidad del franquismo, recibió este miércoles en Buenos Aires junto al fiscal del caso, Ramiro González, a una comitiva que viajó desde España 12.000 kilómetros para incorporar nuevas declaraciones testimoniales a la querella y pedir la imputación de diez responsables de la dictadura.

“Le he agradecido que nos reciba, le he contado mis sentimientos: que en 41 años no me he podido sentar ante un juez a declarar, y que la impunidad en mi país es una maleta muy pesada que se acumula al dolor por la muerte de un familiar”. Así se expresa Fermín Rodríguez al pedir justicia por su hermano Germán, que tenía 23 años cuando fue asesinado por la policía de un tiro en la cabeza en 1978, durante las fiestas de los Sanfermines en Pamplona. Este jueves, por fin, declara como testigo ante la magistrada argentina en los tribunales federales de Buenos Aires.

“Es un peso más en la mochila cada vez que en España cierran casos y no me dejan reabrirlos, y no encuentro más que trabas, en una actitud judicial que sólo está destinada a proteger a los responsables”, continúa en diálogo con Público este hombre de 61 años, que presenció cómo una a una se archivaron todas las instrucciones judiciales en torno al asesinato de su hermano, la última en 1982. “Ésta es una página que no he podido pasar del todo, tengo que convivir con ella. Para ello necesito conocer la verdad y que se haga justicia”.

Por primera vez se incorpora en la causa una querella que da cuenta de la represión policial que tuvo lugar durante los Sanfermines de 1978 en la plaza de toros de Pamplona, donde había 20.000 personas. Fueron heridas 300, once de las cuales recibieron impactos de bala. La denuncia cuenta con el testimonio de siete víctimas y de dos asociaciones. Aitor Garjón, como parte de la Federación de Peñas sanfermineras de Pamplona-Iruñea, y Sabino Cuadra, perteneciente al colectivo San Fermin 1978 gogoan!, se presentan también este jueves ante la jueza.

Por la represión en Pamplona la querella pide que la magistrada curse órdenes internacionales de detención y extradición contra dos funcionarios y ocho agentes policiales. Público accedió al nombre de todos ellos.

Se trata de Ignacio Llanos Cifuentes, gobernador civil de Navarra; Vicente Javier Murillo Fernández, secretario general del Gobierno civil; Miguel Rubio Rubio, comisario de policía; Benito Pérez Vázquez y Francisco Abellán Vicente, ambos tenientes de policía; Vicente Lafuente Ramírez, teniente coronel de la Compañía de la Reserva General con sede en Logroño; Fernando Ávila García, comandante de las fuerzas policiales de Pamplona; los capitales César Jiménez Cacho y Cardosa Blesa; y Lino Bailo Campo, teniente coronel de la 532 comandancia de la Guardia Civil.

Manuel Ruiz es otro de los querellantes españoles que se sentará ante Servini de Cubría para brindar su declaración testimonial en relación a su hermano Arturo, asesinado por fuerzas parapoliciales en Madrid en 1977, cuando tenía 19 años, mientras participaba en una manifestación para reclamar libertades y más democracia. Su familia se enteró de su fallecimiento por televisión, mientras almorzaba.

El hermano de Arturo tiene hoy dos nombres clavados en la memoria. Uno es el de José Ignacio Fernández Guaza, el policía que asesinó a Arturo Ruiz antes de huir ayudado por sus compañeros. Sólo se sabe que pasó del País Vasco a Francia y de ahí a Sudamérica, donde se le pierde el rastro. El otro es el de Jorge Cesarsky Goldenstein, cómplice del primero al prestarle el arma. El confidente policial, de nacionalidad argentina, llegó a entregarse a la Dirección General de Seguridad, y “aunque fue condenado, la Ley de Amnistía por la que mataron a mi hermano lo sacó a la calle”, acota Ruiz.

El testimonio del querellante, de 63 años, permitirá reforzar las acusaciones que pesan sobre el exministro del Interior Rodolfo Martín Villa, que el próximo 9 de septiembre se presentará ante Servini de Cubría para declarar en calidad de imputado por los crímenes de lesa humanidad de la dictadura franquista. 

Los abogados Gerardo Caviglia y Jacinto Lara junto a los querellantes Fermín Rodríguez y Manuel Ruiz (ADP)


500 querellas y miles de testigos

Ésta será la primera declaración indagatoria que recabará la jueza en los nueve años de
investigación que tiene el caso. Gracias a las 500 querellas individuales y colectivas que se han incorporado a la causa, en base al testimonio de miles de personas, el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal nº1 de Buenos Aires ha podido reconstruir los crímenes silenciados del franquismo bajo la tutela del principio de justicia universal, que permite indagar en los delitos imprescriptibles cometidos en otro país.

El fiscal Ramiro González, que impulsa también la investigación del caso, “dice que puede haber indicios de un delito planificado de genocidio, de que se intentó eliminar toda la disidencia”, revela a Público Ana Miranda, eurodiputada de BNG e integrante del Grupo de Memoria Histórica del Parlamento Europeo. “Hay un clamor social en el Estado español por que haya justicia y se conozca la verdad. El hecho de que Servini haya recibido a víctimas y familiares es muy emocionante, porque de hecho estaban conmovidos y agradecidos. Ella se mostró muy cercana. Su equipo además es muy cualificado y se lo están tomando muy en serio”.

Mientras tanto, la magistrada argentina continúa con la instrucción de la causa “pero quiere que haya un desbloqueo de la justicia española, que está negando todos los exhortos”, recuerda Miranda.

La jueza nos ha transmitido las dificultades que sigue teniendo para que los tribunales españoles cumplimenten las comisiones rogatorios y los exhortos que han enviado”, coincide Jacinto Lara, abogado de las víctimas. “Cuando se tramita un procedimiento judicial en virtud de la justicia universal, el objetivo es imprimir un desgaste al Estado donde se han cometido crímenes que lo obligue a asumir la responsabilidad y enjuiciamiento de esos crímenes”.

En su decisión de paralizar esta semana la exhumación de Francisco Franco, hasta el propio Tribunal Supremo trató al dictador como jefe de Estado “desde el 1 de octubre de 1936, sin más connotaciones, ignorando que fue rebelde al Gobierno democrático de la II República”, objetó a su vez la jueza y diputada María Victoria Rosell, integrante de la comitiva española que viajó hasta la capital argentina.

“No hace sino avergonzarme que un país que fue cabeza en la jurisdicción universal y que tanto hizo por la justicia en Argentina y Chile ahora esté a la cola mostrando la impunidad de todos estos crímenes cuyas víctimas no han podido declarar ante una jueza o juez español”, recriminó durante una rueda de prensa convocada por la delegación. Ya es hora “de que el PSOE que va a presidir el Gobierno haga honor a su propia historia, a sus propios represaliados y a propios muertos y desaparecidos”, conminó.

Las pruebas acumuladas en la causa llevaron a Servini de Cubría en 2014 a ordenar la detención internacional y extradición de 20 responsables franquistas, entre ellos los exministros Martín Villa y el fallecido José Utrera Molina.

La querella espera ahora que el Gobierno de Pedro Sánchez pase de las palabras a los hechos y anule la instrucción de la exfiscal general del Estado, Consuelo Madrigal, que impide recibir los exhortos de la justicia argentina y que ocasiona que todas las querellas que denuncian delitos de lesa humanidad del franquismo hayan sido archivadas por los juzgados españoles.

* Artículo publicado el 6 de junio en el diario español Público.

martes, 26 de septiembre de 2017

Martín Villa acepta finalmente los 48.000 euros de fianza impuestos por la Justicia argentina

El exministro Rodolfo Martín Villa, imputado por delitos de lesa humanidad cometidos durante el franquismo, ha consentido finalmente en depositar la fianza dictada por la jueza argentina María Servini de Cubría para conceder su exención de prisión.

El represor había recurrido el pasado martes la caución que decretó la magistrada, pero a los dos días, Martín Villa desistió de su apelación.
En un primer fallo, Servini había establecido en más de un millón de euros (21.250.000 pesos) el monto que debía pagar el exministro para evitar su encarcelamiento en caso de que decidiese pisar Buenos Aires.

La Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional, tribunal de segunda instancia, anuló esa resolución después de que el defensor de Martín Villa, Fernando Goldaracena, cuestionara la fianza de la jueza por considerarla desproporcionada.

En un nuevo auto fechado el 15 de septiembre, la magistrada redujo la caución del exministro a un millón de pesos (48.300 euros), pero el exministro franquista volvió a pedir la revisión de la cifra hasta que, por algún motivo, decidió no objetar más la decisión.

El desenlace jurídico de no mantener su apelación es que ha quedado firme la resolución de Servini. Cuando Martín Villa desembolse la cantidad que pide la jueza, será automática su exención de cárcel.

Consecuencias

Es de esperar que en algún momento la magistrada levante también la orden de detención internacional que pidió en su contra en octubre de 2014, cuando lo imputó por crímenes de lesa humanidad junto a otros 19 represores franquistas.
En realidad, esa captura internacional no llegó a regir porque la sección de Interpol en España denegó la detención preventiva con fines de extradición a Argentina de la veintena de imputados originales reclamados por la jueza, pedido que había sido avalado por la oficina de la organización policial radicada en Buenos Aires.

La defensa de Martín Villa podría adelantarse y pedir que quede sin efecto la orden de arresto contra su cliente, o bien Servini podría concederla de oficio. De este modo, el exministro franquista se aseguraría de que puede salir de España sin temor a ser detenido.

Durante todo este tiempo, el represor ha insistido en que quiere declarar ante la magistrada por los delitos que se le imputan en el expediente “con independencia de lo que se decidiera en España por el Gobierno o por los tribunales de Justicia”, de acuerdo a una carta que remitió a la jueza en noviembre del año pasado.

Ése fue uno de los motivos que valoró la Cámara de Apelaciones para anular el 22 de agosto un fallo de Servini que denegaba la exención de prisión solicitada por Martín Villa.

El tribunal de apelaciones considera, por otra parte, que en la causa no está fundamentado por qué los delitos atribuidos al exministro durante la transición son de lesa humanidad, y por tanto, imprescriptibles.

Entre otros crímenes, el represor ha sido acusado de ordenar en 1976, cuando era ministro de Relaciones Sindicales, la represión de una manifestación de trabajadores en Vitoria durante la que fueron asesinados cinco obreros.
 
En todo caso, ahora es el turno de Martín Villa, que desvelará en cuestión de tiempo si realmente dijo la verdad al asegurar una y otra vez que quiere declarar libremente ante la jueza, y que incluso está dispuesto a aportar datos históricos sobre el período investigado.

* Artículo publicado el 23 de septiembre de 2017 en el diario español Público.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

La Justicia argentina obliga a la jueza Servini a fijar una fianza menor para Martín Villa

La Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional de Argentina ha anulado este martes la resolución de la jueza María Servini de Cubría que impuso una fianza de más de un millón de euros (1.250.000 pesos) al exministro franquista Rodolfo Martín Villa para levantar su exención de prisión.

En su resolución de una hoja, la sala II del tribunal recomendó a la magistrada que establezca una suma razonable, la cual deberá ser comunicada en las próximas 24 horas.

Durante una audiencia convocada por la Cámara el pasado lunes, el abogado de Martín Villa, Fernando Goldaracena, alegó que la caución impuesta a su cliente era desproporcionada. Al fijar una cifra tan alta, según el defensor, la jueza Servini volvía a denegar de forma encubierta la exención de cárcel que había rechazado conceder en sus dos últimas resoluciones, y que fueron objetadas por la Cámara de Apelaciones.

La magistrada, por ello, se vio obligada a imponer una fianza a Martín Villa después de que el tribunal de segunda instancia considerase injustificada su negativa a levantar la exención de prisión.

Dado que el exministro de la dictadura ha expresado su intención de colaborar con la justicia argentina, la Cámara de Apelaciones también ha sugerido a Servini que obtenga su declaración a través de una videoconferencia, o que bien se traslade a España.

En una entrevista concedida a este diario, la magistrada explicó que intentó viajar a Madrid hasta en tres ocasiones durante 2016 para interrogar a los quince imputados españoles que quedan vivos en su causa, de los veinte originales. De frente, se encontró con que España rechazaba esa posibilidad.
La jueza también afirmó que no puede realizar declaraciones indagatorias a distancia porque lo prohíbe tanto la legislación argentina como el tratado bilateral de extradición y asistencia jurídica firmado por España y Argentina en 1987.

"Declaración espontánea"

La declaración indagatoria es un acto de defensa y muestra el avance del proceso coercitivo, indicaron a Público fuentes de la Cámara de Apelaciones.
Existe una solución a medio camino, conocida como "declaración espontánea", que permite a un acusado presentarse de manera voluntaria ante la justicia y ser escuchado sin temor a quedar bajo arresto o a que se le imputen cargos en el momento.

De llevarse a cabo ese procedimiento, Martín Villa no declararía bajo juramento, porque no está obligado a decir la verdad al estar denunciado en el expediente.

Para que se lleve a cabo la declaración indagatoria, son necesarios elementos de sospecha de la comisión del delito, sostuvo la Cámara.

Razones esgrimidas

Martín Villa fue imputado en octubre de 2014 por ordenar en 1976, cuando era ministro de Relaciones Sindicales, la represión de una manifestación de trabajadores en Vitoria en la que fueron asesinados cinco obreros.

En un fallo anterior, el tribunal de apelaciones evaluó que no había elementos suficientes para afirmar que Martín Villa hubiera cometido delitos de lesa humanidad por hechos que ocurrieron durante la transición, así que rechazó la pretensión de la jueza de interrogarlo como imputado.

En varias de sus resoluciones, la magistrada sostiene que el período de investigación de los crímenes del franquismo abarca desde el comienzo de la Guerra Civil, en 1936, hasta 1977.

Aunque no lo descarta, la Cámara de Apelaciones insiste en que faltan datos para dar por cierto que lo sucedido durante la transición sean delitos imprescriptibles.

Sigue vigente, de momento, la orden de captura internacional contra el exministro franquista. Pero una vez se haga efectiva la exención de cárcel en beneficio de Martín Villa, para lo cual debe concretarse el pago de la fianza que dictamine Servini, también debería quedar sin efecto la solicitud de arresto provisorio con fines de extradición que hasta ahora impide que el represor pueda salir de España.


* Artículo publicado en el diario español Público el 12 de septiembre de 2017.

jueves, 7 de septiembre de 2017

La Justicia argentina impone una fianza a Martín Villa de más de un millón de euros

No terminan las idas y venidas del exministro franquista Rodolfo Martín Villa con la justicia argentina. Imputado desde 2014 por delitos de lesa humanidad cometidos durante el franquismo, la jueza María Servini de Cubría ha impuesto al represor una fianza de 21.250.000 pesos (más de un millón de euros) a cambio de la exención de prisión. La defensa ha recurrido la decisión de la magistrada.

Servini estableció la fianza en concordancia con una resolución de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional que revocó el 22 de agosto un fallo de su juzgado en el que denegaba por segunda vez su exención de cárcel.

Por considerarla desorbitada, el exministro recurrió el pasado miércoles la caución dictada por la jueza a través de su abogado Fernando Goldaracena. La Cámara de Apelaciones ha fijado este lunes una audiencia para el 11 de septiembre en la que obliga al defensor de Martín Villa a comparecer para explicar los motivos de su nueva apelación, ya sea de manera oral o escrita.

La exención de prisión del exministro, por lo tanto, sólo será efectiva cuando se cumpla con la fianza, según las condiciones que establezca finalmente la Cámara de Apelaciones una vez haya escuchado al abogado de Martín Villa, que puede pedir una prórroga de la citación.

Fuentes de este tribunal explicaron a Público que si un imputado demuestra su incapacidad para pagar la cantidad fijada por la justicia, ese condicionante puede inclinarse a su favor, aunque las cauciones también se determinan en base a los hechos imputados, que en este caso, son de gran magnitud porque atañen delitos de lesa humanidad que no prescriben. La Cámara de Apelaciones reconoce que es más difícil obtener información en un caso como éste, dado que el acusado reside en un país extranjero.

El caso de Martín Villa presenta la particularidad de que, al menos en el papel, el imputado ha manifestado su deseo de colaborar con la justicia argentina, e incluso asegura que desea aportar datos históricos de los hechos investigados, de acuerdo al tribunal de segunda instancia. En su alegato para conseguir que se anule la orden de detención que pesa sobre él en Argentina, Martín Villa ha reivindicado su voluntad de ser interrogado por Servini en Buenos Aires, aunque también ha sugerido que la declaración indagatoria se realice a través de los consulados argentinos en España.

En una entrevista concedida a esta periodista, la jueza ya explicó que no puede efectuar interrogatorios a distancia, en virtud de la legislación argentina y del tratado bilateral de extradición y asistencia jurídica suscrito entre España y Argentina en 1987. Mientras no se resuelva la fianza que debe pagar para confirmar su exención de prisión, continuará vigente la orden de detención sobre el exministro fraquista, uno de los quince imputados, de los veinte originales, que quedan vivos en la causa.

Martín Villa fue imputado en la causa por ordenar, en calidad de ministro de Relaciones Sindicales, la represión de una manifestación de trabajadores el 3 de marzo de 1976 en la que fueron asesinadas cinco personas. Al momento de conceder al represor la exención de cárcel con el condicionante de la fianza, la Cámara de Apelaciones alegó dos premisas.

El tribunal consideró que Servini no había fundamentado las razones por las que el exministro franquista fue involucrado en el expediente por hechos ocurridos durante la transición, aunque la magistrada alegó en una de sus resoluciones que su período de investigación abarca desde 1936, cuando comenzó la Guerra Civil, hasta 1977.

La Cámara también observó que Martín Villa no tuvo por qué haber tenido noticias de la causa hasta que fue notificado de su orden de captura con fines de extradición. Su actitud de mostrarse proclive a declarar por los medios que fuere también fue otro de los argumentos que aceptó el tribunal para revocar la negativa de Servini de concederle la exención de prisión. Durante 2016, la magistrada intentó desplazarse hasta en tres ocasiones a Madrid para interrogar a los represores de la dictadura imputados en su causa, pero tanto la justicia española como el Gobierno de Mariano Rajoy impiden hasta ahora esa posibilidad.


Artículo publicado el 5 de septiembre de 2017 en el diario Público

viernes, 27 de mayo de 2016

Argentina condena en un histórico juicio a los responsables del Plan Cóndor

Argentina se ha convertido en el primer país en juzgar y condenar a los responsables del Plan Cóndor, el operativo coordinado de represión entre los años 70 y 80 que ejecutaron las dictaduras de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay con la ayuda de Estados Unidos.

Foto durante la lectura de la sentencia, del CIJ.

Este viernes culminó en Buenos Aires el emblemático juicio que investigó durante más de 16 años los crímenes de lesa humanidad y entre cuyos primeros responsables se encuentra un dictador argentino y un exespía uruguayo.

Los tres jueces del tribunal federal que instruyó la causa resolvieron, en total, 15 condenas y dos absoluciones.

Tres de los 17 imputados en el juicio fueron condenados a 25 años de prisión: el exgeneral Santiago Omar Riveros, el exespía de inteligencia Miguel Angel Furci y el uruguayo Manuel Cordero, un exagente de inteligencia que sirvió como enlace entre las dictaduras de Argentina (1976-1983) y la de Uruguay (1973-1985).

A 20 años de reclusión fue sentenciado el último representante de la Junta Militar argentina, el dictador Reynaldo Bignone (1982-1983), y el excoronel Rodolfo Feroglio.

Uno de los responsables de coordinar el sistema represivo, el exjefe del Regimiento Patricios Humberto Lobaiza, fue condenado a 18 años de cárcel.

Los exgenerales Eugenio Guañabens Perelló y Enrique Olea, y el exvicealmirante Antonio Vañek, recibieron cada uno 13 años de pena.

Fueron sentenciados a 12 años de cárcel los exmilitares Luis Sadí Pepa, Néstor Falcón, Eduardo Delío, Felipe Alespieiti, y Carlos Caggiano Tedesco.

Ocho años obtuvo de cárcel el exmilitar Federico Minicucci por su actuación en el centro clandestino de detención El Vesubio, en la provincia de Buenos Aires

Las dos absoluciones fueron para el exdirector del Liceo Militar General Juan Avelino Rodríguez y el excoronel Carlos Horacio Tragant.

La megacausa llegó a tener a 32 personas sentadas en el baquillo, pero cuando empezó el juicio oral, en marzo de 2013, quedaban 25 imputados. Uno de ellos fue el exdictador Jorge Videla, ya condenado a cadena perpetua, que falleció tres días después de presentarse ante el tribunal.

La justicia consideró probada la desaparición forzada de 105 víctimas procedentes de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, a las que se suman otras 69 que pasaron por el principal centro clandestino de detención que utilizó el Plan Cóndor como base operativa, un taller mecánico de Buenos Aires conocido como Automotores Orletti.

Los tres años que duraron las audiencias dejaron al descubierto cómo los regímenes militares del Cono Sur de América Latina aniquilaron de manera sistemática a los opositores políticos de sus respectivos países.

El Plan Cóndor tuvo hasta un acta de fundación “para el intercambio de información subversiva”. El documento fue firmado en 1975, durante el Chile de Augusto Pinochet, por los responsables de inteligencia de Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay y forma parte de los llamados Archivos del Terror, hallados en Paraguay en 1992.

La documentación revela cómo se crearon tres instancias para coordinar la represión. Primero se constituyó una base centralizada con información sobre grupos guerrilleros, partidos de izquierda, y activistas políticos o sindicales que se opusieran a los regímenes. Después se identificó y aniquiló a los llamados “enemigos” a nivel local. El último paso extendía la persecución al resto de los países de Ameŕica Latina, e incluso de Europa.

Los archivos desclasificados por el Departamento de Estado estadounidense revelaron que este país no sólo tuvo conocimiento del Plan Cóndor desde sus orígenes, sino que además ayudaron a los regímenes dictatoriales con logística y recursos para llevar a cabo el exterminio.

La documentación estadounidense identificaba a Chile como el centro del Plan Cóndor, y a Argentina, Chile y Uruguay como los miembros del operativo que mostraban “más entusiasmo”. Brasil también colaboró con la provisión de inteligencia.

Durante más de una década, el Plan Cóndor organizó el asesinato de unas 50.000 personas, la desaparición de otras 30.000, y encarceló a unos 400.000 opositores. Se estima entre los desaparecidos o asesinados también hubo 3.000 niños.


* Artículo publicado el 27 de mayo en el diario español Público.


sábado, 30 de abril de 2016

EXCLUSIVA - Jueza argentina solicita al Vaticano documentación sobre los crímenes del franquismo


BUENOS AIRES.- La jueza argentina María Servini de Cubría, que instruye desde Argentina la única causa en el mundo que investiga los crímenes del franquismo, no ha quedado satisfecha con el silencio que obtuvo por toda respuesta del Gobierno español sobre su pedido para interrogar en España a los 19 cargos franquistas que están imputados en su expediente. Lejos de amilanarse, la magistrada ha recurrido ahora al Estado del Vaticano para que entregue toda información relativa al papel que desempeñó la Iglesia durante la dictadura franquista, según ha podido saber esta periodista en exclusiva.

La jueza Servini en su despacho de Buenos Aires, en 2015 (Ana Delicado Palacios)

La jueza ha liberado un exhorto para que que el Estado de Vaticano aporte toda la documentación que tenga “relativa a las relaciones entre la Iglesia Católica y el Estado español entre el 17 de julio de 1936 y el 15 de junio de 1977”, el período que abarca su investigación.
El Vaticano también debe dar cuenta de toda la información en su posesión relacionada con “los religiosos católicos que fueron objeto (…) de persecución, sanciones, cárcel y torturas”, de acuerdo a la solicitud que realizó la querella argentina.

En paralelo, Servini ha realizado el mismo pedido a los arzobispados de 14 ciudades españolas: Barcelona, Burgos, Granada, Madrid, Badajoz, Oviedo, Pamplona, Santiago de Compostela, Sevilla, Tarragona,Toledo, Valencia, Valladolid y Zaragoza. La magistrada remitió comisiones rogatorias a los juzgados de cada una de estas ciudades para que ordenen a las archidiócesis la entrega de la información.

Pedidos a la Generalitat

 

La magistrada ha ido más allá en la causa y aceptó una catarata de pedidos que había realizado la querella para avanzar en la pesquisa de los delitos del franquismo. Para empezar, involucra a la Generalitat de Catalunya. Tres testigos de la querella denunciaron “la presencia de restos de seres humanos, presuntamente víctimas de asesinatos, que tuvieron lugar en Catalunya en escenarios diversos de la Guerra Civil Española y posterior dictadura, durante el período comprendido entre 1936 y 1977”.

La jueza accedió a liberar un exhorto a los juzgados de Barcelona, Tarragona, Mataró y La Fatarella a fin de que ordenen a la Generalitat de Catalunya “que haga uso de todos los recursos disponibles para la identificación de los restos ya exhumados de posibles represaliados y cotejen las huellas genéticas obtenidas con los perfiles genéticos de las personas que buscan a sus familiares”. Ese material está disponible en el Laboratorio de Genética Forense en la Facultad de Medicina de la Universitat de Barcelona, que cuenta con un banco de ADN gracias al depósito genético que realizaron centenares de familias.

Los tres querellantes que solicitaron este exhorto elaboraron un listado sobre los emplazamientos en donde yacen los restos de los cadáveres, “principalmente en dependencias diversas bajo la custodia del Gobierno catalán”, destacan en el expediente de su pedido.

Esos lugares son principalmente laboratorios de universidades catalanas, en concreto, los del Área de Antropología Física de la Universidad Autónoma de Bracelona, en el municipio de Cerdanyola del Vallès de la provincia barcelonesa, así como en la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona. También hay restos en “diversas empresas privadas de antropología y arqueología, contratadas por la administración catalana para estos trabajos”, y en El Memorial de Les Camposines, en Lleida.

Exhumaciones y declaraciones testimoniales

 

La jueza también liberó otro exhorto para que se exhumen los restos de 13 personas en Mallorca que se encuentran en la fosa común que alberga el Cementerio Municipal de Porreres, y cuya desaparición forzada fue denunciada por la Asociación Memòria de Mallorca.

En otro requerimiento, la magistrada ordenó a través del juzgado de Madrid que la Guardia Civil aporte los expedientes de siete agentes que participaron en el arresto de Cipriano Martos Jiménez, un sindicalista afiliado al PC que fue detenido por esa fuerza policial en 1973, antes de ser torturado y asesinado con la ingestión forzada del contenido de un cóctel molotov, llamado de forma socarrona el “cóctel de la verdad”. Tenía 18 años. Servini también solicita que declare como testigo el hermano de Cipriano, Antonio, ante el juzgado de Sabadell, en Barcelona.

Además exige la exhumación del cadáver de Cipriano, que fue enterrado en secreto en el cementerio de Reus, en Tarragona. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) se ha ofrecido a realizar la tarea, y ya comenzó a elaborar un informe técnico de la fosa.

Por último, la jueza solicitó tomar declaración testimonial a cinco testigos del País Vasco a través de la instrucción de los juzgados en donde vive cada una de estas personas, que por su avanzada edad no pueden trasladarse hasta Buenos Aires. La misma disposición ha adoptado en relación a otros seis querellantes en Catalunya.


* Artículo aparecido el 29 de abril en el diario español Público.

martes, 26 de mayo de 2015

“Me impacta el miedo a declarar de las víctimas”

La jueza María Romilda Servini de Cubría se ha convertido en la magistrada argentina más conocida en España. Instruye desde Buenos Aires la causa que investiga los crímenes del f
ranquismo, única en el mundo. Suele ser renuente a dar entrevistas, y es también cuidadosa a la hora de extenderse en sus respuestas. Frente a la periodista, habla poco y mira de vez en cuando a quien la observa a su vez sin perder detalle: su secretario Alfredo Mangano, la persona en la que quizás más confía dentro de su juzgado.

 

Servini es una jueza muy singular por su trayectoria, prolífica y compleja. Fue la primera magistrada de su país en restituir a dos menores apropiados durante la dictadura cívico militar (1976-1983), y también dice ser la única magistrada que abrió las puertas de su juzgado a Abuelas de Plaza de Mayo durante aquellos años. En sus 25 años como jueza federal, ha recuperado la identidad de otros doce nietos, incluido el de la titular de Abuelas, Estela de Carlotto. Su juzgado tramita alrededor de 80 procesos referentes a la búsqueda de hijos de desaparecidos.



 Si hay una constante en el juzgado de Servini son las causas sobre delitos de lesa humanidad. Pese al indulto del presidente Carlos Menem que lo protegía, en 1998 detuvo con prisión domiciliaria al comandante Emilio Massera, integrante de la Junta militar que dio el golpe de Estado junto a Jorge Videla. Tres años después, solicitaba a la Justicia de Chile la detención del dictador Augusto Pinochet por su vinculación en el asesinato del general Carlos Prats y de su mujer Sofía Cuthbert, asesinados en 1974 en el marco de la operación Cóndor.

La jueza acostumbra a enlazar su apellido con el de su marido fallecido en 2010, el brigadier Tomás Cubría, que fue retirado en 1977 por decisión del tercer integrante de la Junta que dio el golpe de Estado, Ramón Agosti.

Procedente de San Nicolás (provincia de Buenos Aires), Servini llegó muy joven a la capital argentina para terminar sus estudios de Escribanía y Derecho. Con 37 años, fue la primera mujer en ingresar a la Justicia penal como defensora pública. Dos años después, en 1976, fue promovida como jueza de instrucción. Y en 1990, ya con Menem en el poder, fue ascendida a jueza federal en el juzgado más político por excelencia, el número 1, que tiene a su cargo la justicia electoral.

Le llegó la fama fuera del ámbito judicial en 1991, por un caso de lavado de dinero proveniente del narcotráfico que involucraba a la cuñada de Menem, Amira Yoma, y que desveló el semanario español Cambio 16.  Aquel escándalo político adquirió públicamente el sobrenombre de Yomagate. Sancionada por la Corte Suprema por haber cometido irregularidades, Servini fue apartada de la causa. El Congreso, de mayoría peronista, la salvó de una docena de juicios políticos. Todo este periodo opacó su prestigio, siendo acusada de ser “menemista” hasta por el propio expresidente Néstor Kirchner en 2003.

La jueza con sus ayudantes y los abogados de la querella Máximo Castex y Carlos Slepoy.
La jueza con sus ayudantes y los abogados de la querella Máximo Castex y Carlos Slepoy.

Servini provocó además una de las anécdotas más recordadas de la televisión argentina al interponer un recurso de amparo contra el famoso cómico Tato Bores para no ser nombrada en su programa. El artista sorteó la censura llevando al estudio de televisión a actores, músicos y periodistas que cantaron a coro "la jueza Barú Budú Budía es lo más grande que hay", en socarrona referencia a la magistrada.

Servini es menos reconocida en el imaginario social por haber irrumpido en persona en las sangrientas protestas en la Plaza de Mayo durante la crisis de 2001 y haber ordenado a la policía que terminara con la represión del Gobierno de Fernando de la Rúa.

El 14 de abril de 2010 cayó en su juzgado una querella para que investigara el genocidio y los crímenes de lesa humanidad perpetrados desde el 17 de julio de 1936 hasta el 15 de junio de 1977, fecha de las primeras elecciones democráticas en España. En base a un dictamen del fiscal Federico Delgado, Servini se excusó de intervenir. La contradijo la Cámara Federal en septiembre de ese año, obligándola a mandar un exhorto al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero para averiguar si en España se estaban investigando los delitos del franquismo.

El corazón de la causa

Así comenzó este proceso que en sus cinco años de vida ha conseguido que pese una orden de extradición contra 20 imputados españoles –tres fallecidos–, que ha invitado a denunciar los crímenes franquistas a través de los consulados argentinos, que ha individualizado a más de 4.500 víctimas, y que ha motivado a una jueza a viajar a España para recoger en persona declaraciones testimoniales sobre desapariciones y otros crímenes.

“Aquel viaje fue muy bueno”, recuerda Servini. “Nos dieron mucho apoyo y nos atendieron muy bien, salvo una jueza en Málaga que no nos recibió y no nos dejó ir al lugar donde estaban enterradas las víctimas para después solicitar la exhumación”. La magistrada se refiere al cementerio de San Rafael, la fosa común más grande de España. Allí fueron fusiladas y enterradas 4.471 personas.

Durante su itinerario por el País Vasco, Madrid y Andalucía, la jueza recogió otras pruebas documentales y conversó con dos víctimas de la dictadura junto al juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu. “Yo pensaba que ni nos iban a recibir, así que no tengo más que palabras de agradecimiento para la Justicia española”, aclara Servini.

Tal vez por eso, contesta con reserva al ser inquirida por la actuación de la Audiencia Nacional cuando en abril de 2014 denegó las extradiciones del exguardia civil Jesús Muñecas y del exinspector de Policía Juan Antonio González Pacheco, alias Billy el Niño.

“Bueno, los jueces responden a su legislación. Son decisiones que toman de acuerdo a las leyes y a la Constitución que tienen”, dice casi a modo de disculpa. “Estas son decisiones jurídicas. A veces estamos en el mismo lugar y un juez concede la extradición y otro no. Está dentro del libre pensamiento de cada juez”.

Servini se pasa la mano por el pelo y entrecierra los ojos. “La causa avanza, sólo que un poco más lenta. Lo que ocurre es que en vez de avanzar más rápidamente, como podría ocurrir con una causa argentina, aquí hay que hacer todo más pausado, porque dependes de exhortos y de viajes”.

En el caso de España, evalúa, están en una etapa más primaria. “Es importante que podamos indagar, porque ahí se impulsa la causa. El exministro Rodolfo Martín Villa [uno de los imputados] ha dicho que quiere declarar”.

Por este motivo, el juzgado está examinando la posibilidad de volver a España. “Ahora estamos con más declaraciones testimoniales [por videoconferencia], pero estoy estudiando viajar de nuevo para indagar a los imputados, si me autoriza la Corte y el Consejo de la Magistratura”, adelanta. “Nosotros tomaremos la declaración de todos los imputados, no podemos hacer diferencia. Aunque alguno se niegue a declarar, tienen que presentarse ante nosotros”.

La duda que puede rondar a todas las víctimas es hasta dónde puede evolucionar la causa ante el rechazo permanente a colaborar de las autoridades españolas. “Eso no se puede adelantar, sería hacer futurología”, admite. “Cuando uno empieza una investigación nunca sabe hasta dónde llega. La causa puede prosperar pese a los obstáculos que nos encontramos”.

La jueza Servini, en el despacho en el que nos recibe para la entrevista.
La jueza en su despacho, durante la entrevista

El guiño sobre un cambio político en España que permita agilizar el proceso se cuela en la entrevista. “No me puedo adelantar a los acontecimientos, como ustedes tampoco pueden adelantarse a los procesos políticos de su país”, desliza. “Hay que ver. Si yo tuviera que adelantarme y decir que el año que viene va a pasar tal cosa, no podría hacerlo, porque no sé quién será el presidente el año que viene”.

¿Será posible que España investigue alguna vez sus propios crímenes? “Yo creo que al final sí los van a investigar”, asiente. “Con el tiempo lo van a hacer. Quizás es demasiado pronto, hay heridas todavía abiertas”.

Se acuerda entonces de su investigación sobre la muerte del general chileno Prats. “Chile no nos entregó a ningún imputado, pero toda la investigación se hizo acá en Argentina, y luego juzgaron allá, pero con mi investigación. En la resolución final de la Corte me mencionan, incluso, ‘que gracias a la investigación que se hizo en Argentina…’”.

Se interrumpe, y piensa. “Yo viajé en ese momento a Estados Unidos a interrogar al que puso la bomba [el ex agente de la DINA Michael Townley], que estaba con un pacto de impunidad, porque existe eso en Estados Unidos. Y el tipo declaró todo, pero no yo lo podía poner porque al mismo tiempo tuve que firmar un pacto de confidencialidad”.

Trascendencia del proceso

La relevancia de una causa que por primera vez afronta los crímenes cometidos durante la Guerra Civil y la dictadura puede tener más eco en España que en Buenos Aires. La jueza hace como que no es consciente de las repercusiones de su investigación. “No suelo prestarle atención a eso, no estoy con eso. A veces te critican, a veces te elogian. La Justicia es así. Algunos en España nos criticarán”.

“No sé si la causa es importante para Argentina. Para mí es una causa más de lesa humanidad. Acá a nadie le interesa. Sí, hay gente que incluso me ha felicitado en la calle, pero ¿sabes lo que pasa? Que las causas de lesa humanidad son distintas al resto. Tienen otra trascendencia, hasta uno tiene otro sentimiento, pero siempre estamos en la objetividad. Ahora, no podemos estar pensando en si es española o argentina”, justifica.

¿Cómo lidia Servini con este proceso? “Yo estoy en todo, pero tengo mucha gente que me ayuda, equipos que están con los detalles. Me pasan a mí los datos, los reviso y firmo si estoy de acuerdo”, consiente. “Yo tengo que tener objetividad y tranquilidad. Si empiezo a seguir qué dice este diario o el otro, qué dice Twitter, si me insultan o no, me vuelvo loca. Tienes que vivir en una cierta abstracción, por eso aquí [en el edificio donde están los tribunales] los juzgados están separados, los dejan apartados”.

Pero ella, lo quiera o no, pasará a la historia por ser la primera jueza que imputa a represores franquistas. “No lo había pensado”, dice despacio. “Estoy trabajando y no pienso en gloria o premios. Nosotros investigamos los delitos del general Prat como ahora también estamos investigando los delitos de nuestro país, con chicos desaparecidos. En todo caso, me alegro de poder ser útil”.
La jueza escucha a  los abogados de la querella Máximo Castex y Carlos Slepoy.

La magistrada revela que no había imaginado los progresos que iba a tener la causa a lo largo del tiempo. “Estoy muy contenta, porque veo que vamos muy bien”, concede. “En concreto, que ya haya imputados y hayamos podido pedir extradiciones. Estamos a una altura muy importante que para nosotros es la llamada a indagatoria, cuando se pide la extradición”.

Una de las últimas trabas a la investigación no provino de la Audiencia Nacional, sino del Consejo de Ministros de Mariano Rajoy cuando denegó en marzo las extradiciones que pedía la magistrada. España, en este punto, vulnera el Tratado de Extradición y Asistencia Jurídica ratificado por ambos países en 1990.

Servini reconoce que desde la Justicia argentina no hay mucho margen de maniobra. “Los tratados son vinculantes, pero si no lo cumplís… la Justicia argentina no puede intervenir”. Queda en silencio unos instantes, y añade. “Con las extradiciones que pidió Garzón en su momento, Argentina tampoco cumplió. Garzón sólo pudo detener a los que tenía allá”.

“Los tratados son vinculantes pero si España no los cumple la Justicia argentina no puede intervenir”
Intercede entonces su secretario Mangano. “España no hizo lugar a nuestros pedidos de extradición por la ley de Amnistía que tienen vigente, no porque consideraran que no teníamos razón. No trataron el fondo del asunto, se escudaron en eso. Pero esto es muy importante, porque si hubieran podido voltear nuestros argumentos lo habrían hecho como para que no mandemos más pedidos”, delibera.

Servini interviene decidida. “La causa la trabajamos para terminarla. Esperamos poder hacerlo”. Pero ¿qué significa terminarla? “Que podamos procesar, o sobreseer, y que la causa pase a un tribunal oral, o no”, alega. Es todo un abanico de posibilidades.

Lo que sí sabe es que la investigación no está condenada a eternizarse por las constantes denuncias que se incorporan al proceso. “Puedes ir cerrando la causa por partes mientras las nuevas denuncias se van investigando. A mí me gustaría que esta investigación se pudiera terminar, aquí o en España. No es algo que yo quiero para mí. La querella está queriendo una reparación. Los imputados, una defensa. Esto tiene que tener un final”, sentencia Servini.
Miedo en las víctimas

Si hay algo que a la magistrada le ha impresionado durante el transcurso de la causa fue el temor de las víctimas a dar su testimonio. “Me impactó el miedo que tiene la gente a declarar”, recuerda Servini de su viaje. “No estamos acostumbrados a que la gente, en derechos humanos, tenga miedo. La gente acá es espontánea, habla. Nos impresiona el miedo”. Ante la pregunta de a qué cree que obedece ese miedo, se echa para atrás y aprieta los labios. “Investiguen ustedes, los españoles. Pregúntenle a la gente por qué los querellantes tienen miedo de declarar”.


* Artículo aparecido el 24 de mayo de 2015 en el diario español Público.

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