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miércoles, 18 de enero de 2012

La hambruna que el mundo no quiere ver


En cuatro meses murieron 100 mil personas en el Cuerno de África, la mitad de ellas niños menores de cinco años. Es la crisis alimentaria más grave del planeta, pero la comunidad internacional no parece advertirla

Dos organizaciones no gubernamentales, las británicas Oxfam y Save the Children, se han unido para lanzar un mensaje imperioso, urgente, que no parece impactar ni en los medios de comunicación ni en la sociedad actual: hay 13 millones de personas que padecen la hambruna en el Cuerno de África, una región al este del continente que conforman Kenia, Etiopía, Somalia y Yibuti.

"Un retraso peligroso" es el título del informe que han publicado este miércoles. El estudio pone el dedo sobre la llaga cuando reprocha que esta crisis fue prevista, y anunciada, y alertada, pero se volvió mortal por culpa de la inacción del ser humano.

Los primeros indicios de esta crisis se difundieron en agosto de 2010. En noviembre, saltaron otra vez las señales de advertencia, que se volvieron aún más estridentes a comienzos de 2011. Cientos de miles de personas corren hoy el riesgo de morir de inanición.

"¿Por qué el sistema internacional tardó tanto tiempo en responder a los avisos advertencia tan precisos que hubo?", se preguntan las ONG. "Una razón es que la recogida de fondos para crisis humanitarias dependen de la atención que brinden tanto los medios de comunicación como la opinión pública", indican.

Lo grave, según las ONG, es que los países esperaron a que se alcanzara el punto máximo de crisis en vez de responder inmediatamente. "La magnitud de la muerte y el sufrimiento, así como el coste económico, podría haberse reducido si los sistemas de alerta hubiesen desencadenado una respuesta más temprana y de mayor alcance", dictaminan.

Es difícil precisar cuántos habitantes de la región han fallecido por la habruna sólo en cuatro meses (entre abril y agosto de 2011), pero según el Departamento de Desarrollo Internacional (DfID) de Reino Unido, no son menos de 50.000 personas, y podrían llegar a ser hasta 100.000. Más de la mitad de los fallecidos eran niños que no tenían más de cinco años.

El Gobierno estadounidense, que también tiene sus números, calcula en más de 29.000 los niños por debajo de los cinco años que han muerto en sólo 90 días (entre mayo y julio de 2010).

En Somalia, por ejemplo, no llueve desde hace tres años. La situación política es aún más incierta, dado que este país no tiene Gobierno efectivo desde hace dos décadas. En su lugar, el territorio es controlado por milicias, grupos tribales y señores de la guerra que ejercen la tiranía que antes personalizaba el dictador Mohamed Siad Barre.

La guerra que además atenaza Somalia, junto con una sequía que no se había visto en 60 años, hace que unas 1.400 personas cada día lleguen al campo de refugiados Dadaab, en el noreste de la vecina Kenia. Este campamento se ha convertido en el más grande del mundo, con más de medio millón de personas.

Jan Egeland, coordinador de ayuda humanitaria de Naciones Unidas, entre 2003 y 2006, lo ha dicho claramente en el prólogo del informe: "Vivimos en un mundo en el que sabemos cómo prevenir el hambre extrema, pero todavía la gente muere por falta de comida. El año 2011 vio la peor crisis alimentaria de este siglo en el Cuerno de África" sentencia. "Más de 13 millones de personas, la mayoría mujeres y niños, se han visto afectados. Vidas y medios de subsistencia han sido devastados empujando a las personas a una pobreza que les provocará sufrimiento durante años. La crisis continúa en 2012. La peor tragedia es que el mundo la vio llegar y no la evitó".


* Artículo publicado el 18 de enero de 2011 en el portal de noticias Infobae América

viernes, 19 de agosto de 2011

La mujer que tuvo que elegir a qué hijo salvar

"Nunca había enfrentado ese dilema en mi vida". Wardo Mohamud Yusuf, de 29 años, tuvo que tomar una decisión que le pesará por siempre. Caminaba con sus dos hijos hacia el campamento de refugiados de Dadaab, en Kenia. Su hijo de cuatro años la agarraba de la mano, mientras ella transportaba en su espalda a una bebé de apenas un año.

Cundo el mayor cayó desmayado por el calor, el hambre y la sed, su madre se detuvo y volcó un poco de agua sobre su cabeza para reanimarlo. El niño no volvía en sí. Su madre trató entonces de llamar la atención de las familias que pasaban a su lado en aquella huida, pero nadie reaccionó.

"Finalmente, decidí dejarlo atrás, en el camino y al amparo de Dios", confesó Mohamud Yusuf ya desde Dadaab. "Ahora vuelvo a experimentar el dolor de abandonar a mi hijo. Me despierto por las noches y pienso en él. Me siento aterrorizada cuando veo a un niño de su edad".

Tomar una resolución de semejantes consecuencias, dejar en el camino a un hijo para salvar a otro, marca de por vida a muchos padres que hoy huyen de su país para intentar sobrevivir en otro lugar. El camino suele ser largo y seco. Sin apenas agua, sin comida, y con largas horas bajo el sol, son muchos los progenitores que deben abandonar a sus hijos en medio del camino.

Lo peor ni siquiera ha pasado para Mohamud Yusuf. El doctor John Kivelenge, experto en salud mental del Comité Internacional de Rescate en Dadaab, admite que la madre somalí no tenía otra opción. "Es una reacción normal a una situación anormal. Ellos no pueden sentarse a esperar la muerte juntos", explicó. "Pero después de un mes, sufrirán un desorden por estrés postraumático, lo que significa que tendrán recuerdos y pesadillas".

"La imagen de los niños a quienes abandonaron volverá a ellos y los acosará", añadió. "Además, dormirán mal y tendrán problemas sociales".

El caso de Mohamud Yusuf no es aislado. Una mujer de su edad, Faduma Sakow Abdullahi, también trataba de llegar a Dadaab con un bebé y con sus otros hijos de cinco, cuatro, tres y dos años. Estaban a punto de llegar al campamento, a un día de distancia, cuando se detuvieron a descansar un instante. Sus dos hijos mayores se acostaron pero no se volvieron a levantar.

Sakow se preguntó qué hacer. Llevaba agua en un envase de cinco litros, pero no era suficiente para todos. Decidió que debía abandonar a sus dos hijos de 5 y 4 años, pero no fue fácil. Se alejaba y volvía sobre sus pasos, incapaz de irse, hasta que se dio cuenta de que la vida de sus otros hijos también estaba en peligro y que no podía esperar. Al final dejó a sus hijos moribundos allí, a la sombra de un árbol.

Ésta es sólo uno de los rostros más espantosos de una hambruna y una sequía que está diezmando Somalia.Más de 29 mil niños menores de cinco años han muerto en los últimos tres meses por desnutrición o por falta de agua. Tras más de dos décadas de guerra civil y con la grave hambruna que padecen cinco de sus provincias, el centro de Control y Prevención de enfermedades de Estados Unidos también ha cifrado en 300 mil las personas que han huido del país.

Según la ONU, unas tres millones de personas necesitan "ayuda inmediata para salvar su vida". Más de 12 millones de personas en todo el Cuerno de África necesitan alimentos para paliar la hambruna, que afecta con especial saña a determinadas zonas de Somalia en donde viven 450 mil personas.

Por si fuera poco, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha alertado de que una epidemia de cólera se está propagando por el país africano. La infección intestinal, obtenida en ocasiones tras la ingestión de agua contaminada, causa diarrea grave y vómitos, por lo que deja a los niños pequeños especialmente vulnerables a la muerte por deshidratación.

La ONG Avaaz ha comenzado una campaña de recolección de firmas con el fin de pedir al Consejo de Seguridad de la ONU que se involucre en este asunto para impedir lo que sucedió hace 19 años, cuando una hambruna en Somalia terminó hace casi dos décadas con la vida de 300 mil personas.


* Artículo escrito el 18-08-2011 para el portal de noticias Infobae América.

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