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lunes, 1 de diciembre de 2014

Uruguay le da a Tabaré Vázquez la presidencia por segunda vez

El exmandatario Tabaré Vázquez será el próximo presidente de Uruguay. Con su ascenso paulatino en la tendencia de voto previa al balotaje de este domingo, el candidato por el Frente Amplio ha ganado con más del 53% de los sufragios a su contrincante del Partido Nacional ("los blancos"), Luis Lacalle Pou, quien apenas rebasó el 40% según las primeras. proyecciones.

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Tabaré Vázquez, este domingo, junto con Raúl Sendic (AFP)
En esta segunda vuelta de los comicios presidenciales celebrados el pasado 26 de octubre, 2,6 millones de uruguayos habilitados para votar debían elegir entre otorgarle a la coalición de izquierdas su tercer mandato consecutivo, o apostar de nuevo por un partido tradicional que se alternó en el poder junto con el Partido Colorado durante casi dos siglos y hasta 2005, cuando por primera vez llegó el Frente Amplio a la presidencia de la mano del oncólogo Tabaré Vázquez.

Con la mayoría parlamentaria desde entonces, y prácticamente confirmada en las elecciones de hace un mes, el Frente Amplio afrontó este balotaje con seguridad. Las encuestas, en todo caso, hasta ahora se habían equivocado por defecto para con ellos. Antes de la primera vuelta, todas habían puesto en duda que a la fuerza gobernante le dieran los números en las dos Cámaras del Congreso, y no adivinaron la diferencia de puntos que le sacó Tabaré Vázquez a su adversario con casi el 48% de los votos.

En todo caso, el candidato oficialista a la presidencia se sentía cómodo con la victoria que le auguraban los sondeos en estas últimas semanas. Este domingo, cuando salía de su casa para ir a votar, elogió ante la prensa a Lacalle Pou, augurándole "un futuro importante en el país" y calificando la opinión que tenía de él como "excelente".

También aseguró que la mayoría parlamentaria no es suficiente para gobernar, y que por ello hará que la oposición tenga su protagonismo en el Parlamento, "presentando proyectos o discutiendo, analizando y proponiendo sobre proyectos que presente nuestra fuerza política".

Curiosas fueron las palabras que le dedicó además al actual mandatario José 'Pepe' Mujica. "El presidente Mujica es un señor presidente, pero cada uno tiene sus características. No se le puede pedir al presidente que sea otra persona, ni a mí que sea como Mujica", dijo Vázquez. 

El vicepresidente electo Raúl Sendic, extitular de la empresa estatal de combustibles Ancap, indicó tras emitir su voto que entre los desafíos del próximo Gobierno, el Frente Amplio se centrará en desarrollar la matriz productiva, la infraestructura y en mejorar la educación, "sobre todo a nivel de la educación secundaria".

La derrota de Lacalle Pou, hijo del expresidente neoliberal Luis Lacalle Herrera (1990-1995), estaba cantada casi desde el día en que se celebró la primera vuelta, pues con apenas el 30% de los votos, 17 puntos por debajo de Vázquez, mucho tenía que congraciarse el electorado con el Partido Nacional para cederle la gestión que viene haciendo el Frente Amplio en esta última década.

Una buena herencia

Mujica no le deja un mal Gobieno a su sucesor. Las cifras de pobreza, indigencia y desocupación están en mínimos memorables. La inversión, una de las prioridades del presidente, no dejó de crecer, y en definitiva, el país es más equitativo que hace cinco años.
También es más progresista. Leyes como la legalización del matrimonio homosexual, el aborto y la marihuana fueron banderas bien conocidas en el resto del mundo que le dieron una impronta carismática al Ejecutivo de Mujica. Los uruguayos también están de acuerdo: el 65% aprueba a este dirigente de 79 años.

Tabaré Vázquez, de 74, también terminó su Gobierno con altos índices de popularidad, pero antes y después ha sido observado con recelo por sectores de izquierda, incluso dentro de su propio movimiento. Algunos desconfían de su exministro de economía Danilo Astori, actual vicepresidente de Mujica, y no olvidan sus intentos en 2005 de impulsar un tratado de libre comercio con Estados Unidos, aunque ahora lo haya descartado.

En cualquier caso, él abrió con su primer Gobierno el periodo de desarrollo e inclusión que profundizó después Mujica, y además impulsó un programa energético para los siguientes 25 años, el cual consagrará a Uruguay, en 2015, como el primer país del mundo en el que las energías renovables (hidroeléctricas, eólicas, de biomasa y solares) representarán más del 50% de su matriz energética. 

Para su próximo mandato, Vázquez ha diseñado un programa con diez puntos fundamentales: un sistema nacional de cuidados, una mayor descentralización, apostar por un Gobierno digital, una reforma educativa, un plan nacional de vivienda, la disminución de tributos, un plan quinquenal de obras, otro integral de seguridad pública, un sistema de competitividad, y un programa nacional de cultura. 

Mujica se retirará a un segundo plano y apoyará al próximo Gobierno desde el Senado, donde su formación, el Movimiento de Participación Popular, es el sector interno del Frente Amplio con mayor peso dentro del poder legislativo. Su futuro cargo, la creación de una escuela rural para jóvenes junto a su casa y varias invitaciones a dar conferencias por el mundo lo mantendrán ocupado.

Lo acompañará su esposa, la senadora Lucía Topolansky, que junto con Mujica fue parte del movimiento guerrillero tupamaro y que, como él, pasó más de una década en la cárcel. Ella ya reconoció que no echará de menos ser la mujer del presidente. "Para mí es un alivio, porque me comí algunos protocolos que no me hacen feliz", admitió.

Para ello tendrá que esperar a marzo de 2015, cuando Mujica le entregue la banda presidencial a Tabaré Vázquez y delegue en él una nueva gestión frenteamplista que se extenderá, al menos, hasta al año 2020. 


* Artículo aparecido el 1 de diciembre de 2014 en el diario español Público

martes, 28 de octubre de 2014

Uruguay, sin izquierdas firmes en el horizonte

"Uruguay se juega la vida". Semejante sentencia proviene del presidente uruguayo José "Pepe" Mujica en alusión a las elecciones que se celebran este domingo no en su país, sino en Brasil. El gigante sudamericano fue en 2013 el segundo destino de las exportaciones uruguayas por detrás de China, y es también su segundo mayor proveedor de bienes. Uruguay, en todo caso, no depende sólo de Brasil para determinar la continuidad del proyecto que comenzara hace diez años la coalición oficialista del Frente Amplio.

En coincidencia con la segunda vuelta entre la presidenta brasileña Dilma Rousseff y su contrincante Aécio Neves, más de 2,6 millones de votantes votarán en la República Oriental del Uruguay no sólo para elegir un nuevo presidente entre los siete postulantes presidenciales, sino también para renovar todos los escaños de las dos cámaras del Parlamento. Ninguna encuesta nacional confía en que la coalición gobernante de izquierdas pueda mantener la mayoría parlamentaria que sostenía desde 2004.

Los escrutinios también dan por segura una segunda vuelta electoral el 30 de noviembre. El expresidente Tabaré Vázquez (2004-2009) y candidato oficial por el Frente Amplio no alcanzaría el 50% de los sufragios emitidos, pero se sitúa primero en intención de voto con una diferencia de entre 11 y 15 puntos sobre el representante del Partido Nacional Luis Lacalle Pou, hijo del ex mandatario Luis Alberto Lacalle Herrera (1990-1995).

Tercero en adhesión de sufragios, muy por detrás de Lacalle, quedaría Pedro Bordaberry, candidato presidencial por el Partido Colorado, como lo fue en 2009, e hijo del dictador Juan María Bordaberry (1973-1976), quien lideró el golpe de Estado con el que irrumpió la última dictadura que conoció Uruguay. Su hijo confía hoy en convertirse en el Aécio Neves uruguayo, que sorprendió al desplazar del segundo lugar a Marina Silva en las elecciones brasileñas del 5 de octubre.

En Uruguay no está permitida la reelección consecutiva del presidente. En este contexto, nadie olvida que el oncólogo Tabaré Vázquez, de 74 años, consiguió en 2004 romper con el bipartidismo del Partido Nacional y el Partido Colorado que venían alternándose en el poder durante casi dos siglos. El Frente Amplio, creado tres décadas atrás, llegaba al poder por primera vez en su historia, en la primera vuelta de las elecciones y con mayoría en el Parlamento.

Es difícil ignorar que en esta primera década de Gobiernos de izquierda, encabezados primero por Tabaré y luego por su sucesor Mujica, el país ha conseguido mejorar los principales indicadores de justicia e inclusión social. Uruguay, sin lugar a dudas, es la nación con mejor redistribución del ingreso de toda América Latina, y el que menos población tiene malviviendo en la indigencia (un 1,1 %).
Junto con Venezuela, Uruguay ostenta el índice Gini (que mide la desigualdad) más bajo de toda la región. Sin un crecimiento económico descollante, el país consiguió reducir la pobreza del 39% al 11% en estos diez años, y el desempleo pasó del 22% en 2005 al 6,5% en 2013.

Las divergencias del Frente

 

Pero Vázquez y Mujica se distinguen en varios aspectos que inciden en el tipo de políticas que impulsó cada uno durante su Gobierno. Fue Mujica quien impulsó la despenalización del aborto, el matrimonio homosexual, y la legalización del cannabis, en lo que fue un hito histórico que por ahora no ha repetido ningún otro país del mundo.

Mucho más descontracturado que su antecesor, Mujica ha mostrado su apoyo a Vázquez durante toda la campaña, pero las desavenencias latentes entre ambos los han dejado en evidencia a pocas horas de las elecciones.

Durante una entrevista, Vázquez dio a entender que habían existido dos equipos económicos enfrentados en el Gobierno de Mujica y que en su eventual Gobierno "nadie iba a dudar" de que la política en ese rubro estaría a cargo del actual vicepresidente, Danilo Astori, al que Vázquez apoyaba hace un lustro para sucederlo como presidente. Mujica no se hizo el sordo. Desmintió que hubiera confrontación entre sus responsables económicos, y atribuyó estas opiniones a que Vázquez "no estaba informado".

La comercialización de la marihuana, por otro lado, es un sapo difícil de digerir para el expresidente. Reconoció que consideraba "increíble" su venta en farmacias, y aseguró que seguiría de cerca la aplicación de la ley en caso de que hubiera que hacer posibles correcciones. "Problema de él, que lo discuta con el Parlamento", atajó Mujica, y redondeó: la ley "es hechura del Parlamento, así que tienen que discutirlo, usted [en referencia a un periodista], Vázquez y la mar en coche".

Todo esto sería "chismografía barata", en palabras del presidente saliente, pero la anécdota refleja las contradicciones internas de una coalición de izquierdas tan heterogéneas como las que confluyen en el Frente Amplio.

En las elecciones de 2009, era nítida la diferencia que representaba un guerrillero tupamaro de carácter sincero y carismático y el expresidente Lacalle, un claro representante de la oligarquía que gobernó en los 90 con un programa de corte neoliberal. Mujica, no obstante, tuvo que encajar a Danilo Astori como vicepresidente muy a su pesar para mantener cohesionado el Frente Amplio.
En 2014, en cambio, la coalición de izquierdas ha optado por moverse más al centro. Por algo Vázquez se impuso en las elecciones internas del partido frente a la senadora Constancia Moreira, más audaz en sus propuestas de izquierda y por ello apoyada por el escritor Eduardo Galeano y el cantautor Daniel Vigletti.

Cuando Tabaré Vázquez accedió a la presidencia en su primer Gobierno acompañado por su ministro de Economía, Danilo Astori, ninguno de los dos tuvo reparo en confesar que Uruguay debía emular el modelo económico chileno, que confiaba en un planteamiento macroeconómico más ortodoxo. El país, en cualquier caso, sorteó de soslayo la crisis económica global, y Vázquez dejó la presidencia orgulloso de tener la aprobación del 61% de la población.

La Concertación chilena que lideraba por entonces Michelle Bachelet mutó para las elecciones presidenciales de 2013 en la coalición Nueva Mayoría, que esta vez incluía al Partido Comunista. Un Ejecutivo similar podría construir Tabaré Vázquez, quien de nuevo tomará el Frente Amplio bajo su control pero con la diferencia de que la izquierda más enérgica dentro de la coalición uruguaya todavía debe pujar por tener peso propio dentro del eventual Gobierno.


El legado de Mujica

 

El Ejecutivo saliente, y lo reconoce Mujica, hubiera querido contar con un mayor margen de maniobra para profundizar ciertas políticas. Hasta dos impuestos, uno a los grandes terratenientes y otro a los bienes rurales, trataron de revertir la concentración de la tierra que provoca el modelo agroexportador, pero la Justicia uruguaya determinó este año que el primer gravamen era inconstitucional.

Muy criticada ha sido también la implantación que han tenido en el país multinacionales forestales, sojeras y mineras, pero es casi unánime el consenso sobre la inversión que Mujica ha destinado desde el Estado a los sectores más postergados del país, y sobre el avance en la política energética que diseñó Tabaré Vázquez en 2008 para los siguientes 25 años, lo que permitirá que en un año Uruguay se convierta en el primer país del mundo en conseguir que las energías renovables representen más del 50% de la matriz energética del país.


Inseguridad, siempre presente

 

El debate sobre la inseguridad, eterno eje de disputa en todos los procesos electorales de América Latina, ha condensado gran parte de los discursos de campaña. Pese a que Uruguay tiene una de las tasas delictivas más bajas de América Latina, su percepción de la inseguridad es la segunda más alta de la región, por detrás de Venezuela.

Por eso este domingo también se celebra una consulta popular para decidir si bajan la edad de imputabilidad de los 18 a los 16 años. La oficina de Naciones Unidas en Montevideo ya ha advertido que de aprobarse este proyecto de reforma constitucional, Uruguay estaría violando la Convención de los Derechos del Niño que ratificó en 1990. No obstante, no es seguro que esta propuesta del Partido Colorado, que consiguió reunir 100.000 firmas para la realización del plebiscito, vaya a ser aprobada por la mayoría de los uruguayos.

* Artículo publicado el 26 de octubre de 2014 para el diario español Público.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Mujica el pragmático*

No sin razón ha sido retratado en al menos una docena de libros. Con su pasado de guerrillero tupamaro, el senador José Mujica se enorgullece de haber deshecho con su figura y su oratoria el muro de incomprensión que por lo general separa a la clase política de la ciudadanía en Uruguay.

Gracias a un lenguaje directo y campechano salpicado de giros coloquiales, el candidato a la presidencia ha privilegiado el contacto con la gente antes que ceder a la prédica presuntuosa o al discurso frívolo. Mujica es el favorito para ganar este domingo la segunda vuelta de las elecciones presidenciales.

Pero todo tiene un reverso. La peculiaridad de su carácter ha estado de forma continua en boca de la oposición, que ha sabido sacar provecho de algunas de sus declaraciones. En el libro Pepe Coloquios, del periodista uruguayo Alfredo García, José Mujica se refirió a Argentina como un país que tenía "reacciones de histérico", donde la "institucionalidad no vale un carajo" y cuyo Gobierno, el de los Kirchner, era "de izquierda" pero "de patota".

Siglas y armas

La controversia estaba servida. El autor del libro denunció que las frases del ex guerrillero se habían sacado de contexto. Pero la polémica fue sólo el colofón de una contienda que se había vuelto especialmente agresiva.

Poco tiempo antes, el partido en el Gobierno, el Frente Amplio (FA), por el que es candidato Mujica, había denunciado al Partido Nacional por incurrir en una campaña sucia para vincular a la coalición gubernamental, y en especial a Mujica, con un arsenal de 700 armas que había sido hallado en Montevideo.

Críticas de la izquierda

Las críticas más argumentadas contra Mujica, sin embargo, provienen de la propia izquierda, la cual recela de una apuesta política que no cuestiona los monocultivos de soja y caña, que es condescendiente con el funcionamiento de la papelera finlandesa Botnia a orillas del Río Uruguay, y que no parece que vaya a acometer ningún plan para luchar contra la deforestación.

Aún menos popular ha sido la decisión de Mujica de querer incluir en su Gobierno al ex ministro de economía Danilo Astori, que abrió el país a los grandes capitales, puso en marcha una reforma tributaria más indulgente con los ricos que con la clase media y toleró un aumento considerable de la deuda. Según datos del Banco Central de Uruguay, actualmente la deuda pública supera los 19.000 millones de dólares, lo que supone un 55% del PIB.

El Gobierno frenteamplista del presidente saliente Tabaré Vázquez, por otra parte, dejará de legado a su sucesor dos acuerdos de libre comercio con Finlandia e Israel y uno de inversión con EEUU. Para una parte de la izquierda uruguaya, es por eso un mal síntoma el que Mujica quiera continuar con la trayectoria del actual Ejecutivo.

"Una pequeña provincia"

¿Qué pierde la izquierda si tiene que consensuar con la derecha? "Yo no me planteo ese drama. Mi preocupación de subdesarrollado es mucho más primitiva", contestaba el líder frenteamplista hace unas semanas. "Si podemos liquidar la indigencia y reducir la pobreza a la mitad como marca el Congreso, yo no sé si habremos hecho izquierda, derecha o centro, pero saldremos contentos".

"Uruguay es una pequeña provincia para compararla con las que tiene Argentina", comentaba el senador. "En un mundo donde se necesitan inversiones para generar puestos de trabajo, nuestro tamaño no atrae a nadie. Por eso tenemos que tener claridad y cumplir ciertas reglas que digan en el mundo: este es un país muy serio".
Por eso, para el ex tupamaro ceder a ciertas presiones ya no es una cuestión de principios, sino de necesidad. "No nos podemos dar el lujo de andar cambiando las reglas", añadíó Mujica.

* Artículo escrito para el diario español Público

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