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jueves, 11 de diciembre de 2014

"La historia no la hacen los grandes hombres, sino las grandes causas" - ENTREVISTA EN EXCLUSIVA A JOSÉ MUJICA (PARTE III)

Antes hablaba de la utopía. Usted pertenece a la generación de la utopía, cuando estaba lejos del Gobierno. ¿Cómo se relaciona su actual ejercicio del poder con aquel hombre utópico?

Aquel hombre era un hombre joven y en el contexto de su época. Y en el contexto de su época nos parecía que el camino era mucho más corto y que estaba medio a la vuelta de la esquina. Después la historia se encargó de demostrarnos lo contrario. La Unión Soviética se desmoronó como un queso apolillado. 

José Mujica, presidente de Uruguay (Matías Ball, Ana Delicado Palacios)
José Mujica durante la entrevista (Matías Ball)

Ni siquiera nos dio la poesía de algunos tiros, aunque fuera. ¡No, nada! Entonces nos dimos cuenta de que el poder era una cosa mucho más distinta, más difícil, que tiene que ver con la construcción económica de una sociedad. Yo no abdico de mi manera de ver el socialismo, de lo que abdico es de la manera ingenua y pueril que teníamos. La historia se encargó de demostrarnos lo contrario.

Yo no abdico de mi manera de ver el socialismo, de lo que abdico es de la manera ingenua y pueril que teníamos

¿Y dónde estaba esa ingenuidad?

La ingenuidad estaba en que nos parecía que la dictadura del proletariado era un camino notable que nos daba todas las explicaciones, y la verdad es que construyó un mundo que se desmoronó. La burocracia fue mas fuerte que lo otro. Ésa es la realidad de lo que nos pasó.

Ahora parece que hay gente que no quiere asumir lo que pasó. Aquello significó que íbamos por un camino que era errado: que el camino de la dictadura nos lleva de la mano al camino más bien de la burocracia, no del aumento de la libertad y de la igualdad entre los hombres.

 ¿Qué ha hallado en sus viajes por el exterior? Usted ha podido conocer a las grandes élites mundiales que más o menos marcan la pauta de lo que se está haciendo. ¿Qué le ha sorprendido a bien y a mal?

Lo que me ha sorprendido es el despilfarro que hay, el abuso, qué significan las instituciones que rodean la república. Por ejemplo. Voy a ver a la señora Merkel a Alemania. Me ponen 30 motos adelante y 30 atrás y me dan un auto como de aquí a allá, cuyas puertas pesaban cada una como 3.000 kilos. 

No sé para qué todo eso. Y esto apenas es una anécdota. Pero si tú puedes llenar todo un sistema que vive rodeado de todas esas cosas, ¿qué sentido tiene? La verdad es que esta pregunta muchas veces me la hice. Cuando era joven, me la hice la primera vez que estuve en la Unión Soviética y me llevaron a un hotel que se llamaba Hotel Baltio, y había unas alfombras que me hacían cosquillas. Y pensé: "Hicieron una revolución socialista para tener hoteles de estos, ¿para qué?".

 ¿En algún momento ser presidente se ha impuesto sobre lo que usted haría como persona? ¿En algún momento tuvo que hacer cosas que no pensaba hacer o que le hicieran ruido?

Ah, sí. Permanentemente tienes que preocuparte, tienes que negociar, y tienes que aceptar que debes convenir con gente con la que estás en las antípodas.

Duro.

Muy duro, pero hay atrás montañas de puestos de trabajo, y creo que esa es una de las peores trampas que existen. No para mí, que soy viejo y las luces del centro no me confunden. Peligro para todo lo que puede ser una función de Gobierno, porque tienden la mesa, la mesa es espléndida, y es como si te dijeran: "Mira que para ti también hay", y tú tiendes a creer que esa mesa es tuya. 

Esa mesa no es tuya. Sólo eres el invitado, y en todo caso, te tratan de usar, no hay que confundirse. Esa mesa es de ellos. Ése es un peligro.

¿Uruguay puede llegar a ser un país que viva de la industrialización, o como la gran mayoría de los países de América Latina, tiene que conformarse con su riqueza y exportarla, aunque le añada valor agregado?

Creo que el Uruguay es un país pequeño y como tal tiene que ser país exportador, pero tiene que luchar por vender cada vez mayor valor agregado y mayor calificación en el trabajo que vende. Pero si por industrialización entendés llenar de chimeneas, eso es discutible. 

Si por industrializar entendés generar más valor en menos tiempo, ahí sí. Pero ¿qué tipo de industrialización? Menos parecido a la de San Pablo, y más parecida a la de Nueva Zelanda.

¿Por qué?

Porque es un país que tiene que agregar valor a las condiciones naturales que tiene, que no son extractivas, son complejas. Es decir, producir una carne cada vez más fina para venderla a los que tienen mayor poder adquisitivo. 

Y si vos me apretás, te diría: vender la lengua trabajada en Japón, que es el país que paga más las lenguas, y el mondongo, vendérselo a los coreanos, y así, ir afinando cada vez más eso.

Y por eso intentan abrir un mercado con la Unión Europea. Pero ¿y el comercio Sur-Sur?

El comercio Sur-Sur también. Mirá que el mejor mercado que tenemos para el cordero son las parrilladas de San Pablo. Porque Brasil es tan grande, y nosotros somos tan pequeños, que tienen un mundo de ricos que es una Francia adentro visto su poder adquisitivo, y nosotros le podemos vender exquisiteces a esa gente, porque los muy ricos no compran, hacen experiencias. Y pagan. Entonces no tenemos que preocuparnos tanto de la cantidad sino de calidades cada vez más finas.

Esa libertad que usted afirma que nunca llegó a perder en la cárcel. ¿La ha llegado a perder en algún momento de su vida?

No. Yo soy un luchador. Mi forma de vivir es por la libertad. La libertad desde el punto de vista individual es tener la mayor cantidad de tiempo posible para gastarlo en las cosas que a nosotros nos gustan Eso no lo decide el mercado, lo decido yo. Elijo. Pero si tengo que trabajar para ganarme la vida, en el tiempo que estoy trabajando para ganarme la vida no soy libre. Estoy trabajando por necesidad. Ahora, si me hago una vida muy complicada, cuanto más aparatosa, más tiempo tengo que dedicar a atender todas esas complicaciones. 

Es decir, la sobriedad para mí es una forma de luchar por la libertad. El dicho bíblico de que el hombre feliz no tenía camisa, si lo agarrás al pie de la letra, es un disparate, pero si lo profundizas, es una manera de ver la vida. 

Sí. 

Esta casita que ves tiene la piecita de la cocina, el hall, el dormitorio y el baño, y ahí vivimos mi vieja [su compañera Lucía Topolansky] y yo. Suponete que en vez de vivir acá, viviera en el palacete ése que ponen aquí para el presidente, con tres pisos. Para tomar un té, tendría que caminar tres cuadras, conseguir a alguien que venga. Yo soy veterano, tengo que orinar tres o cuatro veces a la noche, como todos los veteranos, y no me podría levantar a la noche en calzoncillos como hago ahora, porque me tendría que cuidar de la sirvienta.

No. Dejame vivir sencillo, con poca cosa, que van a decir que soy pobre, pero mi definición es la de Séneca: "Pobre es el que necesita mucho". Porque si precisas mucho, no te alcanza nada.
Van a decir que soy pobre, pero mi definición es la de Séneca: "Pobre es el que necesita mucho"

Igual me refería a la libertad de principios. Lo de tener un estilo de vida determinado para tener lo que uno quiere es loable. Pero la libertad que usted dice que no perdió ni en prisión, ¿la perdió siendo presidente?

Yo no dejo mis principios por el camino, no los negocio. Lo que pasa es que en la tarea del gobernar, estás obligado permanentemente a cosas que no tienen que ver con los principios, sino con los intereses de la gente. Estás tironeado y esclavizado por todas partes.

La sociedad no tiene nada de poético, la sociedad es demandante por todas partes. Siempre te está pidiendo más y exigiendo más. A veces con muchísima justicia, y otras no tanto. Y te lo tienes que bancar, y tienes que lidiar con eso. Por ejemplo, los señores anestesistas tienen el monopolio de hacer dormir a la gente en la operación, cobran una torta de guita [dinero] infernal, y te arman lío porque quieren organizarse para seguir cobrando más. Y tú dices: "Pero qué disparate", aunque precisas anestesistas. Entonces tienes que lidiar con ellos. 

Si no, ¿cómo operas a la gente?. Ahí es donde se te entrevera la cosa, en la necesidad de la propia sociedad que te pone la vida fluyente y contradictoria. He visto a Obama tres veces. Cada vez que lo veo tiene más canas. Está peor que yo. A ese presidente lo tienen en cana [atrapado], un desastre. Se están vengando de que un negro llegara a presidente, no le dejan hacer nada.

Y usted, ¿va a echar de menos ser presidente?

¿Quién, yo? Al contrario. Es como cuando te ponés un par de zapatos nuevos y te lo sacas. Qué alivio. Es espamento [aspaviento], es vanidad.

Pero ser presidente puede ser mucho más. También es cambiar la vida de su sociedad. Llegó a la gran herramienta para darle derechos a la gente, que es por lo que luchó toda su vida.

Sí, pero tiene que seguir otro. La lucha es colectiva, dura mucho tiempo y va más allá de la vida de un hombre. El mejor dirigente no es el que hace más,  sino el que deja una barra que lo suplante con ventaja. Si cuando tú caes no hay alguien que diga: "Muerto el rey, viva el rey", y sigue, estás frito. La historia no la hacen los grandes hombres, la hacen las grandes causas. Y esa función es siempre colectiva. 


* Artículo publicado el 3 de diciembre de 2014 en el diario español Público.

lunes, 8 de diciembre de 2014

"Podemos es un grito de alerta en el mundo contemporáneo" – ENTREVISTA EN EXCLUSIVA A JOSÉ MUJICA (PARTE II)


¿Qué opina de Podemos? 

Vinieron a verme los muchachos, hace poco. Son un grito de alerta en el mundo contemporáneo. Porque ¿cuál es la bandera?. La verdadera bandera es lo que debería de ser cotidiano: la honradez, no ser corrupto, ser de derecho. Ésta es la primera bandera que está levantando con éxito político, ¿verdad?

Pepe Mujica en el jardín de su vivienda
Mujica, durante al entrevista (Matías Ball)

Sí.

Eso tendría que ser lo normal en una sociedad, no podría ser una bandera política. Pero cuando se transforma en una bandera de carácter decisivo, es porque la sociedad está enferma. Es una cosa que sobresale, y sobresale porque daría la impresión de que el sistema político está bastante enfermo. Ha perdido una credibilidad enorme ante la gente.

Ahora, esto pasa en casi todos los países. Un presidente cerca de las capas más postergadas de la sociedad debería ser la norma y no la excepción. Y sin embargo, en este mundo, eso no sucede. Política es una mala palabra.

Eso significa que las repúblicas vinieron y aparecieron en el mundo para suscribir que los hombres somos iguales. Y fue una bofetada a las monarquías y al origen de sangre azul de la nobleza. Pero ¿qué pasa? Se nos están colando adentro, de contrabando e institucionalmente, usos y costumbres que son más propios de la monarquía que de la república. Entonces los gobernantes se confunden y entran a vivir como la minoría privilegiada y no como vive la mayoría de la sociedad. Y crean una distancia con el común de la gente, y la gente termina no creyendo. Y esto es la peor enfermedad que puede tener una sociedad: no creer.

¿Por qué?

Porque en la vida hay que creer en algo. Los seres humanos somos los bichos más utópicos que inventó la naturaleza. Si seremos utópicos que creamos las religiones, ¿verdad?. Inventamos que este mundo es un valle de lágrimas para ir a un paraíso, cosa que tenemos que revertir. Y donde vos vayas, en cualquier rincón del mundo y en cualquier época, te das cuenta de que la gente cree en algo.

¿Por qué lo hace?

Porque tiene la necesidad de creer en algo. Indistintamente de que lo que crea sea bolazo [mentira] o no, no importa eso. Es la cosa más constante que te encontrás. De ahí yo digo que la gente tiene que creer en algo. Ahora, si tienen un Gobierno en el que no creen en nada, y una clase política en la que no creen un carajo,¿qué nos queda? El nihilismo, cada cual a lo suyo.

Trágico.

¿Sí, verdad? Pero nunca tuvimos tanta riqueza como tuvimos hoy, nunca tuvimos tantos medios, nunca tuvimos tantos instrumentos como tuvimos hoy, y estamos siendo infelices. Qué paradoja, ¿no?

Eso está pasando en España

Por eso tiene éxito quien levanta una esperanza, porque no es lo que les levanta, es que la gente necesita creer en algo. Yo no soy creyente, pero le tengo respeto a la religión porque he visto morir gente, y he visto que las religiones cumplen un servicio de ayudar a alguien a morir. Y eso es una cosa muy seria, por eso la respeto.

Le he escuchado decir que con los procesados de delitos de lesa humanidad, quizás bastaría con saber la verdad antes que enjuiciarlos.

Eso pasó en la Sudáfrica de Mandela.

Ahora, ¿está al tanto de la causa abierta en Argentina por los crímenes del franquismo? Porque las víctimas de la dictadura española están intentando que se juzgue a los responsables en alguna parte del mundo, y no sólo para saber la verdad, sino para obtener lo que ellos consideran justicia, es decir, que las personas que hasta ahora vivían en la impunidad, paguen por sus crímenes. Me gustaría saber su opinión.

Yo no creo en la justicia en el sentido etéreo. Para mí, la justicia es una vieja a la que pintamos con dos platillos y que está ahí, supuestamente neutral, pero no, porque siempre se inclina para el que es más fuerte en la sociedad en la que se vive. Los hombres tuvimos que inventar esa institución porque si no, nos arrancábamos los ojos los unos a los otros. Hubiera sido la ley del talión.

Entonces cumple una función social.

Sí, pero la justicia está teñida siempre del punto de vista y de los intereses de la clase más fuerte que está dominando en ese momento. Los hombres no podemos ser justos en ese sentido que parece perfecto, de equilibrio. Somos parte, los hombres siempre tomamos parte hasta mancharnos, aunque no nos demos cuenta. 

Pero esta es una respuesta filosófica, ahora te voy a hablar desde el punto de vista práctico.

Yo soy un luchador social. Lo que me interesa es el poder, la lucha por el poder. Y el poder es ganar la voluntad de la gente. Cada torturador, en su época, cumplía una función. Si no era él, el asesino hubiera sido otro, porque él estaba cumpliendo una función represiva de la sociedad en ese momento.

¿Es decir?

Tomemos los héroes de América Latina. Nuestro José Artigas es héroe de la independencia de Uruguay. Si lo hubiera agarrado España, desde el punto de vista del derecho español, era una traidor. Lo hubieran fusilado, por lo menos. Lo mismo Simón Bolívar. Como ganaron los del otro lado, pasaron a ser héroes.
La historia la cuentan los vencedores.

Claro. Ahora, a mí lo que me interesa es lo que rodea a cada ser humano. No me interesa ganar un torturador o algo por el estilo, ése está del otro lado. Con ése tengo que cargar. Me interesa ganarle la familia, ganarle los hijos, los hermanos, el núcleo de relación. Cuanto más lo agreda yo, más difícil me resulta de ganar ese mundo que lo rodea. Para mí, lo fundamental es multiplicar la fuerza, porque lucho por el poder, no por la justicia, lucho por el poder de los que no tienen poder, que son los más débiles.

¿Y entonces?

No es inteligente querer ganar la voluntad de gente frente a la que aparezco como un agresor. No se gana a palos. A palos se aplasta, y ganar significa convencer. Nunca vas a convencer al que pisas por agredirlo. Para que te dé un margen de duda, no tiene que tener de entrada con qué rechazarte. Si él está esperando que lo vas a agredir, y tú no lo agredís, la respuesta que va a dar es otra. Esto es muy sutil.

Me doy cuenta.

Esto no es para cualquier periódico. El común de la gente no puede entender estas cosas. Pero yo soy un viejo que viví muchos años en el calabozo, repensando y repensando.

Que estas palabras vengan de una persona que pasó tanto tiempo en la cárcel y que además sufrió tanto, llama mucho la atención. Es extraordinario.

Es que no es común. 

Pero al mismo tiempo pienso en los republicanos españoles, y en las víctimas, y me pregunto dónde está la justicia para ellos.

Sí, y te comprendo perfectamente. Uno tiene que aprender a lidiar, a andar con una bolsa de cosas de las que nadie te va a resarcir. Es difícil. Por eso yo admiro el camino de Mandela en Sudáfrica. La justicia es que la gente sepa. Si yo asesiné, yo asumo públicamente que asesiné. Ése es el castigo. Es fuerte, ¿eh?

 Mucho.

Te libro de deuda jurídica, pero tendrás que vivir mirando el espejo de la verdad. Es muy inteligente. Ese viejo [Mandela] también pensó.


* Entrevista publicada el 26 de noviembre de 2014 en el diario español Público

jueves, 4 de diciembre de 2014

"El socialismo no es posible en una sociedad pobre" – ENTREVISTA EN EXCLUSIVA A JOSÉ MUJICA (PARTE I)

La chacra en la que vive el presidente uruguayo José 'Pepe' Mujica está a unos 20 minutos en coche desde el centro de Montevideo. Hay que avanzar varios kilómetros por una carretera principal para adentrarse más adelante en un camino rural. Después de girar en un par de ocasiones por esta ruta sin asfaltar, aparecen primero dos pivotes solitarios flanqueando el camino, y casi a continuación se descubre una tranquera abierta frente a la que hay apostado, a una distancia prudencial, un policía con su automóvil como única consigna de seguridad.

José Mujica en el jardín frente a su vivienda. MATÍAS BALL
José Mujica, en el jardín de su vivienda (Matías Ball)

Tras cruzar la tranquera y continuar a pie por el sendero, el visitante bien podría distraerse con la ropa tendida que cuelga a un costado, cuando de repente aparece del otro lado el presidente sentado en medio del jardín agreste que hay delante de su vivienda, una casita humilde de un solo piso con techo de chapa .

Mujica será dirigente de Uruguay hasta marzo de 2015, cuando lo relevará en el Gobierno el oncólogo Tabaré Vázquez, antecesor del 'Pepe' de 2005 a 2010 y primer gobernante en llegar al poder con el Frente Amplio. Tras haber ganado la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del domingo contra el candidato del Partido Nacional Luis Lacalle Pou, Vázquez regresará al Ejecutivo en lo que será el tercer mandato consecutivo de la coalición de izquierdas.

El actual presidente deja a su sucesor un país que tiene la mejor distribución de ingresos de toda América Latina. Uruguay es, junto con Venezuela, el país menos desigual de la región. Con una de las tasas de empleo más altas de su historia, el denominado "paisito" se despedirá en breve de un mandatario que abandona su cargo con el 65% de aprobación popular.

Hace cinco años que fue elegido presidente de Uruguay. ¿Cómo se imaginó que sería el ejercicio del poder, y qué es lo que le ha deparado la realidad?

Nosotros llegamos al Gobierno en el marco de un larguísimo proceso que llevó mucho tiempo y en donde llegar al Ejecutivo era parte de una opción. La gran preocupación central desde el punto de vista inmediato, no la única, era contribuir a crear una sociedad un poco más justa de lo que teníamos. Es decir, con mejor redistribución del ingreso y con mejor reparto social, y no porque eso fuese una concesión final. Era una herramienta imprescindible para otros cambios que el porvenir irá definiendo.

¿Usted es socialista?

Nosotros tenemos una visión de la historia de carácter socializante, pero no creemos que el socialismo esté a la vuelta de la esquina, ni que sea posible de crear en sociedades pobres. Nosotros tenemos que salir del subdesarrollo, lograr una sociedad más rica desde el punto de vista material y con una masificación mayor de conocimiento y cultura como condición para plantearnos un verdadero socialismo.

¿Qué impedimentos se ha encontrado en esa búsqueda?

Los impedimentos que hay son los intereses de clases, que son distintas. Nosotros aplicamos una política fiscal que se basa en este principio: que pague más el que tiene más. Naturalmente, al que le estás cobrando más, que tiene más plata, se va a sentir afectado, y te lo ganaste como enemigo político. Y el que recibe los beneficios de esa política tiende a ser un aliado. Es lo que pasó en las elecciones que acaban de transcurrir. Hacer política, en el fondo, es favorecer a uno o perjudicar a otro. No puedes estar bien con todos, porque en la sociedad existen clases que tienen intereses distintos.

Y en Uruguay, ¿cuál es el poder más desafiante que ha tenido que combatir?

Uno de los poderes más fuertes es la concentración de riqueza que tendía a existir, y nosotros hemos logrado mitigarla, no resolverla. Éste es el país más equitativo de América Latina, con el mejor índice de Gini, porque nos preocupamos, por ejemplo, por el salario. Éste es el primer elemento de distribución, aunque no él único, pero sí el más importante. Entonces ha habido una política que obliga a una discusión salarial del mundo patronal con sus trabajadores organizados. A eso se le llaman los Consejos de Salarios. Si las partes no se ponen de acuerdo, el Gobierno lauda. Pero no lo dejamos librado al mercado en términos ampulosos.

Este país consiguió en 2013 más de 3.000 millones de dólares en inversión. ¿Es cierto que, para conseguir eso, Uruguay ha ablandado al mismo tiempo su capacidad impositiva sobre esas empresas que llegan?

Sí, el Gobierno les da ventajas. No quiere caer Uruguay en el síndrome de perro del hortelano. Si yo no hago, para que el otro no coma, yo tampoco hago. Cuando nosotros llegamos al Gobierno, teníamos más del 20% de gente desocupada, y lo que nos pedían era trabajo, ni siquiera salario. Entonces peleamos por una política de favorecer toda la inversión, porque los inversores no son el señor de la paciencia ni la virgen María. Vienen a invertir si sacan los números y les convienen, y si no, no vienen, y se van para otro lado. Ésa es la contradicción que se nos crea. Ayer estábamos en esa situación.

¿Y ahora?

Ahora somos más selectivos. Le damos ventaja a quienes medimos que nos conviene más. Y al que no nos conviene, no le damos ventaja ninguna. Elegimos según las repercusiones sociales que pueda tener. Por ejemplo, si nos aporta una tecnología que no conocemos o si nos ayuda a solucionar un problema que nosotros no podemos resolver. Entonces lo tratamos de una manera. Si nos vienen a comprar algo que está hecho y nos sacan lo bueno, no le damos facilidad ninguna. Que paguen lo que tiene que pagar, ¿entiendes? Es diferente.

América Latina conoce muy bien que la inversión no siempre significa un bienestar que realmente sientan las poblaciones más vulnerables. En el caso de la minería, la empresa Zamin Ferrous promete crear 1.500 puestos de trabajo pero a base de introducir la megaminería a cielo abierto. ¿Vale la pena ese costo medioambiental cuando luego es una empresa que va a pagar pocos impuestos y todo lo que exporte lo va a mandar afuera?

Eso te lo dijeron. Vos venís con las pilas calientes por ahí. No hemos firmado ningún papel por lo que le estamos exigiendo y todavía no sabemos si estamos de acuerdo. Justamente, ¿por qué no hemos firmado si llevamos cuatro años? Porque las condiciones no nos convencen. Y si no se avienen a lo que nosotros planteamos, no vamos a ser tan giles.

No es, entiendo, un asunto cerrado. 

Éste sería el mismo dilema que tuvo Stalin cuando hizo el acuerdo con la General Motors y con la Ford en 1931. Si no hubiera hecho esos acuerdos, en 1942 no habría hecho 1000 tanques por día, que fue lo que le permitió derrotar a Alemania. Tú tenés que sacar en cuenta lo que te ponen y lo que sacás. Yo no estoy dispuesto a que el hierro duerma en las profundidades teniendo una riqueza para repartir a los uruguayos, porque eso sería una tontería. Ahora: si se lo voy a regalar a unos gringos para que se lo lleven y no me dejen nada, entonces, dejalo que duerma. Ése es el dilema.

  
En la campaña electoral de estas elecciones, hubo dos ejes temáticos principales. Uno era la inseguridad. Llama la atención, porque Uruguay no deja de ser el país más seguro de América Latina, y sin embargo, la población tiene una percepción sobre la inseguridad que no deja de ser la más alta en toda la región. Y además es un asunto recurrente en todas las campañas electorales que se celebran en América Latina.

Sí señor.

¿Por qué? ¿Qué se está haciendo, o qué se puede hacer?

Tener medios de prensa que son dominados por la derecha crea como una aureola en todas partes del mundo. La derecha viene con el tema de la inseguridad. El mundo contemporáneo es cada vez más inseguro, es cierto. Es un problema mundial. Y la derecha parece que hubiera descubierto la pólvora, y como maneja todos los grandes medios de difusión, tiende a crear una percepción de carácter colectivo en la gente. Esto es paradójico. Al Uruguay se muda gente rica por la seguridad. Tengo un señor al que le secuestraron un hijo y se instaló en Uruguay. Tiene mucha plata, y está tranquilo, pero para los uruguayos, estamos peor que antes. Lo cual es cierto.

¿Y por qué, si hay menos desigualdad?

Porque poderoso caballero es don dinero. Porque la religión de las sociedades contemporáneas es el dinero, cada vez más, impelido por las sociedades consumistas. Y hay gente que confunde crecientemente que felicidad es conseguir dinero. Es una cosa curiosa lo que pasa. El embajador chino vino hace un par de años acá a Uruguay. Me hablaba de la China de la época de Mao. "Éramos muy pobres, pero dormíamos con la puerta abierta. Ahora China es mucho más rica, pero ya no podemos dormir con la puerta abierta", me decía. Esto son problemas que yo creo que son una enfermedad contemporánea, lo cual viene unido a ese hacer la tuya, fuere como fuere.ç

¿Hay más factores que influyan? 

El narcotráfico. Su incursión aquí en América es mucho más importante de lo que hace en sí el narcotráfico, porque genera una cultura que se difunde en las cárceles. En el mundo delictivo también había frenos. Yo viví mucho en las cárceles. Conozco presos viejos. También en el mundo del delito hay códigos. Hay cosas que se pueden hacer y cosas que no. Pero la aparición del narcotráfico significó plata o plomo. Y ello tiende a crear una atmósfera de violencia que va más allá del narcotráfico en todos lados.

¿Por ejemplo?

En mi país hay una cosa que ahora pulula que se llama ajuste de cuentas. ¿Qué significa?. Tú no pagas una cuenta de droga, y te mandan a un sicario a que te mate. Aparece la profesión de sicario, tipos cuyo trabajo es matar gente por encargo. Esto no existía antes en el Uruguay. Está enferma de esto toda América, no sólo la latina. La sajona también.

Y usted ha dado, en ese sentido, un paso muy original para arrebatarle un mercado al narcotráfico [la legalización de la marihuana].

Mira, yo estoy a leguas del neoliberalismo, estoy en la vereda de enfrente. Pero hace años, leyendo a Friedman, en una pelea que tenía él con el Gobierno norteamericano, pensé: "Éste hombre tiene razón". La política represiva crea un monopolio clandestino que ¿quiénes los usufructan? Los que se arriesgan, naturalmente. A mayor riesgo, más tasa de ganancias. El fenómeno del narcotráfico lo tenés que ver como un fenómeno de mercado: es un mercado monopólico. Monopólico con los que tienen el coraje de violar todo: por lo tanto, tienen una tasa de ganancias fabulosa.

¿Qué conlleva eso? 

Que pueden disparar dinero para corromper todo. Te compra el Estado, te compra acá, te compra allá, y si no te puede comprar, te amenaza, y si no, te ejecuta. Es una lógica infernal que decía Einstein: "Si tú quieres cambiar no puedes hacer lo mismo". No sé si la política que vamos a llevar en Uruguay es efectiva, lo que tengo claro es que [no funciona] la política que veníamos trayendo, reprimiendo y reprimiendo, con cada vez más presos y gastando más plata.

Quizás es una pregunta muy ingenua. ¿Por qué empezar por la legalización de la marihuana y no quizás de una droga más dura?

En el Uruguay lo que más se consume es marihuana. Hay al menos 150.000 personas que la consumen. Además, ¿sabes una cosa? Todo lo prohibido parece que tiene un hálito que a la gente joven le atrae.

De la misma manera que se arrebata ese mercado al narcotráfico, ¿qué otros ámbitos se pueden disputar?

Y vamos despacito, vamos por las piedras. Hace 100 años acá se vendía la cocaína en las farmacias, en unos frasquitos alemanes que se llamaban Merkel. Venía de Alemania perfectamente refinada, y se vendía oficialmente. Teníamos un famoso probeta, Julio Herrera y Reissig, que escribía poemas y vivía en una torre de marfil. Se daba a la papa, y compraba la cocaína en la farmacia, y era de espléndida calidad. Y no pasaba nada.

Además de la inseguridad, otro de los ejes de la campaña electoral fue la educación. En 2012 usted fue crítico con su propia gestión, porque decía que estaba el dinero, pero que desde la dirección no se había hecho del todo bien. Ahora que su Gobierno va a terminar en breve, ¿siente que tiene deudas pendientes?

Sí, tenemos deudas de camino y de rumbo. ¿Qué te quiero decir con eso? Nosotros tenemos, como en otros países de América Latina, poco vuelo en la formación técnica y científica, y demasiado vuelo al viru viru [ideas sin bases sólidas]. Por ejemplo, nosotros ahora hemos progresado en eso. Tenemos una escuela industrial que ha aumentado muchísimo la matrícula, pero logramos que de cada 10 estudiantes, dos estudien ciencia o tecnología. En un país desarrollado medianamente, de cada 10 estudiantes, cuatro o cinco estudian tecnología o ciencia. Ahí tenemos un déficit.

  

¿En qué cosas mejoraron?

De cada 100 profesionales que se reciben, 52 vienen de padres que no eran profesionales, lo que quiere decir que hay un ascenso de las clases sociales que antes no podían estudiar y que llegan a la culminación de una carrera universitaria. Pero tenemos una explosión en el campo tecnológico con institutos que están saturados, y deserción en la secundaria general. Eso no lo hemos podido arreglar, así que hay trabajo para rato. Es como si los muchachos que van al liceo te dijeran más o menos: "Pero qué me venís a enseñar de Pericles. Esto no me sirve para ganarme la vida. Dame un oficio para que pueda hacerlo". Pero nosotros hemos tenido una discusión de lo que se llama la 'formación integral'. No sabemos mucho qué queremos decir con lo de integral. Parece que queremos decir técnico, filósofo, todo a la vez, y es medio difícil eso.

De lo que ha dejado pendiente, ¿qué cree que el próximo Gobierno va a retomar, y qué cree que va a morir con su gestión?

El próximo Gobierno tiene que  trabajar mucho en infraestructura, porque la producción creció mucho, y el tema de la energía está solucionado por varios años. Pero la infraestructura no ha crecido a la par de lo que ha crecido la economía, por lo tanto, tenemos déficit en los caminos, en los puertos, en las vías férreas. Ahí tiene que haber una inversión. Porque antes teníamos los caminos bastante bien porque no pasaba nadie. Después se sacudió la economía y ahora pasan muchos y están todos rotos. Hay que hacer caminos mejores.

O apostar al ferrocarril

O al ferrocarril, claro. Ahí estamos retrasados. Y el próximo Ejecutivo que viene va a tener que trabajar en eso. Y en desarrollar. Nosotros inauguramos una nueva universidad pública, gratuita, pero dedicada al interior y a lo tecnológico, que va a operar en el interior. Creo que el Gobierno que viene la va a poder desarrollar más. Con nosotros recién está arrancando. En Uruguay tenemos una única universidad del Estado, grande, hipodérmica, parece un elefante. Ahora empezamos a abrir otra.

¿Qué es lo que le acerca y qué es lo que le aleja de Tabaré Vázquez?

Somos compañeros de la misma fuerza política. Vázquez va a ser mi presidente, y yo fui el presidente de él. Seguramente él, que es un médico oncólogo y tiene una visión de los problemas de la medicina,  inevitablemente le va a dar una importancia inevitable. Y yo soy un luchador social. Me gusta estar en el mundo pobre. Es donde está mi gente, mi epidermis y mi sentido de pertenencia.


* Primera parte de la entrevista publicada el 1 de diciembre de 2014 en el diario español Público.

martes, 28 de octubre de 2014

Tabaré Vázquez queda a un paso de la presidencia de Uruguay

Con casi el 100 % de los votos escrutados, la Corte Electoral en Uruguay ha confirmado al expresidente Tabaré Vázquez, candidato de la coalición oficialista del Frente Amplio, como el candidato más votado con el 47,9% de los votos, mientras que su contrincante del Partido Nacional, Luis Lacalle Pou, ha obtenido el 30,96%. 

El expresidente y candidato presidencial uruguayo por el Frente Amplio Tabaré Vázquez, este domingo. EFE
Tabaré Vázquez (EFE)

Por primera vez en 60 años, en Uruguay, un partido consigue por tercera vez consecutiva la mayoría parlamentaria. Las dos cámaras del Parlamento se renovaban en su totalidad para elegir a los 99 miembros de la Cámara de Representantes y a los 30 del Senado. El Frente Amplio ha salvado el consenso parlamentario manteniendo sus 50 escaños en la Cámara baja, y si gana el balotaje, se asegurará lo mismo en el Senado.

Un resultado muy similar consiguió el mandatario José "Pepe" Mujica en la primera vuelta de las elecciones de 2009, así que el Frente Amplio no ha sufrido un gran desgaste en estos últimos cinco años.

El presidente saliente, cuya popularidad desde marzo ha ido en aumento hasta llegar al 62%, era consciente del escenario "difícil" que se podía abrir para la coalición gobernante en el Parlamento, y aceptó encabezar la lista al Senado por su sector dentro del Frente Amplio, el Movimiento de Participación Popular. Este grupo continúa siendo la primera fuerza del oficialismo con seis senadores. El sector de Danilo Astori, el Frente Líber Seregni, sale debilitado con respecto a 2009 y se conforma con tres bancas.

Quien no ha tenido un mal desempeño ha sido el Partido Independiente, que con el 3,07% de los votos añade un escaño más a los dos que ya tenía en la Cámara baja, y además podría llegar a entrar en el Senado. Este partido, que se define de izquierdas, se tomará una semana para definir su apoyo a Vázquez o a Lacalle, aunque el Frente Amplio ha descartado por ahora buscar alianzas que refuercen su posición de cara a la segunda vuelta.

Otra victoria que pueden adjudicarse el Frente Amplio y el Partido Independiente es el rechazo al proyecto de reforma constitucional para bajar la imputabilidad penal de los 18 a los 16 años que se sometía a consulta popular. 

La segunda vuelta de las elecciones, obligatorias para los 2,6 millones de uruguayos habilitados para votar, se celebrará el último domingo de noviembre.


Del otro lado

 

Luis Lacalle Pou, hijo del expresidente Luis Alberto Lacalle Herrera (1990-1995), ha sucedido a su padre en su intento en 2009 de llegar al poder de mano del Partido Nacional. Los blancos, como se los denomina tradicionalmente, han dejado atrás en número de votos al Partido Colorado liderado por Pedro Bordaberry, que consiguió el 14% de los votos.

Bordaberry también es hijo de otro mandatario uruguayo, el fallecido Juan María Bordaberry, con la diferencia de que este último decidió saltarse los mecanismos democráticos que lo habían llevado al poder, y en 1973 dio un autogolpe de Estado que instauró la última dictadura que sufrió Uruguay (1973-1985). 

Su hijo Pedro fue candidato presidencial en 2009, pero se tuvo que conformar, en aquella ocasión, con el 17% de los sufragios. Con el 12,8% de los votos en estas elecciones, Bordaberry ha llevado a su partido al segundo peor descalabro de su historia. A pocos minutos de conocer su derrota, Bordaberry anunció este domingo que trabajaría "cada hora de los próximos 34 días" para que gane el balotaje Lacalle Pou, que con 41 años pretende ser considerado "aire fresco" contraponiendo su juventud a la longevidad que achaca a Tabaré Vázquez, de 74 años, y al presidente uruguayo, de 79.

"Por la positiva" fue el eslogan de la campaña electoral de Lacalle, decidido a no responder a provocaciones, pero sí a realizarlas. Famosa fue su cabriola gimnástica que realizó al colgarse de costado a un poste de la calle, con un llamado a su contrincante: "Díganle a Tabaré que lo espero en esa bandera", o cuando aseguró que de llegar al Gobierno, convocaría un "consejo de ancianos" formado por expresidentes.

Pese a su juventud, Lacalle arrastra su pertenencia a la vieja partidocracia representada por el Partido Nacional, que junto al Partido Colorado, sostuvieron su hegemonía en el poder durante casi dos siglos hasta la victoria del Frente Amplio en 2004. Tampoco puede despegarse demasiado de la imagen de su padre, derrotado por Mujica en las elecciones presidenciales en 2009, que dos décadas atrás desplegó desde el Ejecutivo un programa avasallador de reformas neoliberales.

Lacalle, que se reconoce como liberal y conservador, no ha dicho inspirarse en la trayectoria política de su padre, pero critica la inversión "asistencialista" del Gobierno aunque hoy Uruguay sea el segundo país con menos pobreza de América Latina y el primero con menos indigencia. También asegura que de llegar a presidente, derogará parte de la ley aprobada por el Gobierno de Mujica que ha legalizado la marihuana en Uruguay.


Uruguay quiere abrirse hueco

 

El Frente Amplio, desilusionado con el Mercosur por la dificultad que tienen países pequeños como el suyo en conseguir acuerdos de integración que lo beneficien en su política comercial, comenzó con Tabaré Vázquez en 2006 a coquetear con un posible Tratado de Libre Comercio con EEUU. Aquel intento fue fraguado por el malestar interno del partido y por la oposición popular, pero Mujica, que no quiere renunciar al Mercosur, reconoce que tampoco pueden permanecer en él "vegetativamente", y ya comenzó a otear otros mercados como los de China, Europa y EEUU.

La victoria de la presidenta Dilma Rousseff en la segunda vuelta de las elecciones brasileñas, no obstante, ha sido una de las grandes noticias de alegría que ha recibido el Gobierno este domingo.  Brasil es uno de los socios políticos y comerciales más importantes para Uruguay,  que últimamente no consigue una relación tan fluida con Argentina.

Con la más alta tasa de empleo que haya registrado la historia del país, Uruguay comienza a despedirse de José Pepe Mujica, que dejará el Gobierno el 1 de marzo de 2015 para que su sucesor gobierne por los siguientes cinco años. 

* Artículo aparecido el 27 de octubre de 2014 en el diario español Público.

Uruguay, sin izquierdas firmes en el horizonte

"Uruguay se juega la vida". Semejante sentencia proviene del presidente uruguayo José "Pepe" Mujica en alusión a las elecciones que se celebran este domingo no en su país, sino en Brasil. El gigante sudamericano fue en 2013 el segundo destino de las exportaciones uruguayas por detrás de China, y es también su segundo mayor proveedor de bienes. Uruguay, en todo caso, no depende sólo de Brasil para determinar la continuidad del proyecto que comenzara hace diez años la coalición oficialista del Frente Amplio.

En coincidencia con la segunda vuelta entre la presidenta brasileña Dilma Rousseff y su contrincante Aécio Neves, más de 2,6 millones de votantes votarán en la República Oriental del Uruguay no sólo para elegir un nuevo presidente entre los siete postulantes presidenciales, sino también para renovar todos los escaños de las dos cámaras del Parlamento. Ninguna encuesta nacional confía en que la coalición gobernante de izquierdas pueda mantener la mayoría parlamentaria que sostenía desde 2004.

Los escrutinios también dan por segura una segunda vuelta electoral el 30 de noviembre. El expresidente Tabaré Vázquez (2004-2009) y candidato oficial por el Frente Amplio no alcanzaría el 50% de los sufragios emitidos, pero se sitúa primero en intención de voto con una diferencia de entre 11 y 15 puntos sobre el representante del Partido Nacional Luis Lacalle Pou, hijo del ex mandatario Luis Alberto Lacalle Herrera (1990-1995).

Tercero en adhesión de sufragios, muy por detrás de Lacalle, quedaría Pedro Bordaberry, candidato presidencial por el Partido Colorado, como lo fue en 2009, e hijo del dictador Juan María Bordaberry (1973-1976), quien lideró el golpe de Estado con el que irrumpió la última dictadura que conoció Uruguay. Su hijo confía hoy en convertirse en el Aécio Neves uruguayo, que sorprendió al desplazar del segundo lugar a Marina Silva en las elecciones brasileñas del 5 de octubre.

En Uruguay no está permitida la reelección consecutiva del presidente. En este contexto, nadie olvida que el oncólogo Tabaré Vázquez, de 74 años, consiguió en 2004 romper con el bipartidismo del Partido Nacional y el Partido Colorado que venían alternándose en el poder durante casi dos siglos. El Frente Amplio, creado tres décadas atrás, llegaba al poder por primera vez en su historia, en la primera vuelta de las elecciones y con mayoría en el Parlamento.

Es difícil ignorar que en esta primera década de Gobiernos de izquierda, encabezados primero por Tabaré y luego por su sucesor Mujica, el país ha conseguido mejorar los principales indicadores de justicia e inclusión social. Uruguay, sin lugar a dudas, es la nación con mejor redistribución del ingreso de toda América Latina, y el que menos población tiene malviviendo en la indigencia (un 1,1 %).
Junto con Venezuela, Uruguay ostenta el índice Gini (que mide la desigualdad) más bajo de toda la región. Sin un crecimiento económico descollante, el país consiguió reducir la pobreza del 39% al 11% en estos diez años, y el desempleo pasó del 22% en 2005 al 6,5% en 2013.

Las divergencias del Frente

 

Pero Vázquez y Mujica se distinguen en varios aspectos que inciden en el tipo de políticas que impulsó cada uno durante su Gobierno. Fue Mujica quien impulsó la despenalización del aborto, el matrimonio homosexual, y la legalización del cannabis, en lo que fue un hito histórico que por ahora no ha repetido ningún otro país del mundo.

Mucho más descontracturado que su antecesor, Mujica ha mostrado su apoyo a Vázquez durante toda la campaña, pero las desavenencias latentes entre ambos los han dejado en evidencia a pocas horas de las elecciones.

Durante una entrevista, Vázquez dio a entender que habían existido dos equipos económicos enfrentados en el Gobierno de Mujica y que en su eventual Gobierno "nadie iba a dudar" de que la política en ese rubro estaría a cargo del actual vicepresidente, Danilo Astori, al que Vázquez apoyaba hace un lustro para sucederlo como presidente. Mujica no se hizo el sordo. Desmintió que hubiera confrontación entre sus responsables económicos, y atribuyó estas opiniones a que Vázquez "no estaba informado".

La comercialización de la marihuana, por otro lado, es un sapo difícil de digerir para el expresidente. Reconoció que consideraba "increíble" su venta en farmacias, y aseguró que seguiría de cerca la aplicación de la ley en caso de que hubiera que hacer posibles correcciones. "Problema de él, que lo discuta con el Parlamento", atajó Mujica, y redondeó: la ley "es hechura del Parlamento, así que tienen que discutirlo, usted [en referencia a un periodista], Vázquez y la mar en coche".

Todo esto sería "chismografía barata", en palabras del presidente saliente, pero la anécdota refleja las contradicciones internas de una coalición de izquierdas tan heterogéneas como las que confluyen en el Frente Amplio.

En las elecciones de 2009, era nítida la diferencia que representaba un guerrillero tupamaro de carácter sincero y carismático y el expresidente Lacalle, un claro representante de la oligarquía que gobernó en los 90 con un programa de corte neoliberal. Mujica, no obstante, tuvo que encajar a Danilo Astori como vicepresidente muy a su pesar para mantener cohesionado el Frente Amplio.
En 2014, en cambio, la coalición de izquierdas ha optado por moverse más al centro. Por algo Vázquez se impuso en las elecciones internas del partido frente a la senadora Constancia Moreira, más audaz en sus propuestas de izquierda y por ello apoyada por el escritor Eduardo Galeano y el cantautor Daniel Vigletti.

Cuando Tabaré Vázquez accedió a la presidencia en su primer Gobierno acompañado por su ministro de Economía, Danilo Astori, ninguno de los dos tuvo reparo en confesar que Uruguay debía emular el modelo económico chileno, que confiaba en un planteamiento macroeconómico más ortodoxo. El país, en cualquier caso, sorteó de soslayo la crisis económica global, y Vázquez dejó la presidencia orgulloso de tener la aprobación del 61% de la población.

La Concertación chilena que lideraba por entonces Michelle Bachelet mutó para las elecciones presidenciales de 2013 en la coalición Nueva Mayoría, que esta vez incluía al Partido Comunista. Un Ejecutivo similar podría construir Tabaré Vázquez, quien de nuevo tomará el Frente Amplio bajo su control pero con la diferencia de que la izquierda más enérgica dentro de la coalición uruguaya todavía debe pujar por tener peso propio dentro del eventual Gobierno.


El legado de Mujica

 

El Ejecutivo saliente, y lo reconoce Mujica, hubiera querido contar con un mayor margen de maniobra para profundizar ciertas políticas. Hasta dos impuestos, uno a los grandes terratenientes y otro a los bienes rurales, trataron de revertir la concentración de la tierra que provoca el modelo agroexportador, pero la Justicia uruguaya determinó este año que el primer gravamen era inconstitucional.

Muy criticada ha sido también la implantación que han tenido en el país multinacionales forestales, sojeras y mineras, pero es casi unánime el consenso sobre la inversión que Mujica ha destinado desde el Estado a los sectores más postergados del país, y sobre el avance en la política energética que diseñó Tabaré Vázquez en 2008 para los siguientes 25 años, lo que permitirá que en un año Uruguay se convierta en el primer país del mundo en conseguir que las energías renovables representen más del 50% de la matriz energética del país.


Inseguridad, siempre presente

 

El debate sobre la inseguridad, eterno eje de disputa en todos los procesos electorales de América Latina, ha condensado gran parte de los discursos de campaña. Pese a que Uruguay tiene una de las tasas delictivas más bajas de América Latina, su percepción de la inseguridad es la segunda más alta de la región, por detrás de Venezuela.

Por eso este domingo también se celebra una consulta popular para decidir si bajan la edad de imputabilidad de los 18 a los 16 años. La oficina de Naciones Unidas en Montevideo ya ha advertido que de aprobarse este proyecto de reforma constitucional, Uruguay estaría violando la Convención de los Derechos del Niño que ratificó en 1990. No obstante, no es seguro que esta propuesta del Partido Colorado, que consiguió reunir 100.000 firmas para la realización del plebiscito, vaya a ser aprobada por la mayoría de los uruguayos.

* Artículo publicado el 26 de octubre de 2014 para el diario español Público.

viernes, 1 de julio de 2011

Mujica reactivará 88 juicios contra la dictadura uruguaya

El Gobierno de Uruguay revocó ayer con un decreto todos los actos administrativos de gestiones anteriores que paralizaron unos 88 juicios de la última dictadura (1973-1985). Esta decisión, tomada por "razones de legitimidad", fue anunciada esta semana en coincidencia con el aniversario de los 38 años del golpe de Estado.

Así quedan sin efecto todas las resoluciones de gobiernos anteriores que, para bloquear posibles juicios, incluyeron las denuncias de delitos cometidos durante la dictadura en la Ley de Caducidad, una normativa vigente desde 1986 que hasta ahora concede impunidad a los militares de los crímenes de lesa humanidad.

Medios castrenses ya han anunciado que pretenden revocar el decreto. "Intentaremos por todos los medios jurídicos, con todo lo que esté a nuestro alcance, rebatir lo que digan, incluso solicitar la inconstitucionalidad", dijo Emilio Micolick, abogado de uno de los procesados.

Pero la fiscal Mirtha Guianza considera improbable que pueda prosperar una iniciativa de este tipo. "No me parece que se pueda pedir la inconstitucionalidad", explicó. "A lo sumo podrán recurrir ante el Tribunal de lo Contencioso Administrativo, dado que el decreto no es un acto judicial ni una ley que pueda ser catalogada de inconstitucional".

Los presidentes que consiguieron frenar procesos judiciales contra represores de la dictadura fueron Julio María Sanguinetti (1985-1990 y 1995-2000), Luis Alberto Lacalle (1990-1995) y Jorge Batlle (2000-2005). Todos ellos pertenecen a los dos partidos tradicionales (el Colorado y el Nacional) que estuvieron en el poder desde la creación del Estado uruguayo hasta 2005, cuando por primera vez llegó la coalición Frente Amplio al Ejecutivo de la mano de Tabaré Vázquez.

El precedente de Vázquez

La Ley de Caducidad, promulgada durante el primer Gobierno de Sanguinetti, fue sometida a referéndum en 1989 y en 2009, y en ambas ocasiones fue ratificada por la ciudadanía. El mes pasado la normativa volvió a estar en el centro de la polémica, cuando los legisladores del gobernante Frente Amplio trataron de dejar sin efecto la ley por vía parlamentaria. El proyecto fracasó en la Cámara de Diputados, a falta del voto de un legislador oficialista que no quiso respaldar a su coalición.

La Ley de Caducidad, sin embargo, reconoce al Ejecutivo la potestad de excluir determinados casos dentro la misma norma. Los únicos que han hecho uso de esta facultad han sido el presidente, José Mujica, y Vázquez, quienes hasta ahora han reactivado a base de resoluciones 16 casos para que puedan ser investigados por la Justicia.

Por primera vez, en mayor, el presidente también revirtió un acto administrativo amparado por el Gobierno deSanguinetti, paso previo para que la Justicia pudiese indagar sobre el asesinato del comunista Álvaro Balbi, que murió bajo tortura en 1975.


* Artículo aparecido el 01-07-2011 en el diario español Público.


sábado, 14 de mayo de 2011

El Supremo permite que los crímenes de la dictadura militar prescriban en Uruguay

En medio del debate sobre la derogación de la Ley de Caducidad, que en Uruguay garantiza la impunidad a los militares que participaron en la dictadura (1973-1985), la Corte Suprema de Justicia ha resuelto que los crímenes cometidos por el régimen de represión ya no son delitos de lesa humanidad, sino homicidios, y por tanto, permite que prescriban con el paso del tiempo.


Según el Código Penal, el delito de homicidio tiene una vigencia de 20 años a no ser que se tipifique como agravado, en cuyo caso el plazo de prescripción llega a los 26 años y ocho meses. Si se cuenta desde 1985, ese periodo de tiempo concluye el próximo 1 de noviembre, cuando todos los crímenes de Estado prescribirán automáticamente.


Una fiscal interpondrá ahora un recurso de aclaración y ampliación sobre el dictamen de la Corte, que no hace sino añadir más fuego a la discusión creada dentro de la coalición gobernante del Frente Amplio sobre la conveniencia de invalidar la Ley de Caducidad.


El conflicto dentro de la agrupación de izquierdas se debe a los dos referéndums de 1989 y de 2009 con los que la ciudadanía se negó a rescindir la ley de Caducidad. El Frente Amplio impulsó no obstante un proyecto para anular la ley de amnistía que fue aprobado por el Senado y que ahora esperaba tranquilo a las puertas del Congreso para recibir su sanción definitiva el próximo jueves 19. Fue entonces cuando el mismo presidente de Uruguay se pronunció a favor de respetar la voluntad popular.


“No es bueno que se le diga [a la gente] que se la consultó por equivocación porque en realidad no tenía derecho a decidir nada”, expresó el ex guerrillero tupamaro. “No es bueno que se le diga que no entiende cuando vota”. Alarmados por semejante disyuntiva interna, hoy se reúne el plenario de la coalición para discutir si abandonan la iniciativa o siguen adelante sin su presidente, quien no exigirá disciplina partidaria ni impondrá su veto a lo que apruebe el Congreso, aunque ya haya culpado al canciller Luis Almagro por actuar con iniciativa propia sin que “nadie” le preguntara “qué opinaba”.


El mandatario ha sugerido una alternativa: un decreto que inhabilite los recursos de Gobiernos anteriores que han impedido juzgar los crímenes de la dictadura. Además Mujica anuló, hace dos días, una resolución del ex presidente Julio María Sanguinetti (1985-1990 y 1995-2000) para reabrir un caso sobre el asesinato de un militante comunista.


Desde que en 2005 el Frente Amplio accediera al poder de la mano de Tabaré Vázquez, tanto éste como el actual presidente han utilizado una excepción de la Ley de Caducidad que permite al Ejecutivo excluir algunos casos. Es así que han podido juzgarse a los ex dictadores Gregorio Álvarez y Juan María Bordaberry.


* Artículo aparecido el 14 de mayo de 2011 en el diario español Público.

jueves, 18 de febrero de 2010

Dos mujeres presiden por primera vez el Parlamento en Uruguay*

Dos mujeres presiden por primera vez las cámaras legislativas de Uruguay en una semana en la que se celebra el 25º aniversario de la restauración democrática en el país. Lucía Topolansky, esposa del presidente electo José Mujica y también ex integrante del movimiento tupamaro, se sitúa al frente de la Cámara de Senadores, mientras que la abogada y sindicalista Ivonne Passada será la máxima responsable de la Cámara de Representantes (Congreso). Ambas pertenecen a la coalición de izquierdas gobernante Frente Amplio.

Topolansky, de 64 años, asume el cargo porque encabezó la lista más votada en las elecciones del pasado 25 de octubre, pero sólo hasta el 1 de marzo, cuando Danilo Astori asuma como vicepresidente de la República, cargo al que constitucionalmente también le corresponde la titularidad del Senado.

Comienza así un nuevo ciclo en el Parlamento uruguayo de cinco años de duración (2010-2015) en el que el oficialismo vuelve a tener mayoría absoluta. Cuenta con 50 escaños de un total de 99 en la Cámara baja, y con 17 escaños de 31 en la de Senadores.

Durante la legislatura pasada, bajo la gestión del actual presidente Tabaré Vázquez, el Frente Amplio obtuvo dos diputados más pero el mismo número de senadores que ahora.

En cualquier caso, la coalición mantiene su superioridad sobre los dos partidos tradicionales que hasta el siglo pasado se turnaban en el poder: el Partido Nacional (o Blanco), que se conforma con 30 diputados y 9 senadores, y el Partido Colorado, al que le corresponden 17 bancas en la Cámara de Representantes y 5 en el Senado. Aparte, el Partido Independiente ha conseguido dos diputados.

En cambio, la presidencia en la Cámara de Representantes es electiva y rota cada año. Passada, recibió el voto unánime de todos los bloques legislativos, y dedicó su asunción y la de Topolansky a las mujeres trabajadoras del campo, a las madres solteras, a las uruguayas de origen africano y a “las que aún buscan a sus hijos desaparecidos”.

A pesar de situar dos mujeres al frente del parlamento, Uruguay es uno de los países de América Latina con menor presencia femenina en las Cámaras: sólo 18 de los 130 parlamentarios investidos son mujeres. Desde que finalizó la última dictadura uruguaya (1973-1985), sólo 29 mujeres han llegado al Parlamento uruguayo. Conscientes de ello, las Cámaras votaron en la pasada legislatura una ley que establecerá cuotas de género a partir de las elecciones de 2014.

El país festeja estos días 25 años desde la llegada de la democracia, el 15 de febrero de 1985, cuando se reinstaló el Parlamento, y que terminó de completarse con la asunción el 1 de marzo de Julio María Sanguinetti como presidente de la República tras de casi doce años de dictadura.


* Artículo aparecido en Público el 17-02-2010

martes, 1 de diciembre de 2009

Uruguay festeja la victoria de Mujica en las elecciones*


De la calma más absoluta, Montevideo pasó a ser una fiesta estrepitosa. Aunque todavía no había resultados oficiales, a las seis y media de la tarde las bocinas de los coches comenzaron a sonar con cierta timidez augurando el triunfo del candidato del Frente Amplio, José Mujica.

Pasó una hora, y el estruendo se volvió ensordecedor. Una marea humana comenzó a confluir en la rambla que bordea la la costa del Río de la Plata y desde allí el alborozo contenido se desahogó en un canto que no tenía fin: "¡Vamo', Pepe, vamo', gente, con el Uruguay!".

Personaje carismático y apreciado por gran parte de la sociedad uruguaya, el ex guerrillero tupamaro apareció a las nueve de la noche ante sus seguidores para confirmar ellos esperaban oir. Mujica se proclamó como el nuevo presidente de Uruguay, y en aquel momento un estallido de júbilo habló por la pasión que allí palpitaba.

Aquel mosaico de emociones hizo tambalear, al menos por un día, esa imagen que el imaginario colectivo tiene sobre el carácter risueño y tranquilo del uruguayo, y que el escritor Mario Benedetti se encargó de transmitir con sus relatos.
Llamamiento a la unidad

Antes de que una tormenta se desplomara sobre el gentío allí congregado, Mujica se acordó de su adversario, el candidato por el Partido Nacional Luis Alberto Lacalle, y mostró su deseo de una clase política unida. "Ni vencidos ni vencedores", dijo Mujica. "Apenas elegimos un gobierno que no es dueño de la verdad, que nos precisa a todos".

A los pocos minutos cayó la tempestad. Los uruguayos se dispersaron, pero no para volver a sus casas. Ocuparon la avenida más grande de Montevideo, la 18 de Julio, y por allí la marcha fue triunfal: tambores, cantos y banderas fueron el apoteosis de lo que muchos consideran una gesta histórica: la coalición Frente Amplio comenzará en marzo de 2010 un segundo período consecutivo en el poder que romperá una vez más con la hegemonía que instauraron tanto el Partido Colorado como el Partido Nacional en la escena política uruguaya desde el siglo XIX.

Camino hacia la presidencia

Entre todos las organizaciones de izquierda que integran el Frente Amplio, fundado en 1971, se encuentra el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, de donde proviene Mujica. Encarcelado durante la última dictadura (1973-1985), y tras la amnistía que se decretó ya en democracia para todos los delitos políticos cometidos desde 1962, el ex guerrillero creó el Movimiento de Participación Popular (MPP), que se integró más tarde a la coalición frenteamplista.

Durante el Gobierno de Tabaré Vázquez, Mujica fue nombrado ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca. El ministerio de Economía y Finanzas era en cambio confiado a Danilo Astori, en su día enfrentado a Mujica durante las elecciones internas del Frente Amplio, pero que hoy acompaña de buena gana a Mujica en su fórmula presidencial. Él será el vicepresidente.

Promesas

Con el 96,27% de las papeletas escrutadas, Mujica ha conseguido el 53% de los votos, mientras que su rival Luis Alberto Lacalle obtuvo el 42,92%. En un país donde el sufragio es obligatorio, la abstención se sitúa en poco más del 10%.

El presidente electo tiene ahora en sus manos el futuro de un minúsculo territorio de poco más de tres millones de habitantes que sin embargo debe afrontar grandes desafíos por delante: reducir la desigualdad en un país donde el 20% todavía vive en la pobreza, controlar una deuda que se ha incrementado en un 30% durante el Gobierno actual de Tabaré Vázquez, impulsar una integración regional que no lo discrimine por sus dimensiones, y abrirse hueco entre los dos gigantes, Brasil y Argentina, quienes eclipsan gran parte de la atención a este lado del Atlántico.

Mujica ha reiterado su deseo de crear un "pacto nacional" con todas las fuerzas políticas en las áreas de educación, energía, medio ambiente y sanidad, pero reservará a gente de su confianza los ministerios de Interior, Relaciones Exteriores y Defensa. Sus principales objetivos durante su Gobierno, según ha anunciado, serán los de profundizar las políticas sociales y mantener la política macroeconómica implementada por el Ejecutivo de Tabaré Vázquez.

* Artículo para el diario español Público.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Mujica el pragmático*

No sin razón ha sido retratado en al menos una docena de libros. Con su pasado de guerrillero tupamaro, el senador José Mujica se enorgullece de haber deshecho con su figura y su oratoria el muro de incomprensión que por lo general separa a la clase política de la ciudadanía en Uruguay.

Gracias a un lenguaje directo y campechano salpicado de giros coloquiales, el candidato a la presidencia ha privilegiado el contacto con la gente antes que ceder a la prédica presuntuosa o al discurso frívolo. Mujica es el favorito para ganar este domingo la segunda vuelta de las elecciones presidenciales.

Pero todo tiene un reverso. La peculiaridad de su carácter ha estado de forma continua en boca de la oposición, que ha sabido sacar provecho de algunas de sus declaraciones. En el libro Pepe Coloquios, del periodista uruguayo Alfredo García, José Mujica se refirió a Argentina como un país que tenía "reacciones de histérico", donde la "institucionalidad no vale un carajo" y cuyo Gobierno, el de los Kirchner, era "de izquierda" pero "de patota".

Siglas y armas

La controversia estaba servida. El autor del libro denunció que las frases del ex guerrillero se habían sacado de contexto. Pero la polémica fue sólo el colofón de una contienda que se había vuelto especialmente agresiva.

Poco tiempo antes, el partido en el Gobierno, el Frente Amplio (FA), por el que es candidato Mujica, había denunciado al Partido Nacional por incurrir en una campaña sucia para vincular a la coalición gubernamental, y en especial a Mujica, con un arsenal de 700 armas que había sido hallado en Montevideo.

Críticas de la izquierda

Las críticas más argumentadas contra Mujica, sin embargo, provienen de la propia izquierda, la cual recela de una apuesta política que no cuestiona los monocultivos de soja y caña, que es condescendiente con el funcionamiento de la papelera finlandesa Botnia a orillas del Río Uruguay, y que no parece que vaya a acometer ningún plan para luchar contra la deforestación.

Aún menos popular ha sido la decisión de Mujica de querer incluir en su Gobierno al ex ministro de economía Danilo Astori, que abrió el país a los grandes capitales, puso en marcha una reforma tributaria más indulgente con los ricos que con la clase media y toleró un aumento considerable de la deuda. Según datos del Banco Central de Uruguay, actualmente la deuda pública supera los 19.000 millones de dólares, lo que supone un 55% del PIB.

El Gobierno frenteamplista del presidente saliente Tabaré Vázquez, por otra parte, dejará de legado a su sucesor dos acuerdos de libre comercio con Finlandia e Israel y uno de inversión con EEUU. Para una parte de la izquierda uruguaya, es por eso un mal síntoma el que Mujica quiera continuar con la trayectoria del actual Ejecutivo.

"Una pequeña provincia"

¿Qué pierde la izquierda si tiene que consensuar con la derecha? "Yo no me planteo ese drama. Mi preocupación de subdesarrollado es mucho más primitiva", contestaba el líder frenteamplista hace unas semanas. "Si podemos liquidar la indigencia y reducir la pobreza a la mitad como marca el Congreso, yo no sé si habremos hecho izquierda, derecha o centro, pero saldremos contentos".

"Uruguay es una pequeña provincia para compararla con las que tiene Argentina", comentaba el senador. "En un mundo donde se necesitan inversiones para generar puestos de trabajo, nuestro tamaño no atrae a nadie. Por eso tenemos que tener claridad y cumplir ciertas reglas que digan en el mundo: este es un país muy serio".
Por eso, para el ex tupamaro ceder a ciertas presiones ya no es una cuestión de principios, sino de necesidad. "No nos podemos dar el lujo de andar cambiando las reglas", añadíó Mujica.

* Artículo escrito para el diario español Público

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