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lunes, 23 de noviembre de 2015

El opositor Mauricio Macri será el próximo presidente de Argentina

Tras doce años de Gobiernos kirchneristas, cuatro con el fallecido expresidente Néstor Kirchner (2003-2007) y ocho con la actual mandataria Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015), la mayoría de los argentinos ha decidido que quiere un cambio de la mano del conservador Mauricio Macri, actual jefe de Gobierno (alcalde) de la ciudad de Buenos Aires.

En la inédita segunda vuelta de estos comicios, el referente de la coalición Cambiemos se ha consagrado como presidente electo con el 51,4% de los votos, unos 700.000 votos más que los que obtuvo su contrincante, que perdió con el 48,6% de los sufragios.

Daniel Scioli, gobernador de la provincia de Buenos Aires, reconoció su derrota desde un hotel céntrico de la capital argentina, cercano a la histórica Plaza de Mayo, y señaló que había llamado a su rival para felicitarlo. “Se optó por un cambio, Dios quiera ilumine a Macri para que ese cambio sea superador para el bien de nuestro país y pueblo", indicó.

En la primera vuelta de las elecciones del pasado 25 de octubre, Scioli había sido el candidato más votado por apenas tres puntos de diferencia con respecto a Macri, una ventaja mínima que sorprendió al país y que invirtió los pronósticos para esta segunda contienda.

El candidato oficialista se queda ahora sin nada. Su mandato en la provincia bonaerense termina el 10 de diciembre, cuando lo reemplace en el cargo la gobernadora electa María Eugenia Vidal, de Cambiemos. Tendrá que esperar dos años para postularse a algún nuevo cargo en las elecciones legislativas de 2017, si el oficialismo todavía lo quiere en sus filas.
Scioli, durante su derrota (A.D.P)

Cambio de Gobierno

Exultante, Macri celebró su victoria entre música y bailes, con la emoción de ser el próximo mandatario de Argentina por los próximos cuatro años. “Le pido a Dios que me ilumine para ayudar a los argentinos", exclamó con una frase igual a la de su contrincante.

Claves en su triunfo han sido las principales provincias del país, exceptuando la de Buenos Aires. El dirigente de Cambiemos ganó en Mendoza, en Santa Fe y sobre todo en Córdoba, donde gobierna el peronismo disidente (no alineado con el kirchnerismo, que es también peronista). Su gobernador José Manuel de la Sota no apoyó explícitamente a ninguno de los aspirantes a la presidencia, aunque sus guiños a Macri no fueron menos que las críticas al kirchnerismo a lo largo de esta etapa.

Macri ha tenido un año espectacular. Su coalición retiene la ciudad de Buenos Aires, que él gobernó durante los últimos ocho años, y además gestionará la provincia homónima, el distrito más grande e influyente del país. Será la primera vez que una misma fuerza política obtiene en las urnas el Gobierno de la nación, el de la capital, y el de la provincia de Buenos Aires.

No tendrá, eso sí, ni mayoría en la Cámara de Diputados ni en el Senado, donde la primera fuerza minoritaria sigue siendo el FpV. En la Cámara Alta el oficialismo tiene mayoría absoluta, por lo que Macri necesita generar consenso para llevar adelante sus propuestas.

En el resto del territorio también tendrá que acordar posiciones. Doce de los 24 distritos del país seguirán en manos de la coalición que todavía gobierna. Hay otras cuatro provincias que gestionarán peronistas disidentes, tres serán radicales, dos más pertenecerán al PRO, y las últimas tres serán gobernadas por otros partidos políticos.

El nuevo presidente

Ingeniero de profesión, Macri heredó un lugar en el mundo de los negocios con la ayuda de su padre, un magnate italiano con el que tuvo una relación conflictiva y que poseía uno de los grupos económicos más poderosos del país.

En 1991 fue secuestrado durante dos semanas por un grupo de excomisarios, un trauma que cambió su vida, según cuenta. Cuatro años más tarde ya era presidente del equipo de fútbol Boca Juniors, que tuvo por entonces la trayectoria más exitosa de su historia con la obtención de 17 títulos, 11 internacionales. En 2003, Macri creó su propio partido, el origen de Propuesta Republicana (PRO) con el que ganó las elecciones para gobernar la ciudad de Buenos Aires en 2007.

Apoyado por los radicales, que representan el segundo movimiento político más grande del país por detrás del peronismo, Macri tiene un logro aún mayor: es el primer presidente que llega a la Casa Rosada, el palacio de Gobierno, aunque está procesado desde 2010 en una causa judicial que lo investiga como presunto partícipe de una asociación ilícita dedicada al espionaje ilegal.

Con 56 años, Macri se convertirá el 10 de diciembre en el próximo jefe de Estado de más de 40 millones de argentinos. El mandatario electo sueña con ese día, cuando Cristina Fernández le coloque la banda presidencial que simbólicamente cierra con el mandato kirchnerista y da comienzo a un viraje político que lo tendrá de protagonista.


* Artículo aparecido el 23 de noviembre de 2015 en el diario español Público

domingo, 22 de noviembre de 2015

Argentina elige presidente con el oficialismo tocado ante una posible derrota


Una hombre camina frente a una valla de propaganda electoral en Buenos Aire. / EFE
(EFE)
BUENOS AIRES.- La segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Argentina que se celebran este domingo para elegir al sucesor de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner ha creado un escenario completamente distinto del que se pudo apreciar en las vísperas de la primera vuelta de los comicios, celebrados el pasado 25 de octubre.

Por entonces parecía que el claro vencedor de aquel día iba a ser el aspirante del oficialismo a la presidencia, Daniel Scioli, y que se trataba de dilucidar si conseguiría los votos suficientes para consagrarse como vencedor, o tendría que esperar a la segunda vuelta para derrotar a su rival, el candidato opositor Mauricio Macri, del frente de centroderecha Cambiemos.


Aquella jornada desveló una situación imprevista. El más votado fue Scioli, pero no llegó a obtener ni tres puntos de diferencia con Macri. Ninguna encuesta había pronosticado un resultado tan ajustado.

Por si fuera poco, Cambiemos arrebató al oficialismo la gobernación de la provincia de Buenos Aires, el distrito más importante del país con el 37% del padrón electoral. La candidata de Macri en esa provincia, María Eugenia Vidal, le ganó a un desprevenido Aníbal Fernández, jefe de gabinete de ministros del actual Gobierno.

Sorprendido como todos, aquel día Macri celebró la situación de ventaja que lo consagraba, simbólicamente, como el verdadero ganador de aquellas elecciones. Desde entonces, esa sensación de triunfo no ha hecho más que aumentar. Todas las encuestas lo dan por ganador, casi todas lo sitúan por encima de los 50 puntos. Sólo una, hace una semana, rescataba a Scioli como el posible vencedor, y por un margen de tres puntos. Los indecisos, eso sí, oscilan entre el 4 y el 11% según qué sondeo.

Frentes abiertos

Hay otro factor que desgasta a Scioli, y es el que libra hacia afuera y hacia dentro de su coalición Frente para la Victoria (FpV). Es de público conocimiento la poca química que hay entre la presidenta y el candidato. La organización kirchnerista La Cámpora, que preside el hijo de la mandataria, Máximo Kirchner, no acudió a los actos proselitistas de Scioli para apoyarlo. Incluso las intervenciones de gente cercana a la mandataria, como Aníbal Fernández o la presidenta de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, le hacen más daño que el silencio.

Faltan menos de 20 días para que Cristina Fernández traspase simbólicamente el poder a su sucesor. Macri acaricia esa imagen, y no tuvo problemas en hacerlo público hace unos días. “Los fotógrafos se van a pelear por la imagen de Cristina dándome la banda presidencial", alardeó, dichoso de sí.

El conservador, que ha gobernado la capital argentina por ocho años y creó su partido PRO hace trece, consiguió para estas elecciones hacer una alianza bajo el nombre de Cambiemos que integrase entre otros partidos al del radicalismo, el segundo movimiento con el mayor despliegue territorial en el país por detrás del peronismo.

La Unión Cívica Radical (UCR) que representa al radicalismo no ha conseguido impulsar entre los suyos a un referente que tenga encanto propio para poder llegar a la Casa Rosada, el palacio de Gobierno. Dos presidentes radicales pudieron llegar al poder tras el retorno de la democracia, Raúl Alfonsín (1983-1989) y Fernando de la Rúa (1999-2001). Ninguno terminó su mandato.

Uno de los actuales dirigentes del radicalismo, Ernesto Sanz, se disputó con Macri la precandidatura a la presidencia bajo el frente Cambiemos en las elecciones primarias del 9 de agosto. Ganó el jefe de Gobierno porteño por mucho, así que ahora él lidera un frente mucho más influyente que antes, con la ciudad de Buenos Aires bajo su órbita y con la provincia homónima a punto de ser suya.

Final de campaña

En estos días, Scioli ha buscado comunicarle a los votantes el peligro que representaría Macri para el país como representación del pasado nefasto que sufrió Argentina en torno a la crisis de 2001. Sus intentos por capturar los votos del peronista disidente Sergio Massa, que quedó tercero en las elecciones presidenciales, se alternaban con su esfuerzo por mostrarse independiente. “Soy más Scioli que nunca”, aseguró a finales de octubre. “Que quede claro de una vez por todas: si gano yo, mando yo”, insistió por si acaso hace una semana.


Macri ha conseguido esquivar las acusaciones con sonrisa de vencedor y promesas de cambio. De sus propuestas políticas, poco ha dado a conocer. Las medidas económicas que tomaría ni las menciona, se cuida de adelantar quién sería su ministro de Economía, y procura que sus economistas cercanos no hablen de más.

El pasado domingo, ambos se enfrentaron en un debate histórico con récord de audiencia. Ninguno se salió del eje que predominaba en sus respectivos discursos. Lo mismo sucedió este jueves en los actos de cierre de sus campañas electorales.

El opositor acudió a la provincia de Jujuy, al norte del país, para tener un cierre digno de película, con el escenario idílico que ofrecía la Quebrada de Humahuaca de fondo, Patrimonio de la Humanidad. Scioli se sumergió en el corazón de la provincia de Buenos Aires, un bastión peronista como lo es La Matanza, el partido más extenso y poblado del conurbano. La palabra kirchnerismo fue sustituida por la de peronismo.

Con esta situación, más de 32 millones de argentinos han sido llamados a votar este domingo.

* Artículo aparecido el 22 de noviembre en el diario español Público 

lunes, 16 de noviembre de 2015

Mucha retórica y pocas respuestas en el cara a cara entre los candidatos presidenciales de Argentina

A siete días de la segunda vuelta de las elecciones del próximo 22 de noviembre, el postulante del oficialismo Daniel Scioli y el opositor Mauricio Macri intercambiaron duros reproches y acusaciones en un debate que consiguió una audiencia récord

 

BUENOS AIRES.- Por primera vez dos aspirantes a la presidencia de Argentina se enfrentaron uno frente al otro ante la expectativa del llamado balotaje (segunda vuelta de los comicios). El debate, que se realizó este domingo en la facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires y se retransmitió por todos los canales y emisoras del país, fue un acontecimiento histórico que marcó un récord de audiencia y se convirtió en el programa más visto en el año.

El encuentro se dividió en cuatro bloques: desarrollo económico y humano, educación e infancia, seguridad y derechos humanos, y fortalecimiento democrático. Cada candidato comenzaba con una exposición de dos minutos, a lo que seguían cuatro réplicas y contestaciones de un minuto para que se interpelaran.
 
Era la primera vez que Scioli, candidato por el Frente para la Victoria (FpV), participaba en un debate electoral, pues declinó participar en el anterior que enfrentó al resto de los cinco candidatos presidenciales previo a la primera vuelta de las elecciones del 25 de octubre. Como en aquella ocasión, los participantes del debate no podían interrumpirse, y lo cumplieron. En varias ocasiones, Scioli siguió hablando fuera del tiempo asignado. Apenas eran segundos, pero tuvo fue llamado al silencio por los moderadores repetidas veces.

Macri, que se postula a los comicios bajo el frente opositor Cambiemos, apeló al televidente en cada una de sus exposiciones dirigiéndose a él en singular y en tono familiar, al estilo de sus anuncios publicitarios durante la campaña electoral: “Quiero empezar hablándote a vos que estás terminando el fin de semana”, “nuestro único objetivo es trabajar todos los días para que te sientas mejor”, “te quiero proponer una revolución en la calidad educativa”, “todos tenemos que estar comprometidos”, “les quiero pedir que no nos resignemos”.

El líder de Cambiemos, jefe de Gobierno en la ciudad de Buenos Aires, estuvo al principio algo más elocuente en sus apelaciones a Scioli, que parecía preocupado y tenso sobre el escenario. Macri procuraba dirigirse a Scioli con desenvoltura y aparentando tranquilidad, mientras que el gobernador de la provincia de Buenos Aires solía mirar al frente y pocas veces le devolvió la mirada.


Tras inaugurar Macri el primer bloque temático, Scioli contratacó advirtiendo de que las propuestas de su rival eran un peligro para el conjunto de la sociedad, y le inquirió si iba a levantar el cepo, la limitación de compra de divisa extranjera que estableció el Gobierno desde 2011 para evitar la fuga de capitales. “No hagas de vocero mío, Daniel. Nosotros creemos que hay que expandir la economía, no ajustar. Ustedes son los que ajustaron", replicó el jefe de Gobierno porteño sin responder a la pregunta.

Scioli recordó entonces que Macri se había opuesto a la estatización de empresas como Aerolíneas Argentinas y la petrolera YPF. Su rival lo acusó de haber cambiado. “Argentina tiene que crecer en base a un Gobierno que diga la verdad. El problema es que el Gobierno kirchnerista ha mentido”, apuntó.

Scioli se mostró firme. “No pierdas el tiempo en querer debatir con un Gobierno que termina el 10 de diciembre”, a lo que su contrincante le contestó que representaba la continuidad de la actual gestión, y le preguntó si era cierta la pobreza que reflejan las cifras del cuestionado Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC). Fue la segunda pregunta sin ser respondida de cuantas seguirían. Scioli le señaló que no pensaba debatir sobre estadísticas ni sobre un Ejecutivo que estaba por terminar. Macri lo atacó con la devaluación que ha sufrido la economía argentina.

Más recriminaciones

Así se llegó al segundo bloque del debate, donde el candidato del FpV se definió como defensor de la educación pública y prometió infraestructura pública y un desarrollo de la ciencia y tecnología. Macri alegó que su principal preocupación eran los niños, y se comprometió a tener la mejor escuela pública de América Latina.

Siguieron las acusaciones salpicadas de promesas ambiguas también en el tercer tema, sobre seguridad y derechos humanos, en el que Scioli dijo que apostaría por la prevención y por políticas de inclusión, porque “con la devaluación se generan desigualdades que promueven la violencia”. Prometió, además, el blindaje de las fronteras, que resumió como orden, autoridad y legalidad.

El candidato de Cambiemos prometió, en su turno, una agencia nacional de seguridad, profesionalizar las fuerzas policiales y “volver a entrar con el Estado en los barrios más peligrosos”. Scioli presumió de tener experiencia en ese asunto y prometió reinvertir todos los bienes confiscados al narcotráfico en la salud pública de los adictos.

En el último bloque, sobre fortalecimiento democrático, Scioli trató de acorralar a su rival con YPF, y Aerolíneas, empresas recuperadas durante el Gobierno de Cristina Fernández. “Veníamos a intercambiar propuestas, pero insistes en generar miedo. Nosotros pensamos que podemos vivir mejor”, fue la respuesta de Macri al esquivar el tema. El candidato conservador anunció que pedirá sanciones contra Venezuela en la Unasur e inquirió a su rival si haría lo mismo, pero éste no dio precisiones al respecto.

En términos generales, el reconocido periodista y escritor argentino Eduardo Anguita explicó a Público que el debate “había sabido a poco” porque las respuestas fueron elusivas y las preguntas que se hicieron entre sí los dos candidatos eran, en su mayoría, “retórica para tratar de captar emocionalmente a la audiencia y no para formular preguntas precisas de cara a la posible gestión”.

“Se hizo mucha referencia a la devaluación y en ningún momento ninguno dijo con qué batería de modificaciones a la actual situación económica financiera piensa llevar la situación fiscal, el comercio exterior y la cotización de la moneda, que es el centro de las preocupaciones de buena parte de la sociedad y de observadores más calificados”, concluyó Anguita.

*  Artículo aparecido el 10 de noviembre en el diario español Público.

 

lunes, 26 de octubre de 2015

Argentina deja en incógnito quién será su presidente

BUENOS AIRES.- La intensidad electoral que ha vivido Argentina este año no ha terminado con las elecciones presidenciales de este domingo. Daniel Scioli, aspirante a la presidencia por el oficialista Frente para la Victoria (FpV), fue el candidato más votado pero sacó muy poco margen con respecto al opositor Mauricio Macri, del frente Cambiemos.
El cuartel general del oficialismo, desolado (EFE)

El gobernador de la provincia de Buenos Aires se enfrentará el 22 de noviembre con el jefe de Gobierno porteño, que se mostró eufórico no sólo por la mínima distancia que le ha sacado al candidato oficialista, sino por el extraordinario resultado de su aspirante a gobernadora en la provincia de Buenos aires, María Eugenia Vidal.

En este distrito, el más influyente del país al contener al 37% del padrón electoral, ha resultado electa contra todo pronóstico la candidata de Macri. El oficialismo no daba crédito desde su cuartel general, en el estadio Luna Park de la ciudad de Buenos Aires, con los resultados que confirmaban la derrota del jefe de gabinete de ministros Aníbal Fernández, que sacó casi cinco puntos menos que Vidal.

En concreto, la gobernadora electa de Cambiemos ha conseguido en la provincia bonaerense más de seis puntos porcentuales más que Macri en su aspiración a la presidencia. Aún más: Scioli, gobernador del distrito desde 2007, ha sacado dos puntos menos en su propio territorio, como candidato a suceder a la mandataria Cristina Fernández de Kirchner, que los obtenidos por Vidal.

La provincia de Buenos Aires, gobernada por el peronismo desde 1987, ha dejado de ser el bastión del oficialismo.

A la espera

Scioli, que se dirigió al país dos horas antes de conocerse los resultados provisionales, dio un discurso más duro de lo que es habitual en él, y después prometió que volvería a intervenir una vez hubiera información oficial. Tanto él como sus máximos dirigentes desaparecieron al difundirse los primeros datos.

Lo único que acertaron las encuestas en esta noche electoral fue el tercer lugar del que no pudo salir el peronista disidente Sergio Massa, candidato presidencial de Unidos por una Nueva Alternativa (UNA).

Tras reconocer que la segunda vuelta será entre Scioli y Macri, el exfuncionario kirchnerista aseguró que preparará “un documento único que muestre a los argentinos que hay una forma distinta de hacer política”. También han quedado afuera el postulante por el Frente de la Izquierda y de los Trabajadores (FIT) Nicolás del Caño, que ha superado en votos a la candidata por Progresistas Margarita Stolbizer, y el expresidente Adolfo Rodríguez Saá, de Compromiso Federal.

Seis horas sin resultados oficiales

La Dirección Nacional Electoral no comenzó a publicar los primeros resultados hasta cerca de la medianoche, cuando aparecieron de repente escrutadas más del 60 % de las mesas electorales. El titular del organismo, Alejandro Tullio, había asegurado a Público que los datos provisionales se ofrecerían antes de las 22 horas, y que las primeras proyecciones podrían realizarse unas dos horas después.

Por otro lado, once provincias también elegían gobernadores, legisladores provinciales y otras autoridades locales. Eran Buenos Aires, Catamarca, Chubut, Entre Ríos, Formosa, Jujuy, La Pampa, Misiones, San Juan, San Luis y Santa Cruz.

Además de la sorpresa por la derrota del oficialismo en Buenos Aires, también han sido llamativos los resultados en la provincia de Jujuy (norte del país), en donde el radical Gerardo Morales consiguió arrebatarle la provincia a su actual gobernador peronista, Mario Fellner.

El kirchnerismo, no obstante, ha ganado en siete de esas provincias, incluida la de Santa Cruz, donde ha resultado vencedora la hermana del fallecido ex presidente Néstor Kirchner, Alicia Kirchner.

Sin irregularidades ni denuncias de fraude, votaron en total el 79% de los 32 millones de argentinos que tenían que ir a votar. En Argentina el voto es obligatorio.

Después de tres Gobiernos kirchneristas, el primero encabezado por su esposo Néstor Kirchner (2003-2007) la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se despide el próximo 10 de diciembre de la presidencia tras dos mandatos consecutivos, ambos conseguidos en primera vuelta.

En 2007, la mandataria triunfó con el 46,29 % de las papeletas, y en 2011 fue reelegida con el 54% de los sufragios, el mayor caudal de votos que haya obtenido un presidente en Argentina desde el regreso de la democracia en 1983. Esa victoria seguirá imbatible por al menos otros cuatro años.


* Artículo aparecido el 26 de octubre en el diario español Público.

sábado, 24 de octubre de 2015

Scioli, el delfín de Cristina Fernández de Kirchner

BUENOS AIRES.- El gobernador de la provincia de Buenos Aires, candidato a presidente por la coalición oficialista del Frente para la Victoria (FpV), será el candidato más votado en las elecciones presidenciales que se celebran este domingo en Argentina. Pero si no consigue el 45 % de los sufragios, o no supera el 40 % con una distancia de diez puntos sobre su rival más próximo, deberá afrontar una segunda vuelta en noviembre.

Sus contrincantes principales son el jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, el conservador Mauricio Macri, quien espera aglutinar todo el apoyo no peronista, y el exfuncionario kirchnerista Sergio Massa, hoy disidente, que figura tercero en intención de voto y pelea por el respaldo de los indecisos y por el de aquellos desencantados con la elección de Scioli como representante del Gobierno.


El  candidato Scioli durante un mitin en Quilmes. REUTERS
Scioli, de campaña (Reuters)
Scioli es apoyado, en todo caso, por el grueso del peronismo que respalda a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. “Eso le permite tener detrás una estructura política muy importante con representación y con despliegue político en todo el territorio”, analiza para Público el periodista Pablo Ibáñez, coautor junto a Walter Schmidt del libro “Scioli Secreto”.

El gobernador puede convertirse en el primer presidente democrático no político, a juicio del escritor. “La historia argentina está plagada de políticos profesionales porque antes de ocupar la presidencia hicieron de la política su carrera y medio de vida. Scioli llega a la política cuando tiene 40 años. Antes no había militado, ni había tenido participación política”, indica.

Hasta entonces, Scioli era conocido por ser piloto de motonáutica. En 1989, un accidente con su lancha durante una carrera en el delta del Río Paraná le costó su brazo derecho. Su relación con la modelo Karina Rabollini, que ahora aspira a ser primera dama, también le otorgó cierta notoriedad.

“Esas particularidades le dieron un rasgo distintivo”, analiza Ibáñez. “Más allá de que es un profesional del negocio de la política, no es un político convencional. Es muy metódico con su imagen y con el manejo del discurso, muy cauteloso con sus palabras. Ha hecho una especie de religión sobre el no confrontar y evitar las posiciones extremas”.

El padre de Scioli, José Osvaldo, era además parte de una empresa que manejaba el canal 9, uno de los más importantes del país. “Así adquirió una dinámica en su relación con los medios”, puntualiza el escritor.

Con un perfil abiertamente competitivo como el que cultivó con el deporte, Scioli no tuvo dudas de sus aspiraciones cuando entró en política. El más alto cargo al que podía optar era al de presidente, y a ello se abocó sin negarlo nunca.

En 2013, cuando el oficialismo proponía un cambio en la Constitución que habilitara a la presidenta a un tercer mandato, el gobernador admitía sin rodeos que él también aspiraba a ese puesto.

Fue uno de los momentos más tensos de cuantos marcaron la relación entre la mandataria y el político.

Scioli, sin “ismos”

El candidato por Frente para la Victoria, Scioli, y su esposa en un mitin de cierre de campaña en Buenos Aires. REUTERS
Scioli, con Rabollini (Reuters)
Argentina tiene un sistema presidencialista, por lo que es usual que los políticos del peronismo se apoyen en una estructura política propia. Ejemplo de ello fue el menemismo, o el kirchnerismo. No es el caso de Scioli. No hay ningún diputado nacional, de los casi de los 130 que tiene el FpV, que responda al gobernador.

En cambio, el candidato se ha acostumbrado a cohabitar con otros presidentes. Lo hizo con Carlos Menem (1989-1999), con el que fue diputado; con Eduardo Duhalde (2002-2003), del que fue secretario de Turismo, y luego de Deportes; y con Néstor Kircher (2003-2007), que eligió a Scioli como su vicepresidente.

Con el Gobierno de Cristina Fernández, el político pasó a ser gobernador de la provincia más importante del país. Es pública, no obstante, la relación conflictiva entre Scioli y la mandataria. “Se llevan como dos dirigentes políticos que forman parte del mismo espacio, donde una es la jefa, y el otro quiere ser el jefe”, confirma el periodista. “No hay una relación de aprecio, no son amigos, y hay cierta competitividad porque son especies completamente distintas”.

Cristina es más ideológica, con pretensiones intelectuales más definidas, a juicio de Ibáñez, mientras que Scioli se caracteriza por ser más llano, más liviano ideológicamente. Más pragmático. “Nunca tuvieron una relación cordial, y nunca existió por parte de Cristina hacia Scioli una relación de respeto político”, añade.

Más allá de Cristina

¿Qué pasará entonces si Scioli es el próximo presidente? Si es consecuente con su forma de actuar hasta ahora, el gobernador tenderá a la conciliación, a la espera de que la futura expresidenta tome distancia para permitir que él pueda emerger como máxima autoridad del país. Al fin y al cabo, ambos son parte del mismo partido.

Es de prever que Scioli encabece un programa de Gobierno no muy distinto del de Cristina Fernández, con algunos cambios de forma en cuanto a las relaciones internacionales del país y con una mayor atención al mercado internacional de capitales, “si bien Cristina y Scioli son completamente antagónicos, y el mismo plan aplicado por personajes así puede convertir los matices en cuestiones de fondo”, advierte Ibáñez.

Mientras tanto, Scioli se ha encargado de mostrar cierta independencia del kirchnerismo al anunciar quiénes integrarían su eventual gabinete. La gran mayoría ocupa en el Gobierno de la provincia de Buenos Aires los cargos prometidos a nivel nacional. Son menos los kirchneristas ideológicos. “Para el gran mercado se verán como kirchneristas, pero en la lectura final del proceso son más episódicos, no de sangre”, juzga el autor.

Con esta manera de actuar ha escalado Scioli los peldaños del poder. No serán sus palabras, sino sus elecciones, las que marcarán su eventual presidencia, la cual coronaría con un eclecticismo apaciguador que le permita contener a unos y gobernar a todos.


 * Artículo aparecido el 24 de octubre de 2015 en el diario español Público.

lunes, 10 de agosto de 2015

Argentina se decanta por el legado del kirchnerismo

BUENOS AIRES- El kirchnerismo que lidera la presidenta Cristina Fernández celebra por partida doble el resultado que obtuvo este domingo en las elecciones primarias. Su fuerza fue la más votada en todo el país y también en el principal distrito de la nación. Su único candidato para suceder a la mandataria, Daniel Scioli, ha ganado estos comicios. El oficialismo sale refrendado con cierta holgura, aun cuando su máxima líder optó por no presentarse en ninguna lista.
Daniel Scioli, festejando el triunfo en el estadio de Luna Park

Con el respaldo unánime del Frente para la Victoria (FpV), Scioli ha obtenido el 38 % de los votos, y sobresale sobre su rival más próximo por trece puntos de diferencia. El gobernador de la provincia de Buenos Aires es el postulante a la presidencia más apoyado en todo el país, aunque las dos fuerzas opositoras que le hacen frente están a ocho y dieciocho puntos de diferencia de la coalición oficialista.

Si este resultado se trasladara a las elecciones presidenciales del 25 de octubre, a Scioli no le bastarían esos números para evitar la segunda vuelta. Ése es un privilegio que sólo ostenta la presidenta Cristina Fernández, elegida en primera ronda las dos veces que se postuló al cargo que ocupa.


Pero lo cierto es que éstas son las elecciones más importantes en lo que va de año, y las llamadas PASO (elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias) suelen establecer un apoyo que resiste fiel para las elecciones presidenciales. Por eso esta votación constituye también la más clara fotografía que hasta ahora puede obtenerse para constatar el apoyo popular de cada uno de los postulantes, al margen de encuestas y opiniones.

Además se despeja el camino para los seis precandidatos que podrán continuar con sus aspiraciones al Gobierno, y elimina a los otros nueve que no consiguieron superar el umbral mínimo (1,5 %) para permanecer en la carrera electoral.

Datos duros



A dos meses y medio de las elecciones generales, Scioli se posiciona entonces por delante de los frentes opositores de Cambiemos y Unidos por una Nueva Alternativa (UNA), que aunque enfrentaban en internas a rivales, suman en total el 30 % y el 20 % de los votos respectivamente.



En segundo lugar a nivel nacional se confirma el jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires Mauricio Macri, que disputaba el liderazgo de Cambiemos con el líder de la Unión Cívica Radical (UCR), Ernesto Sanz, y la dirigente de Coalición Cívica Elisa Carrió.


Al haber ganado Macri a estos dos últimos por amplio margen, su frente volcará todo su apoyo al único candidato que ahora los representa para alcanzar la Casa Rosada (el palacio de Gobierno). No es menor este respaldo, porque los radicales solían ser la segunda fuerza política de Argentina por detrás del peronismo

El precandidato Sergio Massa, exfuncionario kirchnerista, confirma su lugar en el tercer puesto con el 13 % de los votos. Él también ganó en una interna, en su caso con el gobernador de Córdoba José Manuel de la Sota, bajo el paraguas de UNA.

De los cuatro frentes de izquierda que se presentaban, el único que continúa en la contienda es el Frente de los Trabajadores de Izquierda (FIT), una coalición trotskista que enfrentaba en una interna a sus dos precandidatos, Jorge Altamira y Nicolás del Caño. Ganó este último, y en total el FIT consiguió el 3,3 % de adhesión. Es la quinta alianza más votada del país, pero con un magro resultado.

No puede soslayarse que hubo una merma en la participación en estas PASO presidenciales, aun siendo obligatorias. El 73 % de los argentinos fue a votar, mientras que en 2011 votó el 81,41 % del padrón, año en el que estas primarias se instauraron por primera vez para elegir a los candidatos a presidente y vicepresidente. La lluvia persistente de estas últimas jornadas fue un motivo de desaliento, con varias zonas afectadas por inundaciones.

 

Provincia de Buenos Aires


El kirchnerismo también reivindica los resultados en la provincia de Buenos Aires, que alberga el 37 % del padrón electoral. Aunque la única candidata de Cambiemos, María Eugenia Vidal, fue la más votada del distrito con el 31 % de los votos, el FpV sacó más sufragios en total porque enfrentaba a dos candidatos rivales pero compañeros dentro de la alianza oficialista: el jefe del gabinete de ministros Aníbal Fernández y el presidente de la Cámara de Diputados Julián Domínguez. Con el 20 % de los votos, Fernández le sacó a su adversario dos puntos de diferencia.


Muy leve impacto tuvieron las acusaciones desde un famoso programa de televisión del grupo Clarín, conducido por el periodista Jorge Lanata, que vinculaba al jefe de ministros con el tráfico de efedrina y lo señalaba como el autor intelectual de tres homicidios. Ajeno a estas denuncias de última hora, el apoyo popular a Fernández se impuso dentro de la contienda oficialista en la provincia más importante de Argentina.

Los guarismos en este distrito también le sonrieron a Macri, porque la relativa victoria de Vidal le beneficia. Es la candidata que él colocó dentro de Cambiemos para luchar por la gobernación de Buenos Aires, e individualmente, ha sido la más apoyada. La apuesta de la fuerza de Massa, el exgobernador Felipe Solá, ha quedado más atrás con el 21% de los votos.

Los 32 millones de argentinos habilitados para votar debían elegir un mínimo de cuatro cargos, según el distrito. Además de designar candidatos a presidente y vicepresidente, optaban también por los postulantes a la Cámara de Diputados y por los parlamentarios del Mercosur, elegidos tanto en representación de todo el país como de cada distrito. Ocho provincias elegían también senadores.

De los once alianzas y partidos que iban a las urnas, quedan seis en disputa para las elecciones presidenciales. Ningún candidato ha sido en realidad consagrado, así que otra campaña política comienza hoy mismo: la que mantendrán los aspirantes a la presidencia en la carrera final por la jefatura de Estado.



* Artículo aparecido el 10 de agosto de 2015 en el diario español Público.

domingo, 9 de agosto de 2015

La izquierda sigue dividida ante las elecciones de Argentina

El país elige este domingo a los candidatos que podrán competir por la presidencia. Las fuerzas de izquierdas intentan figurar como una alternativa de Gobierno más allá de la gravitación electoral que gira en torno a Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa

 
Cristina Fernández de Kirchner vota en Santa Cruz

BUENOS AIRES.- Argentina se despide este año del Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. El país prepara la transición con una sucesión de elecciones que desde abril sostienen una ininterrumpida campaña electoral. Pero este domingo ya no se trata sólo de comicios locales. Por primera vez en 2015 se celebra una votación nacional para elegir a los candidatos que podrán disputarse la presidencia. 

La agenda mediática se guía por los actos y dichos de los tres postulantes con más posibilidades de alcanzar el poder. Uno es oficialista, los otros dos son de la oposición. Pero en total hay quince precandidatos a la presidencia. De los cinco que se definen de izquierdas, dos compiten entre sí en el mismo frente. Como representantes de fuerzas más pequeñas, la atención a sus líderes es menos incisiva.

Por un lado, está el Frente Popular, un espacio en el que se unieron cuatro formaciones y que parece conformarse con superar el umbral de votos necesario para competir en las elecciones presidenciales. El Movimiento Socialista de los Trabajadores-Nueva Izquierda no tiene aspiraciones mucho más ambiciosas. Lo mismo sucede con la lista Nuevo Más. Todas se presentan por separado.

La fuerza que más adhesión podría conseguir en estas elecciones es el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT), una coalición trotskista del que forman parte el Partido Obrero (PO) y el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS). En 2013, el FIT tuvo un desempeño inesperado. Sacó el 6,4 % de los votos y metió tres diputados en el Congreso.

Uno de ellos es Nicolás del Caño, que desde el PTS espera ganar en la interna al fundador del PO, Jorge Altamira, y aspirar a la presidencia de Argentina. En las elecciones a intendente (alcalde) de la ciudad de Mendoza celebradas en mayo, consiguió desplazar del segundo puesto al propio kirchnerismo con el 16,87 % de los votos. Éste fue el mejor resultado que obtuvo una fuerza de izquierdas para un cargo ejecutivo desde el regreso de la democracia en 1983.

En una entrevista con Público, Del Caño expresa sus diferencias con el Gobierno de Cristina Fernández y sostiene que el actual Ejecutivo ha beneficiado a grandes empresarios durante sus doce años de gestión, más allá del discurso progresista que tiene en algunos terrenos.





"También ha causado una gran desazón que el Ejecutivo sostuviera a un genocida como César Milani (imputado por delitos de lesa humanidad) al frente del Ejército, cuando fue el mismo expresidente Néstor Kirchner el que descolgó el cuadro del exdictador Jorge Videla en el Colegio Militar", recuerda este joven de 35 años.

Con un discurso salpicado de referencias a los trabajadores, añade otro ejemplo. "En las negociaciones de las subidas de los salarios, el Gobierno pone un techo inferior a la inflación actual, pero la rentabilidad de los bancos y las entidades financieras fue en 2015 de un 57 % más", afirma. "Ahí no hay topes, esa ganancia no se discute. Lo reconoce la propia presidenta: 'Ustedes han ganado como nunca, se la han llevado en pala', les dice ella misma".

Sin embargo, hay muchos votantes de izquierdas que aprueban la administración kirchnerista y que se sienten identificados con el peronismo gobernante. "El pueblo en Argentina viene de la crisis de 2001", concede el precandidato. "El crecimiento económico de estos años, junto con la posición del Gobierno en ciertas temáticas como los derechos humanos, generó una expectativa, pero eso ya ha comenzado a resquebrajarse".


Para justificar sus palabras, no sólo menciona el crecimiento vertiginoso que ha experimentado su alianza desde 2011, que pasó de tener medio millón de votos a 1,2 millones en las elecciones legislativas de 2013. Alude además al candidato oficialista, el gobernador de la provincia de Buenos Aires Daniel Scioli, al que se refiere como un político referenciado por políticas de derecha.

"Scioli se reivindicó hace dos semanas como hijo político del expresidente Carlos Menem, cuando es uno de los principales responsables de las políticas neoliberales de privatización", sentencia Del Caño. "Su propio asesor admite que en el próximo Gobierno tendrían que devaluar".

El FIT propone un plan de emergencia que empiece por la nacionalización de la banca y el comercio exterior para evitar la fuga de capitales. Plantean elevar el salario mínimo al costo de la canasta básica familiar y un plan de obras públicas en un país con un déficit habitacional que afecta a más de tres millones de personas. También reclaman el cese del pago de la deuda externa, y el establecimiento de un impuesto extraordinario para las grandes mineras, petroleras, aceiteras y sobre todo, para el sector financiero.

A la espera del alcance real que tengan las alianzas de izquierda en estas elecciones, hay siete listas más que contienen al resto de los precandidatos. Tras las internas de este domingo, al menos cuatro de ellos quedarán eliminados.


Los tres nombres más repetidos


Daniel Scioli es el único candidato del Frente para la Victoria (FpV) que presenta el kirchnerismo para continuar en el Gobierno.

En la alianza Cambiemos, disputan ese lugar el jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires Mauricio Macri (líder del PRO), Ernesto Sanz (representante de la Unión Cívica Radical) y Elisa Carrió (dirigente de Coalición Cívica). Sólo uno de ellos, el que más sufragios consiga, continuará en la carrera presidencial.

El frente UNA será a su vez representado por el diputado Sergio Massa (del Frente Renovador) o por Manuel de la Sota, gobernador de la provincia de Córdoba.


En promedio, las encuestas le otorgan a Scioli un 36 % de intención de voto, seguido por Macri con un 24 % de apoyo. En tercer lugar ubican a Massa, anclado con un 13 % de respaldo.

Un sistema electoral complejo


Argentina es un país que establece un inusual modelo para elegir a sus autoridades. Conjuga dos mecanismos que por separado están presentes en los sistemas electorales de varias naciones, pero que en conjunto establecen un paradigma más raro de encontrar: elecciones primarias obligatorias, y tras los comicios generales, una eventual segunda vuelta que disputan los dos candidatos más votados si el ganador no logra determinada ventaja porcentual.

Más de 32 millones de votantes están convocados a participar en las denominadas PASO de este domingo, llamadas así por ser elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias. El lunes se conocerá quiénes son los posibles sucesores de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Las PASO también sirven de filtro para apartar de la carrera electoral a aquellos que no alcancen, al menos, el 1,5 % de los votos. Por otro lado, seis provincias celebran además elecciones locales para elegir a sus gobernadores, con la respectiva tanda de cargos provinciales.

La atención estará puesta sobre todo en la de Buenos Aires, el distrito más importante del país con el 37 % del padrón electoral. Allí, el kirchnerismo tiene a dos precandidatos que aspiran a ser el próximo gobernador: el jefe del Gabinete de ministros, Aníbal Fernández, y el presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez.

Como novedad, en estos comicios se elige también a los 43 parlamentarios que representarán a Argentina en el Mercosur, uno por cada una de las provincias del país más la ciudad de Buenos Aires, y otros 19 elegidos por distrito único.

De cara a las presidenciales

Pero no será hasta el 25 de octubre cuando se celebren las elecciones generales para elegir al presidente y al vicepresidente. Además se renovarán la mitad de los escaños de Diputados, y un tercio de las bancas del Senado.

Hasta entonces, las elecciones primarias son el mejor pronóstico de lo que puede suceder en las presidenciales, sobre todo desde el desconcierto que se vivió hace tres semanas en la segunda vuelta de las elecciones a jefe de Gobierno en la ciudad de Buenos Aires, cuando ninguna encuesta previó que los dos contrincantes que disputaban el cargo iban a quedar a sólo tres puntos de diferencia.

Las PASO exhiben, en definitiva, un corolario de simpatías y desafecciones, una muestra del tablero político y de las fuerzas reales que tiene cada aspirante a menos de tres meses de los comicios generales.



* Artículo aparecido el 9 de agosto de 2015 en el diario español Público.

martes, 21 de julio de 2015

Victoria agridulce para la derecha en Buenos Aires

Necesitó la segunda vuelta de las elecciones, y ganó por una diferencia tan ceñida, que durante el conteo de votos vio peligrar su futuro. Horacio Rodríguez Larreta, aupado y respaldado por el precandidato a presidente Mauricio Macri, sucederá a su mentor como jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires por una victoria pírrica que ha generado un panorama imprevisto para los comicios presidenciales del 25 de octubre.

El partido Propuesta Republicana, conocido comúnmente como PRO, ha tenido el peor resultado de su historia en las elecciones a jefe de Gobierno en la capital, que disputa desde hace ocho años. Rodríguez Larreta sacó el 51,6 % de los votos frente a Martín Lousteau, que se postulaba por Energía Ciudadana Organizada (ECO) y obtuvo el 48,3 %. En la primera vuelta, el candidato del PRO había conseguido el 45,5 % de los votos, y Lousteau, el 25,5 %.


El partido de Macri había preparado un escenario que entre música y ovaciones debía recibir a un Larreta victorioso y a un Macri aún más exultante si cabe, con el propósito calculado de proyectar su triunfo al resto del país. Aparecieron contritos, intentando acomodar su gesto de decepción ante las cámaras. El jefe de Gobierno aprovechó para lanzar un discurso de campaña presidencial, con promesas de acción y críticas al Ejecutivo nacional, y luego le dio rienda suelta al baile.

Rodríguez Larreta sumó en esta segunda ronda apenas seis puntos más que en la primera, lejísimos de los porcentajes de adhesión que sí alcanzó Macri las dos veces que disputó la segunda vuelta para ser jefe del Gobierno porteño: 61 % en 2007, 63 % en 2011, es decir, 16 puntos más que los que había alcanzado en la primera vuelta de aquellos comicios.

Socios y rivales


Entre Lousteau y Rodríguez Larreta se produce un fenómeno paradójico. A nivel nacional, ECO pertenece al frente Cambiemos, una alianza nacional que integran PRO, la Unión Cívica Radical (UCR) y Coalición Cívica para enfrentarse al kirchnerismo gobernante. Cambiemos dirimirá su candidato presidencial en una interna que disputarán el 9 de agosto los líderes de esos espacios: Mauricio Macri, Ernesto Sanz, y Elisa Carrió.

Dos semanas tuvo Lousteau para tratar de contrarrestar los 20 puntos de diferencia que le había sacado Rodríguez Larreta en la primera vuelta. El candidato de ECO no intentó apoyarse en Sanz o en Carrió, aunque ambos postulantes presidenciales le manifestaron su apoyo en algún momento de la campaña, con mayor intrepidez el primero, con más tibieza la segunda.

Rodríguez Larreta, por su parte, se apegó a Macri. El todavía jefe de Gobierno se vio obligado a postergar su campaña presidencial para asegurar el triunfo de su delfín en el único distrito del país en el que el PRO ganaba hasta ahora con holgura sin necesidad de hacer partícipe a otros partidos.

La única victoria que Macri podía capitalizar en solitario era la de la capital, que es la que le permitía postularse como precandidato a presidente en la alianza Cambiemos. En el resto del país tiene que apoyarse en los radicales de la UCR para tener la posibilidad de ganar en otras elecciones locales y salir en la foto. La única provincia en la que el PRO pudo ir en solitario fue Santa Fe. Estuvo a punto de arrebatarle el triunfo al socialismo, pero le faltaron 2.000 votos.

Macri sólo ha podido celebrar una victoria más, y fue compartida. En la provincia de Mendoza salió elegido como gobernador un candidato radical apoyado por el PRO y por otros partidos opositores al Gobierno nacional.

El jefe de Gobierno era consciente de que tenía poco vuelo en solitario, pero con los resultados de esta segunda vuelta, ha perdido parte de su capital político. Su único bastión, el cuarto distrito electoral del país, representativo como lo es la capital de Argentina, se ve debilitado. En el resto del territorio, su alianza con otros opositores diluye su protagonismo.

El empuje de Lousteau


El candidato por el Frente para la Victoria (FpV) Mariano Recalde, que quedó tercero en la primera vuelta de los comicios porteños, no quiso respaldar a Lousteau en esta segunda ronda, aunque reconoció que no era dueño del 21,9 % de los votos que lo habían elegido. Como portavoz de la posición del Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner frente a estos comicios, resaltó la contradicción de que los dos candidatos a jefe de Gobierno en Buenos Aires pertenecieran al mismo espacio electoral que aspira a ganar las elecciones presidenciales.

Los dos candidatos de izquierda que se presentaron por separado en la primera vuelta y obtuvieron en total el 7,1 % de los sufragios coincidieron en esta ocasión en hacer un llamado por el voto en blanco, con la intención de ilustrar que, en el fondo, daba igual decantarse por Rodríguez Larreta o por Lousteau.

Pero el voto en blanco sacó el 5 % de los votos. Los ciudadanos opinaron distinto, y Lousteau consiguió casi el doble de sufragios que en la primera vuelta. El candidato por ECO tenía esperanzas de seducir a ese 29 % del electorado, en su mayoría kirchnerista, que en la primera ronda no había votado ni por él ni por Rodríguez Larreta. Y consiguió convencer a casi el 23 %, ganando en 9 de las 15 comunas en las que se divide la ciudad.

En el arco de votos que fueron a Lousteau, quizás fue más decisiva la papeleta antimacri que la realmente convencida por él. Pero con todos esos sufragios, a punto estuvo de despojarle al PRO su hegemonía en la capital.

Sin el apoyo explícito de los movimientos de izquierda o del FpV, Lousteau logró en estas elecciones desprenderse de las críticas que le recordaban su paso por el Gobierno de Cristina Fernández, cuando fue ministro de Economía y diseñó un proyecto para cobrarle más retenciones a los agroexportadores, lo que provocó su dimisión al desatarse la mayor crisis que tuvo que afrontar el Ejecutivo de la presidenta.

Lo que está por venir

Desde que se constituyera como un distrito autónomo en 1996, la ciudad de Buenos Aires siempre ha tenido que celebrar elecciones en segunda vuelta para definir a su jefe de Gobierno, pero era la primera vez que un candidato kirchnerista quedaba fuera de la competencia.

El FpV suele ser querido en la provincia de Buenos Aires, la más importante del país al concentrarse allí el 37 % del padrón electoral, pero las provincias que la siguen en relevancia por población, Córdoba, Santa Fe, Mendoza, no son tan afectas al Gobierno nacional.

A diferencia del arco opositor, el oficialismo sólo lleva un candidato para las primarias presidenciales que se celebrarán en tres semanas: el actual gobernador de la provincia de Buenos Aires Daniel Scioli. Él es quien más motivos tendría para celebrar este domingo los resultados en la ciudad de Buenos Aires. Macri estaba en el imaginario de encuestas y análisis como el rival que le disputaría la presidencia en una eventual segunda vuelta. Desde anoche, Scioli duerme más tranquilo.


* Artículo aparecido el 20 de julio de 2015 en el diario español Público.

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